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La Tercera Generación de Hogwarts — capítulo 99

Nadie en Hogwarts conocía la verdad de lo ocurrido la noche en la que salvaron a Albus Potter, salvo los implicados en ello que se encontraban allí: Peter Greenwood, Fred Weasley, Susan Jordan, Cornelia Brooks, Frank McOrez, Lily Potter, Hugo Weasley, Alice Longbottom, Rose Weasley y Scorpius Malfoy, además, del profesor Ted Lupin y el director Longbottom. Al final del curso, Albus Potter había oído muchos teorías acerca de cómo habría sido rescatado, pero ninguna implicaba a sus amigos. Todos creían que había sido su padre, el héroe de Inglaterra. Algunos afirmaban que, en realidad, habían entregado a Ivonne, y que, por lo tanto, estarían todos a salvo.

Rose Weasley estaba furiosa con Alice, y tanto Albus, quien también lo estaba, como Scorpius, quien parecía creer en que podría tener una explicación sensata; lo sabían. Estaba convencida de que Alice había hallado la manera de salir y entrar en Hogwarts tal cual le placiese para favorecer al Clan del Ojo, de la mano de su nueva e inseparable amiga Renata Driggs. De hecho, tenía mucho que decir sobre ella.

-¡Para mí esa traidora está muerta! Dejó de ser mi amiga el día en el que la Oscuridad la sucumbió.- sentenció mirándola fijamente. Se marchó con ímpetu de aquel lugar.

Los cuatro se encontraban en Las Tres Escobas, el bar bien acogido entre los estudiantes de Hogwarts en Hogsmeade. Si bien nadie sabía cómo Albus fue rescatado, todo el mundo se había dado cuenta de la separación del cuarteto y, aquel año, quinteto. Así, a la par que Scorpius Malfoy, Peter Greenwood y Albus Potter estaban más unidos que nunca, Rose Weasley parecía distante con todos y cada uno de los que podía haber considerado amigos, en especial con la hija del director, la cual se hallaba unos cuatro mesas retirada de los que habían sido sus amigos, tomándose una cerveza de mantequilla con Renata Driggs.

De este modo, aunque hiciera un tiempo perfecto, aunque hubiese un ambiente alegre por la llegada de las vacaciones, aunque sabían que habían logrado casi lo imposible al liberar a Albus, ninguno de ellos había estado tan triste al final de un curso. Albus Potter aún tenía la extraña sensación al despertarse de que estaba encerrado y no podía evitar pensar por la que estaría pasando su hermano al haber ido a por él y enfrentarse a un hombre lobo. Peter Greenwood luchaba por no entrar en la depresión que la inercia le impulsaba. Pasaba más tiempo con Kyle Keegan. Nadie se lo iba a reprochar. El joven tenía que soportar sobre sus hombros el peso de un depresivo Albus cuya alma parecía haberse perdido en el limbo y que se veía reflejada en la de su otro amigo Scorpius. Peter podía ser el alma de la fiesta. Pero sus amigos comprendían que, de vez en cuando, necesitaba un suspiro. Scorpius Malfoy estaba constantemente pendiente de las cartas que llegaban de su madre Astoria, a quien pretendía que la soledad no la consumiese y se olvidase de criar a su recién nacida hija Theia. Pero lo que les pesaba a ambos no era solo aquello. No podían dejar de pensar en lo poderoso que se había vuelto el Ojo, y en lo enrabietado que estaba por conseguir a aquella tal Ivonne. Albus se preguntaba continuamente qué habría sido de su antigua vecina Julie Morgan, por la que sus captores preguntaron, si estaría escondida o si habría llegado ya junto a Ivonne. Por su parte, lo que más le deprimía a Scorpius era la perspectiva de volver a su casa, sin su padre. Durante media hora, una gloriosa media hora medianamente normal entre sus amigos en Las Tres Escobas, había creído que su padre seguía vivo porque todo resultaba terriblemente normal.

Habían ido allí a celebrar el último día de curso. Peter, Albus, Scorpius y Rose habían aprobado todas las asignaturas. Albus estaba asombrado de que le hubieran aprobado Pociones, sospechaba que el profesor Slughorn había sentido pena por el niño que habían secuestrado, que resultaba ser su favorito, aunque no por destacar en las elaboraciones. Peter también contaba con aprobados por compasión en Historia de la Magia y Encantamientos, pero siempre presumía de sus notables notas en Estudios Muggles. A Rose le molestó su 289 por ciento de eficacia en Estudios Muggles, incluso más nota que Greenwood, ella decía que era muy bajo para haber vivido en aquel mundo. En realidad, era porque Scorpius Malfoy había conseguido el 320 por ciento, la nota más alta junto una felicitación personal de la profesora. De hecho, Malfoy y Weasley, salvo en esa asignatura, habían sacado exactamente la misma nota en todo, incluso en Adivinación, en la cual Peter había logrado superarles, hecho sin precedentes.

Además, los muchachos estaban orgullosos del resto de su familia, pues Molly Weasley, a pesar de sus constantes visitas a la Enfermería, había obtenido las más altas calificaciones en ÉXTASIS, como hizo su padre Percy a su edad. Para sorpresa de su familia, Dominique Weasley había sido la segunda con mejores calificaciones en esos exámenes. En cuanto a los T.I.M.OS, examen que correspondía al quinto curso, sabían que Brooks había sacado todo Extraordinario, y que Fred y Susan lo habían pasado como podían, y que James haría los exámenes cuando pudiera.

Mientras tanto, la casa Hufflepuff, en gran medida gracias a su espectacular actuación en la copa de Quidditch debido a la genial buscadora Lyslander Scarmander, había ganado la Copa de las Casas, rompiendo con la constante ganadora Casa Gryffindor. Por eso, la fiesta final de curso había tenido lugar en medio de ornamentos amarillos y negros, y la mesa de Hufflepuff, por primera vez en mucho tiempo, fue la más ruidosa de todas, ya que todo el mundo lo estaba celebrando. Incluso Lily Potter, que se había unido de forma obligada a la heroína de la Casa, comía, bebía, hablaba y reía con ellos, quizás olvidando su impenetrable carácter que había sacado aquel año.

-Esta mañana, antes del desayuno, he ido a ver al director Longbottom. He decidido que el año que viene dejaré algunas asignaturas para poder ayudar a mi madre algunos fines de semanas y días lectivos intercalados.- anunció Scorpius, al haberse marchado Rose Weasley; pues no le apetecía contar ciertas cosas a su amiga, cuando ésta les ignoraba últimamente.

-¡Pero has aprobado todas las asignaturas con Extraordinario este año! Confío en que si no te dejas asignaturas las sacarás todas...

-Lo sé- suspiró Scorpius.- Pero no puedo soportar otros exámenes como estos. Entre estudiar e ir a ver a mi madre me estaba volviendo loco, necesito no tener tanta presión, Peter. Además, con mi padre muerto...- al joven se le cortó la voz.

-Alégrate, Scorpius.- animó Albus con tristeza.

-Estoy bien.- repuso Scorpius de inmediato.- Pensaba en las vacaciones.

-Sí, yo también he estado pensando en ellas.- dijo el joven Slytherin.- Scorpius, tienes que venir unos días con nosotros… Incluso si Peter no puede venir por culpa de su padre… Lo comentaré con mis padres y te llamaré. Ya sabes cómo funciona el teléfono.- Scorpius sonrió, recordando su excelente nota en Estudios Muggles.- ¡Este verano son los Mundiales de Quidditch! ¿Qué dices a eso, Scorpius? Ven y quédate con nosotros. Iremos a verlos. Mi madre normalmente consigue entradas de sobra en el trabajo.

-Os voy a odiar infinitamente -les reprochó su amigo Peter.

La proposición alegró considerablemente a Scorpius. Le encantaba el Quidditch y su amigo lo sabía; además, sería la oportunidad perfecta para no estar todo el verano deprimido en la Mansión Malfoy. Ya se había encargado de decirle a su tía Daphne que acompañase a Astoria algunos días, y sus abuelos maternos no habían dudado en ofrecerle su hogar en vez de la Mansión Malfoy, por mucho que la madre se negase.

-Espero que Weasley no siga molesta con lo de Estudios Muggles para entonces.- comentó con más sinceridad de la que esperaba.

-No te preocupes por Rose… No creo que esté este verano- la expresión de Albus indicaba que aquello no le hacía para nada gracia.

-¿Cómo? ¡Otra vez se va con Krum!- Scorpius alzó las cejas, realmente sorprendido, pues no tenía ni la más remota idea de los planes de Weasley. No era como si normalmente hablasen, pero desde Navidad creía que algo de más contacto tenían. Rose Weasley volvíaa ser la Weasley que había conocido en primero.

-No, no creo que vaya ella con todo lo que está pasando… Y no sé si irá con Krum. Solo me ha dicho que no va a estar en verano -espetó con suma desgana.

Scorpius lo miró con el ceño fruncido.

-Bueno, mientras no nos oculte que sale con Glyne…-comentó con cierto resquemor Peter Greenwood.

-¿Y tú, amigo?- preguntó Albus con una sonrisa divertida.- ¿Qué tal te va con Kyle?

El joven se azoró. Ahora era el centro de atención.

-Oh, pues normal... Ya sabéis, intentando pasar desapercibidos como amantes furtivos… ¿Cómo créeis? Cuando estoy con él, no hago nada más que decirle que estoy preocupado por vosotros… Y cuando estoy con vosotros, pues me dais más motivos… Me duele mucho no estar en verano… Me siento impotente.

-No te preocupes, amigo, te querremos igual -le reconfortó Scorpius.

-¿Y tú con Lily Potter? -preguntó Peter con cierta burla en la mirada.

-Oh, no…

Lo cierto es que nunca hemos hablado de eso...- Albus carraspeó mientras decía aquello. Scorpius sonrió y apartó la mirada con fingida suficiencia.- Eh, no. Creo que no lo quiero saber... Lo único que sé es que fuiste al baile de Minerva con mi hermana pequeña... Y no quiero que eso vaya a más, ¿sabes? Tiene cierto apego obsesivo hacia ti. Y no es algo con lo que me sienta cómodo.

El joven Scorpius soltó una risa sincera que llevaba tiempo sin oír. Albus sonrió con él. Peter le dio una palmada en la espalda a su amigo.

-A mí tú no me has contado nada de Alice.- dijo Scorpius con serenidad, esperando una respuesta brusca de Albus, dada su repentina dura expresión. Éste miró hacia atrás para encontrarse con Alice, quien estaba metida en una conversación aparentemente interesante con Driggs.- Somos tus mejores amigos... Sé cuándo te gusta alguien, y no me puedes negar que no tuviste nada con ella antes del secuestro.

-Es un tema delicado.- respondió con vehemencia.- Sabeis lo que es.

-Yo sí sé lo que es, Albus - le respondió Peter, con algo de enfado por cómo su amigo se comportaba con la joven. -Pero tú pareces haberlo olvidado. Es Alice, y, por Merlín, aunque llevéis siendo Rose y tú sus amigos durante décadas, yo que tan solo la conozco de un par de años sé que tiene una razón para hacer lo que hace... Y que cuando la descubras, Albus, te arrepentirás de tratarla así.

Ambos se miraron, desafiándose como amigos que tienen opiniones contrarias que pueden aceptar sin llegar a discrepar mucho más. Albus sabía cómo era Peter y nunca dejaba de pensar que la elección del Sombrero era más que la adecuada.

-De todas formas, hay más chicas...- respondió, intentando cambiar el rumbo del tema no muy convencido.

-Oh, sí, por supuesto, Hogwarts está lleno de ellas. Pero sabes tan bien como yo que solo Alice es para ti -cedió Scorpius Malfoy.

-Mi padre estuvo enamorado de Cho Chang antes de acabar con mi madre... ¿Por qué no me pasaría algo parecido a mí? Total, todo el mundo dice que somos iguales.

-Te diré algo que espero que no te lo tomes a mal, Albus, te lo digo como amigo. Sé que sigues yendo a las sesiones de Diggory. - Scorpius le miraba seriamente. Albus apartó la mirada, no le había dicho nada de eso, debió de habérselo contado Rose.- Y, sinceramente, confío en que eres lo suficientemente fuerte como dejar ir en el pasado algo como un secuestro del que saliste airoso...Sí, es duro, pero te conozco, Albus. Sé que sigues yendo por Alice. El hecho de que supieses que Alice te traicionara, de que estuviese allí en el castillo y no hiciera nada para salvarte... Eso puede haber acabado con una parte de ti. Albus, tú no estás enfadado con Alice como lo está Rose. A ti te ha partido el corazón.

El joven de pelo azabache y ojos esmeraldas miró a sus amigos. Y vio a un Peter Greenwood que parecía responsable y con una pizca de madurez contra todo pronóstico. Y no vio al noble Scorpius que todo el mundo creía conocer. Vio a un sabio mago que observaba todo a su alrededor y comprendía a la gente mucho mejor que cualquier persona que hubiese conocido. Era prudente, racional y usaba la lógica. Sería un buen Ministro de Magia si se lo propusiera.

-Gracias.- fue lo único que atinó a decir.

De pronto, Albus vio delante de ellos, en otra mesa separada, a cuyos clientes saludaron al entrar, algo que no andaba bien. Eran Fred Weasley, su inestable primo, y la amiga de éste, Susan Jordan. Habían estado hablando un rato calurosamente, lo cual no podía ser una discusión, según había creído el joven. Y, en ese momento, estaban sumidos en un silencio raro.

-Esos dos son otros que no quieren estar juntos porque no les da la gana.- comentó Peter Greenwood, dándose la vuelta para observar lo que había llamado la atención a su amigo.

Al decir aquello, Albus echó de menos a su hermano. No sabía nada de él. Ni si había aceptado su parte licántropa o si todavía luchaba contra ella. Era cierto lo que decía Scorpius, su hermano solía ser el punto de apoyo. Nunca se había llevado del todo bien con él, eran demasiado distintos como para soportarse el uno al otro. Pero, al fin y al cabo, era su hermano. Era James Sirius Potter y lo echaba de menos como jamás lo había hecho, sobre todo, porque hacía los malos ratos más llevaderos con comentarios estúpidos que sacaban a todo el mundo una sonrisa. Quizás no se había dado cuenta hasta aquel momento de que era imprescindible en muchas vidas.

Fred Weasley se dio cuenta de que el hermano de su amigo James y sus amigos le estaba examinando. No quería devolver la mirada a la irritada Susan. Él tenía la culpa de esa reacción. Ella le había preguntado que si también le iban a invitar ese verano a la Madriguera como todos los años, excepto el anterior, dadas las circunstancias que envolvían a un Fred que se metía en peleas magas callejeras. Al decirle que no, esta se había callado y le miraba como estrujando sus tripas por dentro para que le doliera. Era justo. Había pasado de ser un amigo preocupado por la frágil Susan a pasar de su culo monumentalmente. Se lo merecía.

-Mira, Sue, lo cierto es que no estamos en condiciones para acogerte.- le explicó, tras haberlo pensado un rato. -James tiene ese problema peludo que ya conoces y yo, bueno, yo no es que sea la alegría de la huerta. Digamos que el Fred que conocías murió con Roxanne, ¿vale? Ahora tienes que aceptar al nuevo Fred.

-El nuevo Fred es un capullo.- le espetó Susan Jordan, mientras sus ojos se entornaban furiosamente.- No te creo, Fred, no creo que puedas cambiar radicalmente tan pronto.

-Bueno, es normal que no lo entiendas, a ti no se te ha muerto tu hermana.

Aquello era un golpe bajo. Y él lo sabía, sabía que la joven igual estaba cansada de aquellas contestaciones, de su humor de perros y de que nadie se preocupase por ella. Había perdido a sus amigos en poco tiempo.

-Nadie te lo ha dicho porque teme tu reacción, pero que sepas que tanto que te lamentas por tu hermana... ¡Ella no querría que fueses así de gilipollas! Sabes que Roxanne no hubiese estado orgullosa de un Fred que huye de los problemas y...

-¡¿Y qué quieres que haga?! ¿Vengo a mi hermana matando a McOrez? O, si, eso sin duda me quitaría la impotencia de lo alto, porque matarla a golpes como ella le hizo a...

-¡Fred!- le gruñó con autoridad Sue. El aludido la miró, olvidándose de lo que estaba diciéndose para centrarse en el hecho de que su amiga había "gruñido" como si fuese un perro.

El joven suspiró. Se había pasado, sí, pero últimamente Susan Jordan se comportaba más como su madre que como su mejor amiga. Y no era justo para ella que la tratase así, con desprecio y desgana.

-Deberías dejarme en paz, Sue. Vete con alguna de las de nuestro curso y olvídate del matón de Fred Weasley y del ausente peludo James Potter. El trío que formábamos ya no existe.

-Oh, no puedes exigirme eso.- respondió al segundo, terriblemente enfadada.- ¡No tienes derecho!- dio un golpe en la mesa que resonó en todo el recinto y todas las miradas se clavaron en la ira desatada e inapropiada de aquella muchacha.- ¿Es que no te das cuenta, Fred? ¿Tantas peleas te han matado las neuronas?

-Baja la voz, Sue, todo el mundo nos está mirando.

En efecto, todos los que se encontraban en las Tres Escobas estaban observando el desarrollo de la escena. Nunca habían pasado desapercibidos en sus años en Hogwarts. Los dos primeros años habían sido famosos por sus bromas, y, desde entonces, todo el mundo sabía quiénes eran. Admiraban su sólida amistad. Hasta aquel momento. Los alumnos de Hogwarts eran demasiado cotillas y no podían perderse la pelea entre los dos mejores amigos más unidos que habían conocido. Sobre todo cuando a la que conocían por la divertida y agradable Susan Jordan, parecía haberse transformado en una harpía rabiosa.

-¿Y qué? ¡Ellos ya lo saben, Fred! ¡Todo el mundo parece darse cuenta de lo que significas para mí menos tú, estúpido niño mimado!- El rubor de las mejillas del joven alcanzó la ebullición. Aquello le había pillado por sorpresa.

Rápidamente Fred Weasley tomó del brazo a Susan Jordan y la levantó de la silla. Le tapó la boca para que no dijera nada más, no es que le apeteciese que su amiga dijese lo que tenía que decir delante de todos los clientes de las Tres Escobas. Puso dos o tres monedas en la barra, que seguramente era más que el precio que tenía que pagar, y se fue, sin importarle que le diesen la vuelta porque no soportaba la mirada de sorpresa y lástima que tenían todas aquellas personas. Eso era entre él y Susan. Y lo que estaba a punto de hacer le dolería más que nada en el mundo.

La llevó a un lugar donde no había mucha gente, en la calle de Cabeza de Puerco, que parecía estar desalojado aquel día. Se apenó al descubrir que seguía teniendo la fachada calcinada.

-Susan, ya basta.- le quitó la mano de la boca a su amiga y se dio cuenta de que la había estado mordiendo con saña. Tenía sangre. Miró a la joven con preocupación.- ¿Qué demonios te pasa?

Ella rugió por dentro. Un brillo peligroso en sus ojos asustó al joven, no acostumbrado a ver ni un ápice de rabia en su amiga. Se acordó, justo en ese instante, de que su amiga había tenido algunos problemas similares durante aquellos meses. Le daban ataques de ansiedad y tenían que internarla en Enfermería. A veces se la encontraban desmayada en los pasillos. Siempre había creído que se debía al sobre esfuerzo que había hecho en el Quidditch, en vano, pues el equipo había sido desastroso con la pérdida de James y su sustitución por Frederick Leroux, un Gryffindor de sexto que parecía interesado en el puesto, en vez de haber cedido el puesto a Malfoy, quien parecía más preparado para él. Además, Susan estaba extremadamente delgada y se había percatado de que no solía comer mucho. Siempre le había echado las culpas a aquello. Pero en aquel momento, el brillo peligroso de sus ojos le hizo pensar que igual había gato encerrado. Recordó que su prima Molly también había presentado síntomas parecidos.

-¡Fred!- exclamó intentando zafarse del agarre de su amigo que la tenía retenida para que no le manotease como pretendía. Al ver que él era mucho más fuerte que ella, incluso cuando ella había sacado fuerzas de no sabía dónde; se rindió y se dejó caer en él.- ¿Cuándo te enteraras de que te quiero?- Su voz parecía adormilada o, más bien, anestesiada. Tanto que Fred pensó que aquello que decía no era en serio.

-Susan...- le dio una palmada en la mejilla al percatarse de que había perdido la conciencia.- Susan...- volvió a darle, con un poco más de fuerza aquella vez. Él suspiró. No era la primera vez que su amiga se quedaba sin conocimiento. Toda aquella rabia desatada no podía ser buena... Pero seguía siendo extraña. De pronto, asimiló lo que ella le había confesado.- Yo también te quiero, Sue.- le susurró al oído, sabiendo que ella no podía oírle.- Pero me temo que soy demasiado malo para ti. Tú te mereces algo mejor.

Entonces, se dio cuenta de que había gotas de color azul marino que estaban cayéndole en la mano. Miró hacia el cielo en busca de la procedencia de aquel extraño líquido. Nada. Pero las gotas seguían cayendo. Sin pensárselo dos veces buscó en Susan...

A la joven le goteaba un líquido azul de la nariz. Aquello no podía deberse a su insuficiente dieta ni al cansancio. Aquello era demasiado raro. El joven gritó ayuda, y, afortunadamente, una joven niña de primero, Ellie Coleman, la hermana de Bárbara Coleman, apareció por allí y le ayudó a buscar a alguien mayor que la transportase a la Enfermería.

Rose Weasley había contemplado la escena con preocupación desde una esquina. Deseó haber podido ayudar pero tenía algo importante que hacer. Se encontraba en frente de Cabeza de Puerco y estaba nerviosa. Tanto que sus manos temblaban y no del frío. Se acopió de toda la seguridad que había en ella y miró hacia la entrada. Su cita ya estaría allí.

Se había preparado durante semanas para aquel momento, su mente seguía diciéndole que hacía lo correcto, pero, por otro lado, su corazón le reprochaba lo que iba a hacer. Había quedado con Aaron P. Lennon para contarle todo lo que sabía sobre la traición de la que era su mejor amiga, Alice Longbottom, y todo lo que sabía sobre el Clan del Ojo en Hogwarts.

-Vamos allá.- dijo en voz alta con el fin de prepararse aún más para lo que estaba a punto de hacer.

Al entrar en aquel lugar no vio al periodista. De hecho, no vio a nadie, tan solo a Hegarty, el dueño de la taberna, ya una mujer vestida de negro que se encontraba en una mesa al fondo. Recapacitó y meditó su próximo movimiento. No había rastro de aquel hombre alto, de pelo rubio y ojos cautivadores del Profeta. ¿Y si había enviado a una compañera para acordar otra cita? Sería justo, no podía poner en peligro aquella información. Además, quizás el hecho de que no hubiese nadie en Cabeza de Puerco se debía a ello.

-Buenos días, Rose Weasley.- le saludó la mujer conforme ella se iba acercando. Se estremeció. Conocía su nombre porque su rostro había estado en los tablones muchas veces, se dijo para tranquilizarse.- Aaron no ha podido venir, pero aquí estoy yo. Soy Alexis.- le tendió la mano y Rose la apretó con algo de desconfianza.

Ésta se sentó en frente de ella y la examinó. Se trataba de una mujer que rozaba los cuarenta, con los ojos con maquillaje ahumado, el pelo pujado y una sonrisa de fingida amabilidad.

-Bien. Bueno, me gustaría empezar por el hecho de que la familia McOrez está dentro del colegio y veo necesaria su expulsión para proteger como es debido a los alumnos. Además, soy consciente de que el Ministerio tiene constancia de su presencia allí...- quizás luego se arrepentiría de ello, pues estaba insultando el trabajo de su madre.- Me temo que no está haciendo un buen trabajo, señora Alexis.

De pronto, algo rozo su hombro, hecho que le hizo dar un respingo. Se giró hacia atrás y vio el único rostro que no se esperaba en aquel lugar justo en aquel instante.

Su madre.

Y no iba sola. Neville Longbottom estaba con ella, ambos mirándola con reproche. Su madre más que con reproche, como si hubiese sido traicionada. Y Neville, bueno, él era el padre de la amiga que estaba a punto de vender a la prensa.

-Gracias, Alexis, ¿nos dejas con ella?- pidió educadamente Neville, mientras la mujer se marchaba con una sonrisa de suficiencia de la taberna. Dejándolos a los tres solos, pues el dueño había subido al piso de arriba.

Rose observó cómo ambos se sentaban en frente de ella. La joven conocía lo que estaba pasando dentro del Ministerio. Ella aún no había tomado ningún bando, pues para ella era escoger entre su padre y su madre.

-¿Cómo lo has sabido?- se dirigió a su madre sin parecer fastidiada.

-Rose, estamos en tiempos difíciles y nos obligamos a comprobar que la correspondencia que se envía y se recibe en Hogwarts no pone en peligro al alumnado.- le explicó Neville con cautela. Entonces lo sabían. Ellos sabían lo de los McOrez, por supuesto. Y si habían leído la carta, también sabía lo de Alice. ¿Estaría su amiga castigada gracias a ella?

-Lo hice precisamente por la misma razón.

-Eres demasiado joven como para tomar las decisiones acertadas.- le dijo su madre, intuyendo que Rose se sentiría más ofendida de lo normal.

-¡Tú tomabas decisiones peores que las mías! ¡Más trascendentales! ¡Salvaste a Buckbeak con mi edad! ¡Liberaste a Sirius Black! ¿Por qué yo no puedo desterrar a los McOrez de Hogwarts?

Neville y Hermione se miraron. La madre de la joven se mordió el labio, entendía la postura de su hija a la perfección; sin embargo, se temía que había heredado el orgullo y la imprudencia de su padre.

-Yo sabía cuáles eran las consecuencias, conocía qué se escondía detrás de lo que todo el mundo decía y... Rose, cielo, si atentas contra los McOrez, la economía y muchos sectores que favorecen la estabilidad de nuestro país gracias a ellos se hundirían. No solo estaríamos en crisis por la guerra que está comenzando, sino por la falta de productos de necesidad que controlan ellos.- Hermione suspiró.- Están vetados políticamente, además. No sé cómo se hizo eso, ni quién ayudó a introducir su apellido como Badmood en el registro de Inglaterra, pero, por esa razón, son intocables.

Se avergonzó al desconocer todo aquello. Y se alegró de que su madre hubiese interceptado su carta a la prensa, pues aquello hubiese sido una catástrofe. En cambio, su rostro mostraba una expresión de fastidio e irritación que no podía evitar sentir. Impotencia también.

-¿Y los alumnos que colaboran con el Ojo?- preguntó, acusando a Neville con la mirada, quien le devolvió una mirada de seguridad en sí mismo que imponía.

-Tampoco se podría hacer nada. Solo formar un escándalo que daría lugar a que todo el mundo en Hogwarts fuese sospechoso... Buscamos la unidad, Rose, lo que tú estabas buscando era acrecentar una guerra civil.

-¿Y Alice?- preguntó directa al grano.

Neville suspiró. Hermione asintió y sacó de su bolso lo que parecía ser un pequeño frasco lleno de sangre. La madre de Rose la miró seriamente, como cuando formulaba un discurso importante.

-Necesito que seas sincera, Rose.- La joven asintió, sin llegar a estar convencida de aquello. Supuso que la razón por la que ellos dos estaban allí era por el asunto de Alice.- Sé que estás muy enfadada con Alice, y ambos lo entendemos, pero queremos saber si... Si supieras que Alice hace esto porque no le queda más remedio, ¿me creerías?

Rose recordó entonces cómo Scorpius le decía que debía de haber una razón lógica por la que Alice les hubiese traicionado y siguiese colaborando con el Ojo. Ella no la creía. Ella creía que era porque les había traicionado y punto. La simple razón era que se sentía traicionada por su amiga. Y si era honesta consigo misma, no se había parado en pensar una razón por la que Alice habría hecho aquello. Sabía que le habían amenazado con dañar a su familia, pero aquel precio era demasiado alto. Su familia podía protegerse sin que Alice tuviese que colaborar con el Ojo.

-¿Por qué? Es una traidora, mamá. Es como Peter Pettigrew, nos está vendiendo a todos.

Aquello dolió a Neville más de lo que Rose hubiese imaginado. El hombre miró hacia arriba, hacia el techo, quizás para coger fuerzas. Acto seguido miró a Rose intensamente.

-Sé que estás enfadada con mi hija. Pero, si eres amiga de ella de verdad, ¿nos ayudas a que esté a salvo?

La propuesta que le acababa de hacer horrorizó por un segundo a Rose. Se trataba de encubrir una traición, ¿no? Su director le estaba proponiendo aquello. Era un hecho inimaginable. No podía permitir aquello.

-Rose, puedo leerte el pensamiento, ¿sabes?- le comentó su madre.- Si no estás preparada para ayudarla, vete y déjala en paz. No la tortures.

-Has hecho una comparación con Pettigrew.- le dijo Neville, evitando que la joven se levantase para marcharse como pretendía.- Pero ella es más como Sirius Black. Las circunstancias le obligaron a parecer una cosa que no era.

A Sirius Black le tendieron una trampa.

-Bueno, a mi hija le hicieron algo similar.- cogió el frasco de sangre y se lo puso en frente de Rose.- Lo cierto es que lo que le pasa a Alice es un secreto que solo puedes saber si nos demuestras qué harías lo que fuera por tu amiga.

Rose meditó aquello. Su madre jamás se pondría de parte de un traidor, ¿no? Cuando lo hizo, era con Sirius Black porque sabía que en realidad las circunstancias le hacían parecer un traidor.

-Vale, pero antes tenéis que decirme por qué Alice hace eso.

Hermione asintió. Abrió el frasquito y apuntó con la varita hacia él. Le indicó que le diese su mano a Rose. Ésta lo hizo rápidamente y observó cómo, gracias a un conjuro de su madre, la sangre del frasco flotó en el aire.

-Tu sangre será sangre de Alice. Seréis hermanas de sangre.- explicó Hermione, antes de que la sangre del aire traspasase a las venas de la mano de Rose. Aquello no le dolió. Pero sintió un escalofrío.

-Bien, ahora ya estamos a salvo.

-¿Por qué?

-Lo que te voy a contar no se lo puedes contar a nadie, o Alice morirá. ¿Entiendes?- Neville esperó a que Rose asintiese con firmeza.- El año pasado, uno de los miembros del Ojo pidió a mi hija por estas fechas que le diese la Piedra de la Resurrección o mataría a Albus Potter. Alice lo tomó muy en serio, pues había visto el cuerpo colgado en el árbol de Roxanne y temió que tu primo tuviese el mismo destino. No dudó en dársela para salvarle la vida. El Ojo, al ver que Alice haría lo que le pidieran por salvar a los que quiere, siguió manteniendo el contacto con ella a través de Zoe McOrez y Renata Driggs, quienes le amenazaban constantemente. Primero con Albus, y después contigo, con Scorpius...Y con mi hijo Frank Longbottom.- Rose abrió la boca con sorpresa y miró a su madre para confirmar que lo que decía era cierto.- Si nadie sabe de la existencia de mi hijo, es porque él no quiere saber nada del mundo mágico, además, no es del todo mago, sino que nació squib. Al estar desprotegido de una barrera mágica como lo estaría aquí en Hogwarts, el Ojo no tardó en franquear la protección muggle que había sobre él. Enviaron a Gwendoline Cross para que sedujese a mi hijo... Cosa que hizo. A partir de ahí, Alice sabía que estaba atada al Ojo más que antes... Sobre todo, cuando vio que Gwendoline Cross había matado sin pensárselo dos veces a McGonagall.- Rose se estremeció, recordando su propia experiencia con Gwendoline Cross el año anterior.- Bien. A partir de aquí, se vuelve más oscura la historia. Y entenderás por qué Alice no hizo nada cuando secuestraron a Hogwarts. Zoe McOrez leyó su pensamiento: Quería descubrir su posición y decirme Albus se encontraba en la Mansión McOrez que pudiesen ir a rescatarlo. Pero, le hicieron jurar un Juramento Inquebrantable: Si decía algo a alguien que no fuese de su sangre, moriría. De este modo, estaba atada mortalmente al Ojo. Y lo sigue estando.

-Por eso me habéis dado la sangre.- meditó Rose.- Por Merlín, la he tratado fatal...Yo...

-Ha aceptado que la tratéis así y cree merecérselo, pero, ¿qué habrías hecho tú?- Rose asintió, comprendiendo la situación de su amiga y recordando, de nuevo, las palabras de Rose.

-Si no fuese por ese Juramento, Rose, Alice ya habría dejado de colaborar con el Ojo.- añadió Hermione.- Albus ya está a salvo y su hermano está... Bueno está desaparecido y no hay rastro de él, y sabemos que no lo tiene el Ojo, porque han mandado una orden de sentencia de muerte para Frank.

-Le pediré perdón, le...

-Pero a escondidas, recuerda que el Ojo sigue creyendo que ha creado una disidencia profunda entre vosotras.

-¿Por qué entre nosotras? Es decir, ¿por qué me lo habéis dicho a mí y no a Malfoy o a Greenwood o a Albus?

-Estoy convencido de que Greenwood no está enfadado con ella, me lo ha dicho Alice. Y dice que con Scorpius Malfoy no haría falta ninguna sangre para que no desconfiara de ella. Y Albus... Bueno... Confiamos en que se le vaya pasando.- explicó Hermione.

-O sea que yo era la única que no tenía más remedio que saberlo a la fuerza.

-No solo eso, Rose.- Neville volvió a suspirar.- El Ojo quiere separos a vosotras en particular, vuestra amistad.

-Hay una Profecía que Neville cree que trata de vosotras y que perjudicaría al Ojo.

-¿Una Profecía? Creía que eso se había acabado con Harry Potter y Voldemort.

-Bueno, si te contásemos...- sonrió Neville con algo de sorna.

-¿Y qué dice?

Hermione negó con tristeza con la cabeza.

-No estás preparada aún para saberlo. Por lo pronto, olvídate de ello.

-Además, hace unos días comprobé que las profecías pueden romperse...

-Pero quiero saberlo.

-No tenéis por qué ser vosotras.- reiteró Neville, bajo la mirada de Hermione. Sabía que la madre de su alumna no quería que la pronunciase en voz alta.

Para el fastidio de Rose, no lo hizo.