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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 65

Cada torre simbolizaba una Casa, en la que los representantes y prefectos de esta observaban detenidamente cómo los aspirantes a ser futuros miembros del equipo de Quidditch se removían en sus escobas. Cada grada se encontraba atestada por todos los alumnos que animaban a sus compañeros, a sus amigos, a sus primos o a sus hermanos. Se podría decir que cada persona tenía su jugador favorito. Que había apuestas. E incluso peleas. En aquella ocasión, las Casas estaban mezcladas entre sí. Había Slytherin en las gradas de los Gryffindor. Ravenclaw codeándose con Hufflepuff. Bueno, los Hufflepuff estaban en casi todos lados. Qué facilidad para hacer amigos. Lo que estaba claro era un concepto: la diferencia de Casas apenas se podía apreciar.

Minerva McGonagall sonrió satisfecha de acabar por fin con aquellos prejuicios. A pesar de que, para ella, Gryffindor siempre sería el ganador.

Las gradas rugieron cuando Devdan Kumar, capitán de Hufflepuff aquel año y buscador del equipo desde hacía poco, se dirigió a la Torre de la Dirección para presentar a los elegidos. Se habían presentado nueve personas de las siete que podrían llevar el uniforme de Quidditch. Sin duda alguna, todos sabían que el equipo apenas cambiaría.

Aquel joven esperó a que los alumnos se calmasen para alzar la voz. Su cabello castaño estaba peinado perfectamente hacia atrás. Sus bruscos movimientos se veían expuestos al nerviosismo que aquel -normalmente- atrevido joven presentaba.

-¡Buenos días, Hogwarts!- saludó de forma torpe.- Para empezar…- se señaló así mismo.- Soy Dev, y este será mi último año liderando a los Hufflepuff.- el público evocó un sonido de pena.- Pero espero haceros disfrutar siendo vuestro buscador. ¡Robert Sparks y Anjali Khanna serán golpeadores!

-Qué raro…- musitó una alumna de primero al lado de Lily Potter en las gradas Gryffindor.

¡Y los cazadores siguen siendo Patrick Bennet, Stephan Brands y Natalie Jones! La guardiana es una sorpresa para Hogwarts… ¡No es una joven promesa, sino la**mejor! ¡Lyslander Scarmander!

-¿Qué demonios…?- murmuró Lily al igual que todos los alumnos que se quedaron atónitos ante aquella revelación.

Las pruebas de los Ravenclaw empezaron.

¿De dónde salían los genes de una brillante buscadora en Scarmander, hija de dos excéntricos naturalistas magos?

Esa era la pregunta que todo el mundo se formulaba.

Lily Potter, pese a desconocer la respuesta ante aquel hecho, era la única en las gradas que se sentía orgullosa y satisfecha de aquella elección que igualaba a la de su padre en su primer año. Simplemente lo habían descubierto en sus primeras clases de vuelo. Sus padres no sentían interés por el Quidditch. Su curiosidad siempre estaba alerta a otras cosas más raras. No era de esperar que nunca hubiesen jugado al Quidditch. Lorcan sí que lo había hecho en la Madriguera con Hugo. No es que fuese particularmente notable en aquel deporte. Lys nunca antes había cogido la escoba hasta su primera clase de vuelo. No le entusiasmaba volar pero porque nunca lo había probado. Fue la primera en alzar la escoba. La primera en estabilizar el vuelo. Se sentía tan bien volar que lo primero que se le pasó por la cabeza era que deseaba jugar al Quidditch. Lys no solo fue la primera en encontrar la Snitch, sino que lo hizo con tanta gracia que parecía que eso era para lo que había nacido.

La joven Potter estaba sentada entrevarios alumnos de Gryffindor de su edad, con los que no parecía haber desarrollado ninguna clase de amistad. Iban a las mismas clases. Compartía cuarto con otras cuatro. Al principio, todo el mundo parecía querer ser su amigo por la única razón de que era la hija de Harry Potter. Ahora entendía algo mejor a sus hermanos. Creían que la conocían por haberla visto en El Profeta de la mano de sus padres en más de alguna ocasión. ¡Que la conocían! Lily estaba ya harta de forzar sonrisas de cortesía. Todo el mundo la miraba de reojo. Todo el mundo sabía quién era. La joven tan solo quería ir a clase tranquila e ir a algún sitio con su amiga Lys, buscar a Hugo -y quizás a Lorcan y su séquito de empollones. Con razón todo el mundo decía que tenía mal genio. Si la dejasen en paz, las cosas serían distintas.

Las pruebas de los Ravenclaw estaban llegando a su fin. Tampoco había muchos aspirantes. La competitividad entre ellos hacía que alguno, irremediablemente, destacase. La cara nueva de la capitanía de las águilas, Catherine Boyle -guardiana desde que pudo presentarse al equipo-, se enfrentó al público para presentar a su equipo. Su robusto cuerpo daba una imagen de infranqueable cuando se acercó a las gradas. El corto pelo que tenía -podría pasar por un chico y nadie lo notaría- se removió con el viento antes de alzar la voz:

-¡Las águilas que nos harán disfrutar este curso serán…!- su voz ruda y grave sonaba por todos los recovecos del campo de Quidditch.- ¡Guardiana: la que os habla! ¡Buscador: Alaric Davies!- el sector femenino del alumnado no pudo evitar gritarle piropos al hijo del que había sido una de las bellezas de Ravenclaw en su época, a pesar de que su hermano -David Davies, miembro del séquito de Lorcan- no había heredado ninguno de sus genes.- Veo que los partidos van a ser entretenidos…- musitó con sarcasmo la portavoz.- ¡Golpeadores: los gemelos McGregor, Tom y Peter!Y por último, pero no por eso menos importante… ¡Cazadores: la hermana de la antigua capitana, April Gadner; el joven John Gier, y el veterano Bob Cooper!

Lily Potter se removió en su pequeño hueco en las gradas.

Las pruebas de los Gryffindor.

Roxanne Weasley no lideraba el equipo. No acompañaría como golpeadora a Fred. No movería a las gradas. No les haría reír. Y Lily no conocería el orgullo de ser Gryffindor que aquella extrovertida joven representaba.

A nadie le extrañó que Nicholas Woods le sustituyese. Pero parecía como si a todos ellos les molestase. Eso era lo que sería el cazador, un sustituto. Nunca un capitán. Era como si nunca fuese un merecido capitán, a pesar de su destreza. Como si todo el mundo esperase a ver el rostro de una pelirroja con piel pálida pero aire africano, y se encontrase con el delgado y apuesto Woodss. Miró en un segundo a las gradas, buscando a su novia -eran de esas parejas que parecía que siempre estarían juntas, algo que Lily Potter particularmente aborrecía- Dominique Weasley, quien estaba distraída mirando a la nada.

Se centró en los cazadores. Escuchó rumores de que aquel trío estaba pactado. Que nadie se atrevería a discernir. Y a Lily Potter le causaba tanta sorpresa que no tenía palabras. El conjunto Nicholas Woodss, Scorpius Malfoy y Rose Weasley parecía una simulación. Había hablado pocas veces con Malfoy. Sabía que era el mejor amigo de Albus. Que James lo toleraba. ¿Pero que pudiese estar cerca de Rose Weasley sin amenaza de muerte? Era algo sin precedentes. ¿Quizás era por su apuesta apariencia física?

Al pasar al turno de los golpeadores, sintió como Fred Weasley, el cual sin duda alguna sería uno de los elegidos, miraba a los demás aspirantes con el rostro ensombrecido. De nuevo,el otro golpeador sería un sustituto de Roxanne. Nicholas Woods sabía que no era solo el hecho de que fuese su difunta hermana a la que tuviesen que encontrar un sustituto, el problema en cuestión. Los golpeadores necesitaban tener una conexión especial. No había que salir de Hogwarts para compararlo con los grandes equipos del Quidditch. Fred y Roxanne, hermanos. Al igual que fueron Fred y George. Al igual que Tom y Peter McGregor. Esperó encontrar a alguien así. Susan Jordan tenía la conexión. Sabía jugar, golpear y era hábil. Pero no era Roxanne Weasley. De hecho, solo su hermano la igualaba. Había otros dos candidatos además de Jordan: Rolf Rogers y Quim Sheppard. Rogers tenía más técnica que Jordan y Sheppard más fuerza. Pero de nada le servía si no se entendían con el otro golpeador. Jordan iba a sufrir sus entrenamientos. Tenía un potencial que explotar.

Elegir al guardián era lo más sencillo. Beatrice Fenwick era infranqueable. Camrin Trust, a pesar de tener una constitución corporal más adecuada para el puesto, no tenía la rapidez y los reflejos que poseía Fenwick. Ni la fiereza. Ni la fuerza que aquel año estaba mostrando.

James Sirius Potter parecía ser el único buscador. Sintió cierto orgullo hacia su hermano, quien, según oía al resto del sector femenino de Gryffindor, estaba bastante calmadito aquel año.

-¡Buenos díaaaas!- su gritó hizo rugir las gradas. Pero Woodss notó que no tenían el entusiasmo que hacía un año Roxanne les había ofrecido. No era Roxanne. Él era un muchacho de pocas palabras. Y no solo eso. Gryffindor lo detestaba por su comportamiento el año anterior.- ¡James Sirius Potter seguirá siendo el buscador de los leones! ¡Y los cazadores con los que disfrutaréis seremos Scorpius Malfoy,Rose Weasley y yo, Nicholas Woods!- sabía que aquella decisión le causaría problemas en los primeros entrenamientos.- Espero que la pareja de golpeadores no os sorprenda mucho… ¡Fred Weasley y Susan Jordan! Y para acabar… ¡La implacable Beatrice Fenwick como guardiana de Gryffindor!

El público amaba a aquel equipo. No había nada como siete personas jugando al Quidditch que todo el mundo conocía. La estrategia de Nicholas para elegirlos no era solo que fuesen brillantes. Sino que fuesen personas que estuviesen de lleno en ese deporte. Sabrían jugadas que quizás él no. Estrategias. Técnicas. Sabrían faltas que hacer sin que nadie se diese cuenta. Eran herederos del Quidditch. El legado de los anteriores Gryffindor. Y, sobre todo, tener a personas conocidas lo legitimaría en su decisión. No podía causar ninguna controversia. Aún.

Los nervios de Lily aumentaron cuando vio a su hermano Albus preparado para la prueba de buscador entre los hermanos McOrez. Al parecer, le había costado decidirse. Fue su hermano James el que casi que lo obligó a presentarse. Había escuchado la temible reputación que estos tenían. No ayudaba el hecho de que Zoe tuviese cara de depredadora a punto de asesinar a su presa, ni de que Frank mirase a Albus como deseando que se cayese de la escoba. Albus parecía estar inquieto. Pero tenía en los ojos una llamarada de vencedor.

Cuando el capitán de los Slytherin, Greg Zabini, liberó la Snitch, nadie del público supo decir quién era más rápido de los tres. Lily les perdió entre las nubes.

Zabini, el guardián que aquel año se había propuesto ganar al cancelarse la final con Gryffindor por la muerte de Roxane el año anterior, les enseñó un gesto de suficiencia. Frank era despiadado, tenía técnica, era sagaz.Albus tenía la fuerza suficiente para ganar, era hábil y sumamente rápido. Sabía que la decisión estaba realmente entre ellos dos. Al ver aquello, Lily Potter temía que la presencia de Zoe Badmood significase un problema para su hermano.

Lily Potter despegó la mirada de las nubes. Puso su atención en los demás aspirantes.James le había prevenido de cuál iba a ser el equipo. Renata Driggs seguiría como golpeadora, y, a pesar de que desgraciadamente Héctor Brown había abandonado al equipo aquel año,Isabella Zabini parecía ser la candidata perfecta, a pesar de no congeniar fuera del campo con Driggs. En cuanto a los cazadores, para su disgusto personal, el trío de Derrick CollingWoods, Amelie McMillan y Tim Parkinson eran demasiado buenos. Aunque en muchos entrenamientos se quejase de la puntería de estos, lo cierto era que rara vez fallaban. Bajo presión eran excelentes.

Albus Potter no había visto ni un destello de la Snitch. Las lentillas eran un fastidio. Aunque sin ellas, probablemente vería menos. Los hermanos que acechaban su puesto habían desaparecido entre la niebla. No podían hacerle daño en Hogwarts. Se paseó un tiempo más entre la niebla y decidió volver al campo.

Vio la escoba de Frank Badmood descender a pocos metros de él.

Y también vio el destello de la Snitch cerca de un aro.

Sabía que McOrez también la había visto.

Se pegó lo más cerca al palo de su escoba que pudo para ganar más velocidad. El viento no le molestaba en los ojos porque llevaba gafas. McOrez le seguía paralelo.

Él era más rápido.

La Snitch descendió rápidamente.

Sintió la adrenalina.

La tenía cerca.

Tan cerca.

La rozó.

A su lado, McOrez le empujó ferozmentey ambos se desestabilizaron de sus respectivas escobas.

Albus había dado una vuelta y se agarraba con una mano de la escoba. El vacío ante sus pies. Observó cómo Frank estaba en la misma posición que él. Se lanzaron una mirada asesina.

La Snitch pasó entre ellos.

Albus se dirigió hacia ella agarrado con una mano a la escoba, corriendo con el viento. Parecía ir a cámara lenta de lo rápido que iba su escoba.

Frank McOrez se agazapó a la escoba y fue tras la Snitch boca abajo.

Que ganase el mejor.

Justo cuando Albus iba a coger la Snitch y proclamarse victorioso, Zoe McOrez apareció y chocó con su escoba. El joven Potter se observó así mismo con horror. Se había soltado de la escoba.

Caía empicado.

La Snitch pareció haber seguido su recorrido.

Frank descendía justo al lado de Albus. Este, aprovechó para agarrarse a la escoba de su enemigo. El joven se asustó y sacudió molesto su escoba, centrado en atrapar la Snitch.

Albus buscó su escoba con la mirada. No la encontraba. Veía el suelo tan cerca. Pero estaba agarrado débilmente de la escoba Frank.

Todo sucedió a cámara lenta.

Cuando Frank, con Albus a la cola de su escoba, iba a alcanzar la Snitch que estaba casi rozando el suelo; el muchacho de pelo azabache y ojos de color esmeralda se soltó de la escoba desde una altura de dos metros y se estrelló estrepitosamente contra el suelo.

Albus no sabía cuántos huesos tenía rotos.

Frank McOrez lanzó un grito de victoria.

Todo el mundo decía que Dominique Weasley era una chica sencilla. Predecible. Delicada. Seguían diciéndolo todo el maldito tiempo. No precisamente la clase de muchacha que deja huella en la Historia de la Magia. A no ser, por supuesto, que fuese por su belleza. Todos los alumnos de Hogwarts esperaban que tras aquel último año en el colegio, eligiese una profesión adecuada. Que encajase con su vida perfecta junto a su novio de -parecía ser- toda la vida, Nicholas Woods. Probablemente algo que demostrase su generosidad. Después de todo, estaban hablando de Dominique Weasley, tan frágil como una rosa. Tan delgada como una espiga. Tan pura como una rosa blanca. La mayoría de los alumnos suponían que sería Sanadora en San Mungo. De esas que los pacientes deseaban que les atendiesen por el aroma de su voz. Eso también lo había creído Woodss.

Nadie se esperaba que Dominique Weasley -¡finalmente para ella! -cortase su relación con Nicholas Woods aquella borrosa mañana demediados de octubre.

Ni siquiera el propio Nicholas.

Se respetaban. Tenían planes de futuro. Se querían. O eso había pensado siempre el muchacho, que quedó destrozado tras las palabras de la dulce Dominique. Pero Dominique estaba cansada de él desde el año anterior.

«No creo que esta relación nos lleve a ningún sitio. No quiero seguir siendo tu novia. No te quiero, Nick.»

Afortunadamente, Nicholas era el único que había oído esa afilada sentencia. No había llorado por orgullo. Pero su garganta estaba hecha jirones. No podía dejarlo así. No tenía ni pies ni cabeza. Amaba a Dominique. Era la mujer de su vida. Ella supuso que quizás había podido recuperar al Quidditch, pero no conseguiría engañarla de nuevo. No se dejaría hechizar por su aparente encanto. No.

Los pasos decididos de la muchacha caminaban por los pasillos del castillo a la par que los susurros aumentaban.

Dominique Weasley sabía a la perfección que nadie en el colegio se esperaba aquella decisión.

¡Cómo si alguien la conociese de verdad! ¡Cómo si todo lo que contaban de ella fuese cierto!

Todo el mundo decía que era la más delicada y elegante de los Weasley. Era completamente cierto que era la joven que tenía la figura más delgada y bonita -más que su hermana Victoire en aquel momento, dese luego- y que tenía unos movimientos elegantes -muchos decían que parecía una bailarina de ballet cuando andaba. Eso, en cambio, no significaba que por regla, ella fuese tan femenina que respiraba perfume en vez de aliento a cereales por la mañana. Cuando llegó a Hogwarts, todos la trataban como una pequeña princesa. También su familia. Ella simplemente se acomodó a ello. Se encasilló como una niña bonita -como lo había sido siempre Victoire. Nicholas Woods, el muchacho más apuesto de su curso, le pidió salir. Parecía que estaba claro que ella iba a aceptar, de hecho, tenía algo más que la bendición de su hermana. Su insistencia. Y lo hizo. Porque nunca había tenido pareja. Y había visto el cambio de personalidad que había hecho mella en Victoire tras iniciar su relación con Ted Lupin -deniña estúpidamente arrogante a la más generosa de todas.Sin embargo, el ser la novia de Woodss hizo que su posición como niña bonita se acrecentase. Todo el mundo parecía saber lo que haría Dominique. Cómo se comportaría. Al principio, simplemente se acomodó a ello. Se encontraba tan segura en su zona de confort que pocas veces pensaba en lo que realmente quería.

Había tenido que esperar hasta su último año en Hogwarts para hacer lo que quisiese. Era algo que tenía planeado. Si sanar y curar al joven no funcionaba. Los centauros habían apoyado su decisión. No quería a Nicholas Woods. Nunca lo había amado. No le miraba como Victoire miraba a Ted. No le dolía su ausencia. Le tenía un cariño infinito. Lo protegería de todos los males. Lo veía atractivo y admiraba su fuerza de voluntad. Sabía que a él le dolería más la ruptura. Pero era un impresentable. Desconsiderado. Intolerante. Egocéntrico. La oprimía.

Ya no. Era libre.

Haría lo que de verdad quería. Y no era para nada ser Sanadora. No lo veía interesante. Tampoco haría como su hermana y tendría familia justo después de Hogwarts. Dominique no se veía para nada como madre. Había estado demasiado tiempo atada a lo que se esperaba de ella, que por fin había estallado su verdadera personalidad. Dominique era algo tímida, quizás eso era lo que otra gente interpretaba como delicada. Pero también era independiente. Soñadora. Inteligente -era la que mejores notas tenía de sus hermanos. Impulsiva. Noble. Y, sobre todo, le apasionaban las criaturas mágicas. Dragones. Banshee. Veelas, ¡ella misma tenía sangre veela por su bisabuela! Kelpie. Sirenas. Unicornios. Hipogrifos. Licántropos. Centauros.

Los pasos de Dominique se hicieron más rápidos mientras se dirigían a la lechucería.

Quizás la joven sí había querido a alguien. Hacía tiempo. Cesó cuando comprendió lo imposible que era.

Ted Lupin.

Era sencillamente perfecto. Desde pequeña jugaba con ella. Le hacía reír y gastaban bromas juntos. Se embarrizaban en barro y coleccionaban gusanos. Lo adoraba desde que tenía uso de razón. Pero el joven de pelo de color impredecible siempre había tenido sus ojos puestos en los movimientos de Victoire. Y Dominique lo sabía. Les quería a los dos. Y los admiraba juntos.

Eso solo lo sabía su hermana. A pesar de que, como normalmente ocurría, la debería odiar. Dominique no lo hacía porque el amor privaba a una persona de libertad de elección. Además, incluso si no eran carne y hueso, Dominique quería a su hermana.

La carta que iba a mandar era para ella. Comunicándole que había dejado a Nick. Ella apreciaría su decisión. Le diría que ya era hora de dejar a ese chico, que más tarde le haría más daño. Lo sabía, pues esa había sido su valoración aquel verano. En el que vio sumamente cambiada a su hermana. Como si ambas se hubieran liberado de algo.

El novio de su hermana apareció tras la esquina del pasillo que comunicaba con la torre oeste del castillo. Sonrió al verla. Sus cabellos eran morenos y parecía un mago no metamorfo. Iba acompañado por un joven -de mayor edad que Ted- que le recordaba a algunos pasajes de su infancia. No los mejores.

-¡Dominique!

Ella tuvo que detener su ritmo para no pasar a lo largo.

-Hola, Ted.- miró a su acompañante. Vestía de negro como los aurores. La joven frunció el entrecejo. ¿Qué hacía un auror en Hogwarts?

-Soy Alex Moonlight.- le tendió la mano educadamente. Sabía que trabajaba para su tío Ron desde hacía dos o tres años. Se presentó cómo si no hubiera coincidido con ella en el Cónclave de Aurel el año anterior. - Tú debes ser la hermana de Dominique… Sois como dos gotas de agua. Aunque ella está gorda ahora mismo, claro.- su sonrisa llenaba toda su cara.

Aquello le molestó.

Miró a Ted.

-¿Qué hace un auror en Hogwarts?- tenía razones para alarmarse, evidentemente.

Los jóvenes se miraron entre sí. Tenían, de pronto, un aspecto más serio y más profesional. En aquel momento, Ted ya no era el novio de su hermana y estaba con un amigo. Se trataba de un auror y su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

-Nada.- aclaró Moonlight con un tono confidencial.-Vengo a ver a un viejo amigo.- pero el tono era más de amenaza hacia Dominique.

La joven le miró inquisitivamente. Como intentando descubrir el misterio que el amigo de Teddy escondía. Para ella, no solo era un auror del Departamento de Seguridad Mágica. También era representante de una comunidad de licántropos. Y pertenecía al Comité sobre el Ojo que había formado Richard McKing. Aunque rara vez asistía. Y si aquello, que más bien era confidencial, lo sabía, era gracias al descuido de su tío Charlie. La pregunta era: ¿qué hacía él allí?

Fugazmente le vino una advertencia de su tío Charlie.

-Oh, Merlín…-musitó Dominique.- ¿Está Minerva…?

Las manos de Ted taparon rápidamente la boca de Dominique. Ninguno esperaba que la joven supiera aquello.

-No querrás que cunda el pánico, ¿verdad?- señaló Ted mirando fijamente a Dominique.- No menciones su presencia aquí y todos estaremos a salvo.

La muchacha pudo respirar entonces con normalidad. Les miró a ambos.

-¿Él se queda aquí?

A la joven le gustaban las criaturas. Pero no ese licántropo. Sabía que de alguna forma había controlado su comportamiento. Que era un auror, y por lo tanto una persona que transmitía seguridad. Pero para Dominique era la pesadilla de una niña asustada. Y, ahora, el recuerdo constante de que nadie estaba a salvo en Hogwarts. Ni siquiera su directora.

-Sé una adulta, Weasley, tu tío Charlie te habrá enseñado a mantener silencio- puntualizó Moonlight, con una media sonrisa.

Dominique se estremeció. Miró a Ted en busca de apoyo y seguridad. Ted la miraba con algo de preocupación. Estaba realmente atractivo con el pelo negro. Sus ojos tan intensos…

-Entendido. Os ignoraré a los dos.

Realmente no tenía por qué ignorar a Teddy. Solo a Moonlight. Comprendía que era por la seguridad de los alumnos por lo que Moonlight patrullaría los pasillos. No querría encontrárselo sola en un pasillo. Se vaticinaban pesadillas en las que unas garras llenas de sangre sacudirían su mullido colchón.

En ese momento se dio cuenta de que la respuesta cortante que les había ofrecido no era propia de ella. Era más bien de la Dominique liberada.

-Oye, Dom…- la llamó Ted por el apodo que solo él, Victoire y Louis le reservaban.- ¿Estás bien? Me he enterado que has cortado con Woods… Me creía que estabais muy bien, ¿sabes? Parecíais felices.

El joven profesor estaba preocupado por ella. Por supuesto que se había enterado y pensaba que era una noticia fatídica. Ted miró a Moonlight, esperando que estuviese impaciente por irse y dejar los amoríos juveniles de su cuñada. Efectivamente.

-Bueno, Teddy, no todas las relaciones son como la tuya con Vic… ¡No todas duran para siempre!- dijo con algo de sarcasmo el propio Moonlight.

Ted le recriminó con la mirada y Dominique rio secamente.

-Ya has oído a tu amigo.- comentó la joven mientras se separaba de ambos.- Podéis conspirar y todo lo que queráis…Adiós.- siguió con sus pasos rápidos su trayecto hasta la lechucería.

Los jóvenes se quedaron un rato parados. Moonlight se encogió de hombros, pero Ted miraba aun la estela de la joven, con preocupación.

-¿Qué pasa?

-Nada, es solo que… Dominique es normalmente más dulce. Más educada…No tan…

-¿Ácida?

  • Moonlight bufó. No la Dominique Weasley que él había conocido en el Cónclave.- ¿Quizás es porque ha cortado con su novio? No intentes comprender la compleja mente de esa especie humana, amigo.

-Soy su medio hermano, debería ayudarla o algo, ¿no?

-No creo que precisamente esté buscando tu ayuda.- puntualizó Moonlight mientras instaba a su amigo a seguir andando.- Es más, creo que si la ignoramos, le haremos un favor.

Ted le riñó con la mirada.

-Eres un insensible.- siguió el ritmo de su amigo, procurando no pasar por zonas muy concurridas en las que todos se diesen cuenta de que Moonlight era un auror. Estaba esperando que llegase la ropa normal de su amigo. Por muy escasa que fuese.- Por cierto, no esperaba que Dominique te recordase.

No era su pasatiempo favorito ocultarle cosas a su mejor amigo.

-¿Cómo no va a recordar a un atractivo joven que se convirtió en licántropo justo delante de ella cuando era una dulce pero irritante y molesta niña?- ironizó- Por no mencionar la crisis que sufrió el apuesto hombre lobo que hizo que el héroe de su infancia, Ted Lupin, estuviese hecho añicos.

-Moonnie…

-Sí, yo creo que esperaba que me recordase.- añadió secamente.

-No tienes por qué recordar eso y lo sabes.- Ted estaba bastante serio.- Sucedió y punto.

-Cómo tú no te tienes que culpar…- vaciló su amigo. Después lanzó una bocanada de aire. Y le miró.- Eres el mejor amigo que una persona desagradable como yo puede tener.

-¿Ahora te me vas a poner tierno?

Filius Flitwick se paseó por la sala inspeccionando el avance de sus alumnos de cuarto en el encantamiento Convocador. Realmente algunos parecían muggles pronunciando un hechizo. O mancos usando varitas. Destacaban algunos. Quizás porque aquella clase la compartían Ravenclaw y Gryffindor.

-Accio- dijo Fred Weasley como imitando el acento italiano.

Flitwick rodó los ojos. Realmente un espécimen imposible. No lograría convocar nada en su vida. Menos mal que tenía buenas piernas.

-Es AK-eee-oh- señaló James Potter con suficiencia mientras convocaba el libro de Encantamientos de su amigo.

-Bien hecho, Potter.- la menuda figura del profesor se paró para alzar la voz.- El Encantamiento Convocadores un encantamiento que hace que un objeto que está a distancia de quien lanza el hechizo vuele hacia sus brazos. No para que tirarlo, señorita.- comentó dirigiéndose a Tom McGregor.- El nombre Accio viene de la batalla de Accio entre el emperador Augusto contra Marco Antonio y Cleopatra. Fue Augusto, como deberíais saber, el que triunfó en el campo de batalla gracias a este hechizo. -rodó los ojos cuando Jordan se exasperó con la varita y se la lanzó a James diciendo que sabía hacer el hechizo sin ella.- El Encantamiento Convocador no puede ser usado sobre edificios, deberíais ser unos magos muy poderosos como para lograrlo. Además, no funciona en la mayoría de las cosas vivas, nada de transportaros entre vosotros, y en las pocas que sí lo hace generalmente no son consideradas dignas de ser convocadas, como los gusarajos. Mientras más lejos esté el objeto escogido del lanzador, más difícil es convocarlo. Aunque, realmente no importa lo lejos que el objeto esté, siempre que el mago lo visualice con claridad en su mente, debería ser capaz de convocarlo con facilidad. Existen contrahechizos que pueden ser colocados en objetos para prevenir que sean convocados, pero no creo que alguna vez se os de la oportunidad de usarlos, puesto que la mayoría de los objetos mágicos vendidos en el siglo 20 y principios del siglo 21 han sido previamente encantados con hechizos antirrobo para evitar que sean convocados por nadie más que sus legítimos dueños.

-¡No se fía de nosotros, Flitwick!- comentó James.

El profesor ignoró aquello.

-Tendréis varias clases para practicarlo antes de hacer exámenes individuales. Este es el fin de la clase.- todos los alumnos guardaron sus cosas rápidamente.- Si hubieseis aprendido algo de esta clase, hubieseis recogido vuestro material con Accio…Cómo se degeneran las generaciones….

James soltó una carcajada al salir de clase mientras veía los rostros frustrados de sus amigos. Hizo el encantamiento para convocar sus túnicas y acercarlos a él. El muchacho no lo controló bien y acabaron haciendo un sándwich.

-Genial, James…- Fred fingió admiración mientras se removía para ayudar a Susan a levantarse de encima de él.

-Eres taaaan pedante.- le dijo Susan.

James simplemente volvió a reír.

-¡Oh, venga ya! ¡Por algo que se me da bien! - aquellas semanas estaban siendo una alegría para James. Tenía que ser él el eufórico del grupo para hacer llevadero el curso a Fred. Susan le seguía aquel entusiasmo antes de que Woodss la quemase con los entrenamientos. El joven Potter estaba feliz, e incluso hacía algunos deberes. No pensaba en lo que había fuera de Hogwarts porque estaba demasiado ocupado intentando despejar la turbulenta mente de un amigo que buscaba pelearse con todo aquel que se ponía en su camino - ¡A por el Quidditch!- el joven saltó y siguió su camino hacia el campo de Quidditch.

Susan puso los ojos en blanco.

-¡Oh, sí, por favor!- Fred miró a su amiga con sorna.- ¡Cómo sino tuviese suficiente con levantarme cuando vosotros os vais a la cama!- sus amigos se rieron.- Reíd, prodigios del Quidditch, reíd mientras podáis.

La muchacha les fulminó con la mirada, pero no pudo evitar sonreír.

-¡Potter!- le llamó alguien a sus espaldas.

La muchacha de figura delgada y ojos de azul celeste le buscaba entre varias túnicas de Gryffindor. Al alcanzarle, se quedó callada. Seguramente por la presencia de Fred y Susan. Brooks solo conocía a James, de algún que otro encuentro en relación con el peligroso exterior. Sabía que fuese cual fuera lo que aquella muchacha quería de él, trastocaría sus días de aparente armonía. Sobre todo si lo último que le había dicho en persona era que iba a morir.

-Decidle a Woodss que si tardo puede poner a Malfoy en mi lugar.- Fred y Susan asintieron y se dirigieron al campo de Quidditch sin decir una palabra.

-Espero no haber interrumpido nada importante.- parecía sentirse incómoda en aquella situación.

-Oh, no- James le sonrió.- Simplemente voy a llegar tarde al entrenamiento. Puedes acompañarme, si quieres, no quiero que me castigue sin jugar de verdad…Con la condición de que no me traigas malas noticias, claro…-bromeó, quizás tanteando el terreno.

Brooks asintió rápidamente. Y, acto después, ladeó la cabeza dudosa.

-Voy al grano, tampoco quiero molestarte mucho… - Ambos comenzaron a andar siguiendo el rastro de los amigos del joven.- Este verano estuve probando una forma para ver el pasado en la bola de cristal. No sé si funcionó o vi el futuro- se aclaró la garganta.- Seguramente habré visto el futuro. Vi a tu prima, Rose Weasley.

James la miró con una ceja alzada. Definitivamente aquella muchacha tenía un problema con su obsesión por la Adivinación.

-¿Eso es algo malo?

-Yo diría que sí.- dijo con tono decidido. James se llevó la mano al pelo y lo despeinó. Adiós al James reformado. - Estaba en una bañera llena de sangre e inconsciente. Y había alguien, que no pude ver bien, ahogándola. James, tu prima está en peligro. Ya sé que no confías mucho en esto de la Adivinación… O que al menos no te gusta…Pero…

-Lo sé- el rostro de James se había vuelto serio. Asimiló aquella información. Sus músculos se habían tensado. - Puedes venir conmigo al vestuario y contárselo.- Brooks dio un respingón. - No vas a ver nada raro en el vestuario.- añadió algo azorado.

La joven asintió rápidamente. Un silencio incómodo se coló entre ellos durante unos segundos.

-¿Qué tal tu verano, Potter?- rompió el hielo Brooks.

El joven la miró y soltó una breve risa.

-Puedes llamarme James, ¿sabes? - la joven vaciló.- Pues bastante bien, creo que te sorprendería saber que he practicado muchos encantamientos… Así que seré un alumno avanzado.- lo comentó con orgullo. No era algo que soliese decir a sus compañeras de clase. Aunque con ellas no solía tener conversaciones más allá del tonteo. De hecho, las conversaciones que tenía con Brooks no las tenía con nadie más. Afortunadamente.- ¿Y tú? - lo preguntó con sincera curiosidad.

La joven le miró. Más bien le examinó. James notó cómo observaba el cambio de estilo que tenía, su cabello algo más peinado, y su uniforme no hecho jirones.

-Estudiando, he estado estudiando.- el joven sonrió como si ya lo supiese, lo que molestó a Brooks.- ¿Sabías que estoy matriculada en una escuela muggle además de en Hogwarts? Eso supone tener el triple de asignaturas que cualquier alumno.- las cejas de James se alzaron. Estaba tanto sorprendido como admirado. - Si algún día quiero ir a la universidad, con el título de Hogwarts no podría hacer nada…

James la miró con extrañeza.

-¿A la universidad? ¿Por qué?- realmente era algo muy peculiar. Todos los alumnos de Hogwarts normalmente aspiraban a vivir en el mundo mágico. Él mismo sería auror. Su hermano era más de ambiciones políticas. Y estaba seguro que Lily también quería ser auror. - ¿Más estudiar?- soltó una breve carcajada que hizo sonreír irremediablemente a Brooks.- ¿Qué estudiarías?

La joven se encogió de hombros.

-Me gusta la Ingeniería y también el campo de la Biología. Derecho. No lo sé, aun me quedan muchos años.- la muchacha se sonrojó. - Tú quieres ser auror porque es lo que te han inculcado. - Razonó.- Yo intento no cerrar ningún campo.

Desde que descubrió la sabiduría de aquella joven, James la admiraba. Le recordaba a su tía Hermione. Por lo que veía, podía ser incluso un mayor prodigio. El joven sabía que él no tenía una gran mente. Y realmente envidiaba a las personas que, como Brooks y Rose, eran trabajadoras a la par que inteligentes. Resolvían conflictos en segundos. James admiraba a esa clase de personas. Él aspiraba a ser así algún día.

-Y tampoco cierras el campo de la Adivinación.- comentó con una media sonrisa el joven.- Eres igual de odiosa que mi prima Rose…No te ofendas, es solo…No quería decir odiosa en ese sentido…Sino…

Fue interrumpido por la risa cantarina de Brooks.

-Oh, mira ahí está tu prima Rose.- la señaló débilmente y fue hacia ella dejando a James en una burbuja de palabras. -¡Rose Weasley!

La pelirroja cabellera se giró hacia ellos. Sonrió y se acercó a los Gryffindor.

-Hola, Cornelia.- la joven abrazó a Brooks. Reparó en la mirada asombrada de James.- Las empollonas nos conocemos entre nosotras…Además, me ayuda este año con Adivinación que es un martirio y una asignatura inútil y carente de significado en mi opinión.

-Pues entonces va a ser difícil decirte una cosa.

-¿Por qué? ¿El qué?- les miró a ambos interrogantes.

La joven de ojos celestes miró a James, algo indecisa.

-Brooks ha tenido una visión de ti en una bañera llena de sangre mientras alguien te ahogaba y tú estabas inconsciente.- confesó el joven en voz baja para evitar que el resto les escuchase.

El rostro de la joven se tensó. Les miró a ambos en una mezcla de temor y preocupación.

-No sé si es futuro o pasado, realmente…

Rose se llevó la mano a la boca. Y cerró los ojos fuertemente. Al abrirlos una furia llenó sus ojos. Estaba realmente seria.

-¿Rose? ¿Era del pasado?- inquirió James, atónito.

-Ni una palabra de esto a nadie.- le amenazó con la mirada como si de una asesina se tratase.

-¿¡Qué!?- James intentó cogerla del brazo. Rose se separó fuertemente de él asestándole un golpe en el pecho que realmente le dolió.

Brooks observó cabizbaja la escena.

-Lo siento, Rose.

La aludida se arrepintió en seguida de su impulsivo comportamiento. Respiró hondo. Se apartó un mechón de pelo de la frente.

-No os preocupéis por mí. Sé cuidarme sola.