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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 228
Apretó su mandíbula y hundió su garra en la hierba. El poder que se cernía sobre él era superior al que había sentido ya una vez. Se doblegó. Sintió cómo todas las criaturas de naturaleza similar a la suya también se postraban ante su líder.
James Sirius Potter, o más bien el lobo en el que estaba convertido, no tenía otro remedio que respetar a su líder. Al Alfa que les había enseñado a todas aquellas criaturas una nueva forma de conciliarse con la criatura que habitaban en su interior. El problema era que, mientras que Umi, Ted, Moonlight y él mismo habían prosperado en manada y nacidos de ella prácticamente… El resto eran lobos solitarios. Una manada no se creaba en unos días. No si sus nuevos miembros eran personas que odiaban a su ser interior. Que lo maldecían. Quiénes no se unían a él. O nunca lo habían hecho. No sólo debían respetar a su criatura interior, sino también al resto que ahora les pertenecía.
Todos debían dejar de lado su pasado y abrazar la oportunidad que el Alfa les brindaba. Una teoría que en su forma humana aplicaban con facilidad. Y que se tornaba en una pesadilla cuando la Luna ejercía su influencia sobre ellos. Unos se habían acostumbrado más que otros. Moonlight había rescatado los rituales de Luperca. Solo dejó uno atrás. No les bautizó con otro nombre. No quiso hacerles pensar que su naturaleza era dual. Eran uno solo. Algo que quizás costaba entender cuando su propio Alfa era conocido por el nombre de su lobo. Así como Umi.
El joven lobo sintió el resquemor de Shik, un viejo lobo coreano que no obedecía órdenes, demasiado acostumbrado a una vida de miseria y soledad. Pero James estaba más centrado en la criatura belga. De hecho, por su causa estaban allí bajo la luz de un sol que padecería ante la luna en cuanto se ocultara en el horizonte aquella noche. Incluso si Shik tenía más motivo para ser un lobo más rebelde, había sido el más joven de todos quien se había resistido a la autoridad del Alfa.
Aquella tarde era la primera que James acudía al castillo Raglan para intentar dominar al lobo blanco. Había estado ocupado. O no había querido acudir antes. Quizás había estado ocupado porque no quería ir a Raglan. Negar el futuro y el destino no era algo que le gustaba hacer. Pero todas las profecías estaban en su contra. Ahora se sumaba el testimonio de Adam Brooks. Fuera como fuere, se dejó la piel en el campo de Quidditch de Puddlemere United las primeras sesiones de la temporada. Intentó ocupar su agenda para disfrutar al máximo de su madre. De su hermano. Y de su padre. No los había visto en todo el verano. Y a su madre llevaba aún más tiempo sin que le recordara que podía sentirse querido por más de una persona. Oh, sí. Todo eran excusas para no afrontar a Cornelia.
"No nos está escuchando". La voz de Moonlight resonó en su mente. Se refería a que el joven lobo blanco estaba haciendo un gran trabajo en oponerse a la autoridad sobrenatural que emanaba el Alfa. "Descansemos por hoy".
Aquello significaba volver al castillo en su forma humana. Todos obedecieron. Incluso Shik. Moonlight aulló ante el lobo blanco. James se quedó rezagado para observar cómo se sentía mucho más cercano a Moonlight como Alfa que a Wakanda. Umi había dicho que era porque él llevaba en su interior la sangre del Alfa. Pues Umi no sentía diferencia.
El lobo blanco se convirtió en un muchacho que rondaba la edad de su prima Dominique. Desaliñado. Aún sufría en la transformación. James hizo amago de acercarse a él. Más el joven se apartó. James alzó las manos en señal de paz. ¿Cuánto tiempo habría estado padeciendo la licantropía descontrolada? Era un muchacho silencioso. Eso pudo descifrar de su único encuentro con él hacía una hora. Así que quizás no lo era.
-Volvamos al castillo -Ordenó Moonlight.
Todos anduvieron hasta la gran fortificación. De nuevo, James se quedó rezagado. Analizó las nuevas incorporaciones. Más rostros con nombres que se unían a la batalla contra el Ojo. Una parte de James se sentía culpable por el hecho de que aquellas almas inocentes estuvieran allí. ¿Sabían acaso a qué se enfrentaban? ¿O pagarían ese precio por liberarse de la maldición que caía sobre ellos y convertirla en una habilidad única?
La licántropa del grupo, Umi, ralentizó sus pasos para ir al ritmo de James. Este le sonrió a modo de saludo. Con ella era con la única que había hablado por carta desde que comenzó su carrera profesional de Quidditch. No sabía aún si era porque Moonlight condenaba que no vendiera su alma por completo a la guerra, o porque realmente estaba ocupado.
-¿Vas a entrar? -Le preguntó con cuidado, como si estuviera tentando las aguas de una conversación que James evitaba deliberadamente.
Él ladeó la cabeza. Ambos sabían que implicaba aquella pregunta. No hacía falta Legimencia para saber que el joven había estado huyendo de, en palabras claras, su responsabilidad. Si sólo Adam Brooks no le hubiera pedido que acabara con la vida de Cornelia, quizás no estaría tan reticente a seguir entrando en una guerra cuyo resultado no parecía favorable para él.
-Me están esperando, ¿no? -Suspiró el joven.
Umi le miró con tristeza.
-Creía que tú eras de los valientes -Se mofó con amabilidad la mujer.
El joven rio en un tono bajo y sarcástico. Hacía unos años, cuando era más estúpido y menos racional, habría dado lo que fuera por estar en aquella extraña sensación de poder. Por tener una profecía sobre sus hombros. Ahora que entendía lo que su padre había llamado "la realidad" quería que le usurparan su puesto y le evitaran el dolor.
No dijo nada más. Cruzaron el pórtico de Raglan y el bullicio que daba vida a aquella pequeña ciudad le abrumó. No había estado allí en su punto más álgido y ahora entendía los adjetivos tan utópicos que su padre había usado para describir aquel lugar. Era una comunidad de la magia. Porque no solo había magos y brujas, sino también criaturas mágicas. E incluso muggles. Era como echar un vistazo a cómo habría sido un mundo sin el Estatuto del Secreto. Casi le hacía olvidar que había una guerra extramuros.
Ondeó su mirada hasta posarla en ella. Estaba igual que la última vez que estuvo con ella en Cabeza de Puerco. Tan solo unas horas tras un verano sin contemplarla. Más delgada. Más pálida. Algo la estaba consumiendo poco a poco por dentro. James sabía lo que era y también sabía que él podía haber evitado aquello. Si solo fuera un poco más valiente.
Se aproximó a dónde estaba. Frunció su ceño. No sólo estaba charlando animadamente con Lola, sino que el lobo belga blanco se había acercado a ellas con una cercanía que no le gustó ni un pelo de su licantropía a James. Por esa razón, James aminoró su ritmo y se posicionó al lado del muchacho y le puso una mano en su hombro.
-…Una cara tan bonita esperándome -Estaba diciendo el belga. Se giró hacia James con una sonrisa jovial. -¿Verdad?
Escuchó a Lola reír ante la violenta situación. Lo cual confirmó las sospechas de James sobre el belga flirteando descaradamente con Cornelia. La cual se sonrojó y sonrió amablemente.
-Sólo lo dices porque soy la única que quiere hablar en francés contigo -Respondió Cornelia.
Involuntariamente, James apretó el hombro del joven.
Ahora entendía el recelo de su madre hacia los franceses. Podría incluir a los belgas ahí.
-No queremos que los demás escuchen lo que tengo que decir, ¿no? -Y le guiñó el ojo.
James, perplejo, esperó la reacción de Cornelia. Está sonrió como si aquella situación le estuviera divirtiendo. Lola en ese momento rodó los ojos y decidió mirar hacia otro lado. James siguió con la mirada clavada en Cornelia.
-Veo que ya conoces a James, Fyn -Dijo finalmente.
Una ola de alivio abofeteó a James en la cara.
-James, ¿puedes dejar de estrujarme el brazo…? -Se rio, incómodo, el joven que se sacudió de su fuerte agarre.
El aludido sacudió su mano y bajó la mirada un tanto avergonzado. Podía poner miles de excusas a lo que acababa de ocurrir. Podía incluso culpar a su licantropía. Pero la risa desternillada de Lola, la mirada de diversión de Cornelia y la expresión de reconocimiento de Fyn solo confirmaban que James estaba un poco celoso.
De nuevo, era algo que podría haber evitado si se hubiera dignado a llegar antes allí.
-Vamos -Lola le tendió la mano a James. -Aún no has visto el castillo.
-¿Planeas quedarte aquí? -Le preguntó el belga. Sinceramente, ¿por qué no se había marchado ya? -Me han hablado de ti… Dicen que eres el jefe o algo así, ¿no?
James tragó saliva intentando deducir qué era exactamente lo que le habían contado.
-Algo así -Dijo simplemente.
-Debo decir que te han pintado como el alma de la fiesta y…
-Lo es -Interrumpió Lola. -Solo que no está muy cómodo ahora mismo. ¿No es así?
James cogió la mano que le tendía su amiga. Esta dio una última mirada al belga. James posó sus ojos avellanas sobre los celestes de Cornelia. Una invitación para que le acompañara. Y para que le respondiera a sus dudas. ¿Estaban bien? ¿Estaba enfadada con él por no haber acudido a ella antes, tal y como prometió?
Lola soltó su agarre y se adentró en el laberinto interior de Raglan. Hadas sobrevolándole la cabeza. Sanadores llevando vendas. Aurores riendo con los Rompemaldiciones y saludando a goblins y a elfos domésticos. Suspiró.
Sus dedos se entrelazaron con una piel que había llegado a conocer muy bien. Alzó la mirada para ver a Cornelia acercarse a él, con su diversión aún en los ojos. Lanzó una mirada de reojo al belga.
-Nos vemos, Fyn -Dijo dulcemente. Y apretó la mano de James. Lo llevó, siguiendo la estela de Lola, hacia el corazón del castillo. -Sé por qué no quieres verme -Dijo en murmuro que, de no haber estado pendiente, habría perdido. A James se le congeló la sangre. Antes de echar toda su furia sobre Longbotton por revelar el secreto que debían mantener, Cornelia habló otra vez. -¿Tú también sientes cómo se acerca?
Aquello lo dejó un poco descolocado.
-¿Eh?
-El final -Contestó. James tragó saliva. Asintió. Aunque estaba mintiendo. -Mis visiones son cada vez más nítidas… Más amplias… No sé si es la presencia de Theia… Pero no somos mucho más adultos cuando todo ocurre… -Detuvo sus talones al ver que Cornelia se había parado y la inercia de su mano sujeta a sus dedos le arrastraba hacia atrás.
-No ocurrirá -Dijo tajantemente. -Por eso estamos aquí.
-Si sabes tanto como deberías, James, debes dejar de mentirte -Suspiró Cornelia. No supo qué hacer. Así que tiró de ella y siguió la estela de Lola. -Y el problema no se soluciona ignorándolo -Puntualizó con algo de dolor en sus palabras.
-Tú no eres el problema -Espetó James.
- Ya hemos hablado de esto… Debes estar preparado por si ocurre.
Sin seguir las palabras de Cornelia, James volvió a ignorar la advertencia. No era una amenaza. Aunque le causaba la misma desazón. Por esa razón, Cornelia no podía nunca enterarse de que su padre le había pedido que acabara con ella. Porque solo confirmaría lo que Cornelia creía que iba a suceder. Que Morgana iba a resucitar en ella. Y que James debía matarla sin dudas. O el oscuro del que procedía Theia Malfoy les absorbería por completo.
Así que siguió a Lola sin decir nada más. Era un debate en el que, cada minuto que pasaba, le robaban todos los argumentos. Y James ya no sabía dónde encontrar el valor para seguir luchando.
Se mordió el labio. Evitó mirarla. Porque quería evitar perderla. Porque, justo cuando se había dado cuenta de lo enamorado que estaba, el destino se había pronunciado en su contra.
-¡Eh, James! -Lola le gritó. Aprovechó ese momento para acelerar sus pasos hacia ella. La vio al lado de una joven de cabellos platinos y expresión arrogante. Una Malfoy, sin duda. -Esta es Theia Daphne Malfoy, no estoy segura de que os hayáis conocido…
Como si Theia se hubiera visto un fantasma al ver a James, palideció y titubeó. Su mano tembló al tendérsela.
-Es un honor conocerle, James Sirius Potter -Su voz sonó solemne y James se sintió incómodo. -Creáme… Un honor -Repitió nerviosa.
-Igualmente -Dudó James. Se rascó el pelo y volvió a despeinarlo.
-No sabía que tenías fans en el futuro, Jamesie -Se rió Lola.
La aludida abrió la boca para expresar un contraargumento dudoso en vistas de su torpeza al manifestar que estaba asombrada por la presencia de James. Lo que hizo que James recordara que esa muchacha había venido a protegerle de Cornelia, como le había advertido Hugo Weasley. Quizás por ese motivo, también había evitado conocerla antes. Ver que, para ella, era un fantasma. Porque no había que ser un Vidente para ver que él había muerto en su futuro. Y no había que ser un experto para saber cómo.
Lola vio la incomodidad en su amigo.
-Bueno, me la llevo para que estéis a solas -Le guiñó un ojo a su hermana, quien no había levantado la cabeza del suelo desde que avistaron a Theia. De nuevo, no hacía falta a Hugo Weasley para saber por qué.
Las muchachas tan dispares se alejaron de la pareja. James observó, curioso, cómo Theia se quitó abruptamente a Lola de encima -como si hubiera despertado de repente y volviera a ser la desafiante Malfoy que decían que era. Enmudecido, contempló cómo sacó la varita hacia Lola.
-¿Deberíamos ayudarla? -Le cuestionó James a Cornelia.
Ella se encogió de hombros.
Sin dar un paso más allá para ir al rescate de su amiga, una onda de energía bloqueó sus pasos. Todos los de su alrededor vieron a Lola Brooks detener el hechizo de Theia Daphne con las palmas de sus manos y la energía mágica revertir sobre el resto.
La muchacha se rió de la bruja que había intentado detenerla con magia.
-¡Y espera a que veas cómo retengo los ataques físicos!
Cornelia, a su lado, se estremeció.
-Esto no va a salir bien -Dijo, pero tenía una sonrisa pintada en su rostro.
James arqueó una ceja.
Un chillido le hizo mirar de nuevo en dirección a su amiga. Y ahogó una carcajada en su garganta, pues, pese a que podía ser cómico, la sangre que brotó de la nariz de Lola tras recibir un puñetazo de Theia para comprobar la teoría, no lo era tanto. Todos vieron la sonrisa de superioridad de Theia Malfoy. Quien se relamió con gusto su pequeña victoria. No obstante, una exclamación colectiva no fue suficiente para avisarla de que Lola se había lanzado a por su cabello platino, el cual tiró de él con saña, haciendo gritar esta vez a Malfoy.
No era fácil deshacerse del hechizo de esas dos muchachas peleando mano a mano. Lola estaba siendo entrenada por los agentes de las autoridades de allí y podía detener cualquier hechizo no verbal que estuviera acostumbrada a lanzar Malfoy, quien parecía, en ese instante, debatirse entre arremeterle el puño en el estómago o dejar de pelear con uno de los instrumentos de las profecías. Para la sorpresa del público, Theia Malfoy arremetió su rodilla contra el estómago de Lola Brooks. La tendió en el suelo con una llave. Y parecía volver a arremeter sobre ella, cuando un exasperado Bastien Lebouf acudió para retiralas.
Umi llegó rápidamente para llevar a Lola a Enfermería. Moonlight no tardó en llegar para regañar a Theia Daphne Malfoy, quien se quitó el polvo de la ropa sin inmutarse ante las palabras del Alfa.
-No vengo del futuro para tener que aguantar tantas estupideces -Sentenció Malfoy, antes de abandonar el círculo que se había arremolinado en torno a la pequeña pelea.
-¿Por qué no lo has evitado si sabías cómo iba a acabar? -Se sorprendió a sí mismo preguntándole a Cornelia.
-Oh, créeme, me gustaría haberlo hecho… Pero Lola me habría matado de hacerlo -Se encogió de hombros. -Ella dice que puede ganar sus propias batallas.
James tuvo que reírse ante la predisposición de su amiga de encontrar pelea cuando no era necesario. Más, por primera vez, vio en Lola algo que antes no había visto. Intención de herir a Malfoy de verdad. ¿Por qué? Quizás era otra forma de manifestar que no estaba nada cómoda con una mensajera de un oscuro futuro que sucedía por culpa de su hermana. Sí, debía ser eso.
Persiguió a Cornelia por Raglan. Le enseñó los enclaves más básicos. Un salón de reuniones. La cocina. Una especie de sala de baile que utilizaban para entrenar cuando llovía. La Enfermería donde oyeron a Lola quejarse de Theia Malfoy. Baños. Habitaciones. Finalmente, le enseñó su habitación.
James supo que se debían una conversación. Sobre todo, después de lo que Theia Malfoy les había anunciado. Algo que evitaban pensar. Ambos lo hacían. Ambos lo sabían.
-Te prometí que lo solucionaría -Habló entre dientes James.
-Hay promesas que uno no sabe que no puede cumplir -Le recordó Cornelia.
-Puede venir de un universo paralelo, ¿no? He leído algo de eso.
Y vio en el rostro de Cornelia que le agradecía seguir buscando una salida a un callejón que claramente estaba cerrado.
La muchacha se acercó a él y le acarició la mejilla.
-Puede haber universos paralelos con el mismo resultado, más detalles ínfimamente diferentes -Respondió. -Yo también he estado leyendo.
Y siempre lo haría mejor que él. James respiró, frustrado.
-Sabes que si te rindes a ese destino, hay más posibilidades de que acabe cumpliéndose…
-No voy a rendirme, James -Le dijo ácidamente, culpándole de creer lo contrario. -Solo porque sea evidente que va a suceder, no significa que no pienso hacer nada para evitarlo. Ojalá mis visiones fueran más allá de una misma escena, una y otra vez. Ojalá pudiera ver algo más. Ojalá no las tuviera -Alzó sus manos al aire. -¡Ojalá nada de esto ocurriera! ¡Pero es así! ¡Y debemos actuar para prevenir el peor de los resultados! ¡No puedes seguir ignorando que va a pasar, James! ¡Porque no hay ningún indicio que demuestre lo contrario!
James se mordió la lengua por dentro.
-Cuando mi padre…
-¡Él sabía lo que tenía que hacer! ¡Y eligió vivir! ¡Tenía capacidad de elección! ¿Crees que no he hablado con él? -Inquirió, como si hubiera estado guardándose aquello demasiado tiempo. -Él sabe tan bien como los demás que Morgana ocupará mi cuerpo y lo único que podemos hacer es prolongar la espera hasta que el Temple tenga los recursos necesarios para hacer frente a ella… James, sé sensato… ¿No ves que es eso lo que estamos haciendo?
Fue una bofetada de realidad. Sus ojos se empañaron de lágrimas que podía haber aguantado más tiempo si alguien no le hubiera presentado los hechos de forma tan abrupta y violenta.
Sí.
Desde que Theia vino. Eso era lo que estaban haciendo. Economizar recursos. Llamar a más soldados. A Raglan. A Hogwarts. Al Ministerio. A la Granja. A Luperca. En todos lados, llamaban a viejos amigos para unir fuerzas. Para entender cómo ganar aquella guerra, sabiendo que, incluso si se dejaran la piel en ella, tenían al peor enemigo que podían desear.
Y sabía que era así. Sabía que solo estaba huyendo de la realidad cuando siguió las pistas de Adam Brooks y le llevaron al mismo punto donde se encontraba ahora. Sabía que estaba siendo un cobarde cuando aceptó la oferta de Puddlemere United. Sabía que estaba viviendo en una ficción alejado del problema. Porque, sí, el hecho de que Cornelia y Lola fueran Instrumentos de las profecías era un gran problema para James.
Supo que Cornelia leyó su colisión con el mundo real.
Carraspeó.
-Vendré aquí -Dijo. -Le diré al entrenador que pueden contratar al suplente… Estoy seguro de que a McGregor no le importará que me vaya del equipo… Estaré aquí y ayudaré al Temple como debí haber hecho…
-James -Le interrumpió con expresión seria. -No hagas eso.
-Dejaré mi nuevo apartamento… Quizás pueda dárselo a Trust cuando se gradúe…
-James -Le interrumpió de nuevo, aquella vez forzándole a que le mirara. -No voy a dejar eches a perder todo eso mientras puedas tenerlo.
-Estoy siendo un cobarde, Cornelia -Se lamentó.
Era "la verdad". Había sido fácil para un James de trece años vencer a un basilisco, pues era un insensato que no pensó en las consecuencias. Solo quería ser un héroe. Porque obtenía resultados. Debió haber escuchado a McGonagall con más atención. Ganar así había sido una excepción, en efecto. Porque perdió a Hagrid al año siguiente jugando al héroe que no era. Porque le arrebataron la inocencia a su hermano en su secuestro. Le convirtieron en lobo. Perdió a su mejor amiga. A sus familiares. Roxanne. Molly. Tío Percy. Tía Audrey. Le incomodaba el dolor en lo más hondo de su estómago. Una guerra que, tan solo en sus inicios, estaba consumiendo a los vivos. Les arrebató la juventud a cuenta gotas. Y los convirtió en otras personas totalmente diferentes a aquel momento en el Bosque Prohibido en el que se enfrentaron a un basilisco. Ya no estaba Susan ni Roxanne. Pero tampoco estaban vivos los niños que habían sido.
Sintió los brazos de Cornelia rodeando su cintura.
-Lo siento -Susurró la muchacha.
Él tomó su cara en sus manos.
Casi se atraganta con sus emociones.
Sacudió la cabeza.
-Yo no lo siento -Se sinceró. -No siento haberte conocido. No siento haberme enamorado de ti. No me arrepiento, Cornelia, y tú tampoco deberías hacerlo.
Intentó fingir que las cosas eran normales e imaginó que podían tener una relación normal con citas, tomarse de la mano, paseos por el Hyde Park, cenas románticas a la luz de las velas, citas de cine y viajes a lugares exóticos.
Si la vida pudiera ser así, pero no lo fue.