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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 170
Albus Severus Potter aplaudió. Dejó que la lluvia cubriera el puente de su nariz y que lavara sus nervios. Había acudido a las pruebas de Quidditch de Gryffindor. Y acababa de realizar las pruebas para entrar en el equipo de su Casa. Slytherin.
El día anterior fueron las pruebas de Hufflepuff y Ravenclaw. Al parecer, su hermano James había pedido a todo el mundo que fuera a animar a Lyslander Scarmander. Y -literalmente- todo el mundo acudió. Incluso algunos jugadores de la Liga Inglesa de Quidditch. Nadie se había presentado para el puesto por el que quería luchar la joven. Aún así, los deleitó a todos con acrobacias. Albus debía reconocer que era competencia para él. Y que esos movimientos se los había enseñado James.
Tragó saliva.
Si el renovado equipo Hufflepuff iba a ser difícil de afrontar, aún peor sería destronar al intocable equipo de Quidditch de Gryffindor. Desde que su hermano tenía la capitanía, el resto de capitanes intentaban no rendirse ante los grandes jugadores que sorprendieron a todos el año anterior. Más, aquel año, no estaba al completo. Era evidente que con James Sirius Potter como capitán y buscador, la cosa tampoco sería tan complicada para los leones. Sobre todo, teniendo a Rose, Scorpius y Rick Carter como cazadores. La base era sólida. ¿Y las nuevas incorporaciones? Eran familia. Estaba claro que no tendrían problemas para entenderse. Camrin Trust, en un segundo intento tras las pruebas del año anteiror, había sido llamada Guardiana -alguien había hecho correr el rumor de que Bea Fenwick, el nuevo fichaje de las Arpías Hollyhead, la había estado entrenando en verano. Cierto o no, Trust había demostrado que merecía estar en ese equipo. Y, como bateadores, estaban Sebastian McKing y Lily Potter. La fuerza bruta de Lily Potter compensaba la técnica de un muchacho que había practicado con tutores privados de Quidditch desde pequeño -era el hijo del Ministro de Magia, después de todo.
El último equipo por formalizar había sido Slytherin.
Y Albus Severus Potter tenía malas experiencias con las pruebas de Quidditch del equipo de su propia Casa. Aún se estremecía solo de pensarlo.
Aunque aquellas pruebas habían ido bien. Simplemente bien. No habían sido espectaculares, solo pasables. No las recordaría como una hazaña. Ni los alumnos hablarían de ellas como lo hicieron con Lyslander Scarmander hacía unos años. Él jugaba bien al Quidditch. Le gustaba. Pero había perdido la práctica. Y, en comparaciones odiosas, había buscadores que destacaban mucho más en Hogwarts. No le molestaba. No le importaba. Él destacaba en otras cosas. Como en hablar en pársel o practicar para ser Auror.
Albus entrecerró los ojos y contempló a la capitanía del equipo de Slytherin.
Ya no había ningún McOrez capitaneando el equipo. Y ningún miembro del Ojo en sus filas. Excepto, quizás, Isabella Zabini. Suspiró. Recordó que Alice le había dicho que aunque no estuviera con ellos aquel día, Zabini eligiría al Ojo si se le presentara la duda de nuevo. «No confíes en ella, Al». Le había advertido. «Pero tampoco dejes que se pierda en la oscuridad… Tú podrías llevarla a la luz». Le recordó.
Pensar en Alice justo antes de las pruebas de Quidditch era un incentivo. Sobre todo, si le hacía recordar aquel día en el Lago. Sus amigos no dijeron nada al respecto. Y él lo agradeció. No habría podido esconder su felicidad. Sabía que soñaba despierto más de lo habitual desde entonces. Más, ¿y qué si lo hacía?
Albus tensó sus labios. ¿Cómo formarían un equipo casi de cero? Renata Driggs -Alice le había confesado que se había convertido en su amiga -era la golpeadora junto con Isabella Zabini -quien estaba en frente de todos ellos en aquel instante. Los cazadores habían sido siempre Derrick Collingwood, Tim Parkinson y Amelie McMillan. Y el guardián era Greg Zabini. Por supuesto, los buscadores variaban entre los hermanos McOrez.
Excepto Isabella Zabini, el resto había huido de Whitehall o estaba en sus garras. Por tanto, Slughorn le había dado la capitanía a la que, además, era Prefecta. Albus había querido preguntarle más a Alice acerca de ella. Sin embargo, ¿a quién iba a engañar? Prefería conversar con Alice de otras cosas más importantes para ellos dos. O no hablar en absoluto.
- ¡Slytherin! -Les convocó a todos Zabini.
La muchacha les miraba sabiendo que todos habían escuchado los rumores. Que su hermano había sido apresado por un grupo de Aurores. Que sus padres se habían dado a la fuga. Que ella estaba bajo la protección del Departamento de Seguridad. O bajo la vigilancia. Los Slytherin habían llegado a un acuerdo entre ellos -un pacto en silencio -y no sacaban a colación y susurraban insultos como hacían algunos alumnos de otras Casas. Como tenían que sufrir sangres pura relacionados con el Ojo, como su amigo Scorpius -por culpa del maldito manifiesto de Lucius Malfoy.
Incluso cuando aquel grupo de sangres pura que no habían dudado en recordar a los nacidos muggles de su herencia y de la brutalidad del séquito de los McOrez, no se lo merecía en absoluto.
-Está claro que como no nos salves… No ganaremos la Copa -Le comentó Ethan Binns.
Había redescubierto a su compañero de cuarto aquellos primeros meses. Después de que todo el mundo supiera que Albus Potter participaba en la Caza de Whitehall, le costaba creerse que Binns fuera más amable con él. Hasta que comprendió que quizás el motivo por el que siempre le había mirado por encima del hombro y se había unido al resto de sus compañeros en hacer su vida en Slytherin una pesadilla, era para no convertirse en una diana.
No le perdonaba. Pero podía llegar a simpatizar con él.
-No pondría todas las esperanzas de Slytherin en mí -Dijo simplemente Albus.
Y era cierto. Llevaba tanto tiempo sin jugar a Quidditch, que debía reconocer que si había encontrado la Snitch aquel día había sido por suerte. Debía entrenar más. Debía estar menos despistado.
Las gradas se habían quedado casi vacías. Había reconocido, en la parte de Gryffindor, a sus amigos. Y a los que no sabía que iban a apoyarle y lo hicieron aquel día. Scorpius Malfoy y Peter Greenwood. Rose Weasley. James y Lily Potter. Contaba con ellos. Pero se sorprendió al ver a Rick Carter, Camrin Trust y Sebastian McKing apoyando a su equipo contrario. A Bárbara Coleman, Janet Rossen y Ellie Coleman. A Cornelia y Lola Brooks. Junto con Frank Longbotton. A Lorcan Scarmander y Hugo Weasley -por supuesto los McGregor no lo apoyarían, en tanto que Tom aún se paseaba con su ceja partida gracias a él.A Lyslander Scarmander junto con el resto de su equipo. Incluso a Claire Jenkins y otros Slytherin gritando su nombre cuando cogió la Snitch. Los Guardianes de Hogwarts. Se sintió abrumado. Nunca antes se había sentido tan arropado.
-Bien, bien -Zabini hizo un gesto para que el equipo recién formado se acercara. -Florian Burke, Rayen Delaney y Varda Finder serán los cazadores… -Lo dijo sin emoción alguna. Quizás para ocultar el hecho de que había elegido a Florian Burke, de la familia de los Burke. Que no solo era conocida por ser los copropietarios de Borgin y Burkes, sino que por ser sangre pura y su familia estar en Slytherin durante generaciones y relacionado con otros apellidos como Black, Flint o Malfoy, ya era tachado de sospechoso. Su familia no se había pronunciado. Él tampoco lo había hecho. Algunos alumnos, que lo tachaban de restos sin apurar de Whitehall, como Glyne sí. Estaba en el año de su hermana Lily y la joven Potter le había contado que había tenido que lanzar una serie de Silencios para que no molestaran a Burke. -Ornella Birnes como guardiana, Albus Severus Potter como buscador… Y Callan Morrit y yo como golpeadores -Suspiró.
Albus corrió a estrechar la mano de Callan Morrit. Era un muchacho de segundo curso. El hermano de David Morrit. Había recibido hacía unos días una carta del nuevo interno del Ministerio de Magia que le pedía que se ocupara de él, en caso de que lo cogieran en el equipo de Quidditch. Supuso que ya le habría dicho a su amiga, Claire Jenkins, que hiciera de canguro mientras no estaba. Lo cierto era que se parecían bastante. Tenían esa menuda estatura. Pelo grueso. Y serenidad que le hacía creer que estaba delante de una criatura de David Morrit. Más, Callan Morrit era aún más reservado que su hermano. Él también lo era. Él también tenía un hermano mayor que acaparaba todas las habilidades sociales.
El resto del equipo comenzó a disiparse.
Albus Severus Potter se percató de que no sentía la euforia que debería sentir. Quería entrar en el equipo de Quidditch. Pero no así. No quería que le hubieran quitado la competencia. No quería un ambiente de derrota. De estigma hacia ellos.
Sintió una mano sobre su hombro.
Se giró para ver a Isabella Zabini arquear una ceja hacia él. Esperó a que todo el mundo se fuera para quedarse a solas con ella. Las palabras de Alice retumbaron en su cabeza.
-Alice Longbotton siempre ha tenido mucha suerte de tenerte a ti.
Albus se tensó. Encajó la mandíbula. ¿A qué venía aquello? Solo pudo imaginar por qué y en qué circunstancias Zabini podría haber conocido a Alice en Hogwarts. Intentó calmarse por dentro.
-No sé de qué me hablas -Acertó a decir.
Era su coartada. Ni siquiera podía dársela a ella. Incluso si el Ojo sabía que él haría todo lo que fuera por Alice -lo había descubierto incluso antes de examinarlo durante veinticuatro horas, unos meses. No podía decirlo en voz alta.
-Todos la subestimamos, ¿sabes? -Siguió Zabini. Debería tener cuidado. Pero vio en sus ojos la advertencia de que no iba a hacerle daño. Era como si le estuviera revelando un secreto. Albus entrecerró la mirada. -Yo no soy tan valiente… Soy la cobarde, ¿no? La que no pudo demostrarles que haría todo por ellos.
Sonrió de manera amarga. Sus palabras escondían una historia que Albus no supo escuchar.
-¿De qué estás hablando? -Inquirió Albus.
Zabini ladeó la cabeza. Comenzó a quitarse los guantes de piel de dragón que había utilizado.
-Mi hermano sí que pudo ir más allá… Y ahora mira dónde está… Yo viviré porque no tengo que cumplir ninguna promesa -Se encogió de hombros. -Por supuesto, mis padres están enfadados conmigo… Me desheredaron en cuanto me negué… Pero no podía… Aunque quiera el poder que nos prometen… No sé si estoy dispuesta a tanto. No quiero morir por ellos. Es una promesa con la que una cobarde no está cómoda.
Isabella Zabini le miró a los ojos. Dándole una respuesta a una pregunta que había formulado tantas veces que parecía haber olvidado.
Albus dilató sus pupilas.
Una cobarde no. Pero una valiente, como Alice Longbotton, sí.
Albus Severus Potter supo qué le estaba contando. Supo que Isabella Zabini le estaba tendiendo una mano de alianza que le ayudaría a entender a Alice Longbotton. ¿Por qué? Probablemente para usarlo a él de algún modo. Si Alice le había dicho que Zabini no dudaría en volver al Ojo si se lo preguntaban de nuevo, podría estar buscando la forma de encontrar un perdón. Su familia la había desheredado y la repudiaba. Su hermano había sido parte de la cosecha de Whitehall.
Ella buscaba aquello. Y Albus Severus Potter buscaba a Alice. Él buscaba tener a Alice con ella. Pero no podía. Parecía que Alice no podía dejar el Ojo. Albus tenía ciertas teorías sobre aquello.
Pero Zabini le había dado la clave.
Pero se lo había explicado.
Le había contado el motivo por el que Isabella Zabini no fue capturada.
El motivo por el que Whitehall estaba teniendo dificultades a la hora de obtener información de aquellos alumnos.
El motivo por el Alice Longbotton le pidió que la desencadenara y la dejara marchar aquel día.
El motivo por el que debía confiar en ella, en Alice. Aunque no fuera capaz de decirle por qué.
Nunca había destacado por ser inteligente. Ni valiente. Y, desde luego, su baile con Whitehall para salvar a Alice rozaba los límites de la lealtad hacia su propia causa. Pero Albus Severus Potter era astuto. Y su ingenio le estaba ayudando a entender aquel enrevesado acertijo de Isabella Zabini que solamente una mente que pertenciera a Slytherin podría entender.
En aquel momento, Albus Severus Potter lo comprendió.
-Un Juramento Inquebrantable -Musitó.
Su hilo de voz, apenas audible, fue suficiente para que Zabini le diera una palmada en el hombro. No supo si de lástima. De empatía.
-Y nos ayudarás a romperlo, Potter -Dijo ella. Suspiró con aliviada. -Menos mal que eres inteligente, Potter. No sé si podrías haberlo averiguado tú solito… Y así estamos todos a salvo.
El frunció el ceño.
-¿Cómo? -Espetó.
Esa interrogación escondía muchas más preguntas que no fue capaz de elaborar en aquel momento.¿Cómo había hecho Alice Longbotton un Juramento Inquebrantable con el Ojo? ¿Cómo la habían convencido? ¿Cómo de grave era la situación? ¿Cómo de peligroso el Juramento Inquebrantable? ¿Cómo se rompía? ¿Cómo salvaba a Alice?
Isabella Zabini parecía seguir explicándole las consecuencias de aquella noticia.
-¿Qué crees que le pasará a todos mis amigos que están siendo interrogados por tu querido Whitehall si les inyecta Veritaserum? ¿Qué crees que le pasará a tu adorada Alice si la acaba capturando? -Siseó. Algo se rompió dentro de Albus. -Sabes que le dará igual lo que sientas por Longbotton… Y Alice ha pasado mucho tiempo con el Ojo como para ser una inocente niña… -Albus tensó su mandíbula y la miró con furia. Aunque le estuviera diciendo la verdad, se odió a sí mismo por no haberse dado cuenta de aquello. -Puede que sea una cobarde y que me tomen por traidora, pero no me voy a quedar de brazos cruzados mientras mi hermano y mis amigos son asesinados por una bestia -Concluyó.
Albus se frotó los ojos. Buenas pruebas de Quidditch, sí.
-¿Cómo piensas romper un Juramento Inquebrantable, Zabini? -Le preguntó incrédulo. -¿Cómo crees que yo, de todas las personas, podría ayudarte?
Zabini sonrió con superioridad.
-Creía que el hecho de que Longbotton pudiera ser una de las que pueden morir por culpa de eso sería incetivo suficiente, Potter.
El joven rechinó los dientes.
-Rompamos un Juramento Inquebrantable entonces.
-Lo que viene será peor-Dijo la voz.
Retumbó en toda aquella oscuridad que le consumió de repente. No recordó dónde estaba antes. Ni qué era lo que se suponía que estaba haciendo. Simplemente despertó en aquella penumbra. De la que solo escuchaba voces.
-Debes morir -Le insistió otra voz.
-¡Debemos acabar con los instrumentos antes de que acaben con el resto! -Aclamó otra voz más lejana.
Los instrumentos. Él había oído hablar de los instrumentos. Neville Longbotton le había dicho una vez que él era un instrumento. Un canal. El canal entre la vida y la muerte, supuso. Pero aún no sabían qué significaba exactamente aquello.
-Pero los instrumentos solo pueden acabar si es su alma la que lo decide…-Recordaba otra voz.
-¡Muere! -Espetó la primera voz.
-¡Debes morir!
-¡Muere y mata a las otras!
Una figura se apareció ante él. Un hombre. Otro hombre. Una mujer. Una niña. Fueron apareciendo poco a poco. Ante él. Le miraban con súplica. Con urgencia. Pidiéndole que muriera allí.
-Debes morir para que el resto pueda vivir en paz, joven -Dijo la voz de un hombre anciano.
-No te lo tomes como algo personal-Aclaró una mujer.
-Eres un instrumento para la destrucción del mundo -Dijo con saña un niño.
-Tú eres el único que puede escucharnos… Hazlo.
-Avísalas a ellas…
Las figuras de aquellas almas dejaron pasar a una niña. Llevaba en sus manos, las cuales alzaba en alto, una daga. La contempló con interés. Nunca había visto un arma de aquella naturaleza. Había visto espadas y otra clase de artilugios medievales en los pasillos de Hogwarts. Más nada comparado con aquel poder. Era plateada. Retorcida. Tenía inscripciones más antiguas que lo que el joven siquiera podía imaginarse. Y brillaba con una luz que no era de ese mundo. Sino del suyo. ¿Cómo habían llevado un elemento del mundo de los vivos a él?
Buscó los ojos de la niña en busca de respuestas.
-Sálvales -Pidió.
Como si los hubiera convocado a todos a la vez, las almas comenzaron a decir nombres. Nombres de personas. Una a una. No supo cuántas almas había allí. Pero con el dolor en su voz, supo que eran seres queridos. Las almas comenzaron a desvanecerse. Sus voces siguieron resonando.
Solo quedaba la niña. Con la daga en su mano.
Hasta que escuchó nombres que le sonaban entre aquellos que desconocía. *Richard McKing. Harry Potter.Elleanor Coleman. Victoire Weasley. Janet Rossen.*Frunció el ceño. Eran personas vivas. Estaban pidiendo que salvara a personas que estaban vivas. ¿Con una daga? Alzó las cejas al reconocer la verdadera peticicón del alma de aquella niña. Rolf Rogers. James Sirius Potter. Monique Jordan. Albus Severus Potter. Arrugó el rostro.
-Basta -Dijo Christopher Nott.
La niña acercó la daga hacia él.
-Morirán-Dijo la niña.
Lucy Weasley.
-¡Basta! -Gritó. -Está bien. Lo haré.
Cogió la daga. Al segundo, el alma de la niña desapareció. La daga pesaba en sus manos. Sintió un cosquilleo recorrerle todo el brazo. Acercó la daga a su estómago. Dudó.
Las voces dijeron un solo nombre. En unísono.
-Louis Weasley.
Chris ladeó la cabeza e intentó hundir la daga en él.
Las voces siguieron insistiendo.
-Susan Nott. Theodore Nott…
-¡BASTAAA!
Su rugido fue acompañado de una fuerza exterior que le abstrajo de aquel mundo y lo devolvió al mundo de los vivos.
Se encontró a su mismo postrado en una silla del laboratorio al que había acudido aquel día en San Mungo.Alguien le había lanzado un cubo de agua helada a la cara. Solo algo que pudiera despertar todos sus sentidos lo podría abstraer de aquel mundo.
-¡Está vivo! -Declaró la Sanadora Bell.
Lo cual no debía ser algo que dijera normalmente, pues tanto ella como su aprendiz se sumieron en una risa que derivaba de una broma interna. Era lógico, pues estaba en el Departamento Forense de San Mungo.
-¿Tan aburrido era vigilar ese cultivo, Nott? -Se mofó Monique Jordan.
El joven se quitó los mechones que le habían caído en la frente. Con su varita conjuró rápidamente un hechizo para secarse la ropa. Tanto la Sanadora como su aprendiz siguieron observando el cuerpo que se hallaba ante ellas.
Como si el joven no se hubiera aventurado al mundo de los muertos hacía unos segundos.
¿Qué había sido aquello? Era una nueva sensación para él. Siempre que se adentraba en el campo astral -como lo llamaba el doctor Lockhart -la oscuridad solo era interrumpida por el alma que el buscaba. Si es que acudía a su llamada. Era así como hablaba a veces con Roxanne Weasley. Era ese su don.
Pero, ¿todas aquellas almas acudiendo a él? Sentía una presión en el pecho. Nervios. Incertidumbre. Miedo. Sí, tenía miedo. Le habían enseñado una daga. ¡Una daga para que se suicidara allí! Y le habían hablado de cómo, por ser un instrumento, debía morir para salvar a los demás.
Se mordió el labio inferior. ¿A quién debía contarle aquello?
-…El acónito no ha hecho nada en la piel…
Quizás, por el momento, debía guardarse aquello para él mismo. Lockhart le hubo avisado una vez de la posibilidad de que un alma oscura ocupara su cuerpo. Pero no era eso lo que había ocurrido. Las almas del limbo le habían pedido que muriera. Habían extraído del mundo de los vivos una daga -¿cómo siquiera podrían hacer eso? -para ayudarle.
Pero no le habían dicho por qué.
Y eso era lo que debía averiguar.
-… Sigo sin entender cómo el fuego podría funcionar -Resopló la Sanadora Bell. -Mientras no se entere la Weasley ni ninguno de sus familiares… Más que nada, porque me quitarían del puesto si se enteran de que no he hecho caso a una hija de Bill Weasley que no tiene ni idea de Medimagia… -Monique Jordan se rio ante aquella ocurrencia. Chris se incorporó y se acercó a ellas. Se estremeció al ver el cuerpo que habían traído. Era el cuerpo de Molly Weasley. Aún no estaba acostumbrado a hablar con naturalidad y bromear delante de un cadáver. Pero aquellas dos lo hacían parecer fácil. -Pero ya hemos fracasado con todo el procedimiento oficial… -Suspiró resignada la Sanadora.
Chris arrugó la nariz.
-¿Pensáis traer a Weasley y a Woods para experimentar con ellos? -Preguntó. Pues el silencio de aquellas dos mujeres significaba justo aquello. Y quería confirmarlo. -Creía que él era el ex de ella o…
-Sí, sí, eso es irrevelante en el campo de la ciencia, Nott -Le despachó la Sanadora Bell. -Para ver si este cuerpo reacciona ante alguna sustancia que pueda revertir los efectos de…-Alzó un frasco de líquido azul ante Chris. -Este componente misterioso.
Chris Nott tragó saliva.
Los avances hasta aquel momento habían sido los siguientes: el líquido azul era lo que transformaba a aquellas personas en lo que fuera que se transformaran. La Sanadora Bell los llamaba cigarras. Decía que el líquido solo reaccionaba ante un Encantamiento y que podía permanecer oculto durante años. Por tanto, no sabían quiénes eran las posibles cigarras. Ni cómo curarlas. Más, si alguien sangraba azul… ¡Bingo!
-Sería interesante ver si Woods sigue teniendo la sangre azul… -Comentó Nott. -Podría buscar a Molly otra vez y preguntarle cuánto tiempo estuvo.
La Sanadora Bell negó con la cabeza.
¿Cuánto tiempo había estado en el mundo de los muertos para que la Sanadora se negara? La preocupación no cubrió su rostro. Pero nunca lo hacía. Katie Bell era una mujer tenaz. No había nadie que la cuestionara en su trabajo.
-Has estado dos horas inconsciente, chico, no quiero que el doctor Lockhart me regañe por torturar a su cachorro…-Se mofó. Chris suspiró. En recuerdo del doctor Lockhart, con quien practicaba su visita al campo astral. -Además, dudo que Molly Weasley se quedara en el limbo… ¿Tú que crees, Jordan? Tú estabas más en contacto con los Weasley.
Monique Jordan entrecerró los ojos. La muchacha había hablado varias veces de Molly Weasley -su objeto de estudio -como si la conociera. Pero vagamente, había recalcado en todas las ocasiones. Les había informado de su autismo. De su intelecto. De su relación con el resto de Weasley. Y de lo idóneo que había sido elegirla a ella, pues sus primos no habían detectado su ausencia.
Había algo que nunca se hablaba. Y era de Susan Jordan. Si no habían podido detectar las ausencias de Weasley, ¿cómo su hermana o Fred Weasley no habían detectado que le ocurría algo a la hermana pequeña de Jordan? Sabía que aquella era la razón por la que Monique estaba allí. Para enmendar su error. Era la primera en llegar. Y la última en irse. La Sanadora Bell no le replicaba nada. Tan solo errores de aprendiz.
-Lo intentaremos en otra sesión -Dijo Monique. -Gracias, Nott -Asintió ella. Se rascó la barbilla. Como si estuviera pensando en otra cosa. -Quizás el hecho de que se conocieran tuvo algo que ver… -Sugirió, de repente. Se dejó caer en la camilla del cadáver. El que Chris evitaba mirar a toda costa. -Es como una Maldición… Muchas veces no solamente son las palabras que se utilizan… O los ingredientes para la pócima que lo contrarrestra… Sino la intención -Concluyó.
-Como con el Patronus -Apoyó Chris. -¿Quieres decir que tenía que tener la intención de sanarlo o…?
La Sanadora Bell soltó una risa.
-¡No sé yo si Weasley va por la vida queriendo sanar a su ex! -Se burló. Rodó los ojos. -Ya sabemos cómo son los ex… -Se codeó con Monique, más esta no le siguió la broma.
Le miró de reojo. Como si de algún modo pudiera molestarle a él ese comentario.
Oh, claro porque él era un ex. Aún seguía sin saber exactamente qué había hecho para ser referente de lo malos que eran los ex.
-Igual es una decisión unilateral -Siguió pensando Monique. -Igual solo es necesario que uno de ellos quiera sanar… ¿No estaba Woods enamorada de ella? Incluso sin estar con ella -Tanto la Sanadora Bell como Chris parpadearon en desconocimiento. -Me informaré antes de que los traigas aquí… No es algo que vayan a contarnos…
-Oh, no, no transformaré mi morgue en una consulta marital… -Estuvo de acuerdo la Sanadora. -¿A quién se lo preguntarás? -Preguntó con clara intención de obtener más información de la vida privada de Monique Jordan. Chris sonrió.
Era algo que a la Sanadora Bell le encantaba hacer. No como si fuera una periodista, sino para hacer más ameno el hecho de que estaban en tiempos oscuros y que su misión era revisar cadáveres y muertos. Sobre todo, cuando Chris preguntaba por algo y Monique le contaba cómo eran las antiguas relaciones de amistad y las actuales. A la Sanadora Bell eso le daba la vida. Algo paradójico teniendo en cuenta su profesión.
-Oh, supongo que a Lucy Weasley… Es una de las pocas Weasley con las que sigo hablando -Dijo encogiéndose de hombros. Chris sintió los ojos de Monique sobre él. Como para confirmar. Desde que abandonaron Hogwarts, el resto de Guardianes de Hogwarts habían estado en contacto. Habían quedado en un par de ocasiones. Los que se encontraban en Londres: David Morrit, Bea Fenwick, Tim Marrs, Lucy Weasley, Monique Jordan y él. Rolf Rogers estaba en algún lugar del mundo en nombre de Gringotts. Él asintió para Monique. -Marrs también puede saber algo… Y quizás Fred Weasley -Suspiró.
-¿Sigues sin hablar con él? -Preguntó, preocupado, Chris.
Fred Weasley era la única persona en el mundo que podía entender el dolor de Monique Jordan. Y la había silenciado de su vida. Chris Nott, después de haber conocido a Susan Jordan, podía intuir por qué. Monique Jordan y Susan Jordan tenían un parecido físico irreconciliable. Era cierto que uno no se daba cuenta al principio por sus personalidades. Más, era inevitable ver a una y no pensar en la otra. Supuso que Fred Weasley quiso alejarla para no pensar en su fallecida novia. Igual que también había alejado a toda su familia. Había oído -por Lucy Weasley -que se había ido a Rumanía a una granja de dragones con un tío.
-O podría hablar con Alexander Moonlight -Propuso Monique. -Aunque sería bastante extraño, llevo sin hablar con él desde que acabó Hogwarts… Aunque el año anterior estuviera allí…
Chris Nott arrugó el rostro ante la mención de aquel peculiar Auror. Los años que fueron borrados de su mente le impedían saber quién era exactamente aquel licántropo del Departamento de Seguridad Mágica. ¿Qué relación podía tener Alexander Moonlight con Dominique Weasley y Nicholas Woods? ¿O con Monique Jordan?
-Oh, el Auror apuesto…-Se rio la Sanadora Bell.
Monique Jordan sonrió y se encogió de hombros.
-Todos los rumores sobre cómo besa son ciertos, Sanadora Bella -Le dijo guiñándole el ojo y haciendo que la Sanadora lanzara un grito de euforia. Chris alivió la tensión de su frente al comprenderlo.-Pero creo que no debería preguntarle a un Auror sobre la vida amorosa de alumnos que tuvo que vigilar, ¿no?
-¿Los Aurores lo sabían todo de nuestras relaciones? -Preguntó, inquieto, Chris.
La Sanadora Bell levantó una de las pinzas que estaba utilizando y apuntó hacia él.
-¿Qué tienes que esconder, jovencito?
Él se rio.
-No lo sé -Su sonrisa fue amarga y la Sanadora le lanzó una mirada tierna. Se giró a Monique Jordan. -¿Por qué no me lo cuentas, Monique? Lucy Weasley me habla ahora y… Lo que fuera que tuvimos parece haberle superado… Además, casi es Auror… La respeto demasiado…
-¡¿ESTUVISTE CON LUCY WEASLEY?! -Gritó emocionada la Sanadora Bell. -¿Un saco de huesos como tú con una Weasley?
-Bueno, no todos pueden ser Teddy Lupin, ¿no? -Se mofó Monique.
-Sí, pero cortó conmigo… Y su mejor amigo… Louis Weasley… Que supuestamente también era mi amigo… Dejó de hablarnos a los dos… Y se marchó a Beauxbattons y ahora está en el Ojo -Suspiró. -¿Qué hice? Porque me siento culpable y quiero saber por qué -Confesó.
Monique Jordan lanzó una bocanada de aire sobre su mascarilla. Rodó los ojos.
-¿Es algo que vaya a molestar a nuestra difunta? -Preguntó la Sanadora Bell.
Seguramente sería de broma. Aunque era cierto que Molly Weasley era la hermana de Lucy Weasley y estaban inspeccionando su cadáver, mientras hablaban de las relaciones de su hermana. Y probablemente le molestaría lo que fuera que Monique Jordan iba a contarle, puesto que la joven ladeó la cabeza.
-¿Tan malo es? -Inquirió Chris.
Estaba empezando a imaginar qué era. El año anterior había experimentado su renacer hormonal. Y no era lo que había esperado cuando al despertar le dijeron que Lucy Weasley era su ex novia.
-¿En qué grado de malo está ponerle los cuernos a tu novia con vuestro mejor amigo? -Entrecerró los ojos al decirlo, como si estuviera quitando una tirita.
-¡GODRIC GRYFFINDOR! -Exclamó en sorpresa la Sanadora Bell.