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Historia 192582 — capítulo 1

La noche era fría. La lluvia caía como cascada y los truenos sonaban por todo Nueva York, demostrando el enojo de Zeus. La discusión que Hades, Poseidón y él mantenían llevaba más de una hora, y parecía que no acabaría pronto.  Zeus estaba atravesando una situación demasiado conflictiva.

  • ¡No podemos permitirlo! - gritó Zeus, demostrando su rabia.
  • Trata de relajarte al menos un poco, hermano- aconsejó Poseidón.
  • ¡No me pidas algo que sabes no se va a cumplir! - gritó el anterior nombrado. Poseidón ya no sabía cómo controlar el ánimo de su hermano. Este último, como anteriormente se dijo, no estaba pasando por un momento fácil; Hades creía que él debía estar al mando del Olimpo, y no se preocupaba por ocultar la opinión que sostenía sobre la forma de mando de su hermano. A este problema se le sumó la infidelidad de su esposa, Hera. Los puños de Zeus golpearon con fuerza la gran mesa. Poseidón necesitaba encontrar la forma de calmarlo ya que cuando Zeus se ponía de esa forma, toda Nueva York temblaba.
  • Es increíble, no puedo creerlo. Sinceramente no esperaba eso de Hera. - añadió Poseidón.
  • ¡Es una ofensa hacia mi persona! 
  • Hermanito. - dijo Hades con cierto tono de burla- Que yo sepa tú has engañado a Hera muchas veces así que, si hablamos de ofensas, no eres ningún santo. Hera es tu supuesta mujer para toda la vida, pero no la respetas como se debe. La mujer debe estar cansada de eso también. - finalizó, haciendo que Zeus se pusiera aún más rígido.
  • ¡Yo soy el rey del Olimpo, puedo hacer lo que yo quiera! 
  • Era una broma, no debes enojarte por cosas tan idiotas como esas, no tienes sentido del humor.
  • ¡Como sea, basta de esto! - Poseidón suspiró, estaba molesto y harto. No podía creer hasta donde podía llegar el egoísmo y la crueldad de sus hermanos.
  • Como no puedo matar al mortal porque tiene la bendición de Hera, creo que sería justo asesinar a la semidiosa antes que nazca - Zeus determinó, dando por finalizada la discusión. Poseidón no podía creer la frialdad con la que su hermano hablaba, nunca lo había visto tan enojado en su vida. Se vio obligado a votar a favor de la propuesta, ya que sabía que era prácticamente imposible hacerlo cambiar de opinión. Hermes, quien escuchó la conversación completa, sintió la necesidad de contarle a Hera lo que los tres grandes estaban planeando. Hermes llegó hasta los aposentos de Hera que se notaba nerviosa y angustiada. A pesar de sus pocos meses de embarazo, su vientre crecía notoriamente.
  • Creo que debería dejar el Olimpo lo más rápido posible. - aconsejó Hermes después de hacer una reverencia hacia la diosa en frente suyo.
  • ¿Qué pudiste averiguar de la reunión?
  • Zeus quiere matar a el fruto de su vientre. Me siento angustiado, he oído cosas que desearía no haber oído. Si mi padre se entera que te estoy contando todo esto tendré graves problemas ¿sabe eso usted no?
  • Lo sé y por eso agradezco que me ayudes-agradeció Hera.
  • Mi padre se siente traicionado, tiene que irse ya de aquí.
  • Lo sé.  Hermes estaba decidido a salir de allí pero antes de hacerlo se giró y, con la mirada llena de preocupación le dijo a la tan bella diosa: - Tenga cuidado por favor, cuide a esa vida que viene en camino, prometo servirle cuando lo necesite. - Hera asintió con una sonrisa melancólica y, por fin, Hermes abandonó el lugar. La Diosa rápidamente tomó sus pertenencias y huyó al Jardín de las Hespérides, el lugar era mantenido por ninfas y custodiado por un dragón de cien cabezas que escupía ácido. El jardín era un regalo de parte de Zeus y solo Hera podía entrar. Es el lugar donde se ocultó hasta dar a luz a la pequeña bebé. Hera no la quiso ni ver al nacer. Las ninfas del jardín estaban al tanto de todo, notaban la gran belleza y luz que radiaba esa pequeña.
  • Por favor, llévensela que tanta desgracia me ha traído. Una de las ninfas, Clio se apiadó de la niña y se la llevó en brazos, alejándola de Hera que lloraba a mares. 
  • Mi pobre niña, lo que vas a tener que sufrir, para ser feliz. -murmura Hera mientras ve hacia las estrellas. Clio miró a la pequeña y con sus propias manos creó un collar armado con una roca amarrada a suaves hierbas entrelazadas. Puso el collar alrededor del cuello de la bebé y sonrió ante la hermosa imagen que sus ojos admiraban.
  • Tu nombre será Adhara, bella semidiosa. Hija de la diosa Hera , tu destino aún no está escrito, pero cada día iras dejando tu huella en este mundo. Serás una fiel guerrera merecedora de reconocimiento.