← Harry Potter con los poderes de Merlín · de
Harry Potter con los poderes de Merlín — capítulo 3
El rayo no le impactó ya que una cúpula de color azul le cubrió e hizo que el hechizo rebotase y le diera a Voldemort, quien desapareció en un humo negro.
Sirius miró a Harry, éste estaba mirando donde había estado el mago oscuro y tenía una mano levantada. Él había hecho el escudo, un escudo tan poderoso que había soportado la maldición asesina.
- ¡Harry!- gritó Lily entrando a la casa junto a su esposo y sus suegros, Charlus y Dorea Potter.
Charlus era como su hijo y nieto, tenía el mismo pelo negro alborotado y usaba gafas pero detrás de ellas tenía los ojos color azul, era inefable.
Dorea, de soltera Black, era una mujer con mucha vitalidad, tenía el pelo liso castaño con los ojos castaños como los de su único hijo, era medimaga.
Llegaron los cuatro corriendo y vieron a los dos en el suelo, Lily cogió en brazos a su hijo y le abrazó, James ayudó a levantase a su amigo.
Sirius les contó todo lo que había pasado y también se lo contaron a Remus. Entre todos decidieron irse lejos de allí.
Todos los magos de Inglaterra se enteraron de lo que había pasado en la casa de los Potter, Harry se hizo muy famoso.
Dumbledore estaba furioso, Lord Voldemort estaba muerto, muerto en manos de Harry Potter, y eso no era por lo que estaba así de enfadado, estaba enfadado porque todos los Potter seguían vivos y no sólo eso, habían desaparecido junto con Sirius Black y Remus Lupin.
-
¿No han hablado contigo, señor Pettegrew?
-
No, profesor.
-
Así que no sabes dónde están…
-
N… no, p… profesor.
-
Bien. Vete.
Peter se fue de allí corriendo, dejando a Dumbledore sólo en su despacho.
- ¿Dónde os habéis metido?- preguntó al aire.
En un pueblo pequeño de Italia llamado Fley di Giorgio, había una gran casa, parecía una mansión. La casa tenía dos plantas de alto y un jardín enorme detrás. Dentro vivían siete personas, seis adultos y un niño de un año.
-
¡Sirius Black! ¡Bajo ahora mismo a mi hijo!
-
Pero pelirroja, se está divirtiendo.
-
Puedes hacerle daño, le puedes dejar caer. Sólo se te ocurre a ti hacer volar a mi hijo de un año con un hechizo levitador. ¡Bájalo!
-
Está bien- suspiró el pelilargo.
Hizo bajar al niño que se reía a carcajadas. Atraídos por la risa del niño llegaron los demás miembros de la casa.
-
¿Qué vamos a hacer con Harry?- preguntó Dorea Potter.
-
Voldemort no está muerto, digan lo que digan los demás. Nadie muere evaporizándose.
-
Sirius tiene razón. Y según la profecía Harry acabará con él- dijo James.
-
Será mejor que le entrenemos. Cada uno de nosotros puede enseñarle una cosa. De momento que aprenda a leer y después le enseñamos hechizos y lo que sea necesario, cada vez le subiremos la intensidad según su edad y lo aprendido.
-
Buena idea Charlus, querido.
-
Pero también tiene que divertirse- dijo Lily.
-
Por supuesto, es un niño- estuvo de acuerdo James.
Los seis hablaron de todo y después de cuatro horas decidieron lo que cada uno le enseñaría:
**James:**Transformaciones, Cuidado de las Criaturas Mágicas, español, portugués, italiano, flechas, pistolas, quidditch, baloncesto, lucha libre y judo.Lily: Pociones, Encantamientos, Historia de la magia, estudios muggles, repostería, vals e hípica.Sirius: Animagia, Duelo, francés, belga, alemán, espada, dagas, boxeo, kung fu y kárate.Remus: Defensa Contra las Artes Oscuras, Magia sin varita, Magia Blanca, Oclumancia, fútbol y natación.Charlus: Magia elemental, Legeremancia, Runas Antiguas, Aritmancia, latín y griego.Dorea: Herbología, Astronomía, Sanación, cocina, ruso, búlgaro, chino y japonés.
Tenían trabajo por delante pero no les importaba, todos allí harían lo que fuera por el niño que se encontraba dormido en brazos de su abuelo.
-
Será un trabajo muy duro- dijo Dorea.
-
Pero por nuestro nieto lo que sea.
-
Además, creo que ha sacado la inteligencia de la pelirroja.
-
¡Ei! Eso ofende, Padfoot- dijo James mientras que los demás reían.
-
Estoy seguro de que todo saldrá bien.
-
Gracias Remus- dijo Lily emocionada.
Harry estaba en el salón mirando por la ventana. Estaba muy aburrido, quería salir a jugar al jardín, pero su madre no le dejaba porque hacía frío.
-
Cachorrito, ¿te apetece salir a dar una vuelta? Tu madre nos deja.
-
¡Ti! Vamos paino.
Le agarró de la mano y tiró de él.
- Pero espera, hay que abrigarse.
Sirius convocó los abrigos y una bufanda para el pequeño, se lo puso a ambos y salieron de la casa.
Pasearon por el pueblo, todos le miraban porque eran nuevos y vivían en una casa enorme en un pueblo pequeño. Todos murmuraban y hablaban sobre ellos, deseando de conocer a los nuevos vecinos.
Fueron a un parque donde el pequeño se columpió con cuidado y se había divertido, decidieron volver a casa pero no sin antes ir a comprar unas gominolas.
Entraron en la tienda y empezaron a comprar de todo un poco, allí había una niña de su edad con su madre.
-
Paino Pafo, Cate.
-
¿Quieres chocolate?
-
Ti, a tío Ony le gusta.
-
Pues vamos a coger chocolate.
Ya que tenían lo que querían fueron a pagar. Harry miró a la niña y le sonrió, ésta se sonrojó un poco.
Sirius no podía creer l que veía, había visto esa sonrisa un millón de veces en su hermano, James. La usaba para ligar pero… ¡Harry sólo tenía un año, por Merlín!
Llegaron a la casa muy contentos.
En la cena Sirius les contó lo que había pasado en la tienda de gominolas.
-
¿Estás seguro de que era esa sonrisa?
-
Estoy seguro, Prongs, te la he visto un millón de veces,
-
Pero eso no puede ser, Harry sólo tiene un año.
-
Lo sé, Moony, pero creo que Harry no es un niño normal, no siquiera para los magos.
-
¿Qué quieres decir, Sirius?- le preguntó Charlus.
-
Pues que Harry pronunció su primera palabra a los seis meses, empezó a andar a los ocho meses, el día que Voldemort le atacó hizo un hechizo tan poderoso que hizo rebotar a la maldición asesina, un hechizo que no yo mismo conozco, es un chico muy listo, demasiado listo para su edad.
-
Es cierto, no lo habían pensado- dijo James asombrado.
-
¡Mi nieto es genial!
-
¡Charlus!
-
Buscaré en los archivos a ver si había pasado antes algo así- dijo Charlus.