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INICIAR DE NUEVO — capítulo 22
Pese a la situación que estaban viviendo y que todos o la mayoría de los integrantes de la Orden del Fénix eran ya declarados prófugos de la justicia, y así lo dejaba en claro el Profeta, la cabaña en donde se habían refugiado Severus y Hermione, tras el ataque de los mortifagos, despertaba con cientos de gritos, abrazos y expresiones de dicha.
Era increíble que en medio de todo, todavía esa bola de alcornoques que lo rodeaban tuvieran ánimos y tiempo para celebrar algo como la navidad, debían de tener toda su atención en Bellatrix y no estar preocupados preguntándose cual de los paquetes bajo el espantoso árbol era su regalo, era lo que pasaba por la mente de Severus al escuchar el Feliz Navidad que le ofrecían cada uno de los presentes en esa casa, al pasar junto a él, cuando se dirigían al desayuno.
-Buenos días, como amaneciste, dormiste algo o te quedaste aquí sentado toda la noche, necesitas que te traiga algo- dijo Hermione acercándole a Severus una taza de café.
-Gracias, estoy bien pero me pregunto si alguna vez vas a dejar que responda a alguna de tus preguntas- contestó Snape tomando la taza de café y dejando escapar una ligera sonrisa, -estuve toda la noche tratando de recordar algo, pero aun no se que nos falto- volvió a decir el mago a la castaña, haciéndose a un lado en el sofá para que ella se sentara.
-Yo tampoco pude dormir, tuve miedo- dijo la bruja sentándose junto a él -no quiero que te pase nada, no lo resistiría- volvió a decir ella cubriéndose la cara con sus manos para tratar de ocultar las incipientes ganas de llorar.
-Hermione Granger, tuvo miedo, que paso con su valor gryffindor- contesto Snape tomando las manos de Hermione y limpiando una lagrima que se empeño en salir de sus ojos.
-Lo desplazo el amor a una serpiente- contesto ella regalándole una ligera sonrisa, -prométeme que no te va a pasar nada-
-No tengas miedo, va a ser como la última vez- contesto el mago.
-La última vez, casi mueres- grito la bruja levantándose del sillón, -y esta vez Tobías Severus Snape no puedes llegar a eso, no puedes darte el lujo de dejarme sola- dijo Hermione volviendo a sentarse en el sillón y tras inhalar profundamente un par de veces, volvió su mirada a los ojos negros del mago -Tengo algo muy importante que decirte-.
Era ahora, tenía que decirle, ella había querido decírselo de otra forma más romántica o bonita, de una manera especial que siempre recordara, no como si le contara que fue lo que desayuno, pero no tenían tiempo para cursilerías él tenía que saber que iba a ser padre, que un ser que apenas se estaba formando lo iba a necesitar para guiarlo y enseñarle todo lo importante de la vida y tenía que saberlo para que no jugara a ser el héroe de nuevo, y que dejara que los demás hicieran todo, para que él solo se quedara con ellos para siempre.
Pero los murmullos de todos sus amigos, que ya habían acabado de desayunar y se dirigían a la sala para abrir los regalos de navidad se lo impidieron y provocaron que el silencioso mago del que se había enamorado se levantara de su lugar y saliera de la habitación.
-Espera Hermione,- dijo Harry sujetando la mano de su amiga quien tenía las intenciones de ir tras Snape,- necesita aclarar sus ideas, él no se va ir a ningún lado, no mientras tú estés aquí, mejor quédate a abrir tus regalos, no creerás que me había olvidado de ti,- continuo diciendo el niño que vivió y le entrego a su amiga un paquete envuelta en papel de regalo con franjas en color rojo y verde, - aunque en realidad el beneficiado será él- finalizo Harry y le giño uno ojo a su amiga.
Tomando el regalo de su amigo, Hermione se dirigió nuevamente al sofá donde había estado a punto de decirle a Severus que iban a tener un hijo, y comenzó a romper el papel de regalo, para ver que eran dos enormes libros de cocina una muggles y otro mágico.
Una fuerte carcajada salió de la garganta de la bruja haciendo que los presentes volvieran su atención a ella, - oye, ya no cocino tan mal, pero gracias de todas formas Harry, yo no sabía que los vería hoy así que no prepare nada para ustedes- termino de decir Hermione sumiéndose un poco en el asiento para ocultar la pena que sentía.
-No te preocupes, estas bien y con nosotros eso es el mejor regalo de navidad verdad Ron- dijo George dando un codazo a su hermano menor a lo que el pelirrojo solo afirmo con la cabeza y poniéndose completamente rojo.
El comentario hecho por George y el ridículo comportamiento que tubo Ron, provocaron que Gabrielle se levantara furioso del suelo y se fuera a encerrar en la recamara que compartía con Luna, Giny y Hermione.
Hermione sabia a que se debía el extraño comportamiento que tenía la joven veela desde la tarde anterior y quería dejarle claro que entre ella y Ron ya no podía existir nada, más que una amistad, que en realidad ella nunca estuvo enamorada del pelirrojo, ahora que su corazón estaba ocupado lo sabía, así que intento levantarse del sillón para ir detrás de la francesa pero el propio Ron la detuvo restándole importancia al comportamiento de Gabrielle.
-Ron sigues siendo el mismo patán insensible- dijo Giny tomando uno de los libros de Hermione y golpeando a su hermano quien se sentó en medio de ella y Hermione, ya que Giny sabía que Gabriela sentía algo por su hermano y estaba casi segura que ellos habían empezado algún tipo de relación.
-Bueno y ahora que les pasa a ustedes, todas amanecieron un poco más locas de lo normal- decía Ron tratando de protegerse de los pequeños golpes que le daba su hermana, -deja de golpearme y mejor pásame un pedazo de tarta de calabaza.-
Cansada del comportamiento de su hermana Giny no dijo más nada y le paso el plato con la tarta, el chico la toma y le ofreció una rebanada a la castaña sentada junto a él, pero el simple olor hizo que el estomago de Hermione se revolviera y no resistiendo más las ganas de vomitar se levanto esquivando los paquetes y envolturas de regalos que estaban tirados en el piso y corrió con dirección al baño.
Con el estomago completamente vacío y aun con un poco de asco, lo menos que deseaba Hermione era ser cuestionado sobre su estado de salud, así que en lugar de regresar a la sala decidió ir a la recamara para recostarse un rato, pero al acercarse a la puerta pudo escuchar los sollozos de Gabriella.
Si bien era cierto que la pequeña francesa no conocía mucho a la castaña, no tenía nada en contra de ella y el hecho de que estuviera a salva la alegaba, pero no podía soportar que Ron se comportara como si todavía sintiera algo por ella. Ella lo había dejado y él había dicho que ya no la quería, entonces porque se comportaba como un tonto y no quería que todos se enteraran de lo que había entre ellos, o tal vez todavía estaba enamorado de Hermione y ella solo había sido una distracción y la había utilizado para desahogar todo el amor y la frustración que sentía por la castaña, eran las ideas que pasaban por la cabeza de la hermosa veela mientras sus ojos eran inundados por cristalinas lagrimas.
-Puedo pasar- se escucho decir a Hermione desde el otro lado de la puerta, pero no obtuvo respuesta alguna.
La bruja volvió a insistir en entrar a la recamara, pero ante la negativa de Gabrielle, la bruja decidió entrar.
-Yo no pienso interponerme entre ustedes- dijo Hermione acercándose a la joven que se limpiaba rápidamente las lagrimas de su rostro.
-No sé de que hablas- contesto la veela.
-Se nota que lo quieres y el también siente algo por ti pero es muy testarudo, dímelo a mí, me costó seis años que aceptara que le gustaba- dijo la castaña bruja sentándose en la cama donde estaba la francesa.
- Si y él aun siente algo por ti, ustedes están destinados a estar juntos, los nuestro solo fue un distracción, la que tiene que hacerse a un lado soy yo, eso lo sé pero duele de todas maneras- contestó la francesa a la cual ya casi no se le notaba el acento.
-Entonces, sin ofender, eres verdaderamente una rubia tonta- contesto Hermione entre risas, -yo no siento nada más por él que un amor de hermanos, este tiempo que estuve lejos de él me sirvió para comprobar que siempre lo quise como a un hermano, pero me empeñaba en creer que era otra cosa porque no quería aceptar de quien estaba eramorada-
-Entonces él va a sufrir mucho por tu culpa- contesto Gabrielle poniéndose de pie y dirigiéndole una mirada de furia a la castaña.
-Si tal vez, pero en lugar de estar llorando encerrada aquí, deberías estar poniéndote más bonita de lo que ya eres y estar allí para cuando él necesite un poco de consuelo- respondió Hermione desde la puerta extendiéndole la mana a la joven para dirigirse nuevamente a la sala.
El resto del día fue como cualquier otra navidad, todos reían al ver como el pequeño Teddy se empeñaba en montar la escoba que su padrino le había regalado, jugaron y bromearan aprovechando la escasa nieve que cayó, incluso Draco se incorporo a las bromas, y Hermione aprovecho el tiempo para ponerse al corriente de todo lo que habían pasado sus amigos durante los meses que no se vieron.
Todo estaba bien, solo que la castaña no había encontrado la oportunidad de acercarse a Severus, quien parecía evitar a todos pero en especial a ella, ya que en la cena apenas probo bocado y cuando ella se iba a sentar junto a él, este se levantó y abandono el lugar.
Y lo mismo paso el siguiente día y el siguiente y toda la semana, los últimos días del año y los primeros del nuevo, y Hermione aun no había logrado habar con Severus, pues este la seguía observándola en silencio y cuando ella se iba a acercar a él, se iba dejándola confundida y sin idea de lo que estaba pasando en su cabeza y en su corazón