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Historia 191997 — capítulo 4

Me quedé ahí, mirándolo sin saber qué hacer, lo cual era ridículo, no debía ponerme nervioso por alguien con quien a duras penas y había cruzado un par de frases, pero ahí estaba, rezando porque un fino chorro de agua me ocultara.

A estas alturas debería saber que las fuerzas universales no estaban de mi lado.

El chico se dio la vuelta y se fijó en mí.

Al inicio frunció el ceño pero luego se notó algo sorprendido y finalmente sonrió y empezó a acercarse.

Era muy tarde para escapar, se vería muy infantil, por no mencionar descortés, el que saliera corriendo justo cuando sabía que el chico se dirigía hacia mí, así que me quedé ahí de pie, concentrándome en respirar.

-Hola Ángel-Saludó con una sonrisa.

-¡Recuerdas mi nombre!-Vale, no era la respuesta más inteligente.

-Bueno, si…

-Lo siento, eso no fue muy educado, hola Dante.

-Veo que también recuerdas mi nombre.

-Bueno, no suelo ir de compras, por lo que no es muy difícil recordar los nombres de los empleados que llaman mi atención.

Él levantó las cejas sorprendido.

-¿Llamé tu atención?-Preguntó con un tono que no supe descifrar.

"Ángel, eres un estúpido, ¿es que no tienes conectada la lengua al cerebro?" repetía mi subconsciente por los siguientes minutos.

-Bueno…Es que…Fuiste muy amable-Respondí en voz baja.

-Es mi trabajo, aunque lucias algo perdido, me diste un poco de lástima.

Bueno, era algo excelente saber que le daba lastima, eso estaba de maravilla.

-¿Lastima?-Pregunté ligeramente ofendido.

-¡Dios! No me malinterpretes por favor, me refería a que lucias como alguien que necesitaba ayuda, y creo que tenía razón, espero que hayas logrado salvar tu camiseta.

-No lo sé, aún debe estar en algún rincón de la ropa sucia, eso si mi madre no ha entrado a mi habitación mientras estoy aquí hablando contigo.

Dante se rio, y mi estómago se sacudió, y mi cuello picó.

Un momento, mi cuello picó.

Mi destinado estaba cerca.

Pero esto era un parque, no podía ponerme a revisar los cuellos de cada persona que estuviese aquí.

Aunque podía descartar a la persona con quien estaba conversando ¿No?

Pero tampoco podía saltar sobre su cuello para buscar marcas en su piel.

¿En que estaba pensando? Se supone que los destinados se encuentran en algún punto de la vida, debía dejar de afanarme por eso.

-¿Sueles venir a correr a este lugar?-La voz de Dante me sacó de mis pensamientos, ya se le estaba volviendo costumbre.

-Sí, vengo todos los días excepto los domingos, lo cual me recuerda, no te había visto por aquí antes.

-¡Ah! Eso es porque hoy es mi primer dia corriendo, me mudé hace poco a la ciudad y había pasado los últimos meses adaptándome a todo.

-Eso lo explica todo.

-Ángel, por más que me agrade conversar contigo, debo irme-Su tono se oía urgente.

Miré mi reloj, usualmente habría regresado a casa hace cosa de media hora, mi madre debía estar preguntándose donde rayos estaba.

-Sí, también debo irme-Dije con el ceño fruncido.

-Me gustó hablar contigo, realmente espero volvernos a encontrar-¡Dios! ¡Esa sonrisa es demasiado deslumbrante! Va a derribar un avión o algo, a lo mejor podría conseguir un trabajo en la bahía, haciendo de faro o alguna cosa así.

-Sí, eso suena genial.

-Nos vemos entonces.

Y se dio la vuelta, por lo que aproveché y observé detrás de su oreja, efectivamente allí había una marca, una completa, una que rezaba el nombre de Susette.

Bueno, al menos podía confiar en un hecho.

Yo no era el destinado de Dante.