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Lo que Harry no supo ver: el secreto de Ron y Hermione — capítulo 31
Llegó la mañana y, después de meditarlo un rato, decidieron que lo más seguro era no permanecer demasiado tiempo en el mismo sitio. Ron aún llevaba el brazo en cabestrillo. Le dolía bastante, pero no tanto como para no soportar un traslado. Tal y como le dijo a sus amigos, él estaba de acuerdo con cambiar de lugar siempre que el cambio le acercase a un bocadillo de bacon. Y, sí, eso significaba que Ron se encontraba mejor. Al menos, físicamente. Cuando llegaron al nuevo lugar, Harry se ofreció a ir en busca de comida. Bajo la capa, se dirigió a un pueblo cercano. Ron no tenía ganas de hablar con Hermione, así que se sentó junto a la puerta de la tienda, con la varita en la mano. Al poco tiempo, ella asomó la cabeza y le hizo una pregunta:
- Ron, ¿has visto mi regalo? No lo encuentro por ninguna parte. Él habló, sin molestarse en devolverle la mirada.
- ¿Qué regalo? ¿Aquel que dejaste ayer tirado por el suelo de la tienda? ¿Ese regalo es el que ahora finges que te interesa? Ella rodó los ojos.
- ¡Ronald, por favor! Ayer salí corriendo porqué pensé que alguien estaba atacando a Harry.
- Ya. Pues mira, no. Tu precioso Harry sólo tuvo otro de sus sueñecitos causados, según tú, porque no es capaz de cerrar su mente. ¡Mira por donde, él tampoco es perfecto! - ¡Yo nunca he dicho que lo fuera! - Ella respiró hondo - Ron, ¿Me dices dónde está la cajita, por favor?
- La tengo yo.
- ¿Me la das?
- No. Si no la quieres, no tienes porqué fingir.
- ¿Cómo? Yo no finjo. Es mi regalo y lo quiero de vuelta.
- ¿Para qué? ¿Para dejarlo de nuevo tirado a la primera ocasión? ¿De verdad que lo quieres? - Ella asintió y él le pasó la cajita que tenía el bolsillo - Aquí lo tienes. Escóndelo bien, que nadie lo vea.
- Ronald, ¿Qué te pasa? ¿Qué es lo que quieres?
- ¡Joder! ¿Cómo puedes no verlo con lo lista que eres? Quiero que si te avergüenzas de lo que ha pasado entre nosotros me lo digas a la cara.
- ¿Cómo dices eso, Ron? Claro que no me avergüenzo.
- ¿No? ¿Segura? Si has cambiado de opinión, dímelo. Podré aguantarlo. No eres la primera persona que se avergüenza de mí.
- ¡Yo no me avergüenzo de ti! Él se puso de pie y la encaró, mirándole a los ojos.
- Vale, pues entonces, díselo a Harry. Explícale lo qué narices sea que está pasando entre nosotros. - Ella no dijo nada - ¿Sabes qué pienso? Que el sombrero se equivocó. Qué debió ponerte en la casa de los listillos en vez de en la de los valientes. Aquello realmente molestó a Hermione. Ella se cruzó de brazos.
- Vale. Lo haré.
- Ya, seguro.
- Cualquier cosa es mejor que tener que seguir escuchando este discursito de falsa humildad tuyo, Ronald.
- Pues ya lo veremos.
- Pues sí, lo veremos. En ese momento, Harry volvió jadeando, interrumpiendo su conversación. Ron no pudo dejar de apreciar, con rabia, como Hermione guardaba disimuladamente la cajita en su bolsillo. Harry les explicó que el pueblo, pese a ser muggle, estaba plagado de dementores y que él, sorprendentemente, no había sido capaz de conjurar un patronus.Hermione, cómo siempre, descubrió la causa. Ese maldito Horrocrux. Ese asqueroso objeto que parecía tener un corazón palpitando en su interior. Si ese colgante afectaba al portador, concordaron que era mejor llevarlo por turnos. Hermione empezó el suyo. Cuando se trasladaron, Ron se ofreció voluntario para la siguiente expedición en busca de comida. Con un fastidioso "Me largo. Total, aquí nadie me echará de menos", se fue a hacer un reconocimiento de la zona. En la tienda, Hermione se sentía extrañamente agotada, pero no sé le ocurrió atribuirlo al oscuro objeto que llevaba colgado del cuello. Había tomado una decisión, aquella tarde se sinceraría con Harry sobre su situación con Ron y que pasase lo que Merlín quisiera. Se acercó a su amigo, el cual estaba sentado a los pies de la cama de ella, observando los puntitos del mapa del merodeador. Probablemente, por la cara de perrito triste que ponía, intentando averiguar qué es lo que estaría haciendo Ginny en esos momentos por el castillo.
- Harry. ¿Podemos hablar?
- Claro. - Él dejó el mapa y le dedicó su atención a su amiga. Hermione tragó saliva antes de seguir hablando.
- Harry, hay algo que me gustaría compartir contigo.
- Te escucho. Ella miró a los ojos de su amigo y no supo cómo continuar. Para ganar tiempo, sugirió ir a por algo de té. "Cobarde". Por primera vez, a Hermione le pareció oir una voz en su cabeza. Pero como sólo fue una sola palabra, fugaz, pensó que sólo eran imaginaciones suyas. Al poco, Hermione volvió con una bandeja. En ella llevaba una tetera humeante y dos pequeñas tazas. Se sentó junto a Harry con la bandeja en el regazo. Cogió aire y volvió a hablar. - Harry, quiero hablarte de Ron.
- Sí, Hermione. Qué alivio que saques tú el tema. Yo también quería hablar contigo sobre él.
- ¿Sí? - Hermione empezó a ponerse nerviosa. - No sé cómo contarte esto.
- Tranquila, sé lo que me vas a decir. Tienes miedo a hacerle daño.
- ¿Cómo?
- A mi me pasa igual, Hermione. - Ella le miró con cara de no entender. - Ya sabes, con la aparición conjunta. Primero sólo fue media ceja, ahora un trozo de brazo. ¿Qué será lo siguiente?
- Ah, sí, tienes razón. Pero, en realidad, no. No era de eso de lo que quería hablarte. Hermione se abrazó a sí misma, indecisa. Harry lo percibió e intentó animarla a hablar, poniendo un poco de humor a la situación.
- Venga, Hermione, suéltalo. No puede ser tan grave. No es como si estuviérais juntos y yo fuera el último en enterarme.
Y entonces Hermione sintió un gran dolor de cabeza y, por segunda vez, una voz que le quitó la fuerza de voluntad. "Cobarde. Ron tenía razón. El sombrero se equivocó. Nunca debiste ser una Gryffindor. En realidad, nunca debiste ir a Hogwarts. Nunca serás tan buena como un sangre pura. Sólo eres una sangre sucia que juega a ser una bruja." "Asocial. Te importan más los libros que las personas. Nunca tuviste amigos antes de entrar a Hogwarts porque eres insoportable. Ron y Harry sólo están contigo por interés, para que les saques de los líos. Cuando todo pase, se olvidarán de ti y te abandonarán." "Inútil. Le arruinaste la vida a tus padres. Ellos lo dieron todo por ti y tú les has correspondido exiliándoles y quitándoles todo lo que querían. ¿Cómo te creíste con ese derecho? ¿Y Ron? ¿Cómo puedes creer que él podría siquiera corresponderte? Ya lo sabes, a él le gustan las chicas guapas. Te usará porque aquí no tiene más dónde escoger y luego te cambiará por cualquier rubia sin cerebro. ¿De verdad vale la pena sacrificar tu amistad con Harry por una aventura que no durará más que algunas semanas?" A medida que la voz del Horrocrux iba avanzando en su discurso, este iba profundizando más y más en la mente de Hermione. Tanto que ni siquiera escuchaba la voz de Harry, quién después de llamarla varias veces por su nombre, elevó la voz.
- ¡Hermione! Ella esta vez sí reaccionó, pero se llevó un gran susto. La bandeja salió volando y derramó el té por encima suyo y de su cama. Las tazas cayeron al suelo y se hicieron añicos. Pero ella estaba tan afectada que le costó reaccionar. Harry estaba aún más preocupado.
- Hermione, ¿Estás bien? - Ella le miró con los ojos llenos de lágrimas y asintió - ¿Seguro? No lo parece en absoluto.
- Si, sólo estoy un poco mareada. - Su voz sonó triste y ronca.
- Quítate el jersey, está empapado - Y mientras ella se lo quitaba Harry le tendió un jersey de él, que tenía sobre una silla. - Tienes mala cara, túmbate en mi cama un rato mientras yo limpio este desastre de té y tazas rotas. La voluntad de ella parecía anulada. Simplemente se limitó a obedecer a Harry. Se cambió su jersey mojado por el de él, seco. Y se tumbó en la cama de Harry mientras él secaba de té la de ella y aplicaba un reparo sobre las tazas y tetera. Agotada, mientras miraba a su amigo arreglar en desastre que ella había causado, se quedó dormida. Mientras tanto, Ron ya estaba de vuelta. No había encontrado ningún pueblo en el cual conseguir comida, pero aún así su humor había mejorado. La larga caminata le había sentado bien y le había dado la oportunidad de pensar. Se iba a disculpar con Hermione. Quizás la había presionado demasiado y, en definitiva, fue él quien sugirió, ya muchas semanas atrás, no decírselo a Harry. Cierto era que él y Hermione habían llegado mucho más lejos de lo que él hubiese esperado y que quería gritar que estaban juntos a los cuatro vientos. Pero si ella no estaba preparada, lo justo era darle un poco más de tiempo. Entró en la puerta de buen humor y se encontró con Harry dejando unas tazas de té en el fregadero. Buscó a Hermione con la mirada y le sorprendió no encontrarla en sus lugares habituales. Pensó que estaría en el baño hasta que, por casualidad, la visualizó durmiendo en la cama de su amigo. Se había quitado la ropa que llevaba y puesto el viejo jersey morado de Harry. Y la fachada de Ron se derrumbó, ¿Cómo habría podido creer por un momento que esa chica tan maravillosa en verdad lo amaba pudiendo escoger a Harry Potter? Rico, famoso, talentoso... Exactamente lo contrario a él. ¿Cómo la chica más brillante de su generación iba a ser tan tonta como para escoger a un perdedor? Si había alguna explicación por la cual Hermione estaba dormida en la cama de Harry, él no quería saberla. Las únicas veces que ella se quedó dormida en una cama que no le era propia era tras aquellas sesiones de besos y algo más cuando ella se quedó dormida en la cama de Ron después de haber llevado sus cuerpos al máximo del placer. Parecía que ella ya había elegido. Había cambiado de bando y escogio el equipo ganador. Y aquello dolía. Dolía en lo más profundo. Y Ron recordó aquellas palabras tan odiosas que Tía Muriel le había repetido una y otra vez desde que era pequeño: "Es culpa tuya, Ronald, por creer en la bondad de los demás. Eres un pequeño niño tonto. No debes esperar nada de nadie, pues esa es la única forma de no salir herido".