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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 184

-Oh, ¡querida! ¡Por fin he conseguido que vengas a mi casa de nuevo! -La cogió de los antebrazos y la apartó de la conversación que acababa de finalizar con el señor Shacklebolt. Ella se dejó arrastrar. No podía hacer otra cosa. Subió la comisura de sus labios hacia arriba. -Desde que mi hijo te trajo llena de sangre aquel día, no quería ni pensar en lo horrible que te tuviste que sentir aquí dentro... En una Mansión tan oscura... Con todo lo que te debieron contar tus padres...-Astoria Malfoy negaba horrorizada. Rose Weasley aún no sabía qué decir. -¡Y cada vez que mi hijo te invitaba siempre tenías algo que hacer! -Le reprochó.

¿Cómo? La señora Malfoy desde luego no sabía que esas "invitaciones" se habían extraviado por el camino. No era como si fuera a aceptarlas, de todos modos.

-Yo...

-¡Pero he cambiado toda esta oscura Mansión para que Theia viva rodeada de luz! ¡Y ahora estamos aquí todos en Navidad! ¿No es fabuloso? -Rose asintió con una nerviosa sonrisa. -Oh, Rose... ¡Eres una jovencita muy valiente! ¡Tu madre me ha estado contando lo que has hecho por mi hijo en Hogwarts...! ¡Muy valiente! -Sintió un pellizco de culpabilidad. Su madre la había obligado a hacerlo en verano. Había habido un poco de chantaje emocional entre medio. Que si debía perdonar a Scorpius Malfoy. Que si debía llevarse bien con él, porque ya sabían cómo era la prensa si se enteraban de que la hija de Hermione Weasley odiaba a los Malfoy...-¿Te importaría ir a buscar a Scorpius y decirle que su madre le espera para dar con ella el discurso del cierre de la Gala?-Sí, señora Malfoy, sí que le importaría. Rose discrepaba, se oponía y lo resentía. - Theia debe ir a dormir... Y mi hijo ha desaparecido en los jardines. Seguro que una joven como tú lo convencerá para que diga unas palabras a nuestros invitados.

-Yo...

-¡Muchas gracias! -Le guiñó el ojo y se marchó entre el resto de invitados.

Arrastraba con ella el impresionante vestido de color verde que llevaba.

¿Qué acababa de ocurri?

-¿Qué ha sido eso? -Le preguntó con una divertida sonrisa Barbara Coleman.

Se encontró a Camrin Trust, a Janet Rossen y a Barbara Coleman expectantes a su reacción.

-Nada -Pero la interrogación quedó ahí. -Debo decirle a Greenwood que vaya a por Malfoy -Suspiró.

Las tres se rieron. Rose no era tan estúpida como para haber visto aquello como una escena cómica para quien no la estuviera sufriendo. Las habilidades de Astoria Malfoy para convencerla eran asombrosas. Esa mujer sería su perdición. No podía permitirse volverse a cruzarse jamás con ella.

-No creo que encuentres a Greenwood -Respondió con una sonrisa enigmática Janet Rossen.

Cómo si no supiera Rose Weasley qué labios podría estar devorando Greenwood en aquel instante. Estuvo a punto de decidir destapar su relación -o lo que fuera -por tal de no ir en busca de Malfoy.

-Pues se lo diré a Carter -Resopló.

-Está en una competición contra Fred y James por ver quién bebe más -Aportó Camrin.

Rose suspiró.

-Pues ya está- Cruzó sus brazos sobre su pecho. -Id vosotras.

-¿Y dónde está la gracia entonces? -Sugirió Barbara.

-Además, está claro que la señora Malfoy quería que fueras tú...-Esta vez fue Janet, la traidora desde ese momento, la que suspiró aquello.

Rose Weasley era conocida como DestructRose. ¿Y pretendían salir vivas tras proponer aquello? Idiotas. Solo se libraban porque eran sus amigas... O eso decían ellas. No lo estaban demostrando en ese momento.

-Bobadas.

-Es evidente -Asintió Coleman. -Es evidente que le encantaría que su hijo estuviera con una Weasley... Sobre todo contigo.

Se desternilló. Realmente las lágrimas salieron de sus ojos porque no podía dejar de reír. Hasta que vio que Barbara Coleman hablaba en serio. Y que Camrin Trust y Janet Rossen parecían apoyarla.

La sororidad estaba extinta.

-Puaj -Teatralmente se metió los dedos en la boca como si fuera a vomitar.

-Oh, venga ya, Rose... Los Malfoy necesitan una buena reputación.

Eh, ¿Coleman?

-¿Desde cuándo estamos en el siglo XVIII? -Espetó llena de rabia Rose.

-Bueno, los Malfoy y los Greengrass siempre han sido muy tradicionales -Argumentó Coleman.

Sin palabras. Definitivamente sin palabras.

-Además, Astoria no haría algo así... -Dijo Rose. Esperó que entrara en razón, más jamás había tenido fe en ella. -Solo se piensa que Malfoy y yo somos amigos. Lo cual no somos... Y ella cree que estamos peleados o algo así...

Esa era la teoría de Rose Weasley y lucharía porque fuera cierta hasta el fin de los tiempos. Si no había otra que sostuviera que Astoria Malfoy solo quería hacerla sufrir. Por ejemplo, quizás era aquello.

-¿Qué dices, Rose? -Exclamó sorprendida, Coleman. -Es Slytherin. Claro que haría algo así.

¿Estaba viviendo eso de verdad o era un sueño? Buscó algo de lógica y coherencia en Trust y en Rossen. Habían apartado la mirada ante tal argumento. Menos mal.

-Albus y Alice son Slytherin...-Pero quizás era una perdida de tiempo intentar que sus neuronas se conectaran.- Oh, por favor, Coleman.

La apartó con brusquedad y decidió que prefería enfrentarse a Scorpius Malfoy que a ellas en ese instante. Lo cual decía mucho de hasta donde había llegado su paciencia aquella noche. Porque, sí, a Rose le encantaba sentirse importante. Y tener a decenas de personas que alababan su colaboración... ¡Pero no le dejaban ni un minuto de paz! Era como si, de repente, ella se hubiera convertido en la asistente de su madre. Porque si al principio alababan que hubiera desterrado a Whitehall de Hogwarts... Después le pedían una cita con su madre o con el Primer Ministro. ¿Tenía cara de agenda?

No ayudaba que fuera la única con un vestido rojo. Todos podían localizarla fácilmente. La próxima vez crearía una Capa de la Invisibilidad solo para aquellos momentos.

Astoria Malfoy había dicho que su hijo estaba en los jardines. Estupendo, porque por supuesto que no era consciente de la inmensidad de su jardín. Con su sentido de la orientación, ganarían la guerra antes de encontrar a Malfoy. Lanzó un gruñido de frustración. Cerró sus puños. Y se arrepintió al instante en el que el frío de diciembre -o de enero-azotó su piel desnuda. Su rostro. Sus hombros. Y llevaba sandalias de tacón. Bien podrían haber puesto un hechizo para simular una temperatura agradable también fuera. Porque se había dejado la varita en su bolso. Y su bolso en el ropero.

Una sombra comenzó a venir hacia ella. Y tuvo que reconocer que no gritó por dignidad. Porque no era un humano. Ni una criatura mágica. Tardó unos largos segundos en comprender qué era lo que se estaba acercando a ella. Afortunadamente, había visto una foto de ella en los informes sobre el refuerzo de seguridad en la Mansión Malfoy en verano. Y aquella alargada figura era una estatua en movimiento. Theia Malfoy.

-Eh, ¿hola? -La estatua le sonrió. Y se parecía demasiado a Astoria Malfoy. Pero más joven. -¿Qué quieres? -Le inquirió. Se detuvo a su lado. Y le cogió de la mano. Le hizo un gesto con la cabeza para que la siguiera. -Oh... ¿Me guías? -Preguntó. Era una estatua. ¿Cómo podía saber aquello? La estatua de Theia Malfoy asintió. Le apretó la mano y la arrastró hacia los jardines. -Oh, ¡más despacio! ¡Tú no llevas un vestido y tacones!

Y tampoco podía morirse de frío como ella.

Al parecer, Scorpius Malfoy quería desparecer de la Gala, porque tuvo que andar unos minutos hasta que la estatua le señaló un espacio abierto. La empujó con el hombró y soltó una risita. Rose le gruñó. Theia despareció. No antes de silbar como un cowboy para que Scorpius se diera la vuelta y dejara de contemplar el trozo de mármol negro que se encontraba en el centro.

-¿Weasley? -Extrañado, tuvo que acercarse a ella. Como si no supiera quién era. -¿Qué haces aquí?

-He decidido que quería congelarme de frío, ¿tú que crees?

Resopló. Básicamente para quitarle importancia al hecho de que era cierto que estaba comenzando a sentir la hipotermia sacudir su cuerpo. Y no por el hecho de que hubiera encontrado a Scorpius Malfoy en lo que parecía su escondite.

-¿No estuviste en clase cuando dieron el hechizo para entrar en calor? -Se burló el muy imbécil.

Decidió ignorar su comentario. Y seguir siendo la "jovencita valiente" que Astoria Malfoy creía que era.

-Tu madre me ha pedido que venga a por ti...-Oh, la expresión en el rostro de Malfoy cayó al suelo. -Tienes un discurso que dar o algo así.

-¿Mi madre te lo ha pedido a ti?

Fue el tono que empleó lo que la ofendió. Porque ella también tenía esa pregunta.

-¿Sabes, Malfoy? -Le apuntó con su dedo inquisidor.- Tu madre piensa que soy una jovencita valiente y encantadora. Así que es evidente que piensa que soy tu mejor influencia.

Puso los brazos en jarras. Para darle seguridad. Más tener los brazos separados de su cuerpo era aterradoramente algo helador.

-Claro que piensa eso -Bufó. Bueno, al menos él también tenía dudas al respecto. Desde luego si Astoria Malfoy pensaba aquello no era gracias a él. -Ahora iré.

El joven se dio la vuelta. Para seguir contemplando aquel estúpido trozo de mármol. Y la ignoró. O sea, ella salía a la interperie. Con riesgo a una maldita hipotermia. Clavaba y destrozaba sus zapatos en la nieva -si Lucy se enteraba de lo que había hecho con su regalo, no viviría para contarlo. Y el muy desagradecido ni mostraba amabilidad. Debería tener una cámara para demostrar que Scorpius Malfoy era un arrogante imbécil con complejo de superioridad.

Además, era la primera vez que tenían una conversación relativamente larga desde la noche en la que se disculpó por haber sido una completa estúpida y arrogante con él. ¿Por qué? Rose Weasley no tenía ni idea. Después de lo que había hecho por él. Sinceramente no lo entendía. Lo cual podría ignorar. Pero le frustraba que, en el momento en el que ella demostró que no era una bruja cualquiera, tuviera que ser precisamente él el que pusiera el foco sobre ella. Porque no podría ser otra maldita persona.

-Malfoy -Le llamó.

-¿Qué? -Y sonó cansado. Como si su voz fuera una molestia.

Rose se aclaró la garganta y -gracias, Astoria Malfoy -comenzó a rasparle por el frío que hacía fuera.

-¿Por qué no me has perdonado?

La pregunta era sencilla, ¿verdad?

-¿Disculpa?

Pues no era nada sencilla para el señor Malfoy.

-Te pedí perdón... Por no ser justa contigo todo este tiempo... -Dolía decir aquello. Sintió como si estuviera tirando su dignidad por el retrete. -¿Por qué no me dijiste nada desde entonces?

-Oh, porque sé que no lo decías de verdad -Dijo como si no le supusiera un problema admitir aquello.

Eso mantuvo callada a Rose unos segundos. Asimilando su respuesta.

-¿Entonces crees que era mentira? -Inquirió.- ¿Por qué haría eso?

-Porque tu madre te lo pidió-Silencio. Maldito hijo de Malfoy. -Rose Weasley jamás haría algo así... Sobre todo, así, de repente... Sin que yo hubiera hecho nada que te hiciera sentir culpable por todo lo que me has dicho a lo largo de tu vida.

-Bueno, eso es porque no me conoces tan bien.

El maldito Malfoy. Pero, ¿cómo se había dado cuenta?

-No te hagas la ingenua -Le dijo con una sonrisa de suficiencia. Girándose finalmente para encararla. Rose abrió la boca para decir algo. Más la cerró. - Albus me dijo que había alguien del Ministerio protegiéndonos de Whitehall -Por supuesto que había hecho ella. Se lo había pedido ella. - Solo podías ser tú. Mandada por Hermione Wesley. Justo cuando me perdonas y me dices que tenga cuidado... -Scorpius frunció el ceño. Rose ladeó la cabeza. -Dime, ¿lo habrías hecho si tu madre no te lo hubiera pedido?

¿Sinceramente? No. Él tenía razón. Solo si sentía culpable por su comportamiento. Era demasiado orgullosa como para hacer aquello por cuenta propia. Podía decirle que tuviera cuidado. Avisarle del peligro. Recordarle que la lucha era más importante que su rivalidad. Como había hecho en el tren. Pero no rebajarse tanto. Porque era estúpidamente orgullosa.

Aquello no tenía por qué decirlo en voz alta.

-Nunca lo sabrás -Dijo simplemente.

-No hace falta que te perdone, Rose -Dijo, aclarándose la garganta, como si su nombre salir de su boca fuera veneno.

-Oh, claro, tú eres superior a todo eso.

Scorpius se pasó la mano por el pelo. Despeinándolo. Como si hubiera querido coger las manos y llevarlas a su cuello para ahorcarla y matarla... Bueno quizás no.Pero sí que tenía algo de esa rabia que veía en sus ojos cada vez que hablaban. O discutían, pues "hablar" era algo que no sabían hacer.

-¿Ves? -Le cuestionó. Se dio cuenta de que, mientras que ella estaba más calmada. Porque había empezado a dejar de sentir su dedo meñique. Él estaba ciertamente dispuesto a un enfrentamiento. Tensó su mano entre ellos dos. - Ese es tu problema. No me escuchas -¿Perdona, Señor Malfoy? -Nunca lo has hecho. Pones en mí palabras y actitudes que jamás he tenido... -Rose quiso decir algo. Y Scorpius alzó una ceja. Como si le estuviera diciendo que acababa de hacer eso. Acababa de mutar lo que fuera que hubiera dicho. Y lo había transformado. -Me antagonizas sin que yo haya hecho nada -Era suficiente con que fuera él, ¿no? -Lo único que tengo malo es un apellido horrible.

Rose reprimió una sonrisa. Porque, pese a que Scorpius era un imbécil arrogante, era divertido ver cómo le irritaba. Cómo le irritaba por una simple estupidez, si uno pensaba en la ley de la relatividad. Con todo lo malo que estaba pasando a su alrededor. El estado en el que estaba en ese momento. Tenía sus mejillas encedidas. El pelo hecho una maraña como la de Albus. Y los ojos recriminándole que le divirtiera aquello. Tosió para disimularlo.

-Y un nombre espantoso -Añadió Rose intentando sonar seria.

Él la ignoró por completo.

-No estoy diciendo nada que tú no hayas dicho antes -Suspiró. Oh, es que, ¿por qué tenía razón? Su dignidad estaba en Plutón por lo menos. Ella era la que se había confesado ante él. - ¿O te arrepientes de haberlo confesado? -Debía plantearse si Scorpius podía leerle la mente. - ¿Cómo era...? Ah, sí, que yo no tengo la culpa.

Bien, bien. No su mejor momento. Intuía que en algún momento lo sacaría en su contra. Suspiró. Volvió a toser para disimular una sonrisa. Porque Rose había hablado de Inferi. De dementores. De muertos. De personas en peligro. Del Ojo. De que le impactaba aún ver a Gwendoline Cross porque no había dejado de tener pesadillas sobre aquel momento en el que intentó ahogarla. Sus peleas con Scorpius Malfoy podían esperar a que no hubiera asuntos más importantes por los que enfurecerse y apretar los puños.

-¿Y si...? ¿Lo dejamos así? -Sugirió.

Era una propuesta que el joven no se esperaba en absoluto. Cambió varias veces de expresión. Como planteándose si la había escuchado bien. No podía ser alcohol aquella vez. Porque delante de sus padres era una hija ejemplar. No como... Su hermano.

-¿Así cómo?

Ella frunció los labios.

-Lo que te dije...- Hizo un gesto con la mano para restarle importancia.- Sabías que era verdad en cuanto te lo dije -Los grises ojos del muchacho brillaron. - Y es cierto que no quería decirlo y que mi madre insistió en que lo hiciera...-Su voz relató aquello como cosas que pertenecían a la teoría principal que iba a caer en un examen.- Pero era para que Whitehall y Glyne... Y el resto... No viera en mí un motivo por el que odiarte a ti y a tu familia... Así que, bueno, ¿podría decirse que lo hice para protegerte? -Concluyó con una forzada sonrisa.

-Pero lo hiciste para protegerte a ti también -Debió haberse temido que Scorpius no alzaría la bandera blanca así sin más. -Sabías que Whitehall era un monstruo y no querías verte asociada con su forma de pensar.

Resopló.

-Por supuesto que no. Pero ya te lo dije, nunca he coincidido con su ideología...

-Vaya forma de demostrarlo -Le interrumpió.

Rose bufó.

-Oh, vamos, sabes que soy imbécil... -Y aquello fue lo que más sorprendería a Scorpius aquella noche, imaginó. Rose Weasley admitiendo que era imbécil. -Solo... Dejémoslo así. No hace falta que me perdones... Es una estúpidez de todos modos.

Miró sus pies. Porque ya ni siquiera encontraba su dignidad en el sistema solar.

-¿No entiendes que no hace falta que te perdone? ¿Por qué? ¿Por una rivalidad que te han inducido?

-Bueno, en el Refugio...

-La pagaste conmigo y punto -Scorpius no iba a calmarse ni un poco, ¿no? - No, no me lo merecía. Y sí, fuiste una imbécil -Ah, qué ganas tendría de usar sus propias palabras para insultar sin necesidad de elaborarlas. - Pero esa es tu horrible forma de lidiar con tus problemas... Insultando y haciendo daño.

Ella seguía mirando al suelo. Le pareció curioso, como diría Luna Scarmander, que no se sintiera en absoluto insultada. No solo porque fuera la verdad -porque la verdad, en ocasiones podía ser un insulto-; sino por el tono que utilizó. Era una mezcla. ¿Decepción, tal vez? Sí, había sido algo así.

Sonrió tímidamente.

-Es algo de genética Weasley -Se excusó en vano.

Aunque era cierto. Por mucho que de pequeña hubiera querido ser igual que su madre, había acabado siendo Ronald Weasley. No eran sus historias favoritas, pero sabía que su padre era temperamental. Orgulloso. Y que abandonó a sus mejores amigos por esos mismos atributos. Ella lo había heredado. El genio de los Weasley. El hacer daño e insultar cuando se sentían heridos. Era un mecanismo de defensa de mierda. Lo sabía. Y luchaba por evitarlo.

-Por suerte, yo tengo genética Greengrass -Se sorprendió al oír a Scorpius decir aquello. Alzó la vista hacia él. Por primera vez en no sabía cuánto tiempo, le sonrió de verdad.Y no cómo hacía en las prácticas de Quidditch cuando hacían una estrategia impresionante. Porque la sonrisa del Quidditch era de compañerismo. Y la sonrisa que le daba en ese instante era una que muy pocas veces había visto. -Ahora, si me lo permites, voy a seguir hablando con mi padre.

Se giró. Supuso que debió marcharse. Pero sus pies se anclaron en el suelo. Y se habían quedado dormidos. Oh, perfecto. Ahora parecería una acosadora. Y si se movía, probablemente se caería, porque no solo tenía tacones, sino que el hormigueo de sus pies era dolorosamente incesante.

-¿Esa es su tumba? -Optó por decir.

Se dio cuenta de lo estúpida que era la pregunta demasiado tarde.

-¿Quieres puntos para Gryffindor por adivinarlo? -Le cuestionó.

-Lo siento. No sabía que estábamos al lado de...

Entonces, como si se hubiera rendido a un momento a solas por su culpa -era así -, resopló. Y se acercó a ella. Vio que el traje que su madre había elegido para él era odiosamente perfecto para Scorpius.

-¿Y qué pasa? -Inquirió.

Sintió sus mejillas enrojecer. ¿Por qué? ¿Por qué su cuerpo le hacía pasar esos momentos? ¿Qué había hecho ella? Merlín debía odiarla.

-Pues que no quiero que vea algo así... -Pero dejó su frase caer como una interrogación. Scorpius frunció el ceño. -Ya sabes, ahora tu padre va a pensar que tenía razón con los Weasley -El joven rodó los ojos. Rose quiso abofetearse. - Lo siento... No quería... Tu padre era un gran mago. Su hijo también, aunque podía mejorar en sus habilidades sociales.

Se hizo un silencio. Se odiaba a sí misma. Mucho. Era una persona sin dignidad. Y estaba comenzando a quedarse sin razones para seguir existencia.

-Me acaba de preguntar por qué aún no te has ido -Fue su comentario.

La desubicó por completo.

-Oh, ¿está aquí de verdad? -Susurró.

Realmente Draco Malfoy podría ser un fantasma y ella no tenía por qué saberlo, ¿no?

Pero su voz en cuatro tonos más bajos fue causa de una triste sonrisa en Scorpius.

-Es lo que habría dicho.

Se había quedado con ella.

-Me habría gustado conocerle -Si seguía metiendo la pata, al menos podía decir algo más reconfortante. Era Rose. Solía hacerlo. Con las personas que le importaban, claro.- Mi padre no siempre ha tenido buenas palabras hacia él...-Mal, Rose, malísima elección de palabras. Scorpius alzó una ceja hacia ella. Se estaría cuestionando si había bebido.- Pero mi madre y tío Harry parecían comprenderle. Tío Harry ha estado luchando porque se le reconozca como un héroe... Pero ya sabes cómo están las cosas.

Scorpius apartó la mirada. Rose se mordió el labio.

-Le era suficiente saber que nosotros lo queríamos. Pese a todo lo que hizo.

-Estaría muy orgulloso de todo lo que está consiguiendo tu madre -Intentó animar aquella conversación.

Sabía, gracias a Alice, que Scorpius nunca hablaba de su padre. Solo con Alice. No lo hacía con sus amigos porque no quería preocuparles. Así que, por Alice, no debía cagarla.

-Creo que no le había entusiasmado la idea de tener a todas esas personas en su casa... Se habría sentido culpable y no lo habría disfrutado... Es mejor así -Suspiró.

Definitivamente Albus Severus Potter no habría manejado muy bien aquella conversación.

-¿Y tú cómo te sientes con la Gala? -Decidió desviar el tema.

-Yo solo quiero que mi madre esté bien...-Buen intento de desviar el tema. - Si esto la hace feliz, adelante... Mientras no sea peligroso, puede hacer con la Mansión Malfoy lo que quiera. Es suya.

Maldita sea.

Scorpius Malfoy era un buen tipo. ¿Por qué no podía ser odioso? ¿Por qué? ¿Por qué? Le sonrió. Porque, ¿qué hacía una cuando su archienemigo -en tregua -le contaba cómo se sentía con respecto a una familia que sufría?

Debía seguir evitando aquello. Buen intento de Gryffindor era ella.

-¿Tienes pensado lo que decir en ese discurso?-Él soltó aire frustrado. - Puedo ayudarte. He repasado discuros de mi madre miles de veces este verano y...

-Va a ser unas simples gracias por venir -Le interrumpió.

No se imaginaba a Scorpius dando un discurso, si era completamente sincera.

-Oh.

Ambos se miraron en silencio por unos segundos.

-Creo que esta es la conversación más civilizada que hemos tenido nunca...-Comentó Scorpius con, otra vez, esa extraña y sincera sonrisa. - Te has ofrecido a ayudarme... ¿Te encuentras bien?

La comisura de su labio se torció por un lado, creando un aire de suficiencia que era más común en él. Porque con la otra sonrisa parecía el Scorpius que le dio la mano para hacerla desaparecer de los magos que acudieron a ellos cuando descubrieron el cadáver de Hagrid. O el Scorpius que la trajo a su casa cuando Gwendoline Cross les atacó en el Palacio de Hielo. A donde estaban en ese instante.

Se aclaró la garganta.

-Creo que se me ha congelado el cerebro.

Scorpius hizo amago de reírse. Más lo confundió con una tos.

-Es probable.

No era probable, Scorpius. Era seguro. Total y completamente. Definitivamente hipotermia.

-¿Puedo decirle unas palabras a Draco Malfoy? -Se encontró preguntando.

El joven abrió la boca para decir algo. Se arrepintió, porque con una sonrisa de superioridad le indicó la estela hacia la tumba de Draco Malfoy.

-Cuidado... Si vuelve de entre los muertos solo para matarte, no me haré responsable. Lo ayudaré -Y le guiñó el ojo.

Okay, ¿por qué su cuerpo volvía a hacer cosas extrañas como sonrojarse? ¡Que se detuviera de una vez! ¡El control lo tenía el cerebro, no su estómago!

-Oh, ni que fueras capaz de vencerme en un duelo...-Bufó con sorna.

Clavó su mirada en ella.

-Siempre tan humilde.

-Le dijo la sartén al cazo.

Y rodó los ojos.

-Adelante.

Bien, los pies se habían despertado. Qué oportunos.

Se dirigió hacia la tumba de mármol negro pulido. Hasta su tumba era tan elegante como su persona. Como su mujer y sus hijos. Pregunta rápida: ¿cómo podía un bebé ser elegante? Desde luego, Remus era un desastre a su lado.

Bajó la voz cuando se dirigió hacia la piedra. Porque no podía conjurar un Muffliato.

-Señor Malfoy, hola. Soy Rose Weasley -Supuso que era necesaria una presentación. - Por favor, no me lance demonios ni nada, vengo en son de paz -Lo rogó con todo su corazón. Dos segundos después, no sintió ninguna fuerza infernal poseyéndola. -Solo quería darle las gracias por todo lo que ha hecho por los demás -Suspiró. - Es usted un héroe para mí. Y para muchos más -Miró de reojo a Scorpius. La observaba con detenimiento. -Scorpius, su hijo, me ha dicho que solo le basta con saber que su familia le quiere... Pero yo quiero decirle que sé su secreto -Bajó el volumen aún más. -Y quiero que sepa que lo ha conseguido. Solo pudo haber sido un gran padre y un gran marido porque... Son extraordinarios. No digo que usted no lo fuera. Pero quería que ellos fueran mejores que usted, ¿no? -Tragó saliva. -Su mujer acaba de reunir hoy a los antiguos héroes y a los nuevos en su casa, ¿se lo puede creer? Nadie antes lo había conseguido. Es muy fuerte... Y no se preocupe, su corazón solo le pertenecerá a usted. No sé cómo lo hizo. El que le perdonara. Ambos sabemos que fue todo ella, ¿no? Te prometo que me encargaré de no le pase nada -Se lamió los labios. -Creo que le gusto. Sé que usted discreparía. Pero, ¿qué se le va a hacer? No es como si pudiera usted hacer nada al respecto -Hizo una puasa al comprender su error. - Perdón. No... No quería decir eso -Era más fácil disculparse ante un muerto, descubrió. - Y Scorpius... Bueno... Usted ya sabe que no es mi mejor amigo y supongo que él le habrá contado que soy la peor persona del universo -Y eso era ser amable.- Pero me ha dejado hablar contigo, así que intuyo que no puedo ser tan mala. Él es un gran mago. Hoy se lo he dicho, pero le haré un Obliviate después, ya sabe que es muy arrogante... Probablemene sea su culpa. Pero lo es. Es... -No podía decirle nada malo a su difunto padre, ¿verdad? -Bueno está en Gryffindor, ¿no?

-¿Rose?- Le interrumpió.

Para que se apresurara. Aunque intuyó -porque las palabras de Coleman habían calado -que a Astoria no le importaría en absoluto.

-¡Un momento! -Pidió. No escuchó respuesta. Bien. -Me tengo que ir, señor Malfoy -Era algo extraño estar haciendo aquello.

  • Pero quiero que sepa que siempre estará conmigo... Ya sabe mi Patronus, ¿eh? Es nuestro secreto, ¿de acuerdo?

Frunció los labios. Frunció el ceño. La única persona que sabía aquello sería el difunto Draco Malfoy. Tenía sentido, ¿no? Su Patronus era un dragón. Y ahora ambos sabían por qué.

Suspiró.

-Si lo hubiera sabido, no te habría esperado -Escuchó decir a Scorpius.

Volvió a Scorpius. Frunció el ceño.

-¿Y por qué lo has hecho? -Le cuestionó.

Él no dijo nada. Le tendió su brazo. Para ayudarla a caminar por la nieve, supuso. Como un caballero de sangre pura que habían educado bien.

-Vamos -Ordenó con firmeza.

Ella rechinó los dientes cuando comenzó a andar. Los pies le dolían. Era un dolor que nunca antes había experimentado.

-Creo que se me han congelado los dedos de los pies -Susurró.

-Probablemente sea el karma.

Rose gruñó.

-Ojalá una bludger te tire de la escoba cuando volvamos.

Él la miró con una sonrisa de suficiencia.

-Oh, ya sabré a quien culpar.

-Al karma -Musitó.

En lugar de una respuesta avispada, Rose Weasley se sorprendió escuchando una carcajada relajada de Scorpius Malfoy.