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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 7
Bala perdida
Capítulo 6: Bala perdida
-No puedes hacernos esto -exigió sin fundamento alguno Fred Weasley, apoyado por todo el equipo de Quidditch de la Casa de Gryffindor que acababa de ser seleccionado.
Los murmullos no conformes a la decisión de Roxanne Weasley se apoderaron del grupo y no dejaron a la joven imponer su voz sobre la de ellos. Tuvo que mirar significativamente a la que había sido elegida guardiana, Alexandra Knopf.
-¡GRYFFINDOR! -bramó, llamando la atención y llevándose con su mirada las palabras creando silencio. -No sé qué os pasa con el chaval este... Pero, en mi opinión, es bastante bueno como buscador y sería estupendo tenerlo de suplente de Potter como buscador.
-¡Pero es un Malfoy! -recordó Nicholas Wood, el elegido cazador, como si aquello fuese motivo suficiente como para repudiar al joven que había decidido abandonar el vestuario con un simple <> a Roxanne Weasley tras haber anunciado esta su decisión. -Acaso no recuerdas el daño que su familia le ha hecho a la tuya...
-¡Seguro que es un neomortífago! -acusó Adam Montrose, quien junto con Wood y el reservado Raghnaid Shaw completaban el elenco de cazadores del equipo. -Primero es elegido Gryffindor, y después entra en el equipo de Quidditch... ¡Tienes que impedir esta atrocidad, Weasley! ¡No podemos manchar nuestra Casa con su nombre!
Roxanne Weasley puso los ojos en blanco y se llevó la mano a la frente, como si así se esfumaran todos al instante y no tuviera que lidiar con ideas tan arcaicas que aquel grupo tenía en la cabeza.
-¡Estamos en el siglo XXI y cada uno es libre de hacer lo que quiera! ¿Me escucháis? -Sentenció Roxanne Weasley -Sois iguales que aquellos a los que pretendéis evitar en nuestra Casa... ¡Así es cómo se empiezan las grandes guerras! Scorpius Malfoy será suplente de James Potter y es una decisión indiscutible.
Se formó un silencio sepulcral. Exceptuando a Knopf, cuyos orígenes muggles le habían privado de una historia y contexto que generaba prejuicios, y a Shaw, quien se encontraba en las mismas circunstancias; Roxanne Weasley sabía que ninguno de los demás haría la vida fácil a Malfoy en el equipo.
¿Pensaban que el hecho de ser Weasley la cegaría para ver el potencial innato del joven?
Al ver que ninguno de los miembros de su equipo procedía a quejarse de nuevo, dio por concluida la primera reunión y salió del vestuario sabiendo que su primera decisión como capitana del equipo había sido tan polémica que no dudarían en poner a prueba su liderazgo. No obstante, la Roxanne Weasley a la que se enfrentaban era lo suficientemente dura como para que unos niñatos con prejuicios minasen la ética del colegio. En ese momento, necesitaba el apoyo de solo una persona del equipo... Y sería el voto que más le costaría ganar: James Sirius Potter. Decirle al rebelde adolescente que Malfoy sería su suplente supondría declararle la guerra como capitana. Para él sería como amenazar su puesto si no se comportaba o cumplía con los entrenamientos. Potter era buena pero tenía poco compromiso, algo que el antiguo capitán, Teddy Lupin, había pasado por alto gracias a su indiscutible favoritismo, pero que ella no tenía previsto soportar. Todos eran iguales.
Se encaminó hacia la Enfermería. Ya no solo era una prima preocupada por el estado de salud de James, quien seguramente, con la jodida suerte que tenía, no tendría ni un rasguño; también era una capitana dispuesta a pelear con él si esa era la única forma de hacer entrar en razón a su apoyo fundamental.
-No sé si es buena idea que le digas a Potter, justo ahora, que Malfoy va a ser su suplente -comentó Alexandra Knopf alcanzando su ritmo mientras salían del campo de Quidditch.
Roxanne Weasley solía sentirse un tanto intimidada por aquella alta muchacha de pelo corto, rapado por el lado izquierdo, y cuerpo lleno de tatuajes. No obstante, no solía mostrarlo. Alexandra Knopf parecía mayor para tener diecisiete años y, sin lugar a dudas, sus ideas y su visión tan "muggle" del mundo le habían supuesto más de una enemistad a lo largo de su estancia en Hogwarts que aquel año llegaba a su fin. Al igual que le ocurría a Roxanne, no entendía por qué los prejuicios que se arrastraban desde la guerra seguían tan sólidos en las mentes de los jóvenes. Sentenciaban de por vida a aquellos alumnos cuyas familias se habían decantado por el lado oscuro en el pasado. ¿Qué culpa tenían los descendientes de las malas decisiones de sus antepasados?
-Si se entera por otra persona que no sea yo, no me lo perdonará nunca -le dijo segura de sí misma, pese a coincidir con ella en que quizás no era el mejor momento para tal noticia. -Y si se pone como todos los demás... ¡Que madure!
Knopf rio y la miró con cierta picardía que hizo revolver el estómago de la joven Roxanne.
-Desde luego eres una mujer de armas tomar... ¿Por qué eres la única de los pelirrojos que ha decidido ser tolerante?
La joven capitana del equipo sonrió algo avergonzada por aquel inesperado cumplido para ella, raras veces eran las que Alexandra Knopf concedía a alguien algún que otro atributo que no fuese tachado de indecente por prefectos o profesores.
-Te equivocas -se excusó. -No solo soy yo, mi prima Lucy y mi primo Louis son muy amigos de Christopher Nott, cuyos abuelos fueron mortífagos... Y mi primo Albus, el hijo de Harry Potter que fue seleccionado en Slytherin y por lo que se armó una gorda..., parece ser el mejor amigo de Malfoy. -Roxanne le sonrió algo nerviosa.
-Aun quitando esas excepciones... ¿Por qué todo el mundo odia tanto a los hijos de esos terroristas? Es decir, puedo entenderlo perfectamente... En el mundo muggle también hay terroristas y supongo que también repudian a sus hijos... Pero se sabe que Nott y Malfoy no han hecho nada, y que sus padres, pese a ser declarados simpatizantes del Lado Oscuro de la Fuerza, cambiaron de opinión y ahora están colaborando con el Ministerio...- Knopf soltó una risa algo sarcástica.- Entiendo que se odien... ¿Pero no se están pasando?
-El mundo mágico es un mundo pequeño y siempre ha habido roces entre las familias, algunas heridas hacen más daño que otras -dijo Roxanne Weasley a modo de respuesta. Recordó para sí que su padre y su tío Ron tenían una rivalidad especial con la estirpe de los Lestrange que quedaba viva.- Si una familia está enemistada con otra, lo estarán las generaciones de sus generaciones... Supongo que el odio no es tan político como tradicional... No te haces una idea de lo anticuado que puede llegar a ser el mundo mágico.
-Sí que me la hago...-murmuró Knopf mientras se pasaba las manos por el pelo. Llegaban a la entrada del castillo y Roxanne Weasley vio a lo lejos a su mejor amiga, Monique Jordan, quien parecía reacia a encontrarse con ella dada la imponente presencia de Alexandra Knopf. Ésta pareció percatarse de ello por lo que hizo amago de irse sin decir nada.
-Muchas gracias por tu apoyo con el equipo -se apresuró a decir Roxanne.
La joven Gryffindor giró su cuello, mostrando un exótico tatuaje de una flor, y le guiñó el ojo.
-Ya me cobraré el favor.
Roxanne Weasley enrojeció y anduvo rápidamente hacia donde se encontraba su amiga Monique Jordan, cuya expresión en el rostro le decía que estaba muy feliz por haber tomado la decisión de incluir a Malfoy en el equipo.
-Me haces estar orgullosa de ti, Weasley -le abrazó y ambas se dirigieron hacia la Enfermería. Roxanne Weasley no tenía que decirle nada a Monique porque ella ya sabía las intenciones de su amiga. De hecho, ella también opinaba que tenían que integrar a Malfoy en el Colegio y estaban muy en contra del acoso que sufría simplemente por su apellido. -¿Qué quería Knopf? -preguntó con cierta incertidumbre.
Roxanne se encogió de hombros.
-Digamos que a partir de ahora cuento con su apoyo.
La otra Gryffindor esbozó una "o" con sus labios.
-Vaya... ¡La necesitarás!- le animó mientras subían las escaleras que se dirigían a la Enfermería.- ¿Estás preparada para hacer frente a James?
Negó con la cabeza mientras ponía los ojos en blanco. A la larga se había convertido en su hermana mayor, por si no era suficiente con tener a Fred. Lo cierto era que, puesto que de pequeños James y su hermano siempre habían estado juntos, ella siempre había sido la encargada de que no se mataran con sus aventuras. Y le gustaba. No era como Teddy que se unía a ellos y los exculpaba... Roxanne proponía los castigos más crueles cuando no les hacían caso. No obstante, disfrutaba viéndolos felices porque les tenía un cariño infinito. Para ella, James Sirius Potter era el mellizo que Fred no tenía. Y eso lo convertía en su hermano... Pero las relaciones entre hermanos no siempre eran un camino de rosas.
James estaba en la camilla, con vendas alrededor de su costado, unos puntos de aproximación en la frente y una mano escayolada. En resumen: no estaba en condiciones de entrenar los primeros meses.
No había nadie a su lado que no fuera Madame Pomfrey, lo cual le supuso un alivio. Monique Jordan se detuvo en la entrada de la Enfermería y le dio un pellizco en el brazo como motivación.
-¡Cogí la Snitch, Roxanne! -exclamó James mientras se intentaba incorporarse. - ¡Tú vistes que fue Badmood! ¡Y si no lo vistes, lo debes intuir!
-No hay pruebas de ello... Pero lo sé, James.- dijo lentamente Roxanne. Su primo entornó los ojos, seguramente no era aquella la respuesta que esperaba.- Verás, las pruebas las has hecho muy bien... Pero tienes que reconocer que Scorpius también estuvo a punto de coger la Snitch a una velocidad impresionante...
-¡¿HAS ELEGIDO A MALFOY?!- Su rabia nubló los ojos y Roxanne tuvo que apartarse con precaución.
-Te he elegido a ti como buscador, porque sigues siendo mejor...- James bajó el puño y le miró más calmado esperando el "pero" de su prima.- Pero... He elegido a Malfoy como suplente.
-¿¡QUÉ?!
-Lo que oyes -determinó Roxanne.- El año pasado con Teddy faltabas a los entrenamientos... ¡A la inmensa mayoría de ellos! Porque te castigaban, porque te lo impedían tus planes o porque simplemente no te daba la gana... ¡Conmigo no vas a ser así, James! Cuando acumules más de dos faltas, Scorpius Malfoy ocupará tu lugar.
Recibió una mirada desafiante del joven que escuchaba escéptico las nuevas directrices de su prima.
-¿Esto es una estrategia de mi padre para que me centre en los estudios? Porque no lo va a conseguir ni aunque...
-No, James -le interrumpió Roxanne.- Esto es un incentivo de tu prima para que madures y te des cuenta de dos cosas: Primero, Scorpius Malfoy no se merece el odio de todo Gryffindor y, en segundo lugar, madura y deja de ser el niño que necesita la atención de sus padres porque están muy pendientes de Albus.
Aquello fue una bofetada en toda regla al orgullo de su primo que, en la opinión de Roxanne, era necesaria. La rabia se convirtió en llamaradas en los ojos del joven.
-No soy como soy porque necesito la atención de mis padres -le respondió, visiblemente dolido por aquel comentario.
-Demuéstramelo y reduce las bromas y las estupideces de niños pequeños... Ya tienes casi catorce años, James. -le recriminó. La mirada de James seguía desafiándole.- ¿Sabes? Si te he dicho eso es porque sé de qué hablo... Sé lo que es ver cómo tus padres idolatran a la encarnación de uno de ellos... En mi caso de un hermano y un ex novio muerto. - James bajó la mirada.- Y tú lo sabes también... No te conviertas en una bala perdida porque tú tienes una magia dentro que aún no conoces y que es sumamente poderosa.
-¿Me ayudará a aprobar Pociones? -preguntó con cierta ironía mientras perdonaba a su prima con la mirada.
-No pidas milagros...
-Sigo enfadado por lo de Malfoy, Roxanne... ¡Es imperdonable! ¿Cómo se te ocurre dejar que un mortífago entre en nuestro equipo? Solo espero que este año no esté Knopf... No puedo con sus comentarios... ¡Y ojalá hayas cogido a Wood! ¡Imagínate soportar a ese pesado un año más sin ser escogido! Ya sé que Teddy le tenía tirria... Pero de ahí a escoger a novatos que ocupen su lugar...
-Las decisiones de la capitana son incuestionables, Potter.
Cuando Ginevra Potter se despidió de su hija con un beso en la mejilla y ondeando su mano, Lily Potter se sintió libre del peso que el amor de su madre en ocasiones suponía. Dio media vuelta y se encaminó por los pasillos del colegio al que sus dos hermanos mayores habían ido y en el que aún debía permanecer los dos años siguientes. Suspiró. Después de casi un mes de la partida de James y Albus, ya hacía semanas que había dado comienzo al año escolar en el Londres muggle.
Y a ella no le quedaba otro remedio que asistir como si fuera una persona normal y corriente sin el conocimiento de que bajo su piel corría la magia por sus venas. No era nada fácil ser una maga viviendo en el mundo muggle. Al contrario, era la peor tarea del mundo. Como un castigo. Sobre todo cuando quedaban dos años para recibir la carta de Hogwarts y los poderes estaban haciendo sus primeras apariciones.
No saludó a nadie al entrar en la clase porque simplemente no se sentía cercana a nadie. Y porque no le apetecía. ¿Tenía que fingir que había tenido un verano de lo más normal haciendo cosas de personas sin magia? ¡Estaba cansada de eso! ¡Quería presumir de haber subido en una escoba por primera vez!
Decidió sentarse al lado de una niña de cabellos dorados algo rechoncha y con una cara tan dulce como todos los bizcochos que se habría comido para llegar a tal estado. Los niños a su alrededor se abrazaban o, siguiendo la línea general, se dedicaban a tirar bolitas de papel como si estuvieran en mitad de una batalla.
El profesor aún no había llegado.
De pronto, una bola de papel cayó directa en la cabeza de Lily Potter.
La niña se exasperó y rugió por dentro.
-Con cuidado -suplicó con cierto retintín mientras sacaba de su mochila el estuche y un cuaderno en blanco que servía para apuntar cosas sin sentido.
-¡Vamos a darle a la pelo zanahoria! -exclamó entusiasmado un niño refiriéndose a Lily, porque no podían ser más originales.
Con una sincronización insuperable en niños que comían mocos, una docena de bolas de papel del tamaño de una mano se dirigieron en su conjunto a la mesa de Lily Potter. La niña que se sentó a su lado se retiró corriendo del foco de aquellas balas y Lily simplemente miró a todos desafiándolos.
¿Cómo se atrevían?
Como si ella misma las hubiera embrujado, todas las bolas de papel se suspendieron en el aire.
Lily esbozó una sonrisa. Era ella. Estaba segura. No sabía cómo lo había hecho pero estaba segura de que había sido ella.
Las bolas cambiaron de dirección y se dirigieron a una velocidad vertiginosa hacia todos los niños que la habían lanzado, disparando esas bolas en la cara e incluso haciéndoles gritar de dolor. Lily Potter sintió un escalofrío. ¿Había sido ella? Miró a los niños de su clase. Uno tenía sangre de un corte con el papel. Todos les miraron asustados.
No tuvo otro impulso que el de salir corriendo del aula antes de que todos los demás la acusaran a ella cuando llegara el profesor. Corrió con todas sus fuerzas, asustada de lo que había pasado. ¡Asustada de su poder! Y salió por la puerta por la que hacía menos de diez minutos acababa de entrar. No había nadie a la vista, por lo que escapar de allí sería pan comido.
Solo necesitaba que su padre les borrara la memoria y así podía ocultar mejor su magia. ¿Le harían algo por aquello?
Se apresuró a abrir la verja del colegio pero no pudo. Tiró de nuevo y empujó. Tampoco.
Una sombra se apareció al otro.
Era un muchacho de cabello dorado y ojos despiadados que la miraba con curiosidad.
-¿No te han dicho que debes permanecer en el colegio?
Lily Potter lo observó.
-Me han dicho que no debo hablar con desconocidos. -le contestó con cierta irritación. -¿Podrías ayudarme a abrir la verja?- pidió irritada por tener que recurrir a ello.
-Estás más a salvo dentro, pequeña Potter.