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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 180

Comenzó a tararear Thunderstruck de AC/DC en su cabeza. Dio pequeños golpecitos en el suelo con su pie al ritmo de la canción. Una de las cosas que Remus Lupin había descubierto en el pasado era que le encantaba el rock. El viejo. Debería agradecer al Señor Goshawk por la introducción. Una lástima que lo hubiera tenido que matar. Y una desgracia que el Ojo no viera como una motivación positiva su adicción a ese tipo de música.

En su mente solo había lugar para tararearla mientras el mago que había a su derecha parecía querer asesinarle con la mirada. Intuía que estaba leyéndole la mente. Y estaba asistiendo a un concierto. Sonrió para sí.

Oh, claro, porque tener una audiencia con el Señor era el mayor evento de su vida. Sorpresa: No. Aquel Inmortal estaba tremendamente sobrevalorado. Y Remus Lupin ahogaba un grito de frustración, pues sabía que muchos lo opinaban. El joven no era particularmente inclinado a lamerle el culo a nadie. Y menos aún a él. Sobre todo cuando había conocido un poder ultieriormente superior.

Quizás se había equivocado al mostrar indiferencia hacia el Señor. Porque el Señor había comenzado a sospechar de él. ¿Sospechar de qué? Si no tenía nada de quésospechar. ¿Por qué maldito motivo? Había demostrado su fidelidad, ¿no? Les había nutrido de información sobre el futuro. Les había ido dando pequeños trozos sobre qué era lo que debían hacer para asegurarse de la victoria. Pero lo había hecho de forma lenta: no quería que se agotaran las razonas por las que mantenían vivo al hijo de Ted Lupin y Victoire Weasley que venía del futuro. No había ninguna prueba en su presente que justificara por qué Remus Lupin traicionaría a toda su familia. Porque, bueno lo había ocultado... No tenían por qué saber que en su presente había cosas que habían cambiado, ¿no? En su línea temporal, él fue secuestrado por Graham McOrez hacía años. Pero... Podría volver a ser secuestrado. Él mismo se encargaría de... Convercerse a sí mismo.

Se había planteado en numerosas ocasiones por qué habían cambiado los eventos. ¿Por qué su tía Dominique Weasley no había muerto? ¿Cómo era que su padre había sobrevivido al ataque del Palacio de Hielo? ¿Y cómo había logrado su madre mantenerle aún con él? Supuso que tal vez el hecho de que él volviera al pasado habría hecho cambiar algunos aspectos de su línea temporal. De nuevo, el Ojo no tenía por qué saberlo. Porque entonces sí que tendrían motivos para matarle.

Asintió a lo que fuera que el Señor estuviera diciendo. ¿A quién diablos le importaba lo que el Señor opinaba sobre su propia teoría de los múltiples universos? Vio por el rabillo del ojo cómo Graham McOrez absorvía las palabras del Señor. Remus arrugó la nariz. Lameculos.

-... Lo que no entiendo, señor Lupin -Se dirigió directamente a él. Parpadeó. -Es por qué motivo le mandaríamos a usted al pasado si ya conseguimos nuestro propósito.

Remus Lupin tuvo que obligarse a hablar. Definitivamente el Señor no confiaba en él.

-Es evidente, ¿no? -Le desafió. Podía sentir a McOrez apretar su varita. -Lo conseguisteis gracias a mí... La profecía habla de cómo yo seré la Guía.

El Señor asintió. Su sospecha seguía presente, por supuesto.

-También se refiere a unas luces que pueden guiar a nuestra derrota... Dígame, ¿qué piensa hacer con esas luces?

Remus suspiró aliviado. Algo de lo que se sentía orgullo al fin. Sonrió.

-Destruirlas -Contestó. -Ya les dije que maté a mi madre en el futuro -Se hizo una pausa. Bueno. Ambos ya sabían que no era ninguna bruja cualquiera. Sino la última Guardiana de la Magia. -No dudaré en matarla de nuevo aquí si usted me lo ordena -Concedió. Supuso que el Señor necesitaba aquello. No era como si no fuera verdad.

-¿Y la otra Luz? ¿Sabe a quién se refiere?

Se rascó la barbilla. Pero soltó una breve carcajada. Que hizo saltar a McOrez.

-¿Qué más da? En cuanto descubra quién es, acabaré también con ella -Le sonrió. Y si ellos lo sabían ya, así le ahorraban un problema.

De nuevo, otro silencio.

-¿Quién te mandó aquí? -Preguntó finalmente.

Finalmente la pregunta del millón. Todos habían dado por hecho que el Ojo era el que había mandado a un viajero del futuro para ponerles el camino hacia la Victoria. Él sonrió. Intentó no tensarse. Había momentos en los que debía regalarles el oído.

-Morgana me mandó para asegurarse de que todo iba bien -Respondió. Sintió al Señor deleitarse con aquella información. -Tal y como dice la profecía -Añadió.

-¿Cómo es ella? -Le preguntó.

Vio el brillo de adoración en sus ojos.

Remus sonrió con orgullo. Algo que ese Inmortal no había podido ver y él sí.

-Extraordinariamente poderosa -Le respondió.

Sintió un peso en su estómago al recordar su rostro. Sus ojos. Y el poder que -de verdad- enamanaba de ella. El Señor pareció ver el respeto que Remus Lupin sentía hacia ella, por lo que asintió. Satisfecho.

-Bien -Dijo simplemente.

E hizo un gesto con la mano para que se largara de ahí. No tuvo que repetirlo.Se desapareció de allí en un segundo. Y apareció en la Mansión de los Parkinson. Había cosas que debía hacer aquel 27 de diciembre.Se apresuró por los pasillos hasta ver cómo, efectivamente, Frank McOrez se preparaba para probar -por primera vez- unas de sus pociones de amor. Por mucho que Remus le hubiera insistido en que hacer aquello podría poner en peligro el Alzamiento de Morgana. ¿Prefería realmente tambalear el futuro para fracasar en su intento de ser un mago poderoso? Patético psicópata.

-Lupin -Le saludó con desprecio.

Oh, sí, su apellido no era muy aceptado entre el Ojo. ¿Por qué no había podido volver del futuro un McOrez o un Onlamein?

-McOrez -Le saludó de vuelta. Interrumpiendo su paso. Miró cómo guardaba rápidamente su poción en su abrigo negro. Le miró con diversión. -¿A dónde vas? ¿Te has cansado de las chicas de Beauxbattons?

Le cuestionó inocentemente. Como si no hubiera registrado sus diarios y su despacho en una ausencia para evitar que pusiera en peligro el futuro del Ojo. Había puesto en alerta a Zoe McOrez. Y sabía que tenía una poción -llevaba preparándola más de seis meses- que podría utilizar solo y finalmente aquel día. Tenía tanto ego que ni siquiera se había preocupado en pensar que necesitaría otros seis meses para preparar la siguiente poción si aquella fracasaba por algún motivo. Solo aquel día de Luna Llena en el sexto mes. Eso había escrito en su diario.

Y, bueno, Remus Lupin se había asegurado de que Lily Luna Potter tuviera otros planes aquel día. Aunque antes debía impedir que Frank McOrez le delatara ante ella o siguiera con su objetivo. Probablemente aquello se ganaría una sospecha mayor por parte del Ojo. Por esa razón, le había contado a Zoe McOrez que ella sería la mano derecha del Señor y Morgana. Le había hecho leer su mente para ver sus recuerdos y le había revelado que había sido su mentora. Su maestra. Sentía una especie de respeto hacia ella por esa razón. Solo así podía asegurarse de que se cumpliría ese futuro.

Y el Ojo creería a Zoe McOrez antes que a un sociópata. O así había sido en su futuro y en su pasado.

-A matar a Lilith Potter -Le contestó deliberadamente.

Remus asintió lentamente. No era ninguna sorpresa para él. Le sonrió.

-Verás, Frankenstein -Le dijo en un suspiro. -No creo que vayas a poder...

La alerta en sus ojos le llegó demasiado tarde. Remus le puso rápidamente un trapo en su boca y nariz. Sintió cómo Frank McOrez le intentaba dar un puñetazo, más su puño cayó al aire. Bueno, con la poción de Remus se quedaría dormido unas semanas. Vio que no había nada en el pasillo. No era como si quisiera que alguien le viera cargar con el cuerpo inerte de Frank McOrez, ¿no? No, no lo había matado. Pero le había dado una Poción para dormirle en cantidades que deberían darse a un dragón.

Silvó de nuevo Thunderstruck cuando llevó a McOrez a su sótano de los horrores. Lo posó sobre sus alfombras y cojines. Al rozar las telas, se manchó el jersey de sangre reciente. Rodó los ojos. Se giró para ver que había dos cuerpos desnudos en el suelo alejados de donde se encontraba Frank. Remus había matado a muchas personas, ¿pero cómo lo hacía Frank? Nunca. Nunca mataba por matar. Siempre tenía un objetivo. Como escaparse de Breedlove. Como acabar con la última Guardiana. Y, bueno, podría ser que alguna vez hubiera matado a alguien por no coincidir con su opinión. O porque sus armas fueran más potentes que las suyas. Pero, de nuevo, con un motivo justificado. Frank McOrez era un psicópata desatado. Que también podían decir eso de Remus. Pero él era un psicópata controlado.

Suspiró.Se acercó a los cuerpos. Comprobó su pulso. Una estaba muerta, pero la otra seguía con un pulso débil. Tenía las manos cerradas sobre su estómago. La herida por la que estaba inconsciente era una daga en el ojo que ni siquiera había considerado quitar. Pero estaba encogida sobre su barriga. Como protegiendo a algo.

Oh.

¿¡Por qué le tocaban a él esas cosas?! Se pasó la mano por el pelo. Decidió que no se haría cargo de aquello. Si avisaba a alguien de que esa muchacha estaba embarazada, probablemente la matarían. Remus Lupin no era un héroe de esos que la cogerían y la sacarían de allí... Porque no era su maldito problema. Quien viniera a recoger el cuarto de Frank y tuviera que deshacerse de los cuerpos serían los que lidiarían con el problema. De todos modos, Frank McOrez nunca tuvo descendencia. Que, al menos, fuera conocida.

Aquello podría alterar al futuro.

Comprobó la hora. Oh, como siguiera allí iba a llegar tarde. Se llevó la mano a la frente. Y se la manchó de sangre. Mierda.

Se Apareció en un callejón que daba a Oxford Street. Salió a la avenida principal. Las personas comenzaron a mirarle sospechando de la sangre en su frente y en su jersey. Se miró en el reflejo del cristal de una tienda. Debería cambiarse de ropa. Miró a su alrededor. Era hora de buscar un atuendo para ver a Lily Luna Potter.

Lo encontró en un joven que iba con un abrigo camel, una camisa y unos pantalones que parecían de su talla. Sonrió. Le sonrió.

-Imperio -Conjuró hacia él.

Le indicó con un gesto en la mirada que se acercara a la entrada de aquel callejón. Le obedeció. Por supuesto que lo hizo, era un muggle bajo un Imperio. Le ordenó que se quitara la ropa y se la dejara a él. ¿Podía hacerlo sin asesinarle? Sí. Y, de hecho, debía hacerlo -desafortunadamente -pues ocultar un cuerpo de un muggle siempre traía como consecuencia todo lo que había que ocultar al resto del mundo. Además, verían en su ADN que era hijo de Weasley y Lupin... ¿Necesitaba Remus que sus padres supieran que su hijo había regresado para matarles? Aún no. ¿Tenía que acudir al Ojo para que le ayudara a cubrir su paso por el mundo muggle y explicar por qué estaba con Lily Luna? Rotundamente no. Por ahora.

Se acomodó la camisa y el abrigo. Le quitó también los zapatos. Ajustó la ropa con un hechizo para que le quedara como si estuviera hecha a medida para él. Se arregló el cabello. Se limpió la cara con la camiseta interior del hombre. Y destruyó con un Reducto.Miró al muggle con diversión. Le lanzó un Desmaius y un Obliviate. Buscó una botella de alcohol en uno de los contendores a su espalda. Sacó dos ginebras. Quedaban un resto en cada una. Roció el alcohol sobre el muggle. Y le hizo beber. Era Navidad. Probablemente se había pasado en una cena con la empresa que le habían hecho desaparecer su ropa y quedarse desnudo en un callejón. Y si tenía problemas con su familia -si tenía -no era asunto suyo.

Thunderstruck de nuevo sonó en su cabeza. Bailó disimuladamente hasta llegar a la esquina de Oxford Street con Hyde Park. Y allí, tan roja como una bola de Navidad, la esperaba Lily Luna. Esbozó una sonrisa lobuna al verla. Ella aún no se había percatado de su presencia. Mejor. Así podía observarla. Había cambiado desde la última vez que la vio. Tenía el pelo rojizo más largo y había crecido. Llevaba una bufanda de Gryffindor -que se excusaría diciendo que era el emblema de su colegio privado.

Ella no tardó en verle. Le dedicó una tímida sonrisa. Seguramente habría engañado a su familia. Dudó que le hubieran dejado quedar con un muggle, estando el panorama como estaba. ¿Qué habría dicho? ¿Qué iba a hacer unos recados? ¿La habría ayudado su amiga Scarmander? Le sonrió de vuelta. Aquella Navidad no la estaba pasando en su residencia habitual -había informado el Ojo. Remus sospechaba que era porque estaban ocultando a las hermanas Brooks -más no había dicho nada al Ojo... Porque la información más importante se la reservaría para cuando se encontrara amenazado por el Ojo. No era estúpido. Sabía que se desharían de él en cuanto no les fuera útil.

-Llegas tarde -Le acusó.

Sí, bueno, Remus estaba hablando con un Inmortal sobre el Alzamiento de Morgana y después de eso tuvo que deshacerte de un psicópata que quería matarla sin importar el peligro que suponía para el Ojo. Aquellas cosas requerían tiempo, Lily Luna.

No le ofreció ninguna muestra de afecto. Como un abrazo. O un suave roce en el hombro. Como habían hecho antes. Lo cual agradeció.

-Estaba decidiendo si dejarte plantada o no -Le respondió con una sonrisa de suficiencia.

Ella frunció el ceño. Para quien no lo supiera, Lily Luna había heredado todo el mito sobre la belleza que se había creado sobre Ginny Weasley. Y cuando Remus notó que Lily Luna había cambiado... Quizás también se había fijado en que era mucho más atractiva. Lo cual hacía la tarea de vigilar que Frank McOrez no la liara con el futuro mucho más amena. Gafes del oficio. Además, tendría la oportunidad de intentar descifrar a Lily Luna Potter. Si Remus sabía que Lily Luna Potter seguía estando viva en su futuro no era un simple informe que había leído por encima.

-¿Qué voy a hacer contigo? -Dijo Lily Luna Potter, mientras le dio un puñetazo en el hombro.

Oh, Remus tenía una serie de sugerencias en su cabeza, aunque quizás aquel no era el mejor lugar para llevarlas a cabo.