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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 90

Sintió un leve cosquilleo en el estómago. Era un cúmulo de emociones, así como las náuseas que podía provocar un largo viaje con polvos flú. No había nada que le angustiara más que el saber que su cuerpo se convertía en pequeños átomos que viajaban por el espacio-tiempo a la velocidad de la luz con el simple hecho de rociar unos cuantos polvos azules sobre el suelo. Siempre habría preferido montarse en un dragón y deambular por el cielo. Todo lo demás era demasiado claustrofóbico, e incluso se podía perder un brazo si no hacías bien el hechizo. Incluso hubiese sido mejor un agobiante trayecto en avión. Aunque, por supuesto, los demás magos jamás la entenderían.

También era porque estaba extremadamente nerviosa: era su primera entrevista de trabajo. A un mes de terminar su curso escolar en Hogwarts y no volver nunca más, un auror anónimo o miembro del Ministerio le había ofrecido la oportunidad de su vida. Sabía que el anonimato se debía a que su familia era claramente influyente, siendo su padre Bill Weasley y perteneciendo a la familia Weasley- Delacour. Aunque aquello era más propio de su tío Charlie: prácticas en una sección del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas en Nevada, Estados Unidos. Desconocía aquel centro, cuyo nombre era Luperca, y no se imaginaba en absoluto qué clase de Criaturas Mágicas le esperaban dentro de aquella instalación que parecía sacada de una película de fantasía y ciencia ficción muggle. Hasta que Aurel le mandó una carta advirtiéndole sobre las criaturas que allí se entrenaban.

No se dio cuenta del tiempo que había transcurrido allí quieta hasta que una mujer de rasgos afilados y nariz aplastada y robusta, se acercó a ella con una media sonrisa. Rondaría los cuarenta años, vestía con unos ropajes apretados de cuero y era similar a una de los chamanes de las películas del viejo oeste.

-Mi nombre es Tala.- le indicó con un acento rasposo. Le tendió la mano para que fuese apretada por la de la joven.

-Mi nombre es Dominique.- Contestó ella a la pregunta indirecta, a la vez que apretaba con fuerza la mano de aquella mujer de enigmáticos ojos ambarinos.- He venido por la plaza que se me ha concedido para hacer prácticas…

Tala asintió, a pesar de que había cierta nebulosa en su expresión que indicaba que no conocía por completo el objetivo de aquella joven allí. Eso preocupó a Dominique, quien no quería volver a pasar por la horrible experiencia de viajar con polvos flú.

-Tu familia es el clan Weasley.- No era una pregunta como tal. La estaba examinando de arriba abajo. Cuando hubo acabado, y Dominique estaba lo suficientemente incómoda, le pidió con un gesto que la siguiera. La joven vislumbró el robusto cuerpo de aquella mujer y lo comparó con su figura frágil y delgada, sintiendo algo de timidez. Al entrar en el edificio de madera, se encontró con personas, sobre todo jóvenes, de todas las etnias del mundo que la miraban con algo de recelo. Todos esos muchachos o jóvenes adultos estaban desarrollados, eran corpulentos y sus expresiones estaban en tensión. Hubo un silencio que cesó cuando Tala miró hacia atrás.- Son como tú.

-¿A qué se refiere?

No se creía que aquella gente estuviese allí también de prácticas, parecía más bien una selección para entrar en el ejército. Aquello le hizo crecer una duda que le estaba carcomiendo el estómago: ¿Qué hacía allí?

Afortunadamente, Dominique se alejó lo suficiente de aquel cúmulo de gente que la intimidaba cuando Tala abrió lo que parecía un despacho. Todas las paredes eran de madera oscura y tan solo cuadros con motivos naturales adornaban las paredes. El que supuestamente era el despacho de Tala tenía un gran escritorio con motivos florales algo barrocos, que era lo único que llamaba la atención de aquel recogido habitáculo. Además de la mujer que es encontraba en una silla al lado de la que presidía la habitación. Tenía una mata de pelo rizado que le daba aspecto salvaje, los ojos eran grises y su rostro tenía una expresión algo animal.

-Mi nombre es Wakanda. -Se presentó, tenía la voz grave y un acento fuerte definitivamente de la América profunda. - Bienvenida a Luperca. ¿Sabes por qué estás aquí?

Dominique titubeó. En ese momento no tenía ni la más remota idea, se encontraba en un sueño en el que iba a un lugar misterioso y exótico.

-Vengo a hacer unas prácticas.- Wakanda se rio y recibió una mirada penalizadora de Tala. Ambas miraron a Dominique con cierta desilusión.- Creo que me ha mandado mi tío Charlie Weasley.

No le gustó recurrir a su prestigiosa familia para aquello y, de hecho, no obtuvo el efecto deseado. Wakanda negó con la cabeza dirigiéndose hacia Tala, quien se sentó en su silla mirando atentamente a Dominique.

-Ha sido un conceso entre tu familia y allegados. - Explicó simplemente y desechando la idea de que su apreciado tío Charlie había preparado todo aquello. Aquello no la tranquilizó.- Somos una institución que lleva existiendo desde la época de los primeros chamanes en América. Las Criaturas Mágicas a las que cuidamos son solo una especie: los hombres lobo.- Dominique asintió, no le sorprendió aquello, sino que le dio algo de más sentido al lugar.- Supongo que conocerá a Ted Lupin.- La joven asintió, mordiéndose el labio.- Él vino aquí recién transformado para encontrar paz interior y perfeccionar sus transformaciones para hacerlas voluntarias. Es algo contra lo que todos los hombres lobos del resto han luchado, menos los nuestros. Tenemos el conocimiento de nuestros ancestros para poder llevar eso a cabo.

-Pero eso no es todo.- añadió Wakanda con algo de misterio en sus palabras.- Para hacer voluntaria la conversión, los licántropos utilizamos algo que nos recuerde nuestra humanidad cuando adoptemos la forma de esas criaturas. Al principio, siempre es un objeto. Un recuerdo de la infancia, un amuleto… Cada licántropo es un mundo. Pero con el paso del tiempo, encontramos a alguien que nos recuerda nuestra humanidad: nuestra Nuna.

-A menudo, los Nuna son los hermanos humanos de los licántropos, puesto que la unión de sangre es mucho más fuerte que cualquier otra cosa. La relación de los Nuna con los licántropos es extraordinaria: pueden leerse el pensamiento, ver a través de sus ojos… Incluso pueden llegar a formar parte de la manada si la conexión es muy fuerte. También puede ocurrir que los Nuna sean familiares algo más lejanos con afección hacia el licántropo o con facilidad con el trato; o incluso amigos. Aunque estos Nuna no siempre consiguen esa conexión extraordinaria.

-Y luego están los Ajayu.- continuó Wakanda. Dijo aquella palabra con verdadero sentimiento, mirando hacia Tala con secretismo.- Solo ocurre cuando dos almas son capaces de fusionarse. Es el alma gemela de tu cultura. No solo pueden hacer lo que hacen los Nuna, sino que también pueden cambiarse el cuerpo, sienten lo que el licántropo siente.

Dominique sintió un cosquilleo en su estómago de la emoción: las criaturas mágicas eran fascinantes. Deseó ser un Nuna para poder experimentar todo aquello. O un Ajayu para poder ser licántropo. Aquella conexión era tan especial que la abrumó.

-Pero.- advirtió Tala.- Si uno de los dos muere, el otro también fallece. Es muy peligroso y arriesgado, además de que no es algo frecuente.

-Cuando un humano se convierte en licántropo, pierde la oportunidad de poder amar a varias personas. Es decir, solo hay una a la que podrá amar y de la quien no tendrá dudas de que será ella: el Ajayu. La mayoría jamás encuentra el suyo.

La mirada que se procesaron Wakanda y Tala fue suficiente para que Dominique entendiera que Tala era la Ajayu de Wakanda, quien claramente era una licántropa. Entonces, la joven entendió aquello porque Ted, hace unos años, le había comentado una teoría que estaba basada en realidad en aquel lugar. Le propuso crear una manada a la que fueran todos los licántropos recién convertidos, que aprendiesen a luchar, a ser una criatura mágica… Y que después volviesen a su vida normal, pero sabiendo que pertenecen a una manada, y por lo tanto no sintiéndose jamás solos en aquella desdichada existencia. Podía deducir que Wakanda era el Alfa de aquel lugar, aunque podría ocurrir que hubiese varios Alfa.

¿Era Victoire la Ajayu de Ted? Y si era así, ¿por qué nunca se lo había dicho? Sabía que Ted, según le había contado Victoire, estaba distante con su hermana… ¿Significaba aquello que Ted moriría sin saber quién era su Ajayu? Una pequeña y estúpida esperanza se asomó para Dominique, pero recordó que era imposible cuando aquel joven adulto jamás se había fijado en ella.

-¿Y qué hago yo entonces?

Wakanda la miró fieramente. No se había dado cuenta de lo osada que había sido con esa pregunta ante la Alfa de la manada de licántropos más grande del mundo.

-Estás aquí como ayudante. - Contestó pausadamente Tala, quien parecía ser la que equilibraba la tenacidad de Wakanda.- Te han traído porque puedes ser una Nuna.

El corazón de Dominique se aceleró a trompicones. De haber sabido la existencia de aquello antes, habría sido el sueño de su vida. Siempre había querido ser un jinete de dragón como su padre y su tío. Además, gracias a su genética era descendiente de criaturas mágicas. Le encantó saber aquello. Probablemente su entusiasmo empalagó a Wakanda quien la miró con algo de desprecio.

-Vas a ayudar a tu primo, James Sirius Potter.- anunció con una media sonrisa Tala.

-La manada lo llama Dasan, el líder. - Comentó con cierto orgullo Wakanda.- Cada vez que una persona se convierte, renace. Y nuestra manada le otorga un nombre, porque nunca volverá a ser James Sirius Potter.

Dominique asintió con sumo respeto, impresionada por que su primo se hubiese ganado la cualidad de líder cuando solo llevaba apenas unas semanas allí. Wakanda se levantó y Tala con ella. Indicaron a la joven que las siguieran. Salieron de la puerta y, en vez de volver a la entrada donde se encontraban todos aquellos jóvenes que esperaban ser Nuna, se dirigieron por un pasillo tortuoso. Wakanda lideraba el paso con grandiosidad.

-Ted Lupin fue nombrado Nitis, el amigo; y su amigo Alexander, quien vino cuando ya era un licántropo experimentado, fue nombrado Killa p'unchay, luz de luna. - Dominique sonrió, pues acababa de descubrir de dónde venía el apodo de Moonlight. -Si algún día consigues ser Nuna, la manada quizás te nombre de algún modo…

-¿Lo decide la manada? ¿Cómo? ¿Alguien propone el nombre?

Wakanda soltó una pequeña risa.

-Es más complicado que eso. La comunicación entre los miembros de la manada es sobrenatural, excepcional… Cuando se reúnen, todas sus mentes forman una, todos sus pensamientos se fusionan y solo queda una mente: la Manada.

Sus ojos se abrieron como platos. Cada criatura mágica era un mundo extraordinario.

-Desde aquí lo puedes ver. - Dicho aquello, Wakanda se transformó en un gigantesco licántropo de pelo cobrizo, cuya mirada de autoridad asustó a Dominique.

Ante la joven, quien se encontraba en una especie de balcón o palco, se encontraba un extenso campo de entrenamiento al aire libre en el que más de una veintena de hombres lobos luchaban, corrían o simplemente descansaban sobre la mullida hierba. Había licántropos de distintos tamaños, colores, formas e incluso había unos con más forma animal que otros que parecían más humanos.

Le llamó la atención un círculo que se había formado en torno a un hombre lobo de menor estatura que parecía estar sollozando. Su corazón se encogió. ¿Y si era James? Miró a Tala, quien también parecía preocupada al respecto. El joven licántropo se arrastraba por el suelo con un gran arañazo en su torso que no paraba de sangrar. El culpable, según se veía, era un hombre lobo negro y gigantesco que se imponía ante él y se mofaba del débil.

El lobo negro alzó una zarpa para acabar su tarea.

-Le va a matar…- susurró Tala, ante el estupor y el miedo de Dominique. El horror que se dibujó en ambos rostros llegó hasta los demás licántropos que se habían dispersado por la llanura.

De pronto, un hombre lobo marrón derribó de un salto al lobo negro. Dominique no apartó la mirada ni un segundo. Su corazón estaba en un expectante hilo, esperando a que le dijeran que su primo James se iba a poner bien. El lobo marrón fue lanzado por los aires. El negro fue a por él. Wakanda se interpuso ante ambos. Su rugido ensordeció a Dominique.

-El marrón es James, Dominique.- aclaró una voz grave y de hombre detrás de ella.

Killa p'unchay, te hemos echado de menos.- saludó Tala hacia Moonlight.

El joven guiñó el ojo a Dominique.

-Vamos, Dominique.- le dijo Moonlight, señalando la escalinata que les bajaba hacia el descampado. Esta negó con la cabeza, algo temerosa. Seguía temiendo a aquel hombre lobo.- Seguro que eres buena convirtiendo a James en humano…

A la joven se le removió el estómago. No era la primera vez que hacía aquello, y eso le dio un mal presentimiento. Sobre todo al ver la expresión pícara en el rostro de Moonlight.