Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← ¡Albus! Encogí a Scorpius. · de

¡Albus! Encogí a Scorpius. — capítulo 2

Albus quiere matarme, lo sé por la mirada que me dedica desde el otro lado del cuarto. Y tiene sus razones, he encogido a su mejor amigo y además lo vestí como una Barbie. Ahora mismo me refugio detrás de Scorpius, en verdad, lo tengo mi regazo y le acaricio la cabeza como si de un mini perro se tratase. —Una vez más, Lily, ¿qué hiciste? —Una poción que salió mal, creí que ya teníamos claro eso... ¿Ahora además de miope eres de capacidad mental lenta? Mi comentario solo hace que se enoje aún más y se levante. Ante eso sujeto a Scorpius con cuidado y lo levanto como un escudo, cerrando los ojos. Él me golpea los dedos molesto por mi acto. —No puedo creer que hayas sido tan descuidada. —En mi defensa, yo siquiera tengo buenas calificaciones en pociones, soy un asco. Estaba probando... ¡Y Scorpius no me detuvo! ¡Se quedó mirando! ¡Él quería ser encogido! — ¡Lily! Suspiro y vuelvo a bajar al rubio en mis piernas. Él resopla y cruza los brazos. Siento que mis ojos se llenan de lágrimas otra vez, por la impotencia de no poder cambiar lo que hice. —Perdón, Scorpius, no era mi intención. Fue mi culpa, no presté atención —digo con la voz temblando y me sorbo la nariz. La mirada de él cambia, y poco a poco se deshace de su pose para acercarse a mi brazo y posar una mano ahí. Mueve la cabeza como diciendo que me perdona, y tengo ganas de comérmelo... Eso sonó caníbal. Albus se acerca arrastrando los pies y se sienta junto a mí, mirando a Scorpius como si no supiera lo que debe hacer. Y eso me desespera, porque toda mi vida he recurrido a Albus para solucionar problemas, y él siempre sabía cómo ayudarme, pero ahora está tan perdido como yo.  —Ya... Ya encontraremos la forma de arreglar esto —murmura al final, restregando su rostro con una mano. — ¿No le dirás a mamá y papá? —No, armarían un gran escándalo y tendríamos más gritos que soluciones —Gira hacia mí y me dedica una suave sonrisa—. No soy un chismoso, Liluna. Le devuelvo la sonrisa y recuesto mi cabeza en su hombro, a la par que acerco un dedo hacia Scorpius. Me podría acostumbrar a esto de acariciarlo, en caso de que no logremos devolverle la normalidad. Sería como mi mascota, lo quería como novio pero no todo en esta vida se puede. — ¡Engorgio! —exclama Albus señalando a Scorp luego de que lo puse en el suelo. Nada, seguía ahí como mini prostituta sin depilación. Mi hermano suelta un suspiro cansado y baja la varita. —Tenía que intentarlo —murmura y se inclina hacia su amigo—. No te preocupes, Scorp, hallaremos la forma de ayudarte. El rubio comienza a hablar de nuevo, pero apenas y podemos escucharle. Entonces Albus vuelve a murmurar otro hechizo mientras lo señala.  — ¿Tienes libros de hechizos? Esa maldita y sensual voz, al fin puedo escucharla otra vez. —Me los leí todos, no recuerdo algo de cómo devolver a la gente a la normalidad —Albus sacude la cabeza. —No creo que aparezca precisamente como "hacer que alguien crezca de vuelta" —admite y comienza a caminar en círculos mientras sostiene su falda—. Busca hechizos para romper encantamientos, alguno funcionará. Ambos asentimos y Albus vuelve a incorporarse con Scorpius en la mano, camina hacia mí y me lo tiende. Yo parpadeo confundida por eso, pues había dicho que dejara de agarrarlo y acariciarlo porque era un humano y no un juguete. —Encárgate de lo que hiciste, Lily —me ordena y yo pongo las manos para que deposite allí al rubio. —No me lo digas como si fuese un bebé. Es un hombre pequeño, no un bebé —imito su voz y él rueda los ojos. Lo sigo por la casa vacía mientras él baja las escaleras, en cuanto toma su abrigo y se lo pone frunzo el ceño. — ¿A dónde vas? —A la biblioteca, buscaré contra-hechizos. Tú cuida de él —hace un gesto hacia Scorpius. El rubio se mueve en mis manos y lo observa ofendido. —Soy un adulto, puedo cuidarme solo... Además, la última vez que me dejaste con ella —se señala completo—, ¡pasó esto! Albus resopla y yo abro la boca ofendida. —Bueno, ¿quieres que mis padres te vean así y llamen a los tuyos para iniciar una batalla campal? Que así sea, Scorpius. Nosotros bufamos bajando la cabeza, ahí estaba el Albus-siempre-tengo-la-razón. —Tenías que vivir con tus padres —le recrimino a mi mini mascota. —Tú también lo haces, Lily, tú también. — ¡Pero yo tengo dieciséis años, no diecinueve!  Siento que mi rostro se tiñe de rojo cuando se vuelve para mirarme, lo estoy sujetando muy cerca y casi me roza la nariz. Oh Merlín, es lo más cerca que he estado de él en mucho tiempo. —Espero que sigan completos para cuando vuelva —suspira mi hermano y abre la puerta—. Lily, no derritas o rompas a mi amigo, por favor. —Me equivoco una vez... A veces dos, pero ahora no lo volveré a hacer —juro alzando el mentón. —Y Scorpius —lo señala, en tono de advertencia—, no vuelvas loca a mi hermana. Él bufa y se deja caer en mis manos con su típico aire burlón. —Pero si ya lo está. Entonces estoy chillado y muevo las manos para hacerlo saltar en ellas, Scorpius me grita que pare. ¡Pero el maldito me ha dicho loca! — ¡Lily! —exclama entre molesto y asombrado Albus—. ¡Basta! Me detengo apretando los labios y mirando con odio a Scorpius. —Te dije que no la molestaras, no que declararas tu muerte en cinco palabras, Scorpius. —Ahora sé lo que no debo hacer —afirma él, con el cabello revuelto y expresión de mareo. Albus se retira y yo me quedo frente a la puerta de entrada aún sujetando a Scorpius como si fuese una mesa. Trago saliva nerviosa, ¿qué hago ahora? ¿Querrá comer o ir al baño? Nunca tuve una mascota, esto es raro. Mamá y papá llegarán en cualquier momento, por lo que me apresuro a subir las escaleras de dos en dos. Me deleito con la mirada de desesperación en Scorpius mientras corro, y luego lo dejo junto a mi almohada. Cierro la puerta del cuarto, pego mi frente a ella sin muchas ganas de voltear a verlo. Mi plan de estar a solas con Scorpius en mi cuarto no implicaba a él siendo una copia masculina de Barbie, tampoco que me tenga rencor por lo que le hice. Así que es más difícil voltear y mirarle ahora. Una vez más me pongo en ridículo cuando camino en reversa, evitando mirarle, solo para llegar al otro lado de la habitación. Puedo sentir su mirada sobre mí, y mi nerviosismo crece. Termino tropezando y cayendo de espaldas. Suelto un quejido cuando el dolor se esparce por mi cuerpo. — ¿Lily? —Sigo viva —gimo y me retuerzo intentando levantarme—. No lo vi venir. —Siquiera mirabas tu camino, ¿por qué? Por el tono que usó ya podía imaginarlo sonriendo con sorna. Maldito Malfoy, ¿por qué me gustabas tanto si eras tan molesto Oh, verdad, soy tan molesta como él. Me levanto, y como si yo fuese el cocodrilo de Peter Pan me acerco a la cama. Sonrío con malicia mientras lo rodeo, la expresión de él cae. — ¿Quieres jugar, Scorp? —Estoy muy viejo para juegos. —Va a encantarte —digo mientras me incorporo y camino hacia mi armario—. De pequeña toda la familia me regalaba cosas de Barbie... ¿Adivina qué? Abro la puerta y enciendo la luz. Toda una colección se dejó ver. —Aún conservo todo.