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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 157
Un dolor punzante en su cabeza la despertó. Pero no abrió los ojos. Sintió un sonido zumbante. Tardó dos segundos en reconocer el eco de la resaca. El olor a sudor seco.El mal sabor de boca y el recuerdo del whiskey de fuego en su paladal. Arrastró su mano por unas sábanas ásperas hasta llevarla a su frente y arrugó sus dedos por ellas. Godric, cuánto tiempo sin una resaca así.
Rozó de nuevo, sin llegar a abrir los ojos, las sábanas.
Dejó escapar un suspiro. No las reconocía. No eran las sábanas de seda del castillo de Aurel en el que se había quedado gran parte del verano. Tampoco eran las sábanas de la casa de su tía abuela veela en Francia en el que había pasado días intentado convencer a la comunidad de aquellas criaturas mágicas para que se unieran al Temple. Ni las sábanas ligeras de Luperca. Ni las del piso de su tío Charlie, ni las de El Refugio ni las de la casa de sus padres. Palpó con urgencia al otro lado de la cama con miedo de encontrar a un cuerpo a su lado. Soltó una bocanada de aire al encontrar un vacío.
No obstante, no estaba en ningún lugar familiar. No olía a ningún lugar que hubiera estado antes. Había amanecido en una cama ajena. Con resaca. Oliendo a sudor. Y a whiskey de fuego. ¿Qué demonios había ocurrido la noche anterior? Dejó escapar un gemido. Le vinieron memorias que quiso olvidarlas al instante. Suspiró.
Abrió los ojos y vio que la oscuridad la acogió. Perfecto, ni siquiera podía distinguir la decoración del cuarto para siquiera darle una pista de dónde había acabado. ¿Y si la habían secuestrado? Entonces, tuvo el impulso de comprobar si estaba desnuda. Alzó las sábanas y se sintió aliviada al encontrar su cuerpo cubierto. Suspiró. No obstante, frunció el ceño. No era su ropa la que llevaba puesta. Dejó escapar un chillido. Llevaba una camiseta que le quedaba extremadamente grande. No identificaba el color debido a la falta de luz pero debía ser oscura. Se llevó la tela a su nariz. Olía a limpio en contraste con su piel. Arrugó su nariz. Escéptica. ¿Se había cambiado de ropa? Cambió su rostro a un gesto de horror. ¿Le habrían cambiado de ropa? O. Peor aún. ¿Qué había hecho para tener que cambiarse de ropa? Oh. Godric.
Se llevo las palmas de sus manos a sus ojos y se estiró en la cama.
¿Hasta qué punto podía haber arruinado su reputación aquella noche Dominique Weasley? ¿Y por qué sólo recordaba borrones?
Tenía que poner sus recuerdos en orden. Para empezar, ¿por qué había salido el día anterior? Oh. La reunión de antiguos alumnos de Gryffindor en el Caldero Chorreante. ¿Cómo seguían haciendo esas reuniones? Sabía que su padre y sus tíos habían acudido a ellas de jóvenes y servían para buscar trabajo y era el único motivo por el que su tío Percy había encontrado esposa. Pobre tío Percy. Ahora entendía por qué, de todos modos. Eran reuniones quinquenales que servían para estar al día de los contactos. Su tío Charlie le había pedido que fuera para transmitir un mensaje al dueño de la taberna y a otro par de Gryffindor con el objetivo de que se unieran a la causa. Ella iba allí como misión. Por supuesto, se había encontrado con sus antiguos compañeros de clase pero, sinceramente, nunca había sido buena amiga con ninguno.
Excepto con uno. Oh. Godric. No. No. No podía ser. ¿No? Tenía una maldita orden de distanciamiento con él. No. ¡No podía haberse acostado con su ex! ¡No podía haberla cagado de aquella manera! ¡Wakanda iba a rebanarle la cabeza cuando se enterara! ¡No podía haber acabado la noche con el maldito Nicholas Woods! ¡Porque era la única cara que recordaba de aquella noche!
Godric, perdona a Dominique Weasley por ser una completa imbécil y ser la peor Gryffindor en siglos.
Se dio una palmada en la frente de desperación.
El bullicio de la gente se le había metido en los oídos y, si alguien la estaba llamando, tendría que hacer contacto físico con ella para poder enterarse. Nadó entre la gente sin un rumbo en concreto. Todos estaban felices. Como si la guerra que había justo al otro lado de la puerta del Caldero Chorreante no fuera una preocupación inmediata. Ellos no habían presenciado la Asamblea del Temple. Ni se habían pasado el verano reclutando a criaturas mágicas. ¿Era irresponsable ser feliz? Era irresponsable ser ignorante, no feliz.
Tío Charlie le había dicho que se quedara allí el tiempo que quisiera. Que se lo había ganado. Tampoco era como si ella fuera el alma de la fiesta en los desmadres de Gryffindor. Vio a ciertas caras conocidas que asintieron al verla pasar. Personalmente, supo que no se acercaron a ella porque o bien no sabían su nombre, o bien se creían que era su hermana Victoire. Llevaba diecinueve años acostumbrada a aquello. No le molestaba ya. Saludó a su tío George. A su tía Angelina. A su tío Ron. Evitó a los que conocía. A toda costa.
Acabó en la barra tras dos cervezas de mantequilla y con un whiskey de fuego. Podía beber sola. Se había acostumbrado a aquello aquel verano. Umi le había enseñado a beber sola. Oh, Umi. Cuánto la echaba de menos.
-Dominique -La llamó una voz que hizo que se estremeciera hasta el último vello de su cuerpo.
Por suerte, acababa de tragar el contenido del vaso, pues lo habría escupido todo sobre la barra. Se giró para encarar al dueño de la voz. Encogió el rostro al verle. Hizo una mueca y entornó los ojos como disculpándose.
-Oh -Fue lo único que pudo decir. -Lo siento -Añadió.
Nicholas Woods le miraba con una expresión seria. O, al menos, eso parecía. Tenía la mitad del rostro cicatrizado por las llamas que -bueno, no estaba muy orgullosa de esto, pero lo haría de nuevo -ella le había proporcionado. Era una cicatriz que avanzaba por el cuello y se escondía en la camiseta de algodón y aparecía por el bíceps. Era como si su piel se encogiera y se retorciera. Era horrible.
Dominique no podía dejar de verla y comprender que había sido ella. Y que todo el dolor que le podía haber inducido -y que quizás seguía teniendo -le recordaría a ella. Y que cada vez que viera en su espejo la falta de vello en sus cejas, la falta de barba, de expresión facial, de pelo, de definición… Tenía la firma de Dominique Weasley. Fantástico.
Comprendió, al instante, que el estar tan cerca de Nick no era buena idea. Para ninguno. El alcohol tenía el efecto de inhibir sus reflejos. Y el shock de verle también. Nick era un durmiente y nadie la había creído. Y ella podría volverse todo fuego y destrucción. Oh, Wakanda la iba a matar después de aquello.
Nick tuvo que ver la expresión en su rostro.
-No pasa nada si ninguno de los dos dice nada -Advirtió Nick.
-Tengo una orden de distanciamiento -Dijo ella con cierto retintín.
-Alejamiento -Corrigió Nick.
Se llevó el whiskey a los labios y se acabó el contenido de un trago sin apartar la mirada del joven. Se dirigió al tabernero.
-¡Otro whiskey! -Pidió con urgencia Dominique.
-Mira, Dominique… -Se acercó y le agarró el brazo con más delicadeza de la que verdaderamente se merecía la joven después de haberle quemado el maldito cuerpo. Merlín, era un monstruo. Podría ir diciendo que su ex era una loca y nunca se lo desmentiría. La muchacha se estremeció. -Solo venía ha darte las gracias.
Por mucho alcohol que llevara en el cuerpo, aquello la despertó como una bofetada.
-¡¿Las gracias?!
Soltó una risa histérica.
-Sí… -Dijo con precaución Woods. -No te alteres, por favor, Minnie -Le pidió, utilizando el apodo que ella tanto había odiado. Gruñó. Sintió cierta vergüenza. Bueno, alterarse suponía convertirse en veela. Se avergonzó del miedo que distinguió en la expresión de Nick. Nunca antes lo había visto. Nick le temía. A ella. Demonios. Fantástico todo. Esto era como una pesadilla. Alucinación. ¿Dónde estaba el maldito whiskey? -Me has curado -Le anunció. No parecía curado, si se lo preguntaban a Dominique. -No sé cómo lo has hecho… Pero ya no soy….
-¿Un vampiro? -Acertó a decir Dominique.
Cogió el vaso que le tendió el tabernero y derramó el líquido sobre su garganta mientras el whiskey de fuego quemaba en su interior. Siguió bebiendo. Sin apartar la mirada de Nick.
-Siento haberme comportado como un imbécil contigo -Se disculpó de la nada. Ella siguió bebiendo. Asintiendo con los ojos como platos. Se preguntó si aquello estaba siendo una alucinación. -Debería haberme preocupado más por ti que por lo que los demás pensaban de mí… Debería haberme preocupado más por conocerte mejor… No solo estar contigo porque fueras la más bonita de Hogwarts o porque tu hermana me convenciera de pedirte una cita en tercero…Me di cuenta de que no estaba enamorado de ti… Solo de lo que significaba estar contigo y… Ahora que sé todo lo que estás consiguiendo y todo lo que eres… Quiero conocerte… Me da igual que no volvamos juntos… Pero me gustaría que pudiéramos ser amigos… No espero que quieras… Evidentemente, fui el peor novio que pudieras querer…
Oh, definitivamente, esto debía ser una alucinación. Pues no solo Nick estaba pidiéndole perdón por ser el peor novio de la historia, sino que la habitación estaba empezando a danzar y el suelo moverse mucho más rápido.
Dominique no supo si había dejado de asentir o no cuando llegó al final de su cuarta bebida -¿o quinta? -y le pidió al tabernero otra para que no se detuviera aquella divertida alucinación. Se tropezó sobre sus propios pies.
¿Estaba ocurriendo un terremoto?
Se estrujó los ojos con sus dedos. Le llegó el aliento a whiskey de fuego y quiso vomitar. De vergüenza -la cual dudó que pudiera seguir teniendo, al haber desaparecido probablemente de la mano de su dignidad la noche anterior. De naúseas.
Bueno.
No sabía muy bien cómo manejar aquella situación.
Pánico. Pánico. Pánico.
¡ESTABA EN EL PISO DE NICHOLAS WOODS! ¡EL MALDITO NICHOLAS WOODS! ¡SU EX!
Inferi y Dementeros, que vinieran a por Dominique y la arrastraran a los confines del planeta.
Alguient tocó en la puerta.
Oh. No.
Al menos su parte veela humana funcionaría para que no se viera tan sumamente desastrosa en una mañana de resaca. O al menos su parte veela podría destruirlo todo para que nadie tuviera que saber los errores que había cometido aquella noche. Aunque sería una labor incomiable, pues seguramente habría habido testigos la noche anterior. Oh, Merlín, sus tíos habían estado allí. Su hermana Vic la iba a matar. Joder, los padres de Woods la iban a matar.
Las cortinas se retiraron dejando pasar la luz. La decoración del cuarto se mostró.
Vaya. Vaya.
Nick jamás tendría un cuadro del Parque de Redwood en frente de su cama.
¿No?
La cabeza que pertenecía a una persona que Dominique no pensaba encontrarse aquella mañana en absoluto -para nada -apareció por la puerta buscando a Dominique en la cama. Sus ojos enmarcados por sus frondosas cejas se centraron en ella y una sonrisa lobuna se dibujó en su rostro.
Ella no lo pudo evitar. No supo por qué, pero lanzó una risa cargada de sarcasmo y de histeria, mientras negaba con la cabeza y se llevaba las manos a la sien. Se incorporó sobre la cama, tapándose con las sábanas. Ocultando la camiseta -que probablemente fuera suya, pues ¿quién compraba camisetas de grupos de rock muggles?
-¡NO! -Exclamó ella, con rabia y furia. -No, no, no, no… ¡TÚ NO!
Le señaló con un dedo. Como si no fuera evidente que el pronombre posesivo al que se refería era al maldito Alexander Moonlight del que había estado huyendo y al que había evitado todo el verano desde unos rumores que había escuchado en Luperca y que deseaba con todas sus fuerzas que no fueran ciertos.
Fántastico. Por favor, Dementores, coged a Dominique Weasley.
Seguía con su sonrisa de superioridad cuando entró por completo a la habitación y contempló a Dominique como si fuera su parte favorita de una comedia. No tenía derecho a echarle de la habitación, ¿no? Estaba claro que era su propia habitación. Y que ella había pasado la noche allí. Oh. Godric.
Solo de imaginar la efímera posibilidad de lo que podría haber pasado le produjo un rubor en todo su rostro que odió todos los genes Weasley.
-¿Has dormido bien, Weasley? -Lo dijo escondiendo una risa.
Ella le lanzó una mirada asesina. Y, si pudiera, le habría lanzado una maldición.
-¿Qué pasó anoche? -Quiso saber. Para acabar con aquella tortura cuanto antes.
Pero obtuvo como respuesta una risa relajada de Moonlight. Oh. Godric.
La puerta volvió a abrirse. ¿Qué? ¿Cuántas personas había allí? Ojalá no fuera Nick. Ojalá no fuera Nick.
Era Ted Lupin.
¿Qué?
-Oh, Dom, has despertado -Dijo torpemente.
La joven entornó la mirada.
No estaba en el piso de Ted. Estaba en el piso de Moonlight. Estaba absolutamente segura. Pues, al fijarse mejor en aquella habitación, encajaba con la personalidad del Auror y licántropo. Las sábanas ásperas solo podían ser de un hombre que no tuviera gusto ni delicadeza y que no supiera lavar a una temperatura adecuada su ropa. El piso olía un poco a cerrado, pues sabía que Moonlight no pasaba mucho tiempo en él debido a que estaba más tiempo fuera en Luperca o en misiones. Y la decoración dejaba mucho que desear -siendo lo más personal un cuadro del parque de Redwood y banderas de Gryffindor.
Ahora bien, ¿qué hacia Ted Lupin allí?
Los observó mejor. Los examinó y los analizó. Moonlight llevaba una camiseta de algodón negra y unos pantalones vaqueros e iba descalzo. Estaba en su casa, después de todo. Tenía más barba de lo habitual y los ojos un tanto entornados como si se acabara de despertar. No obstante, su pelo estaba aplacado, como si hubiera tomado tiempo para peinarse y lavarse la cara. Además, olisqueó un poco de café, por lo que incluso podía haber desayunado. Era un licántropo, tenían demasiada energía esas criaturas. Y, sin embargo, el otro licántropo parecía tener mucha más resaca que su amigo. Y parecía que se acababa de despertar, pues su pelo -de color rojizo para la ocasión -estaba más que desordenado. Lo que más le llamó la atención, fue que tenía una camisa arrugada y unos pantalones arrugados un tanto arreglados. Como si hubiera pasado allí la noche. La pregunta era clara. ¿No? ¿Por qué? No sabía lo que había pasado, pero Vic la iba a matar.
-¿Por qué estoy aquí? -Quiso saber Dominiquie.
Miró, aquella vez, a Ted. Más por evitar la mirada lobuna de Moonlight, que porque Ted le transmitiera más confianza. En ese instante se sentía un tanto atacada por los dos. Podrían haberla llevado al Refugio con Vic, ¿no? O con Umi. Aunque, claro, igual bajo la influencia del alcohol no era lo más sensato aparecerse. Y sabía que el piso de Moonlight estaba cerca del Callejón Diagón. Pero, incluso así, podrían haberla dejado con alguno de sus tíos. Prefería encarar a su tío Ron por la mañana que a Ted Lupin y a Moonlight. Incluso a un ejército de Inferi. Incluso a Nick.
Se percató de que Moonlight le hizo un gesto a Ted para que fuera él el que hablara. Já. Cobarde. Si uno de ellos la había tocado, era evidente que era el que tenía la reputación de haber mancillado todos los armarios de escobas de Hogwarts. Moonlight. Oh, como le odiaba en ese instante. Y cómo se odiaba a ella. Oh. Godric. Vic la iba a matar.
Ted se aclaró la garganta. Sinceramente no tenía por qué hacerse responsable de lo que hiciera su amigo. Ya era bastante mayorcito. Y ella también. Sintió el rubor en sus mejillas. Estaba enfadada con ella. Oh, espera. ¿Iba a darle una lección? ¿Y si la habían rescatado de Nick porque se había abalanzado sobre su ex? ¡Eso sí que sería vergonzoso! Oh. Merlín. Basta con la intriga.
-Anoche nos besamos -Anunció Ted Lupin.