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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 203

(V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)

Quizás las personas que no tenían magia, estaban más acostumbradas al alcohol. Aunque, desafortunadamente, no podrían beber nada parecido al whiskey de fuego. Y vaya invento. Lola Brooks no había probado en su vida nada que la hiciera sentirse más viva que aquello.

Ella y Greenwood habían elegido la lista de reproducción. Era perfecto. Había sacado uno de sus conjuntos brillantes de fiesta. Se había maquillado durante una hora para escandalizar a todas con su purpurina. Y había recibido peticiones de que las prepara también a ellas. Bárbara Coleman. Janet Rossen. Ellie Coleman. Su hermana había huido corriendo cuando vio los gritos y risitas de la habitación femenina de quinto curso. Lola estuvo todo el caminohacia la Casa de los Gritos diciendo que su atuendo no era digno de los Brooks. Como si le importara a Cornelia -incluso así James parecía haber visto a una modelo de Victoria Secret's cuando la vio. En fin, el amor y las ilusiones que hacía este. ¿Quién iba en sudadera a una fiesta? No era la única en un conjunto cuestionable. Rose Weasley se le había escapado. Iba a en lo que quedaba de su equipación de Quidditch. Y aún así podría decir que le quedaba bastante sexy. Todo ese sudor. Sus pecas. Rose Weasley era una muchacha demasiado atractiva para su bien. No había pasado por alto cómo muchos jóvenes de Hogwarts la miraran. Y la temían.

Su otra amiga, Isabella Zabini, también era preciosa. Pero sabía que solo sentía atracción hacia Lola. Sí, estaba muy ser deseada. Que todos le dijeran lo "oh, me encanta cómo te vistes" o los "*¿Has visto un armario de escobas por dentro?",*incluso el típico "se me ha perdido la varita en un aula abandonada de un ala del castillo que nadie conoce". La menos sutil y más directa había sido Zabini. Se convirtió en algo recurrente.

Pero a Lola le gustaba sentirse querida de vez en cuando, ¿vale? Como su hermana Cornelia. Sin ánimo de malinterpretar... Quería lo que ella tenía y no se había dado cuenta hasta aquellos últimos días. Su hermana y James eran raros. Su hermana era más rara que James. Pero el muchacho no se libraba. ¿Se imaginaba ella que serían la pareja perfecta de la chica inteligente y la estrella del deporte de Hogwarts? Oh, la película que se había montado Lola. Ojalá fuera así. Sí, era la chica inteligente y la estrella del deporte. Pero seguían con sus vidas sin que su alrededor se volviera de tonos pasteles. Lo único que había cambiado era que James ahora se sentaba más con ellas. Y que le robaba besos haciéndola sonrojar delante de todo el Gran Salón. Obviamente tenían algunos obstáculos como el destino en su contra, un ejército de asesinos buscándoles y otro de policías mágicos tras su cabeza. Pero, ¿eh? ¿No era algo parecido lo que habría escrito dirigido Tarantino?

-Habríamos dado buenas fiestas en el mundo muggle -Le declaró Frank Longbotton.

Oh, Merlín. A Lola le gustaban las chicas en la mayoría de las ocasiones. Pero, ¿Frank Longbotton? Si a una sola persona no le gustaba ese muchacho en aquel planeta, era porque estaba ciega. Definitivamente ciega. Esos pómulos. Esa barba. Esa corpulencia. Esos brazos. Debía ser ilegal ser Frank Longbotton.

-Habríamos hecho muchas cosas en el mundo muggle -Dijo Lola con un tono seductor. Ups. Atrás. Aborta misión. ¡Gwen! O sea, Lola, ¿cómo se le ha olvidado? Podría echarle las culpas al alcohol mágico.

El joven alzó una ceja hacia ella.

-Eres como una hermana para mí, Lola -Le arruinó su fantasía. Los oompa loompa se estaban riendo de ella en su cabeza. -¿También le hablas así a tu hermana?

-Solo cuando la obligo a ponerse lencería para ir a ver a James -Confesó con una sonrisa traviesa.

Y era totalmente cierto. Por Dior y Channel, eran hermanas. Quizás a Cornelia le gustaba llevar camisas de cuadros horrendas... Pero el material estaba ahí. Por supuesto que Cornelia era bonita. Demasiado delgaducha para su gusto. Pero que le dieran una lencería y podría cruzar la pasarela de Victoria Secret. Por supuesto, haría de forma extremadamente embarazosa. Que le dieran el puesto a Gwendoline Cross. Oh, qué fantasía más ideal.

-¡No necesito esa imagen en mi cabeza! -Se quejó Frank, mientras ella se imaginaba a Gwen, la novia o lo que fuera de Frank, semidesnuda en su cabeza. A ella no le importaba mantener aquello un poco más en su mente.

-Oh, tranquilo... No es algo que quiero que ocurra -Aseguró. -Solo James -Suspiró.

-¿Insinúas qué...?

Señalaba hacia dónde estaban la mencionada pareja. Lo hacía de forma seria. Como si estuviera dispuesta a reventar la nariz de James Sirius Potter. Y lo haría si le inducía a pensar que sí. ¿Su amistad reformada? Lola tenía claro que era una fachada de su antigua rivalidad desde que Cornelia fue anunciada como la Portadora de Morgana. Si les dejaban solos en una habitación, estaba segura de que se matarían el uno al otro. Lo cual a Lola no le importaría ver. Eso debía ser bastante sexy.

Oh, otra vez... Lola, aborta la misión. Por F A V O R.

Se giró para observar a su pareja favorita. Habían dejado de succionarse el uno al otro como si fueran peces. Bueno, en realidad era mucho más romántico y bonito. Porque ellos eran románticos y bonitos. Ahora estaban bailando. Y Cornelia tenía razón. Era inútil. Ni siquiera con magia sabría bailar. James, por otro lado, ... Aborta misión, Lola, aborta misión. ¿Qué efectos secundarios tenía este alcohol?

-No -Le contestó finalmente. -¿No conoces a mi hermana?

Frank Longbotton se rió. Su nuez bailando por su garganta.

Oh, Merlín, necesitaba encontrar a Bella Zabini y descargar todas sus emociones. Rose Weasley también podría servirle.

Hugo Weasley no paraba de darle vueltas a aquello. ¿Se acordaría al día siguiente? ¿Por qué lo había hecho? ¿Cómo había llegado a aquella situación? Sinceramente, ¿podría culpar al alcohol? Su madre estaría removiéndose en sueños disgustada por sus acciones. Al final, ya había encontrado en lo que se parecía a Ronald Weasley.

Solo que no sabía por qué.

Le había pedido salir a Lyslander Scarmander.

A Lyslander. A Lys. A su Lys. Exacto, a la que llamaban la luz de Hufflepuff. La chica que le hizo el mejor regalo de Navidad de la Historia. La que era tan cabezona como él y le hizo ver que la necesitaba en su equipo. La que le producía escalofrías mientras le acariciaba el pelo de la nuca cuando se encontraba confuso con todo. Esa Lys.

Llevaba unos días pensando en ella. Y no como amiga precisamente. Pensaba en que, bueno, era bonita. Era una gran jugadora de Quidditch -a su padre le gustaría aquello. Sin ella, no habrían podido descubrir muchas de las cosas que habían averiguado. Era su mejor amiga.

¿Por qué no lo había hecho antes? ¿Por qué había tardado tanto tiempo en darse cuenta de que cuando Lyslander le abrazaba y sentía que se le encogía el estómago era una reacción que solo tenía con ella? ¿Por qué no le había pedido salir antes? Aquello era lo que había heredado de Ronald Weasley. Uno no podía ser perfecto.

Sobre todo porque no tenía una respuesta a su pregunta.

Justo cuando acabó la interrogación de su pregunta.... Lyslander había salido corriendo y llorando.

-Sigue llorando, ¿qué hago?

-Ve y tranquilízala -Le aconsejó su mejor amigo de toda la vida y hermano de la persona a la que había hecho llorar por pedirle que saliera con él.

Cualquier otro hermano le habría partido la nariz. Como Lily había hecho con Albus. Alguien lo había resucitado y estaba con la nariz ensangrentada pero bailando con sus amigos. Un espectáculo.

-¿Cómo hago eso?

-Empieza con un abrazo, yo qué sé -Respondió encogiéndose de hombros.

-¿Con qué?

La vio bailando con Lily Potter, quien no era consciente de que había noqueado a su hermano de un puñetazo. Obviamente su nivel de alcohol había sobrepasado al de la sangre. No podía decir que se encontraba en una situación completamente diferente. Al verle aproximarse a ellas, Lily se rió y los dejó a solas en una pista de baile improvisada llena de personas.

Hizo lo primero que se le ocurrió. No, no le abrazó.

La besó.

Aunque sabía que la estaba besando y que Lys lo estaba besando de vuelta, no pudo controlar muy bien cómo besaba o cómo se sentía porque el alcohol estaba inundando sus venas. Un gran primer beso, Hugo Weasley. Los grandes magos de la historia estarían orgullosos de él.

La besó de nuevo. Y ella le devolvió el beso otra vez.

Todos corearon a su alrededor.

Sintió un pinchazo en su estómago. Había algo que iba mal.

Se apartó de Lyslander apresuradamente y potó sobre sus propios zapatos. Alguien lo llevó rápidamente al baño -¿Camrin Trust o Bella Zabini? -lo limpió. Le echó agua en la cara. Le ayudó a limpiar sus zapatos con magia. Y lo echó del baño.

Iba con una sonrisa de cabo a rabo. Había besado a Lyslander Scarmander. Había besado a Lys. ¿Cómo no podía estar más feliz? Sintió como que flotaba. Oh, sí, seguramente era la mezcla alcohólica que Greenwood les había prometido a todos ellos. Una poción nueva, según el peor alumno en pociones de la historia. Después de tres vasos de whiskey de fuego, no parecía mala idea probarla. Probablemente un error. La había vendido como que "todos tus deseos se harán realidad". Todos habían bebido de aquello. Excepto James Sirius Potter.

Vio a Lyslander en la cocina y se dirigió a ella. Estaba hablando con Seb. Oh, Sebastian McKing. El Gryffindor. Seb. Sebby -okay, definitivamente era el alcohol pensando por él. Seb. Era simplemente Seb. Su amigo, ¿no? Lys también era su amiga. Les quería a los dos por igual. Como Lola le había comentado en la biblioteca un día, tenía un atractivo de película de época. Tuvo que enseñarle muestras de ello, pues Hugo Weasley no veía esa clase de películas. Pero sí veía el atractivo en Sebastian McKing. Supuso que su personalidad ayudaba bastante.

Se aproximó a él. Con una sonrisa. Lyslander le sonrió. Su expresión cambió a una de incredulidad cuando Hugo cogió el cuello de la camiseta de bateador que aún llevaba el muchacho y lo acercó hacia sí.

Y lo besó en la boca.

Ups. Sí. También llevaba tiempo queriendo hacer aquello.

Los coros se convirtieron en silbidos. Alguien gritó preocupado un "Greenwood, mira a tu chico". Ups.

Oh, sí, magos poderosos... Mirad esto.

-Sois mis dos mejores amigos -Les dijo a Lys y a Seb. Ambos estaban atónitos. Y él estaba sumamente borracho. Ya lidiaría con los rumores y con Peter Greenwood al día siguiente. -No tengo por qué elegir.

Se encogió de hombros. Se giró sobre sus talones y buscó a Lorcan para buscar una poción que no le diera resaca al día siguiente. No quería cometer errores del pasado y tener que faltar a su cita con la biblioteca.

Pero Lorcan estaba casi tan perjudicado como él. Estaba sentado con Lily en una silla en el salón. Ambos riéndose y llorando de la risa. Cuando Hugo se sentó, Lily Potter se cayó de la silla. James fue corriendo a por ella. La echó sobre su hombro y dijo que ya tenía suficiente por aquel día. Se la llevó de allí y se despidió con un beso en frente de Cornelia. Hugo sintió algo retorcerse en su interior al ver ese intercambio de afecto.

El vómito de Lorcan le interrumpió.

-Somos unos genios que saben pasárselo bien de fiesta…-Susurró su amigo, limpiándose la boca.

-Quien no lo haga es porque no es un genio, Lorcan.

Su amigo le puso la mano en el pecho.

-Deja de moverte, Hugo.

-No me estoy moviendo…-Observó detenidamente al suelo. Oh.- Espera sí. No me estaba dando cuenta. ¿Y si es el suelo el que se está moviendo? Oh, Merlín, tengo muchas ganas de bailar.

Hizo amago de incorporarse, pero Lorcan le detuvo.

-¿De potar?

-Eso vendrá después, amigo…

Se rindió y chocó su espalda con el respaldo de la silla.

Oye, no me vas a decir nada de mi hermana, ¿o qué?

-Oh, esos son problemas para el Hugo de mañana, Lorcan…-Dijo suspirando.

-Pero te gusta mi hermana.

-Te hacía más inteligente -Indicó Hugo con una ceja alzada.

-Te hacía gay…

-¡No soy gay!

-¿Entonces tu obsesión por mi abuelo?¿El beso a Sebastian McKing? -Inquirió absolutamente intrigado.

-¡No he dicho que sea hetero!

-¿Te gustan también las chicas? -Preguntó extrañado. Como si él propio Lorcan no estuviera obsesionado con ellas. Quizás no obsesionado. Más bien intimidado.

-¿Por qué no iban a gustarme? Soy un genio, ¿recuerdas? Puedo apreciar el atractivo de todos los sexos…

-¿Eres el verdadero Hugo Weasley? -Le tocó la cara para comprobar que era real.

-Estás hablando con mi subsconciente en este estado de ebriedad.

Lorcan soltó una risa antes de soltar otra arcada.

La sección que Rick Carter llevaba en el Diario del Castillo eran los Deportes. Es decir, Quidditch. Aunque había unos empollones de Ravenclaw con un club de Ajedrez que le daban unos galeones por hablar sobre ellos. Todo el mundo creía que Rick Carter acabaría trabajando para el periódico de Quidditch que llevaba Oliver Wood y para el que escribía Ginny Potter. Sí, era lo más probable. Pero, de vez en cuando, Rick Carter se ocupaba de otra sección desde que Marrs se fue de Hogwarts: El Expediente Flinch. No podía juzgar el nombre. Había sido propuesto por Claire Jenkins inspirándose en una película muggle. Allí escribían sobre los Misterios de Hogwarts. No, no era la sección más popular -el Calderón del Cotilleo se llevaba todas las puntuaciones... Pero era la que más entretenía a Rick Carter. Porque se trataba de trabajo de campo. De buscar un misterio y resolverlo. Rick Carter no era un Ravenclaw... Pero podía decir que se le daba bien aquello. Después de todo, había resuelto en numerosas ocasiones los acertijos de Ravenclaw.

En cuanto llegó a la Casa de los Gritos para celebrar su victoria, Peter Greenwood le animó a beber una bebida que había modificado con una nueva poción. Les aseguró a él y a James que "todos sus sueños se harían realidad". Greenwood y McKing ya habían comenzado a beber de camino a la Casa de los Gritos y lo decían separando las palabras con largas pausas. James dijo que aquel día no iba a beber. Rick lo vio buscar a Cornelia y rodó los ojos. Pero también negó la bebida... Porque llevaba la suya que había robado con Camrin de las cocinas. El resto sí que bebió de la poción-Greenwood. ¿Qué llevaba la bebida del joven Gryffindor? Nunca sabría decirlo. Pero todo el mundo se comenzó a comportar de manera... Impredecible.

¿Cornelia Brooks dándose el lote con James en mitad de una fiesta? Alzó una ceja, bebió de su whiskey de fuego y vio que la muchacha llevaba la bebida-Greenwood. No le sorprendió, en absoluto, que Zabini y Lola estuvieran bailando de manera provocativa. O que Bárbara Coleman quisiera arrastrar a Scorpius Malfoy hacia los túneles de manera más desesperada que la habitual. Pero, ¿Hugo Weasley besando delante de todos a Lyslander Scarmander y a Sebastian McKing?

Cuando aquello ocurrió, lo cual no muchos pudieron ver y corear y gritar dada su monto de alcohol en sangre, se giró para contemplar cómo Peter Greenwood sonreía con suficiencia. Como si hubiera sido él el que había orquestado aquello. Solo había que sumar uno y uno. ¿No? Eso creía Rick Carter. Porque, ¿por qué otra razón iba a estar feliz por ver a su novio besarse con otro? Si quería envenenar o hechizar a Hugo Weasley, solo hacía falta echar unos polvos mágicos en alcohol. Weasley se encargaría del resto. ¿Era aquel su objetivo? ¿"Hacer realidad los sueños" de quién?

Rick no había bebido ni una pizca del alcohol de Greenwood. Sí que había bebido del suyo, por lo que no tenía la percecpión de su alrededor en la mejor de las condiciones. Más sí que se dio cuenta de que debía avisar al resto para que no cometiera errores -aunque estuvo tentado a dejar que la noche siguiera su ritmo y ver quién era el sueño de quién. ¿Qué? A Rick Carter siempre le emocionaba el cotilleo. Podría reírse de sus amigos y compañeros de aventuras después.

La misión no iba a ser fácil. Menos él y James, todos habían bebido de la poción-Greenwood. ¿A qué Ravenclaw habría sobornado para hacer algo así? ¿Cómo no se le había ocurrido antes a Tim Marrs? ¡La de ediciones del periódico que habrían vendido! Se hizo la nota mental de contárselo a Coleman para futuras situaciones de crisis de presupuesto.

Ninguno de ellos estaba en ese instante en condiciones de barajar un futuro próspero para el Diario del Castillo. Cuando acabó el beer-pong que había propuesto Camrin, su mejor amiga se lanzó al ponche-Greenwood porque era lo que tenía más a mano para recuperar todo el aliento que había perdido destrozando a Hugo y a Lorcan. Hugo y Lorcan habían acaparado el regalo de Greenwood. Pero Lorcan le había ofrecido a su hermana, a Lily Potter -¿alguien le iba a recordar que se había colgado de la lámpara, la había tirado al suelo y había tirado a su hermano al suelo de un puñetazo? - y a la pequeña e inocente Ellie Coleman, quien en ese momento estaba pidiendo que McKing bailara con ella. Nota mental: ¿cuál el secreto de McKing para tener a todos los menores detrás de él? Esto le llevó a ver que Zabini y Lola estaban produciendo imágenes que menores, precisamente, no debían presenciar. Porque, sí, la cosa iba de parejas aquella noche. A nadie le sorprendió que Zabini y Lola estuvieran liadas. O, tal vez, nadie lo estaba asimilando. Marrs y Morrit habían procedido a animar a Fenwick y a Rogers a que se besaran -y Fenwick le dio un puñetazo en el ojo a Marrs (nota mental para Rick: no cabrear hoy a ninguna mujer) y salió disparada hacia Camrin Trust. Esta estaba bailando junto con Rossen, Barb, Albus Potter (esa nariz iba a necesitar la ayuda de Madame Longbotton), Scorpius Malfoy, Greenwoody Peter McGregor. ¿Cómo se estaba comportando Barb? Scorpius acabó poniendo a Peter McGregor en mitad y bufando consternado con la cara roja. Escuchó a Hugo Weasley y a Lorcan Scarmander vomitar a sus espaldas, mientras Lyslander y Seb les ayudaban a que no estuvieran tronchados como troncos. Una escena tan romántica. Rick suspiró y centró sus ojos en las personas con las que estaba compartiendo su pequeño círculo de baile. Cornelia Brooks había dejado de moverse y miraba hacia la salida al castillo como si James fuese a salir de allí en cualquier instante después de dejar a su hermana a salvo. ¿Esa mirada de Brooks? Eso era lo que quería Rick. Y eso mismo también querría Tom McGregor, quien estaba cerca de ella comentando cualquier cosa a la que Cornelia no le estaba prestando atención -¡punto para el Capi Gryffindor! Frank Longbotton estaba bailando con Rose Weasley a su lado. Un Frank Longbotton borracho y simpático -como si aquello fuera la vida que echaba de menos. Una Rose Weasley que solo gritaba, cantaba y agitaba su pelo poniéndolo en la nariz de todos los demás.

Una de las razones por las que Rick no probó el ponche-Greenwood, además de para vigilar al resto, era por Rose Weasley. Al menos eso creía. Sí, había superado sus sentimientos por la muchacha. Su compañera cazadora. Pero... Viéndola en aquel momento, no estaba tan seguro. ¡Y no había bebido nada que Greenwood ofreciera! Lo hacía por su otro amigo. Uno de sus tantos amigos. Scorpius Malfoy. ¿Qué relación tenía una cosa con la otra? Ja. Ja. Ja. Era tan divertido ser el cazador que estaba en mitad de esos dos genios... En serio, lo era.A principios de aquel curso, justo cuando llegaron al castillo y se sentó por primera vez en la mesa del Gran Salón al lado de Camrin, Rick Carter saludó a Scorpius Malfoy y recibió un bufido. Intuyó, por experiencia, que había tenido un problema con Rose Weasley. Y vio a Rose Weasley mirar a Scorpius Malfoy con arrepentimiento y... No sabía cómo explicarlo. Pero lo supo en ese instante. Debía dejarlos a los dos. Ya se aclararían ellos. Decidió, en ese momento, olvidarse de Rose Weasley.

-Carter -Le llamó Frank Longbotton. Carter alzó las cejas hacia el muchacho que James había definido como un "arrogante imbécil" hacía no tanto tiempo. -¿Qué haces que eres tú el que está liándose con alguna?

Se rio. Sí, arrogante imbécil. Como si Longbotton se estuviera dando el lote con alguien. Carter rodó los ojos. Intuía por qué lo decía. ¿Todos los que pensaban que James Potter era el mujeriego de Gryffindor? Se equivocaban. Mucho. NO lo era. Era Rick Carter. Si la gente prestara atención, sabría que Carter nunca abandonaba la fiesta sin besar a nadie. Incluso en la celebración de Ravenclaw del año anterior cuando Rose le rechazó frente a todos... Heather Lambert de Hufflepuff fue quien le invitó a cervezas después en las cocinas. Y, no estaba orgulloso, pero en la última fiesta de la Casa de los Gritos, cuando todos huyeron a sus Salas Comunes, él acabó besando a Bárbara Coleman en el sofá. No volvieron a sacar el tema.

-Son todas amigas, Longbotton -Respondió simplemente.

-Oh, vamos, Carter -Se burló Rose Weasley. -No puedes dejar que decaiga tu reputación... Seguro que no te importaría unirte a Zabini y a Lola -Bufó señalándolas.

La respuesta era que, obviamente, no le importaría en absoluto. ¿A quién quería engañar? ¡Era un chico! Pero no podía decir eso en voz alta porque, entonces, perdería su reputación de caballero.

Decidió abandonar a los tres e ir a por su mejor amiga. Ella no le juzgaría. Además, así podría salvar a Scorpius Malfoy de Coleman. Solo esperaba que Coleman no fuera, por esa razón, a por él. ¡Merlín no! ¡Con una vez ya había aprendido!

-¡RICKIEEEE! -Carter parpadeó varias veces al ver a Albus Potter dirigirse a él en esas condiciones. -¡DEBERÍAS SER RAVENCLAW! -Le dijo, pasando el brazo por sus hombros como nunca en la vida había hecho. -¡Eres más listo que Rosie! -Carter se quitó el brazo de sus hombros y miró al resto de sus amigos que estaban completamente borrachos. Le hizo gracia que el joven Potter ni siquiera se preocupara por el dolor que sintiría a la mañana siguiente en lo que quedaba de su nariz. -¡Has descubierto el secreto del milenio y...!

Scorpius Malfoy cogió de la oreja a Albus Potter y lo arrastró hacia la cocina sin decir nada. Rick Carter no supo qué pensar. ¿Estaba Albus Potter? ¿Debía llevárselo al castillo como James había hecho con su hermana?

No le dio tiempo a contestar su propia pregunta en la mente. O a decirle algo a Potter.

Porque pasó algo que siempre le pasaba a Rick Carter cuando iba a una fiesta.

Sintió unos labios presionar los suyos.

Unas manos pasar por su cabeza haciéndole sacudir sus entrañas.

Enfocó la mirada. Y se separó abruptamente de la chica.

-¿Camrin?

Rose Weasley siempre prometía que nunca ibaa beber.

Y nunca lo cumplía.

Lo negaría. Diría que era que se debía a su peso pluma o a su condición genética. Pero lo cierto era que bebía como un pirata. Y, en el momento, no se arrepentía de ello. A la mañana siguiente seguramente se odiaría a sí misma. Vomitaría. Se metería entre sus sábanas y nunca más querría ir a una fiesta.

¿La Rose de ese instante?

Aquello era vida.

Literalmente no podía mover más sus caderas. Sentía el sudor en su sien, pero no le importaba. Tenía la garganta seca -y eso que solo había estado bebiendo. Gritaba las letras de las canciones que se sabía y las que no también. Se reía. Se hipnotizaba cuando andaba porque el suelo se movía. Y se sentía la persona más sensual del universo. No sabía por qué, si estaba en lo que una camiseta blanca que siempre llevaba debajo del uniforme de Quidditch -sucia de sudor y un poco de sangre de las rozaduras de arremter contra el resto de cazadores y de alguna bludger. Sentía sus mejillas encendidas. Y mucho calor. Aquella vez había dejado su pelo rizado y rojo suelto. Le gustaba jugar con él cuando bailaba.

Frank Longbotton era un gran bailarín -por cierto. Oh, sí, estaba bailando con el novio de Gwendoline Cross. No lo hacía por venganza, de verdad. De hecho, era inevitable saber por qué Cross se había encandilado con él. Era un dios. Hacía todo bien. También era evidente que no estaba interesado ni lo más mínimo en ella. Golpe bajo para el autoestima de Rose... Pero lo estaba utilizando.

El resto de los que allí se encontraban sí que se habían interesado en ella. Sinceramente, desde que se bebió la bebida que Seb McKing le ofreció -y que, más tarde, se enteró de que era creación de Greenwood -, no podía estar más... ¿Receptiva? ¿Cómo estaba? ¿Era eso a lo que se refería Lola con desatada? Desde luego Lola lo estaba. Había resoplado de alivio cuando se marchó con Zabini. Se sentía un tanto incómoda bajo su mirada. Pero... ¿Sentirse así de deseada? Nunca se había sentido así... ¡Gracias, Perry!

Por supuesto, había visto cómo la había estado mirando toda la noche Carter. La había observado y, cuando sus miradas se encontraban, él la apartaba. Y ella se reía. Podría haberla olvidado, pero era evidente que si le hubiera besado como lo había hecho Trust, no se había apartado de ella así. ¿Por qué Trust lo habría besado? ¿No eran como hermanos? Coleman se había llevado a Carter y le estaba gritando algo sin sentido. Trust había salido corriendo hacia el castillo con la cara roja de vergüenza.

Peter McGregor se acercó a ella, aprovechando el momento de confusión, para bailar. Ella dejó que él bailara con ella. Pero no le estaba prestando atención. Vio a Tim Marrs mientras McGregor pasaba su mano por la cintura. Sintió un escalofrío y supo que al día siguiente se arrepentiría de sus actos. Pero Rose no estaba pensando en aquel momento. Rose sacudió su melena hacia Marrs y vio cómo Morrit le daba un toque en la nuca, como haciéndole despertar. Ella se rio. De todos ellos. Porque se sentía poderosa. Sí, definitivamente así debía sentirse Lola Brooks.

Giró su cabeza y vio unos ojos clavados en los de ella que le hicieron tambalear sus rodillas. Era una tormenta gris que no la atrapaba por primera vez. Se mordió el labio. ¿Por qué Malfoy tenía que ser tan atractivo? ¿Por qué no podía ser feo, gordo y horriblemente inculto como el tío Dudley de Albus? ¿Por qué, Merlín?

En cuanto retiró las manos de McGregor, supo que fuera lo que hiciera en aquel momento... Se odiría de por vida.

Siguió la estela de los ojos de Scorpius Malfoy que la atraían como si fuera un barco perdido llegando a la costa por primera vez. Porque sus pies se movían como si tuviera olas debajo, o así se sentía. Lo vio suspirar. Y ella quiso atrapar su aliento.

El sonido de exclamación de Marrs, que probablemente se estaba refiriendo a ella y a Malfoy y su cruce de miradas chispeante, la despertó del trance en el que se encontraba. ¿Qué hacía ahora? Todo el mundo la estaba viendo. ¿Qué demonios hacía? No, no podía ser como Trust. Malfoy acabaría huyendo o riéndose de ella en su cara. Oh. No. ¿Por qué estaba pensando en besar a Scorpius Malfoy? ¿Qué clase de veneno había echado Greenwood en el ponche? ¿Por qué no podía sacar de su cabeza y de sus pasos las ganas de llegar hasta él y remover su pelo platino? No, Rose. NO. NO. NO.

Cogió del cuello de la camisa a la primera persona que atraparon sus manos. Lo acercó a ella, aún manteniendo la mirada con Scorpius Malfoy. Y lo besó. Lo besó apasionadamente. Cerrando los ojos. Escuchó un grito ahogado a sus espaldas.

Entonces, abrió los ojos y vio a la persona que había besado.

Se llevó el puño a la boca y se lo restregó para limpiar los restos de los labios de aquella persona.

-¡PUAJ, PERRY! -Escupió en el suelo y casi le dieron arcadas.

Greenwood palideció y escupió al mismo tiempo.

-¡MALDITA SEA, WEASLEY, QUÉ ASCO!

Rose, entonces, se dio cuenta de que, al escupir, su estómago hizo una pirueta. Y vomitó sobre Perry Greenwood y Scorpius Malfoy.

Oh, genial.

Levantó la mirada. Malfoy la observó furioso, se dio media vuelta y se marchó de vuelta al castillo. Miró a Perry. Este sacudió la cabeza y siguió a su amigo. Se sintió la peor persona del mundo en aquel instante. Todo lo sensual que se sentía antes, ahora se sentía sucia.

Janet Rossen -oh, Janet, un ángel -la cogió del codo y le susurró algo al oído.

-Vamos, Rosie -Musitó. -Creo que has acabado por hoy...

-Mi... Ha sido mi primer beso, Janet -Susurró Rose Weasley. Casi queriendo romper a llorar. -El asqueroso Perry Greenwood... Mi primer beso...

-Sí, todo hemos visto como no era él al que querías besar, tranquila -Le dijo en voz baja.

-¿Qué? -Preguntó estúpidamente, aguantando un sollozo.

-No creo que nadie vaya a recordarlo -Aseguró la muchacha. -No creo que tú quieras recordarlo.

Rose Weasley soltó un lánguido suspiro mientras Janet Rossen la guiaba por el pasadizo hasta el castillo. Se dio cuenta de que era la varita de su amiga la que les alumbraba en el camino. Recordó que el año anterior fueron Carter y Malfoy los que la arrastraron hasta la Sala Común. No iba a quejarse de que Janet hiciera aquel favor a su borracha amiga... Pero una tenía sus preferencias.

-Oh, Janet, no creo que quiera salir de mi cama nunca jamás...-Se lamentó. -Soy una estúpida...

-En realidad, muchas personas besan a gays sin saberlo...

-Sí, porque no tenía ni idea de que a Perry no le gustan los hombres -Se burló.No quiso soltar una carcajada sarcástica, porque temía soltar algo de alcohol a la vez.

-¿Preferías haber besado a Malfoy? -Inquirió su amiga... la cual estaba dándole la espalda al juramento de amistad de no hablar de cosas que no quería.

-Eso sería un error... Eso sería... -Suspiró. Cansada de hablar. Tenía mucho sueño de repente. -Me desheredarían... Albus dejaría de hablarme...Perdería toda mi dignidad y mi orgullo cuando Malfoy se riera de mí... ¿Y sabes lo peor de todo, Janet? Que mis padres estarían decepcionados.

-¿Y eso qué más da?

-¿Cómo que qué mas da? -Se mofó ante tremenda barbarie. -¡Mi padre moriría de un infarto si se entera de que si quiere he pensado en él sin intenciones homicidas! -Hipó. -Y yo...-Hipó. -No quiero que mi padre tenga...-Hipó. -Un infarto...-Hipó de nuevo. -Por mi culpa.