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Historia 191997 — capítulo 7
En ese momento sonó el timbre que marcaba el inicio de la jornada.
Cualquiera diría que lo salvó la campana.
Yo no.
No cuando la mirada de Jessie me decía que no podía huir de su interrogatorio.
Dios, iba a ser un dia largo.
Mi aterradora amiga de la infancia y yo nos dirigimos a nuestra primera clase, Historia.
¿Qué se habla en una clase de historia? Las tonterías que cometieron tus antepasados.
¿A quién le importa? A nadie.
¿Quién presta atención? Nadie.
¿Quién iba a sufrir más ese dia? Yo.
Para desgracia mía y fortuna de Jessie, compartíamos mesa en la penúltima fila del salón, por lo que éramos un punto ciego para el profesor.
Usualmente usábamos esa ventaja para bromear en clases sin que nos regañaran, pero ese dia la idea de no ser descubiertos no me sonaba tan llamativa.
Nos sentamos en nuestra mesa y en seguida pretendí prestarle atención al profesor para tener una excusa de ignorar a mi compañera de mesa.
Como si eso tuviese siquiera oportunidad de funcionar.
-¡Psst! ¡Ángel! ¡Cuéntame que paso!-Susurró Jessie.
-¡Shh! Estamos en clase -Respondí en susurros igualmente.
-Como si eso alguna vez te hubiese importado.
-Jessie, en serio, debemos prestar atención.
Me giré para verla a la cara, mala idea, tenía el ceño fruncido y se veía ligeramente ofendida, estaba claramente molesta.
Pensé que eso serviría para librarme de ella por el momento.
Otra vez, conociéndola debería saber que eso no iba a funcionar.
A los pocos minutos una hija de papel apareció encima de mi libreta.
"Si no quieres hablar, entonces escribe" decía la nota con la caligrafía de mi amiga.
"¿Es en serio? ¿Notitas en clase?" Respondí debajo.
"Tú te lo buscaste, cuenta Ángel, ¿Qué paso este fin de semana?"
Suspiré y la miré, ella tenía una expresión de suficiencia marcada en el rostro.
"¿De verdad tenemos que hablar de esto ahora?" Escribí en la tonta hoja de papel.
"Si"
Lo pensé por un momento, no es que no quisiera contarle a Jessie, ella era una de las personas en las que más confiaba en el mundo, es solo que ni siquiera yo mismo sabía por dónde empezar, además, no sabía cómo iba a reaccionar al saber de la aparición de mi marca.
Decidí que lo mejor era ir directo al punto.
"Tengo una marca de destinado" Escribí en el papel y se lo pasé como si no fuese la gran cosa.
Fijé mi vista al frente en espera de que el papel volviese a caer encima de mi libreta.
No lo hizo.
De hecho, no percibía movimiento alguno a mi lado, lo cual era raro teniendo en cuenta que una noticia así habría hecho que Jessie se pusiera hiperactiva.
Fruncí el ceño y encaré a mi compañera de escritorio, cuando lo hice por poco y me da un ataque de risa, la expresión de Jessie habría valido para que el legendario Walt Disney creara una exitosa caricatura que marcara generaciones por siglos, y es que la chica tenía los ojos totalmente abiertos, la boca formaba una perfecta O y la tez se le había puesto pálida, aparte del hecho de que estaba completamente inmóvil, parecía una estatua cómica.
"¿Qué?" gesticule con mis labios.
Ella sacudió la cabeza como si despertase de un sueño y se dirigió al papel de nuevo.
"¿Qué? ¿Cómo te atreves a decirme algo así y luego actuar como si nada? ¿Cómo te atreves a ocultarme algo así durante tantos días? ¡Por Dios Ángel!" La furia de su escritura por poco rompe el papel.
Me reí bajito.
"Lo siento Jess, de verdad que no fue mi intención ocultártelo, es solo que yo tampoco he terminado de entender todo esto, pasaron muchas cosas y estoy abrumado, por favor no te enojes conmigo" Le respondí.
Al ver su expresión luego de leer mi comentario lucia algo arrepentida.
"Lo siento, ¿Me contaras todo al finalizar el dia?" Anotó en el papel rápidamente.
"¿Belladona's hoy después de clase?".
"Belladona's después de clase".
Y con eso terminó nuestra conversación por papelitos en clase de historia, pero había marcado mi sentencia, había quedado con Jessie en ir a Belladona's.
Belladona's era una cafetería muy especial para Jessie y para mí, era un pequeño lugar acogedor perfecto para una charla privada, allí era donde nos refugiábamos cuando queríamos escapar de todo.
Aunque esta vez iba a ser un lugar de arrinconamiento.
El resto del dia pasó sin mayor inconveniente, Jessie no me acosó por el resto de la jornada y los ratos de volvieron más bien monótonos, aunque claro, el aura de expectativa que la chica expedía no podía quitársela nadie.
Durante el almuerzo nos reunimos con el resto de los chicos, aunque Jessie no comentó mi secreto así que pudimos fingir que nada extraordinario pasaba.
Cuando sonó el timbre que finalizaba las clases pude sentir la mirada de mi amiga sobre mi rostro, aunque intentara salir corriendo iba a atraparme, no tenía forma de librarme de ella.
-¿Nos vamos, Ángel? -Preguntó entusiasmada.
-¿Tengo elección?
-Siempre la hay, aunque lo que debes realmente preguntarte es si tienes posibilidades de huir, lo cual es un rotundo no.
Me reí un poco, Jessie parecía un niño que había encontrado un nuevo juguete, yo, y que estaba dispuesta a divertirse en grande con él.
Caminamos hasta la cafetería y, al llegar, nos sentamos lo más alejados de la gente posible, lo cual no era muy difícil, a esta hora el lugar estaba más bien vacío.
Pedimos un par de cafés y empezamos a hablar, bueno, yo empecé a hablar mientras Jessie me escuchaba totalmente absorta.
Le expliqué todo, desde que conocí al misterioso chico de ojos dorados, pasando por los extraños sentimientos que me acosaron durante el fin de semana, hasta la revelación de que Dante no era mi destinado, durante todo ese tiempo Jessie me escucho sin interrumpirme ni una sola vez, concentrada totalmente en mi relato.
-Espera, espera, espera, ¿Me estás diciendo que el viernes que te desapareciste para cambiar tu camiseta, te enamoraste del chico que te la vendió, apareció tu marca de destinado y además ese mismo chico no es tu alma gemela? ¿¡Y PENSABAS OCULTARME ALGO ASI!?-Ok, Jessie había entendido bastante bien el asunto.
-En resumen, sí.
-Sabía que te pasaba algo, pero joder, Ángel, esto supera cualquier teoría loca que pudiese tener.
-Lo sé, a mí también me supera, y es todo tan… confuso, digo, mi vida dio un giro total y yo…no sé qué hacer.
-Ángel, tranquilo, no tienes que hacer nada, esto es obra del destino, solo tienes que esperar a que todo suceda.
-No lo sé Jessie, es solo que no quiero esperar ¿Si?, digo, antes no me importaba pero ahora siento ansiedad de tener a alguien.
-Te entiendo, ¿Tú crees que yo no me muero por saber quién es la persona que lleva el nombre que he tenido toda mi vida en mi cuello? Pero Ángel, no puedes forzar al universo, tienes que darle tiempo al tiempo.
-Lo sé.
Nos quedamos en silencio por un rato mientras tomábamos nuestras bebidas y observábamos el lugar lo que para mí era, básicamente, la pared, mientras que Jessie tenía la vista de la entrada para ella.
Jessie parecía muy animada observando como el lugar empezaba a llenarse a medida que el sol empezaba a caer, haciendo comentarios aleatorios y dando su opinión acerca del aspecto de algunos hasta que de repente se quedó callada con la concentración al máximo.
-¿Qué pasa?-Pregunté, que esa chica se callara era un suceso bastante raro.
-¿Me creerías si te dijera que un chico con la descripción que me diste de Dante acaba de entrar en la cafetería?
-¿Qué?
-Sí, mira -Y disimuladamente señaló un punto cercano a las ventanas que daban a la calle.
Me giré despacio para mirar a donde me señalaba y, efectivamente, se encontraba allí el mismísimo y misterioso chico que llevaba por nombre Dante.