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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 95
No estaba acostumbrado a la barba que comenzaba a salirle. Supuso que ya la tenía antes de olvidarlo todo. Tampoco se acostumbrado a su esbelto y alargado cuerpo. Había zonas de él que le avergonzaba ver. Para él seguía teniendo unos siete años. También tenía la mente más extensa, y tenía conocimientos avanzados que no sabía cómo habían llegado allí. Era extraño, pues su mente se debatía entre la madurez y la niñez. Su prematura adolescencia, para él, le estaba pasando factura. La gente le trataba como siempre, pero él no era el de siempre, pues ni lo conocía ni existía.
No tenía amigos. Los Slytherin, su casa, dónde se suponían que tenía que tener más amigos, le repudiaba. Incluso en su propia habitación era tratado como si él fuese el enemigo. No entendía nada, para él no había pasado nada. Había acabado reflexionando sobre ello y el hecho de que los únicos amigos que le habían visitado fuesen Weasley y Gryffindor indicaba la razón de tal recelo. Además, como su padre le había advertido, había una nueva red de personas peligrosas que pretendían dominar el mundo, tanto mágico como muggle. Se había perdido tantas cosas.
Había aprendido que había algunos a los que les infundía respeto, sobre todo aquellos que habían pertenecido al equipo de Quidditch, como era el joven Albus Severus Potter. Parecía ser el único que le ayudaba a no hacerse un lío en los pasillos.
Louis Weasley, por muy prometedora que pareciese su amistad, había decidido abandonar Hogwarts e intuía que se debía a él, por haber algo que suponía que había causado la disidencia entre los primos Weasley. Por su parte, Lucy Weasley le ignoraba, y nadie, excepto su padre, parecía extrañarle aquello. Había sido su novia y su mejor amiga, ¿qué barbaridad había hecho el Chris Nott de antes para ser rechazado por ese torbellino de emociones andante?
Muchas veces quería preguntarle que les había pasado, pero se topaba con una mirada feroz que le enmudecía. ¿Habría sido siempre así? Podía entender por qué se había enamorado de ella, sabía que lo había estado, no era que lo intuyese, sino que su corazón se aceleraba al ver esa mata de pelo rizada y rojiza.
-Este es el señor Gilderoy Lockhart, señor Nott. - les presentó la asistenta del residente de aquella extraña casa.
Para Christopher Nott, aquel hombre distaba mucho de la figura que se alzaba triunfante en un recorte de El Profeta que Neville Longbottom le había facilitado, tras recomendarle que hablase con ese antiguo profesor de Hogwarts. Su pelo de color oro y ondulante había dado lugar a rizos canosos y descuidados que se confundían con una barba prominente. Había abandonado sus trajes majestuosos por una bata de estar por casa y su sonrisa era una simple mueca muy dispar a la que ganó elPremio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la revista Corazón de Bruja, según rezaba aquel artículo.
-Soy Christopher Nott, profesor.- saludó cordialmente el joven, mientras la mujer salía de aquella extraña sala. El papel decorativo de flores que protegía las paredes de madera se caía a cachos y el mobiliario parecía totalmente abandonado. El único lugar que parecía seguir teniendo uso era una mesa sobre la que aquel hombre examinaba lo que parecía un cerebro humano, lo cual hizo que el estómago de Chris se encogiese.- ¿Profesor Lockhart?
El hombre alzó las cejas y miró con cierto escepticismo hacia el joven. Le examinó sin reparos de arriba abajo y se quitó las gafas de plástico que parecían protegerle del cerebro que, como se acababa de percatar Chris, chorreaba sangre.
-Oh, sí. Usted es el alumno del que me ha hablado el director Longbottom... ¡Qué considerado por su parte!- Lockhart le indicó que se acercase a su lado. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la bata estaba mugrienta y que desprendía un hedor no muy agradable.- ¿Qué ves aquí?- le preguntó señalando el cerebro.
Chris tragó saliva.
-¿Es de un ser humano?
-Por supuesto, joven...- respondió Lockhart con una suave risa.- ¡Pero de un humano con Alzheimer! Un muggle, de hecho.- El antiguo profesor miró de reojo al muchacho. Este no quería preguntar cómo demonios había conseguido algo así, y supuso que la pregunta se reflejaba en su rostro.- Uno tiene sus recursos... Supongo que sabes por qué estás aquí.- Chris estuvo a punto de hablar, pero Lockhart con una sonrisa arrogante que le recordó al hombre del periódico, le interrumpió poniendo un dedo lleno de sangre humana en su boca.- Yo te lo recuerdo, la historia es mía, después de todo.
-Sí, señor... Aunque me temo que no he leído ninguno de sus libros...
-¡Oh! ¡Tranquilo, joven! ¡Ese hombre no soy yo! Ese hombre mentiroso, si hay que ser sinceros, que se creía un héroe no soy yo... Yo soy aquel paciente que despertó en San Mungo al que querían hacer permanente, pues se me habían borrado todos mis recuerdos. No sabía quién era, sigo sin saberlo, sino fuera porque tuve personas que vinieron a recordar quien era... La mayoría bastante cínicas y críticas con la persona que yo había sido... ¡Así que decidí ser un hombre mejor! Pedí el traslado a mi antigua y ordenada casa... Como puedes ver, no soy aquel Gilderoy Lockhart que era tan sumamente impecable. Por supuesto, sí que tengo recuerdos de lo que era... Vagos, por supuesto.
-Señor, vengo aquí por...
-Por lo de los fantasmas. Lo sé... ¡El Ministerio me ha prohibido decir nada de ellos! Y ahora, por esa razón, me siento importante... Por fin Gilderoy Lockhart hace algo verdaderamente útil para los demás, ¿no te parece? Cuando vi que los fantasmas que veía, no eran visibles para nadie más... ¡Me aterroricé!- A todas sus palabras les seguían gestos que indicaban su batalla épica.- Desde entonces mi tarea consistió en averiguar por qué veía fantasmas o, más bien, si verdaderamente los veía... ¡Hasta que encontré a un mago con amnesia post traumática que vivía en el mundo muggle que también veía a fantasmas que querían conectar con él! Mi desgastada mente se quitó el polvo de encima y desarrolló una teoría que incluso el propio gobierno mágico aclamó: el poder de la magia en el cerebro de un mago. -Chris Nott frunció el ceño, o bien ese hombre estaba loco, o bien el Ministerio lo estaba.- Durante diez años estuve analizando cerebros, sus conexiones, su funcionamiento, las historias de los que padecen este..."don"... ¡Y pude llegar a una teoría extraordinaria! La magia es energía, joven, y como tal, ni se destruye ni desaparece, simplemente cambia de estado. Un mago está hecho de magia... Dicen que estamos hechos de polvos de estrellas, pero los magos estamos hechos de energía, así nuestros recuerdos son energía... Y cuando desaparecen... No lo hacen así sin más. Se convierten en lo que he llamado el "eslabón de Gilderoy Lockhart": una conexión que permite a la magia que ronda entre nosotros hacer una conexión. Es decir, esa magia que perdemos al perder la memoria, se abre en nuestro cerebro para crear una nueva conexión y absorber otra clase de magia: es aquí donde aquellos entes que no han podido pasar a ser fantasmas como tal, ejercen una influencia sobre nosotros. La aparición no es como tal, aunque veamos que están en frente de nosotros, en realidad están dentro de nuestro cerebro. Así, esa puerta abierta siempre se quedará así hasta que logre recuperar todos los recuerdos, lo cual pasa paulatinamente. ¿A qué es extraño?
-¿Quiere decir que no es que vea muertos, sino que su materia entra en mi cerebro y tengo alucinaciones?
-Las alucinaciones son algo que se escapa de nuestro control... Pero este fenómeno no es para nada así, tú puedes controlarlo. Tú puedes decidir cuándo y dónde quieres comunicarte con un ente, solo que aún no tienes demasiado poder sobre tu propio cerebro. Y sobre todo, tú decides con quién, necesitan tu permiso.
-¿Cómo es que esto no ha salido a la luz, si es un descubrimiento tan... extraordinario?
-Oh, porque es peligroso.- contestó con orgullo Gilderoy Lockhart mientras examinaba de nuevo el cerebro.- Cualquiera podría sacrificar unos pocos de sus recuerdos para comunicarse con los muertos... Lo cual sería terrible: imagina comunicarte con Voldemort, con mortífagos, con sus seres queridos... ¡El mundo sería un caos! Aún más con el Clan del Ojo. Esto es sumamente secreto, joven, y así debe permanecer.- El mago pinchó con una aguja en el cerebro, haciéndolo sangrar.- ¡Voila! Este cerebro ya podría haber hecho una conexión con el más allá... Sin embargo, no tiene dueño y es muggle... Qué lástima.- dijo, como si verdaderamente aquello le apenase.- Dime, joven. ¿A quién ves tú? Solo por curiosidad, en Hogwarts habrá cientos y millones de entes... ¡Seguro que tendrás migraña! Con todos esos espíritus intentando conectar contigo.
-Sí, bueno, creían que eran jaquecas por la conmoción cerebral.- contestó Chris Nott.- Veo a Roxanne Weasley.
Gilderoy Lockhart cesó de examinar el cerebro y lo miró expectante, como si el contactar con la Weasley fuese un tremendo error. Pareció entender al segundo por qué el director Neville Longbottom le había mandado allí, todo era más peligroso de lo que había imaginado.
-Eso sí que es interesante. ¿Por qué no le dices que se una a nosotros?- preguntó realmente intrigado, mirando a Chris Nott como si pudiese introducirse en su mente. El joven cerró los ojos fuertemente. En realidad, no quería llamarla. Aquel excéntrico hombre le estaba asustando.- Oh, venga, joven... ¿No sabes llamar a una muchacha? Simplemente piensa en su nombre y ella aparecerá.
El joven Nott asintió y apartó la mirada de aquel hombre, el cual estaba empezando a intimidarle un tanto. Tan solo había hablado tres veces con Roxanne. La primera vez fue en el hospital, cuando supo que no era una visitante normal, a pesar de desconocer su fatídico pasado. La segunda vez fue cuando le guio hasta debajo del Sauce Boxeador y le dijo que todos estaban en peligro, de nuevo. Y la tercera, fue cuando trajo a Lucy Weasley a su encuentro, pero esta jamás vio a Roxanne. Vio la pena en los ojos de Lucy Weasley, la lástima por él, como si estuviese enfermo. Entonces, Roxanne le dijo algo que solo ellas sabían. Y así fue como Lucy Weasley le ayudó a contactar con el director. Después de ello, siguió sin dirigirle la palabra. Ni siquiera le preguntaría qué tal había ido.
-Solo se me aparece en un lugar concreto, señor Lockhart.- como respuesta, el hombre se mofó de él.
-¡Eso es lo que tu cerebro decide, joven! Si solo quieres que se aparezca en un lugar apartado, es decisión tuya... Incluso puedes creer que lo pide ella, pero el que ejerce el control eres tú.
-Pero es un lugar que solo conocía ella, señor.
-Bueno, eso es porque estáis conectados. Te estás comunicando con ella, después de todo, ella sabe cosas que tú no y viceversa. - Dada la expresión de Lockhart al ver que Nott no parecía muy entusiasmado en ese pequeño experimento, el hombre adoptó una expresión algo seria y cambió de tema.- Quiero advertirte de algo: esto es muy peligroso. No solo es peligroso para los demás, que querrán manipularte para obtener información de los muertos... Sino porque tú te estás poniendo en peligro. Este eslabón que tienes abierto... Este portal con los muertos... Tú lo controlas... Por ahora. En el momento que lo abras demasiado, alguno de estos entes te puede controlar.- A Chris Nott se le encogió el estómago.- Asústate niño, porque, si eso pasa, tu mente dejará de existir y será totalmente controlada por la de un muerto... Si eso llega a pasar... Si ves que eso puede llegar a pasar, o está en el proceso, tienes que matarte. Suicídate. Da igual que el ente sea bueno o malo, al final todos son lo mismo; pero la naturaleza no querrá que eso ocurra y se pondrá en contra de tu cuerpo. Esa lucha solo acabará con un ente oscuro dominando tu cuerpo. Esto, joven, no es una teoría nueva... Los kitsune aprovecharán esa salida abierta...Y, lo siento, joven, pero no quieres saber qué es eso.
Chris Nott asintió, con un nudo en el estómago. Solo supo que aquello era verdad porque el director Neville Longbottom le había llevado allí. Sino, creería que ese hombre era demente.
-Muchas gracias por todo, señor Lockhart.
El joven salió de la habitación, dejando al antiguo profesor con una mirada perdida y misteriosa. Jamás pensó que el Premio a la Sonrisa Más Encantadora fuese a darle algo de temor. Uno no sabía cuánto podía cambiar la gente.
La asistente de aquel hombre le estaba esperando. Se agarró a ella y aparecieron en Hogwarts, en el despacho del director, el cual estaba ausente. La mujer se desvaneció en el aire sin decir una palabra. Chris Nott suspiró. Primero perdía la memoria, se levantaba en el hospital. Después era abandonado por el que decía ser su mejor amigo. Su ex novia no quería saber nada de él. Los de su Casa en Hogwarts no le dirigían la palabra. Estaba en una guerra que desconocía. Veía a la difunta prima de sus amigos, la víctima de la guerra más sonada. Y, ahora, tenía que tener cuidado de no convertirse en una criatura demoniaca de la mitología japonesa.
¿Qué había hecho el Chris Nott de antes para merecerse todo aquello?
-Este es otro lugar, Chris.- dijo la voz de Roxanne. Estaba paseándose por el despacho. -Vaya, ¿Neville es el director ahora? ¿Y McGonagall?
Chris Nott miró hacia la muchacha. Su pálida piel emitía luz y sus ojos se paseaban por todos los cuadros de los antiguos directores que no podían verla, debido a que ella estaba dentro de su mente, aparentemente.
-Fue asesinada por una alumna.- dijo simplemente. Captó la atención de los cuadros, pero no le importó, pues ya habían sido avisados indirectamente, cuando Chris le contó todo lo que le ocurría al director.
-Oh, pobrecilla. Era una mujer impresionante, ¿sabes? Pero ella sabía que iba a morir, siempre le supo.
-¿Tú también sabías que ibas a morir?- La joven asintió, mirando entonces a Chris.- ¿Por qué no se lo dijiste a nadie?
-Era mi destino, Nott, tú también tienes el tuyo. Todo el mundo tiene un destino que cumplir.
-¿Y por qué sigues aquí? ¿Por qué te comunicas conmigo?
-No me dio tiempo de acabarlo. Y tengo que asegurarme de que lo haga. Tienes que hablar con Monique Jordan, Nott. Ella sabe qué es lo que tiene que hacer y tienes que ayudarla. -Nott asintió. Aunque, obviamente no sabía de qué estaba hablando.- Y, además, corres peligro a causas de tu destino y debo protegerte.
-¿Cómo sabes mi destino?
-Hay profecías, Nott, tú no sabes nada de eso, pero hay profecías que Ivonne nos dejó para no andar tan perdidos como estáis.
-Bueno, la profecía se puede referir a cualquiera o no cumplirse.
-Hubo una profecía sobre mí, decía que moría. Hubo una profecía sobre McGonagall y sobre el niño que Victoire y Ted tendrían. Y todas ellas, por ahora, se habrán cumplido. ¿Me equivoco?- El joven negó, algo asustado, pues aquella muchacha había muerto mucho antes de que su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras supiera el género de su hijo.- El que ve lo que nadie más es capaz de observar será el canal que conduzca a la Era Más Oscura de la Historia del Mundo.
Chris Nott sintió un escalofrío.
-¿Qué significa eso, Roxanne?
De pronto, el director Neville Longbottom apareció en el despacho y miró al muchacho a los ojos, comprendiendo su situación. Roxanne desapareció. Ambos se sentaron en los sillones mullidos, aunque para el joven, la situación era tan incómoda que no pudo disfrutar de su suave textura.
-Estás en peligro, Nott. Eso significa. Intuyo que Roxanne Weasley te habrá contado tu profecía... Nunca pensé que fuese a ser uno de mis alumnos y, por supuesto, nadie como tú. Creía que sería algo voluntario, que el "canal" sería alguien del Clan del Ojo... Y por supuesto, desconocemos para qué es ese canal. Cuando me enteré de que podías ver a fantasmas y eras tú solo, y que tenías amnesia... Solo se me ocurrió llamar a Lockhart, quien ha hecho un juramento inquebrantable por el que no puede revelar nada de esto. Como ya te habrá explicado, puede que utilicen el canal para traer a un ente muerto. Es lo único que se nos ocurre... Sin embargo, debes pensar que esto no es asegurado. Que podemos cambiar el futuro, Nott.
-Pero, señor director, hay profecías que ya se han cumplido, ¿no es así? Seguramente usted lo sabe. Pasará, señor director.
-También hay profecías que aún no se han cumplido, Nott; y estoy trabajando arduamente para que no lo hagan jamás. La tuya es un ejemplo. Por eso te pido que guardes esto en secreto y que tengas mucho cuidado con tu nueva habilidad, ¿de acuerdo? Nadie, absolutamente nadie, puede saberlo.
-Señor, me temo que Lucy Weasley...
-Confío en que la señorita Weasley sea tan prudente como usted, teniendo en cuenta las consecuencias que esto puede llevar. - El director suspiró.- Siento ponerte en una situación así, pero las circunstancias lo requieren. Es usted un buen alumno, Christopher Nott, no me gustaría perderle. - Chris Nott tragó saliva.- Haga uso de los valores que enseñamos en Hogwarts: astucia y determinación, valentía y bondad, justicia y lealtad, inteligencia e ingenio. Sea todas ellas, Nott.
Hermione Weasley era una mujer bastante atractiva, con los ojos de color marrón al igual que su pelo, el cual últimamente se mostraba manchado por algunas canas. Al contrario de lo que mucha gente pensaba, nunca le dio mucha importancia a su aspecto, salvo ocasiones puntuales en las que no incluía estar sentada en un pasillo esperando a que el Ministro de Magia británico diese por terminada la reunión de la Asociación Internacional Maga del Secreto, en la que se incluían a todos los líderes de diferentes países.
Llevaba sobre sus hombros la carga de ser una de las figuras más inteligentes de su país, mérito que se había ganado gracias a ser tan trabajadora, sobre todo tras haber destacado notablemente en sus resultados en Hogwarts. Recordaba con orgullo aquellos días en los que se creía tan hábil para el trabajo escolar que a menudo tenía tiempo para hacer trabajos adicionales, como la preparación de la defensa de Buckbeak para salvarlo de la ejecución o la creación de la P.E.D.D.O, la organización en ese momento mundialmente conocida que promovía la libertad de los elfos domésticos, actos que demostraban la conciencia social, la tenacidad y la compasión de aquella gran mujer.
A diferencia de la mayoría de los magos que dependían únicamente de su capacidad mágica, Hermione se apoyó fácilmente en la lógica a lo largo de su carrera profesional; y también cuando era joven, lo cual le ayudaba a deducir trivialidades como la licantropía de Remus Lupin. Así, jamás aceptaría nada sin pruebas, no creía en la intención que desarrollaba Harry. De este modo, sabía que aquella guerra no la ganarían si hacían caso a su amigo, por muy héroe que hubiese sido en la anterior. Creía en Richard McKing, y sabía que era un bando flaco y vago, que a pesar de que Harry Potter lo apoyase, no creía en preparar una defensa, sino en atacar. Necesitaban ser prudentes, pues el enemigo hacía ataques sorpresa y ya eran conscientes de ello. Siempre había sido la voz de la razón entre sus amigos, entre Ron y Harry que siempre eran tan impulsivos que ni siquiera pensaban en las consecuencias de sus actos; y, por supuesto, no rompería ninguna ley, como ellos ya habían hecho, para buscar a la tal Ivonne que ni siquiera sabían si existía. Hermione Weasley no creía en nada de lo que su marido o su mejor amigo estaban dando por sentado. Sabía que, dado su carácter obstinado, le haría parecer de nuevo una sabelotodo mandona ante ellos, pero debían saber que estaban actuando erróneamente.
Richard McKing salió del despacho que reunía a aquellos líderes que iban saliendo poco a poco y saludaban cordialmente a Hermione. Ninguno se paró a hablar con ella, y ella sabía por qué: se había ganado su enemistad intentando cambiar los cimientos de un mundo que ellos habían creado. También eran reacios a la figura del Ministro británico. McGonagall les dijo una vez que eran tan similares que a menudo creía que estaba hablando con Hermione cuando McKing le hacía una entrevista. Sabía que en los últimos dos años, nadie diría nada por el estilo, pues el Ministro había entrado en depresión tras la muerte de su hijo. Sin embargo, con la reavivación de su espíritu, pocos eran los que no veían a estas dos figuras políticas como iguales. Ron estaba incluso celoso de aquel hombre, al fin y al cabo, nunca superaría el porte y el rico vocabulario del Ministro.
-Vamos.- le indicó McKing a Hermione, mientras ambos se dirigían a su despacho. Tenían que acordar qué hacer tras aquella reunión.- Quieren borrarles la memoria... Y lo veo sensato, Hermione, pero no creo que es lo que deba hacerse.
-¿Porque pueden ser de utilidad para la búsqueda de Ivonne?- dijo ella con cierto sarcasmo.- Por Merlín, Richard, creía que tú no creías en eso al cien por cien. Primero, no tenemos constancia de que esta Ivonne exista si quiera, ¿entiendes lo que eso puede significar? Que nos estén engañando. Mi hijo, Richard, mi hijo está buscando en el Clan del Ojo la respuesta, no en Ivonne. Él tiene 12 años y vosotros ya sois adultos para entender que no se puede perseguir a una quimera si esta no quiere ser encontrada. Y, segundo, si esta Ivonne existe y la encuentras, ¿qué? ¡Será peor! El Clan del Ojo sabrá que la tenemos y la querrá para él, porque ya nos ha dejado claro su objetivo. Y no sabemos nada de ella, lo único que sabemos es información vacía que Harry piensa que es la verdad absoluta.
-Es lo único que tenemos.
-No, no tenemos nada tangible. El asunto de esos muggles es mucho mayor ahora mismo. ¡Tres muggles que han conocido el mundo mágico gracias al Clan del Ojo! ¡Y sin vínculo! Eso es un grave crimen y tenemos que actuar. Es lo que nos toca ahora. Y no podemos culpar al Clan del Ojo porque no sabemos quiénes son.
-¿Cómo que no? ¡Tú fuiste al Palacio de Loring! ¡El Ministro de Francia!
-Declarar una guerra a Francia no es lo que podemos permitirnos ahora mismo. De hecho, voto por evitar la guerra a toda costa, Richard. Sé que es lo que no quieres y sé que va en contra de lo que mi marido y Harry están decidiendo. Pero, vuelvo a decir, no sabemos a qué nos enfrentamos.
-No puedo creer que abogues por quedarnos de brazos cruzados.
-¿Crees que no quiero justicia? ¡También han atacado a mi familia, Richard! Y lo que más me pesa de todo es la muerte de Minerva.- Una llama se asomó en sus ojos.- Ella murió por nosotros y estoy buscando el por qué. Estoy haciendo lo que ha heredado mi hijo, Richard, estoy absorbiendo toda la información que puedo y ponerla sobre la realidad.
-A mí no me has comunicado nada de eso y creo que no es justo, teniendo en cuenta que soy yo el que te facilita todos los medios.
-¡Aún no tengo nada claro! ¡Para mí es un apuro que haya predicciones sobre el futuro encerradas en bolas de cristal! La Adivinación es una ciencia, si es que se merece ese término, incierta. Si no le he dicho nada es porque el director me ha pedido expresamente que no diga nada. También cuento con la ayuda de la señora Malfoy y su registro, y... puedo decir con certeza que si el Clan del Ojo es ese grupo al que pertenece la señora Zahra Onlamein, estamos perdidos. Si es así, hemos perdido esta guerra porque el mundo está plagado de miembros de ese Clan. ¡Claro que quiero justicia! Pero no así, no enviando a un grupo de treinta aurores contra una red de influencias global. ¡Abogo por la prudencia!
-Estoy de acuerdo contigo, Hermione, pero no todos somos tan pacientes... Sé que Harry ya ha reunido a su grupo para atacar al Ojo, ha interrogado a esos muggles a nuestras espaldas y sabía que McGonagall iba a morir antes de que ocurriese. Sé que hay disensiones interiores en el Ministerio con los que son más tradicionales, pero esos nos apoyan, Hermione, se han dado cuenta de que el cambio no les perjudica... La guerra civil que tenemos en el Ministerio es entre Harry Potter y su grupo de aurores, entre los que se encuentra su marido y su familia; y en el bando contrario, nos encontramos nosotros dos y, menos mal, que tenemos a Whitehall, Lebouf y Moonlight de nuestra parte…junto con Neville Longbottom, quien no ofrece nada de información Harry, lo que ha causado tensión entre ambos. Lo sé gracias al director, que, a pesar de que digamos que tenemos que encarar al enemigo, queremos fijar antes la unidad entre todos... ¡Estamos preparando un ejército de alumnos, Hermione! ¡Y su marido y sus aurores actúan por su cuenta! ¿Cree que no sé que usted también tiene conflictos con su familia por la misma razón? Mi unidad se refiere a eso... Harry Potter ya ha actuado mucho tiempo por su cuenta.
Soy consciente de todo ello, Richard.- dijo ella. Por supuesto que lo sabía, las peleas con Ron habían aumentado y se veía incapaz de hacer entrar en razón a los Weasley. Entendía que antes fue así como ganaron, por su cuenta, pero esta vez estaban ante algo mucho más grande que eso. - ¿Qué hacemos entonces con Imogen Smith, el doctor Morgan y su sobrina nieta?
-No pueden salir al mundo muggle de nuevo. El Clan del Ojo les estará esperando, ya tuvo influencia antes con la nórdica. Creo que lo más razonable sería encerradlos en el Ministerio, en mi planta, solo yo controlo quien está en mi planta, y no me fio nada del Departamento de Seguridad Mágica.
-Lo que menos entiendo es que ellos son los que han reformado ese Departamento porque era corrupto... Para volver a corromperlo. Siguen creyendo que son unos niños de 12 años que tienen que actuar a escondidas de Dumbledure. - comentó, más para sí misma que para Richard McKing. Después asintió.- ¿Y después qué? Ya les han interrogado.
-Ahí está todo lo que dijeron.- el Ministro señaló una carpeta que tenía ante sí.- Obviamente he tenido que pedir un favor a uno de los aurores que aún siguen de nuestro lado, Alexis, la prometida de Charlie Weasley, que nos lo pase. - McKing suspiró.- Lo que más te va a chocar es que todo lo que dicen es cierto. Todo está comprobado, pero hazlo tú de nuevo y aprende todo lo que pone ahí porque tendrás que interrogar a la joven.
-¿De qué está hablando? Ya han sido interrogados... Yo no soy auror, Richard.
-Lo cierto es que Lola Morgan no se ha dejado interrogar, solo permite que lo hagas tú: Hermione Granger, según sus palabras. Creo que solo conozco a una y estoy seguro de que se refiere a ti.
-¿Cómo sabe quién soy yo?
-Todo esto es muy extraño, Hermione. Sé lo escéptica que puedes llegar a ser, pero necesito que creas esto...- dijo señalando a la carpeta.- Solo un instante. Tenemos que sacarle a esa niña lo que sabe.
-Es solo una niña, por Merlín... ¿Qué va a saber ella?
-Según me ha dicho Alexis, ella sabe quién es Ivonne y dónde encontrarla. Solo tú puedes saber si lo que dice es cierto, Hermione. Confío en ti.
-¿Por qué no me llamó entonces el Departamento de Seguridad?- McKing le lanzó una mirada significativa.- ¿Hasta dónde han llegado las tensiones dentro del Ministerio? Muy bien, en cuanto interrogue a esa niña, se van a acabar todas las tonterías de niños pequeños que mi marido y Harry han montado dentro del Ministerio. Esto no es un juego ni una competición.