Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La Tercera Generación de Hogwarts · de Carax

La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 225

El traqueteo del tren le hizo sentir que volvía a casa. 

Se reclinó sobre la butaca. Lanzó una larga bocanada de aire. Hizo crujir sus nudillos. Y sonrió tristemente al recordar su primera vez en el tren. Había estado solo en un compartimento. Y creía que lo estaría todo el trayecto. Y estaba contento con aquello. Hasta que su mejor amigo entró. O, más bien, Rose Weasley abrió la puerta de golpe y sin permiso. Dejando bastante claro su personalidad. Ninguno de ellos se encontraba con él en el compartimento aquel día. Pero no estaba solo. 

Scorpius Malfoy cogió una de las ranas de chocolate que estaba ofreciendo Greenwood. Puesto que su amigo se había quedado con él todo el verano -algo que agradecía infinitamente, pues su casa no había sido un lugar acogedor aquel verano; habían llegado juntos a la estación. Buscando compartimentos, se toparon con Sebastian McKing. Tenía mucho mejor aspecto que cuando lo vieron en el memorial de su padre. Iba solo, cargando con su baúl. Rápidamente encontraron un compartimento libre. 

Cuando el tren se puso en marcha, Camrin Trust entró en el compartimento y puso su baúl junto con el de Seb. Le abrazó. Le susurró algo en el oído. Y también abrazó a Greenwood y a Scorpius. Los dos amigos habían oído -gracias a Hugo Weasley- que Trust había pasado la mitad del verano con Seb. Y la otra mitad del verano con Coleman. También sabían que Trust había sido abandonada por su familia de muggles enfurecidos con la comunidad mágica. No obstante, seguía mostrándose feliz, alegre y, como decía Greenwood, "la chica popular que era". Poco más tarde, Hugo Weasley entró en el compartimento. Aunque su excusa fue que Lorcan se había ido con sus compañeros de Ravenclaw que no aguantaba y que no encontraba a Lys y a Lily, Greenwood y Scorpius compartieron una mirada de diveresión.

-No entiendo cómo te han hecho Prefecto -Le dijo Greenwood a Seb. -Es decir… ¡Eres todo lo contrario a lo que se espera de un Prefecto! 

El muchacho se encogió de hombros. Scorpius se había dado cuenta de que forzaba las sonrisas y la actitud despreocupada. Había algo en las bolsas de sus ojos que no lograba encajar. 

-Al menos tendré a alguien para hacer las rondas -Señaló a Scorpius.

-Ojalá quién sea el Premio Anual le libre de las rondas con Weasley -Suplicó teatralmente Greenwood.

-Sois unos exagerados -Dijo Trust.

-Oh, no -Hugo Weasley sacudió la cabeza. -Es una verdad universal que mi hermana es insufrible -Dijo comiéndose una rana de chocolate que le tendía Greenwood.

-Hugo también es Prefecto -Anunció Seb.

-A nadie le sorprende, no sé por qué es algo extraño -Dijo el aludido.

-Eres el Prefecto más joven de la historia… ¿Cómo te sientes? -Greenwood utilizó su puño como si fuera un micrófono muggle hacia él.

-Siento que deberían haberme dado la placa de Premio Anual, pero… Paso a paso -Declaró. Todos bufaron a la vez. -No sabríais reconocer a un gran mago ni aunque lo tuviérais delante -Les espetó.

-Oh, he visto a tu madre muchas veces y… Créeme… ¿Esa mujer? No me extraña todo el mito que hay en torno a ella -Confesó Greenwood.

-Yo soy mejor que mi madre a su edad -Replicó Hugo.

-Menos humilde -Señaló Scorpius.

-Tú también eres mejor que tu padre a tu edad -Insistió el Ravenclaw.

Hubo un silencio incómodo. Hugo Weasley no pareció darle importancia.

-No es una gran hazaña -Intentó reírse Scorpius.

-Draco Malfoy siempre era el segundo de la clase… Si no fuera por mi madre, habría sido el mejor sin lugar a duda -Explicó sin tapujos ni pelos en la lengua Hugo. Scorpius sintió cierto orgullo dentro de él. Hugo se levantó de un impulso. -Vamos al vagón de Prefectos… Tengo que anunciar mi reinado antes de que los Premios Anuales me roben el protagonismo.

-¿Alguien me explica por qué somos sus amigos? -Suspiró Trust.

-Porque no lo hace con mala intención -Se rio levemente Seb. Todos se giraron a él. -¿Qué? Tiene razón en todo lo que dice… No podemos culparle por admitirlo -Se justificó. 

Scorpius sonrió con suficiencia mientras se incorporó.

-Vamos, Seb, hora de afrontar tu reinado -Se burló el Gryffindor al tenderle la mano.

Los dos Gryffindor y el Ravenclaw dejaron a Greenwood y a Trust en el compartimento, poniendo los ojos en blanco y sentándose juntos. Probablemente compartiendo cotilleos o rumores que habían escuchado. Scorpius dejó que Seb y Hugo lideraran su camino hacia el vagón. Observándoles se dio cuenta de que la mano de Hugo rozaba la de Seb y se miraron con una sonrisa tímida. 

Rodó los ojos. Sólo esperó que Seb hubiera aprendido un poco de las peripecias de Greenwood para esconder a sus ligues por Hogwarts. No quería darle una detención a Hugo Weasley y explicarle por qué a Ted Lupin. Estaba seguro de que aquello sería una situación incómoda que había salvado anteirormente. El año anterior, había encontrado a James Potter y Cornelia Brooks alguna que otra vez en sus rondas. Por suerte para Scorpius, James abusaba de su poder de Premio Anual y le decía que él reportaría a Ted Lupin. Lo cual no haría nunca. De los Guardianes, había pillado a varios. A Seb y a Greenwood. A Claire Jenkins y a Peter McGregor. A Tom McGregor con una Hufflepuff. A Lola Brooks e Isabella Zabini -estas eran las peores en esconderse. 

Entró al vagón de los Prefectos. Intentó que no se mostrara su disconformidad con los Premios Anuales que se alzaban ante ellos. Scorpius ocupó rápidamente el asiento al lado de Isabella Zabini. Porque era la que más alejada se encontraba. Y porque, aunque le costara admitirlo, se habían convertido en algo parecido a amigos aquel verano. Aunque Albus tenía más afinidad con ella. 

Sus ojos intentaron evitar la cabellera pelirroja de Rose Weasley que estaba en los asientos más cercanos a los Premios Anuales. No había hablado con ella en todo el verano. No era algo fuera de lo habitual. Pero Scorpius no sabía cómo actuar con ella… Después de lo que había pasado. Así que optó por no escribirle. Y ella tomó la misma decisión, al parecer. Sabía -de nuevo, gracias a Hugo -que había conseguido un puesto como colaboradora para el Ministerio y les había estado ayudando a reparar los daños de la ruputra del Estatuto del Secreto. 

-Bienvenidos a todos -Anunció Willilam Bentley con su uniforme de Ravenclaw. Y su placa de Premio Anual reluciente sobre su pecho. 

-Y a todas -Completó suspicazmente Heather Lambert de Hufflpuff. 

Scorpius arrugó la nariz. 

No era que no le cayera bien Heather Lambert. De hecho, pensaba que era una buena elección como Premio Anual. Pero le recordaba al hecho de que Carter, uno de sus amigos más cercanos, no estuviera con ellos en el vagón. Y que, indirectamente, fuera su culpa. En realidad, sabía que era culpa de Carter. O culpa de nadie. Carter no tenía la culpa si no correspondió el beso de Trust, ¿no? Aunque, ¿probablemente no se puso en contacto con ella en todo el verano? Scorpius no lo sabía. Pero la frialdad entre Trust y Carter era algo que salía en su cabeza cada vez que veía a Heather Lambert. 

-Nos alegra saber que, dadas las circunstancias en las que está el mundo mágico, estáis todos aquí… Excepto… ¿Albus Severus Potter? -Anunció Bentley. -El director Longbotton nos ha adelantado que se incorporará a lo largo del curso.

Un gran peso se sacudió de los hombros de Scorpius. No había recibido noticias de su mejor amigo desde que salió de Hogwarts. James les había dicho que se encontraba a salvo. Con Alice. Lo cual… ¿Significaba que Alice también iba a volver? Scorpius se removió en su asiento. 

Su mente divagó por varias cosas en las que había pensado aquel verano, ignorando a propósito todo lo que Lambert y Bentley quisieran decir para demostrar su capacidad de liderazgo ante los Prefectos de Hogwarts.

Por un lado, algo en lo que no podía evitar pensar: Theia. Le evitaba. Le miraba con una mezcla de escepticismo y lástima. Y no se sentía nada cómodo con aquello. ¿Qué había hecho el Scorpius del futuro? Estaba claro que nada por pasar tiempo con su hermana. La única vez que había hablado con ella, tan solo escuchó alabar a Lily Luna Potter. Scorpius quiso sacar más información de Hugo. Pero aquello se convirtió en misión imposible. Además, Theia ni siquiera dormía en la Mansión Malfoy. 

El hecho de que los muggles estuvieran dando caza a los magos y brujas también le preocupaba. Pero no tanto como el hecho de que él había matado a Tristán McOrez y los periódicos se lo recordaban. Un periodista de El Profeta llegó a llamarle "mortífago" cuando paseaba con Greenwood por el Callejón Diagón. Scorpius optó por ignorarle. 

Pero, sobre todo, le molestaba lo de su hermana. No había sido el verano que había esperado conociendo a la hermana que venía del futuro. Si Lily Potter sabía algo de ella, era su nuevo objetivo descubrirlo. 

-…Recordad que ser Prefectos os da muchas posibilidades para poder convertiros en Premio Anual -Decía Lambert. -Aunque, bueno, sabemos que no todos los estudiantes requieren haber ganado este honor para convertirse en Premios Anuales -Se aclaró la garganta. -Pero también pueden ser grandes alumnos delegados -Añadió. Debió recordar que estaba hablando de James Potter y que amigos del antiguo Premio Anual se encontraban en el vagón. -Recordad guiar a los de Primer Año esta noche… Y… Eso es todo… ¿Algo que decir?

Hubo un silencio negativo. Nadie nunca decía nada en aquellas reuniones. Excepto en la del año anterior. Cuando nadie sabía que James Potter era el Premio Anual y Tom McGregor quiso usurpar el puesto. 

Una mano se alzó. Por supuesto, Rose Weasley.

-Yo -Se incorporó. Scorpius vio su espalda. La vio hacer algo con su túnica. Hubo una exclamación colectiva cuando le tendió su pin de Prefecta a Heather Lambert. -Renuncio a mis obligaciones de Prefecta -Declaró. -Ya he avisado a Nev… Al director Longbotton de mi abdicación y le he informado de quién creo que debe ocupar mi puesto -Dijo. 

Salió del asiento. 

-Eh… -Intentó formular Lambert.

-De acuerdo, Weasley. Hablaremos al llegar con Longbotton -Dijo, tan confundido como el resto, Bentley. -Podéis comenzar vuestras rondas -Les ordenó.

Scorpius salió del vagón. Bella Zabini le propuso hacer las rondas con él, en vistas de que acababa de quedarse sin compañera. Él se negó educadamente. Todos los Prefectos salieron del vagón. Scorpius apoyó su espalda en la ventana del tren. Les saludó cuando pasaron por él. Hugo Weasley alzó una ceja al verle. Seb le sonrió. Lambert le rozó cariñosamente el brazo -como si ser la novia de su amigo le diera derecho. 

Entonces, Rose Weasley salió del vagón. Como siempre que tenía un objetivo claro en su mente, ignoraba al resto del mundo. Tenía la misma expresión que se posaba en su rostro cuando estaba frente a un aro de Quidditch con la quaffle bajo su brazo. 

Se posicionó en frente de ella. Aunque Rose fuera más alta que Alice, Scorpius Malfoy seguía teniendo una altura desmesurada. Sintió la tensión rodearles y acomodarse entre ellos. Miraba hacia abajo. Hacia sus ojos de color zafiro. 

Le estaba exigiendo una explicación en silencio. Ambos sabían qué era aquella pequeña intervención. No había ningún Albus ni ninguna Alice que le interrogara sobre aquel cambio de opinión en ser algo que Rose prácticamente soñaba con ser desde que pisó el andén nueve y tres cuartos por primera vez. 

Le fulminó con la mirada. 

-Vete al infierno, Malfoy.

Así que aquel día no tenía buen humor. Nada que le sorprendiera.

Le sonrió con suficiencia. 

-Eso intento -Supiró dejándola pasar. 

No supo por qué, pero decidió que su ronda iba a comenzar persiguiendo a Rose Weasley. Si alguien le preguntaba o alguien los veía, ella era la Prefecta de Gryffindor. Hogwarts se había acostumbrado a verlos juntos. 

La escuchaba bufar cuando se percató de que Scorpius la estaba siguiendo. Ella aceleró el ritmo. Él la imitó. Se dio la vuelta. Scorpius, a unos metros de ella, detuvo sus talones. Le recibió una mirada irritada. Estaba metiéndose donde no era llamado. Lo sabía. También sabía que no tenía ningún tipo de justificación. Pero ¿algo que también sabía? Que Rose podría llegar a entenderle. Es decir. Sabía que ella haría lo mismo si sus papeles estuvieran revertidos. 

-¿Qué quieres? -Preguntó derrotada. 

-Te conozco lo suficiente como para preocuparme porque hayas rechazado algo que siempre has querido.

Ella no puso los ojos en blanco. Ni bufó. Tan solo sostuvo su mirada. 

-No tengo tiempo para pasear por el castillo regañando a críos por enrollarse en armarios de escoba o aulas vacías.

No pudo evitar dibujar una sonrisa de superioridad en su rostro. 

-¿Por qué? ¿Qué es lo que te va a mantener tan ocupada? -Inquirió con una ceja arqueada. 

Contempló cómo rodó los ojos como si fuera lo más molesto del universo. No quería que se entrometiera en su vida. Eso le quedaba claro. 

Ella se acercó con toda la furia que la caracterizaba. Como si tuviera un fuego alrededor que la hiciera parecer peligrosa. Que le hiciera al resto sentirse desprotegido y vulnerable a su lado. No Scorpius. Él ya estaba acostumbrado a ella. No a las nuevas emociones que le producía, sin embargo. 

Esperó una explicación vaga. Un "métete en tus propios asuntos, Malfoy". Incluso un puñetazo de la marca y diseño de Rose Weasley. Esperó cualquier cosa. 

Excepto aquello.

Rose Weasley le empujó sobre la puerta de un baño del quinto vagón en el que estaban. La espalda de Scorpius chocó con la puerta, abriéndola por el empuje. Al entrar, Rose entró con él y cerró la puerta tras ella. 

Scorpius la miraba. Expectante. Todas sus emociones a flor de piel. 

¿Tan secreto era lo que tuviera que decirle? 

Por supuesto, tenía otra teoría en su cabeza. Que no pensaba que se hiciera realidad.

Se hizo.

Rose Weasley le agarró del cuello. Y lo besó. 

Y Scorpius no perdió ni un segundo en devolverle el beso. 

Sintió todas sus emociones explotar dentro de él. Sus manos, antes quietas sobre sus pantalones, recorrieron el cuerpo de Rose. Mientras exploraba todos los rincones de su boca. Mientras Rose gemía sobre sus labios. Desordenaba su pelo platino. Scorpius la cogió de la nuca y, con la otra mano acercó su cintura a él. Rose pasó una pierna por la cintura de Scorpius. Él aprovechó la iniciativa y la cogió de los muslos, ayudándola a que enlazara sus piernas a su cuerpo. Al hacerlo, la estrelló contra la puerta del baño. 

La espalda de Rose sobre la madera del tren. El traqueteo sobre sus pies. Y ellos explorándose. Rose comenzó a quitarle la camisa. Scorpius besó su cuello. Rose gimió y arqueó su espalda hacia él. 

Un sonido que creyó que pertenecía al tren se incrementó. Por el rabillo del ojo, vio que el pomo de la puerta estaba siendo forzado. Alguien estaba intentando entrar. Contempló el pánico en los ojos de Rose. No quería que les descubrieran. Lo que estuviera pasando entre ellos. Debía quedarse entre ellos. 

-¿Hay alguien dentro…? -Era la voz de Greenwood.

-Mierda -Maldijo Scorpius en voz baja. 

Rose soltó una risa. Que intentó camuflar apretando su boca contra el hombro de Scorpius. Tenía las mejillas sonrosadas. Estaba tan cerca de ella que podía ver todas sus pecas incluso en la oscuridad del baño. 

-¿…Hay alguien?

-¡Soy yo, Greenwood! -Gritó Scorpius sacando la voz más rasposa que jamás había emitido.

Silencio.

-¿Scor?

-¿Sí…?

Silencio.

-¿Estás teniendo sexo en mibaño?

En seguida, Rose se giró para interrogarle con la mirada. 

-No, Greenwood -Contestó Scorpius. -¡Pero puedes marcharte!

-¡¡Estás teniendo sexo en mi baño!!

-¡Greenwood…!

-¡Me lo tienes que contar todo cuando lleguemos! -Un grito de emoción. -¡Mi niño se hace mayor…!

-¡Greenwood!

-¡Solo espero que no sea Coleman! No quiero ni imaginar lo pesada que…

-¡No es Bárbara!

Pudo sentir que Rose se crispó al escuchar cómo Scorpius la llamaba por el nombre de su compañera de cuarto. 

-¡Ya me lo contarás! 

Lo oyeron marcharse con alguien más. Se enfrentó a la mirada encendida de Rose. Se debatió entre volver a besarla o detenerse. Las piernas de ella aún atrapándole. Su pelo aún hecho un desastre sobre su rostro enrojecido. 

-¿Quién le vas a decir soy?

Así que Greenwood les había robado el momento. 

Scorpius dudó. Barajó todas sus opciones. Y todas parecían una mala idea.

-No se lo voy a decir, si es lo que quieres.

-¿Crees que quiero que esto…?

Scorpius arrugó la nariz. 

-¿Esto?

-Podemos mantenerlo en secreto -Asintió Rose. Se mordió el labio. 

Miles de preguntas se arremolinaron en el cerebro de Scorpius. ¿Se refería a solo aquellos dos encuentros con Rose? ¿O estaba diciendo que podía repetirse? 

-Podemos mantenerlo en secreto. 

-Deberíamos salir -Suspiró Rose. -Si Trust y Greenwood se encuentran sabrán que los dos hemos desaparecido y…

-Claro.

Scorpius ayudó a bajar a Rose. Se bajó la falda. No se había dado cuenta de que se la había subido tanto. Se ruborizó. Ella también estaba ruborizada. Pero tenía una confianza que le transmitió a Scorpius. 

El Prefecto le acomodó la camisa. Rose le ayudó con sus manos. Rose estaba abrochando la camisa de él. Le ajustó la corbata. Tiró de ella, haciendo que su rostro, inevitablemente, se acercara al de Rose. Solo podía ver sus labios. Se obligó a mover sus pupilas y enfocarlas en sus ojos zafiros. 

La muchacha suspiró. Carraspeó. Y miró al suelo. Sus manos se retiraron de él. 

-Nos vemos, Scor. 

Abrió la puerta del baño y se marchó. 

Scorpius se quedó aturdido. 

¿Qué acababa de pasar?