What you chose, Rose — capítulo 1
"Profitez de Londres, poupée". Sonreí y guardé el celular, que ya se apagaba por la falta de batería. Con los últimos arreglos del viaje de última hora, me olvidé por completo de cargar mi celular, y teniendo en cuenta que estuve matando una hora mandándome mensajes con mi mejor amigo, mi celular por fin se moría. Lo cargaría una vez llegará a la Madriguera. De las treinta personas que habría allí, de seguro alguien debía tener un cargador que fuera compatible con mi móvil. Faltaban veinte minutos para llegar a la casa de mis abuelos, iba a llegar justo a tiempo para el almuerzo familiar. Almuerzo familiar en la Madriguera... Hacía ya tres años que no asistía a alguno de esos. O veía a mi familia. Mi madre, mi hermano, mis primos... Oh, que alegría sería volver a verlos y abrazarlos; Francia era fantástica y había hecho muchos amigos allá, pero nada se comparaba con el calor familiar que recibiría de parte de las personas que estaban en la Madriguera. Sí, Dominique, mi prima favorita, vivió conmigo en París hacía tres años, y James y Albus fueron al menos una vez por mes a visitarme a Francia, y mis padres y hermanos intentaban ir por los menos cinco veces al año para verme. Pero ver a mi familia completa, reunidos bajo el mismo techo, después de tres largos años, sería como un regalo de Navidad. Me había mudado a Francia cuando tenía dieciocho años. Solo le revelé esto a Dominique, pero tenía miedo y nervios por el cambio tan brusco de lugar. No conocía nada de Francia, únicamente sabía lo básico del lenguaje y ni siquiera me consideraba lo suficientemente inteligente para estar en Beauxbatons. Aun así, como había ocurrido en la secundaria, me volví popular desde que puse un pie en el establecimiento. Los estudiantes me amaban, era la favorita de los profesores y mi vida iba de bien a mejor. Cuando me gradué a los veintidos de la Universidad, comencé un curso de diseño de ropa, del cual salí triunfando. Desde hacía tres años que era diseñadora de moda y ascendí a la fama con la colección de verano que lancé a principios de mi carrera. Entre crear ropa, entrevista y mantener mi vida perfecta, no veía a mi familia desde que me gradué de la Universidad. Pero por fin vuelvo a la ciudad donde crecí y esta vez no es por una visita de un fin de semana, sino para quedarme a vivir. Si pude ser famosa en Francia, ¿quién me detenía se serlo en Inglaterra? Mi equipaje, que se basaba en alrededor de treinta enormes cajas y cuatro maletas, fueron llevadas primero a casa de mis padres, que era donde me quedaría hasta adaptarme al cambio antes de mudarme a un departamento, y ahora iba hacia la Madriguera, en el auto de mi padre junto a él y mi tío Harry, quienes me llenaban de preguntas sobre qué había sido de mí todos estos años. —¡Ahí está la Madriguera! —chillé, tal niña pequeña. Mi padre y mi tío me sonrieron desde el espejo retrovisor. Aunque estábamos en pleno siglo XXI, mis abuelos nunca quisieron arreglar su casa que era digna de la época medieval. La casa debía de tener más de cien años, puesto que había sido primero de los padres de mis abuelos, pero seguía manteniéndose de pie. Tenía varios pisos, porque el matrimonio tuvo siete hijos -aunque en la actualidad quedaban seis, tío Fred había muerto antes de llegar a conocer a alguno de sus sobrinos- y contaba con un extenso bosque. Rural era la palabra perfecta para describir la vivienda. Y era perfecto. Ni siquiera esperé que papá apagará el motor, apenas estacionó, bajé de un salto del auto y me acerqué a la casa. Moría por ver a Hugo, Dominique, James y Albus. Y por supuesto mi madre. Y toda mi familia. Y además moría de hambre. Lo único que había desayunado hoy había sido un jugo de naranja y dos tostadas con mermelada de uva. —¿Emocionada, Rosie? —preguntó mi padre, poniendo una mano sobre mi hombro. —Mucho, papá. Ya quiero ver a todos. —Mejor entremos —dijo tío Harry, mirando su reloj de muñeca—, antes de que comiencen a comer sin nosotros. Solté una risita nerviosa. Mi padre me dio una sonrisa de apoyo y abrió la puerta que dirigía hacia la cocina. Tío Harry lo siguió. Yo respiré profundo, di un último vistazos a la ropa que había elegido para aquel día y entré a casa. Lo primero que vi fue a mi madre, quien al verme rompió a llorar. Alertados por el llanto, mis primos pusieron la vista en mi mamá y luego dirigieron su mirara hacia donde ella miraba. Sonreí dulcemente. —Que gusto es volver —dije. Mi madre llegó hasta mí rápidamente y me abrazó con fuerza; hacía dos años que no nos veíamos personalmente. Mientras acunaba mi mentón en la curva entre el cuello y el hombro de mi mamá, observé al resto de mi familia. Dominique se llevó sus manos a la boca y James, mi querido mejor amigo, la abrazó mientras reía, Albus, mi primo favorito, sonrió, mostrando todos los dientes como mi hermano. Mi abuela Molly chilló y mi abuelo Arthur se acercó para abrazarme. Cada uno de mi familia, de forma diferente, mostraban su alegría al verme. Todos, excepto la estúpida Lilian, mi insoportable prima. Y aquel dios griego que estaba sentado al lado de ella. Cabello rubio, ojos grises, labios carnosos y debajo de toda esa ropa, debía de tener un cuerpo de infarto. ¿De dónde diablos salió este modelo? Ni los hombres que había en Francia se comparaban con su belleza. —¿Quién es, Lily? —Oh, mon Dieu... Que voz tan sexy. Tenía que saber su nombre y ya. Me separé de mi madre, quien me dio un último beso en la frente antes de alejarse hasta los brazos de mi padre, y observé nuevamente mi vestimenta. Si hubiera sabido que tremendo adonis estaba en la Madriguera, me hubiera puesto algo más coqueto, pero imaginaba que lo que traía era suficiente para dejar aturdido a un hombre. Me había puesto una camisa blanca con botones que hacía resaltar mi cabello rojo, mi chaqueta favorita que era del mismo color que mis ojos: azul marino, unos vaqueros blancos que marcaban mis largas piernas y unos zapatos blancos con gemas negras. Y para completar el outfit, un bolso celeste. Sabía que me veía hermosa. Y sabía que él lo sabía. Me mordí el labio mientras me acercaba a él y le sonreí cariñosamente, a la vez que le tendía la mano para saludarlo. Él tomó mi mano. Solo imagina su mano sobre mi cuerpo. —¿No me conoces? —pregunté suavemente—. Rosebud Weasley, cariño, pero por favor, llámame Rose. El rubio hermoso me sonrió amablemente y me dio un beso en la mano. ¿Era amigo de mi hermano? ¿De alguno de mis primos? ¿El hijo perdido del vecino? No importaba, él debía acompañarme a algún lugar más privado para poder... conocernos mejor. —Todo un caballero —comenté, soltando una risita tonta. Acomodé mi bolso celeste en mi hombro—. ¿Qué haces tú entre todos estos cavernícolas? —bromeé. Para mí alegría, él se sonrojó. Estaba a punto de pedirle su nombre cuando Lilian puso su mano en la del chico, mirándome con enojo.¡Oh, vamos! ¡El dios griego no puede ser su pareja! ¿Qué clase de pacto con el diablo hizo Lilian para tenerlo en su cama? Fingiendo que no me importaba, levanté una ceja en su dirección y mostré una sonrisa egocéntrica, pues sabía cuánto la detestaba. —Lily, te ves... —La observé con una mirara evaluadora. Por Dios, ¿es que no había nada bueno en su armario? —uh, bien. Dominique soltó una risita y se levantó. Corrió a hacia mí para abrazarme más o igual que mi madre. Aparté la vista de la feliz pareja para corresponderle al abrazo y mirarla con una gran sonrisa. Sí, ella iba constantemente a visitarme a Francia, pero siempre la extrañaba. Ella era mi mejor amiga y siempre me sentaba mal no estar tanto tiempo al lado de ella como quisiera. —¡No me dijiste que venías! —me reprochó. Reí y la abracé con más fuerza. —¡Sorpresa! —exclamé feliz. Entonces mis primos y mis tíos se levantaron y apartaron a Dominique bruscamente para abrazarme. Ella rió y volvió a los brazos de James. Albus me levantó del suelo al abrazarme y me reprochó por no venir seguido a visitarlos. —De eso no tienen ya por qué preocuparse —dije animada—, ¡vuelvo a Londres! Dominique, James y Albus dieron un grito de júbilo y Hugo elevó los brazos, como dando gracias al Señor. Sonreí y volví a abrazar a Albus, cuando Lilian se levantó bruscamente de la silla y se marchó de la cocina, dejando el lugar en silencio. Compartí una sonrisa cómplice con Dominique, Lilian me odiaba y que yo estuviera de vuelta en Londres, no le hacía gracias. Y menos le haría gracias cuando convirtieran a su querido novio en mío. Puse los ojos en blanco cuando el dios griego, del cual todavía no sabía su número, siguió a Lilian. Mi madre frunció el ceño, disgustada, y yo mostré una sonrisa compasiva, en papel de niña buena. Dominique me tomó del brazo para llevarme hasta la mesa. —¡Hay mucho de que hablar! Cuéntame sobre tu último desfile de moda mientras comemos —animó ella. —¿Deberíamos esperarlos? —preguntó la abuela Molly, asintiendo hacia arriba. —Ah, no, si Lily sigue siendo inmadura, es su culpa —dijo Louis terco—. Yo tengo hambre. —¡Nosotros también! —exclamaron Remus II y William II, los hijos de mi prima Victoire y su esposo, Ted. Como Esmeralda, la hija de mi prima Molly, también quería comer, mi abuela se resignó a servir la comida. Pero yo quería saber qué pasaría allí arriba, así que mentí diciendo que quería usar el baño y me fui de la cocina, para comenzar a buscar a qué habitación se había ido a Lilian. Ella estaba en el tercer piso, en la habitación que antes le había pertenecido a su madre. Y el dios griego la estaba abrazando por la cintura. Me apoyé en el umbral de la puerta para verlos. —Nunca nos llevamos bien —le contaba Lilian al rubio, con la cabeza apoyada en su hombro—. Somos como perro y gato. Agua y aceite. De niñas peleábamos a cada rato, ¿y adivinas quién se llevaba la culpa de eso? Yo. Esa estúpida hacía creer a todos que yo era la mala del cuento. —¿No es buen momento de hacer las pases? —Aunque lo dijo muy bajito, llegué a escuchar lo que dijo el dios griego a su oído. —¿Con ella? ¡Ni en sueños! Bien, mi momento de hacerme notar había llegado. —Pues a mí me gustaría hacer las pases —dije con la voz más inocente que tenía. La expresión de Lilian se tornó furiosa y su novio se sonrojó; perfecto. Miré hacia el collar que me había regalado la abuela para no sonreír—Lils... —empecé, pero ella me interrumpió —¡Perra de mierda! —gritó Lilian a todo pulmón. Tuve que usar mucha fuerza para no romper en carcajadas. —¡Lilian! —La fonction a démarré. Tío Harry me apartó suavemente de la puerta y entró con tía Ginny, ella me sonrió apenada y compasiva, y yo en mi mejor actor de inocente, le di una sonrisa tímida—. ¡No vuelvas a llamar a tu prima de esa forma! —Dejen, tíos queridos —pedí, con tono apenado. Tomé un mechón de mi cabello, mirando hacia el suelo, en actitud de avergonzada—. Lily tiene todo el derecho de tratarme así, no he sido una buena prima. Demonios, yo debí de ser actriz; hubiera llegado a Hollywood si me lo proponía. Tía Ginny debió de caer en mi trampa, pues me pidió amablemente que saliera y también al novio de su hijo. Al hacerlo, descubrí que su nombre era Scorpius. Scorpius... ¡Que nombre más extraño! Al menos su físico de dios griego compensaba el raro de su nombre. Siguiendo con mi actuación, reclamé para quedarme e intentar solucionar las cosas, pero mi tío, dándome una sonrisa, me pidió que me fuera. Scorpius me miró brevemente y salió de la habitación, yo le seguí pero antes de que se cerrará la puerta del todo, sin que mis tíos se dieran cuenta, le guiñe un ojo de forma burlona a Lilian, cabreándola más. Scorpius se encontraba a varios metros de mí, estaba por doblar hacia el pasillo que daba con las escaleras, así que caminé más rápido para alcanzarlo. —¿Conque así te llamas? ¿Scorpius? —pregunté, en un intento de comenzar una conversación. —Sí —La respuesta es corta y seca. Fuera lo que fuera que le dijo Lilian, noté, sirvió para convencerlo de que era la mala del cuento. —Bien, Scorpius, quería pedirte un favor —murmure en voz baja. Scorpius me dio una mirara desconfiada—. Lilian y yo nunca nos llevamos bien, algo que comencé a lamentar cuando me fui al extranjero a estudiar... Quiero comenzar de cero con ella —Bajé mi cabeza, esperando causar pena en Scorpius. Como no bufó y estaba casi segura que no había puesto los ojos en blanco, continué con mi monólogo—. Tú eres su novio y espero que puedas ayudarme a hacer las pases con ella —Elevé mi cabeza e hice un ligero puchero—. ¿Me ayudarás, Scorpius? Él me sonrió, sin recelo ni desconfianza. —Claro que te ayudaré, Rose. Tiempo después, se desarrollaba el fantástico almuerzo familiar. La comida era riquísima, el tema de conversación era moi, Lilian no estaba, Scorpius se sentaba a mí lado y su atención era completamente mía. Me gustaba como estaban las cosas, pero moría por hablar con Dominique, ella me diría lo que quería oír. Así que al terminar el postre, di una excusa y me marché a una de las habitaciones con Dominique, hablando sobre cosas triviales hasta que estuvimos solas. —¿Cómo está Lorcan? —preguntó Dominique, tras cerrar la puerta. Lorcan Scamander era nuestro mejor amigo hacía más de cinco años. Dominique lo conoció cuando vino a visitarme a Francia por graduarme de mi primer año en la Universidad, él estudiaba también en Beauxbatons, pero hasta que mi prima no me lo presentó, no noté su presencia. Lo más gracioso e irónico de la situación era que Dominique y yo ya lo conocíamos, o mejor dicho, conocíamos a su gemelo porque él salía con una de nuestras primas, Roxanne. Recuerdo que aquel día me sentía muy confundida, porque Lysander Scamander era el único Scamander que conocía y hasta donde yo sabía, él no tenía hermanos, mucho menos algún gemelo. Fuimos los tres a un bar a hablar sobre el secreto de la familia Scamander. —Lysander se enojó conmigo porque por una vez en mi vida quería ser yo, no nosotros —había dicho Lorcan entonces, luego de bajarse toda la cerveza del vaso—. Porque quería estudiar en Beauxbatons y no en Hogwarts como él. Lysander siempre fue el más dependiente de los dos. —¿Por lo que negó tu existencia? —pregunté, llamando al barman—. ¡Que exagerado! —Perfecto para Roxanne —se burló Dominique—. Los padres de Lorkin respetaron los deseos de sus hijos y tampoco revelaron que tenían gemelos, cuando los chicos conocieron a Lysander creyeron, como todos, que él era el único Scamander. —¡Ah, pero tú eres mi Scamander favorito! —exclamé con una sonrisa. Lorcan rió y levantó su vaso vacío. —Por esta nueva amistad. Dominique y yo habíamos levantado nuestros vasos, los de nosotras llenas, y brindamos los tres, dando comienzo una gran amistad. Hasta aquel día, los tres éramos inseparables, a pesar de que Dominique y Lorcan hubieran dejado de ser pareja, y nosotras dos seguíamos guardando el secreto que Lorcan nos confió, incluso cuando Lysander ni siquiera sabía que lo sabíamos. —Está organizando la boda de algún famoso, no me dijo su nombre, quiere que sea sorpresa —informé ahora—. Pero quiero de hablar de algo importante. —¿De los nuevas casas de modas que abrieron desde que no estás? —preguntó Dominique emocionada—. ¡Debemos hacer un tour! —Sí, pero luego —dije, sentándome en la cama y jalándola para que se sentará a mi lado—. Háblame sobre ese dios griego de nombre extraño. Dominique me miró confundida un momento hasta que cayó en cuenta de quién hablaba. —¿Dios griego? Scorpius tampoco es tan guapo. —¡Claro que lo es! —exclamé—. Háblame sobre él. —Pues tiene la misma edad que Albus, él lo conoció en la Universidad, pero mientras nuestro primo estudiaba para ser profesor, Scorpius estudiaba para manejar una empresa —Sonreí. Oh, era empresario, debía de tener mucho dinero. De nuevo, ¿cómo hizo Lilian para atraparlo? ¿Estaba embarazada y no lo sabía?—. Empezó a salir con Lilian dos años después, o sea hace unos cinco años. —¡Cinco años! —exclamé sorprendida—. Lilian debe ser una zorra en la cama para que Scorpius siga con ella. Dominique me miró y rompió a reír con fuerza. Lágrimas de diversión se escaparon de sus ojos bellos ojos azules y se dobló en dos, mientras se sujetaba del estomago. Esperé hasta que se calmará para poder saber que pasaba, pero ya me estaba haciendo una idea de lo que ocurría. Dominique se detuvo, limpió sus ojos y me miró con una sonrisa. —Lilian es más virgen que la Virgen María —dijo. Me eché a reír y miré a mi prima sonriente. —¿Y cómo es que Scorpius sigue a su lado! ¡Es un hombre! O tiende a masturbarse seguido o la está engañando. —Seguro la primera, la ama mucho —reveló Dominique con desdén. Hice un gesto con las manos para que continuará explicando—. Se van a casar, Rose. Hace unos tres meses que le pidió matrimonio, se casarán en junio. —Dentro de cinco meses, ¿eh? —calculé pensativa—. Pobre dios griego, no poder tener sexo con su novia y encima casarse con una estúpida como Lilian, ¿qué le sucede por la cabeza? —Es lo que me pregunto todos los días —confesó Dominique—. A todo esto, ¿por qué te importa tanto Scorpius? —preguntó. Mostré una sonrisa que dejaba ver mi dentadura perfecta y Dominique negó la cabeza con una sonrisa divertida; ella ya sabía que tramaba—. Intentarás acostarte con él, ¿no? —Le haré un favor. El pobre no tiene sexo hace cinco años —dije seriamente, llevando una mano a mi pecho. —No sé si lo conseguirás, él la ama. —50 dólares a que me acuesto con él antes que se casen —dije divertida. Dominique me miró pensativa y estiró su mano. —100 dólares a que no te lo follas antes de que acabe el día. Me mordí el labio, pensativa. Mi rol de prima arrepentida se iría por el caño si intentaba seducirlo hoy, pero eran 100 dólares y la oportunidad de humillar a Lilian. Además, moría por ver al dios griego desnudo. Sonreí, asentí y estreché la mano de Dominique. —Ve preparando los billetes, querida prima. Antes de que llegue la noche, Scorpius se correrá en mí.