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Lo que Harry no supo ver: el secreto de Ron y Hermione — capítulo 50
Las semanas iban pasando y, aunque Ron no se atrevía a dar un paso en firme en su relación con Hermione por miedo a que ella le rechazara, estaba contento de cómo iban las cosas entre ellos. No había habido reconciliación, ni besos. No estaban juntos, pero habían recuperado la cordialidad y complicidad de sus mejores tiempos. Y eso se agradecía especialmente porque Harry estaba siempre taciturno en su obsesión por las reliquias. Así que Ron y Hermione disfrutaban de sus momentos a solas.
Una mañana, mientras acababan de desayunar Ron le dijo algo que llevaba deseando pedirle hacía muchos días.
- Hermione. Me gustaría... - Él dudó y ella le miró a los ojos, animándole a seguir - Me gustaría verte.
Ella no entendió, y enrojeció antes de preguntar.
- ¿Verme desnuda? Ron, no creo que este sea el momento. Harry está haciendo guardia, pero podría volver en cualquier momento y...
Ron soltó una carcajada, que detuvo enseguida cuando ella le devolvió una feroz mirada.
- No estaba pensando en eso, Hermione. Aunque he de admitir que la idea me atrae mucho. No, me refería si podía verte, ya sabes, tu barriga. Siempre llevas ropa ancha y la verdad es que me gustaría poder mirarla. Aunque si no te apetece, lo entenderé.
Ella se lo pensó unos segundos antes de acceder. Se levantó de la silla y, lentamente, se desabotonó la camisa por la parte de abajo. Su piel quedó al descubierto desde debajo de su pecho.
Ron contuvo la respiración. La piel de Hermione seguía siendo suave y perfecta, pero su abdomen ya no era plano, sinó que dibujaba un semicírculo. Con ropa pasaba desapercibido, pero sin ella ya no era posible disimular su estado.
Ron la miraba en silencio y ella se removió, incómoda. Él sintió que debía decir algo.
-
Se te nota más de lo que esperaba. Fleur me dijo que en las madres primerizas la barriga podía tardar en crecer, pero mírate. ¿Sientes el bebé dentro?
-
No lo sé. A veces siento algo extraño. Como si un pez flotase dentro de mi. Pero no sé si es el bebé o es... No sé... Simplemente mi estómago.
Durante unos minutos se acarició el vientre, pero poco a poco su semblante se volvió cada vez más triste.
- Esperaba hacer algo brillante con mi vida y soy una madre soltera de 17 años.
-
Porqué tú quieres. - Le soltó él a bocajarro.
-
¿Qué quieres decir?
Ron se puso rojo hasta las orejas antes de seguir hablando.
-
Que si no quieres no tienes porqué ser soltera cuando nazca ese bebé. Hay maneras de hacerlo. Nosotros podríamos...
-
¡Ronald! ¡No quiero que te cases conmigo únicamente porque esté embarazada!
Él le miró a los ojos antes de contestar.
- Créeme, Hermione. No sería ese mi motivo principal.
Y ahora fue el turno de Hermione de sonrojarse. Él cogió sus manos entre las suyas antes de seguir hablando.
-
Sé que en el pasado he sido un capullo. Pero cuando me fui me di cuenta que no soportaría perderte. Tardé un poco pero ahora sé lo que quiero, Hermione. Sólo es que soy un poco lento, ¿Sabes? Pero eso no tiene porqué ser malo. Bill siempre dice que las rosas más bonitas son las que tardan más en florecer.
-
¿Te comparas con una rosa, Ronald? No te pega demasiado.
-
No, yo no. Pero nuestro bebé, sí. ¿Puedo?
Esta vez Hermione sí que entendió lo que él deseaba. Asintió con la cabeza y se puso de pie para que él pudiera acariciar su barriga.
- Nuestra pequeña rosa está dentro de un precioso envoltorio.
Hermione titubeó antes de hablar.
- Ron, no sé si te lo he dicho alguna vez. Mi abuela se llamaba Rose y es uno de los nombres que más me gusta para...
Pero Ron no la dejó acabar la frase.
- ¡Espera! ¿Me estás diciendo que es una niña? - Ella afirmó con la cabeza. Ron no pudo evitar reír mientras la abrazaba - ¡Hermione! ¡Los Weasley no solemos tener niñas! ¡Ya verás como se pondrá mamá cuando se entere de que vamos a tener una niña! - Entonces se dirigió a su vientre mientras lo acariciaba - ¡Hola, Rose! ¡Soy tu papá!
Ron y Hermione se sobresaltaron cuando notaron un golpe dentro de la barriga.
-
¡Hermione! ¿Has notado eso?
-
¡Claro que sí! ¿Cómo no voy a notarlo si está dentro de mi?
-
¡Bien hecho, Rose! Está claro que vas a ser golpeadora como tus tíos. ¡Espera, tengo algo para ti!
Se separó de Hermione para ir corriendo a por su mochila y volver con el regalo envuelto en corazoncitos. Se lo dio a Hermione para que lo abriese. Era un pequeño jersey de lana.
Hermione estaba visiblemente emocionada.
-
¿Lo ha hecho Fleur? Es precioso.
-
¿Fleur? No, qué va. Lo he hecho yo. - Ella le miró con sorpresa. - Sé tejer, sí. Aunque no me gusta presumir de ello. Cuando los gemelos se fueron a Hogwarts, mamá tenía mucho tiempo libre, así que nos enseñó a Ginny y a mi. Lo hice azul, porque sé que es tu color favorito, ¿Verdad?
Ella asintió, sin atreverse a confesarle que el azul era su color preferido por qué era el color de sus ojos.
-
Espera, Hermione, aún no está acabado. - Ron cogió su varita y, con un movimiento circular, hizo que en medio del pequeño jersey apareciese una letra R.
-
Rose Granger, aquí tienes tu primer regalo. Un jersey Weasley de pura cepa.
-
No, Ron. Rose Granger, no. Será Rose Weasley-Granger.
Los ojos de Ron se humedecieron y decidió enviarlo todo a la mierda. La iba a besar y que fuera lo que Merlín quisiera. Se acercó mucho a ella, puso sus manos detrás de su cabeza y la acercó. Ella se mordió el labio inferior con deseo y todo su cuerpo parecía estar de acuerdo con lo que estaba a punto de pasar. Pero de repente algo cambió. Ron pudo ver que Hermione ya no estaba disfrutando. Sus músculos se habían puesto rígidos y su mirada asustada se dirigía hacia un punto detrás de él.
Ron se giró para ver qué pasaba para encontrase con su mejor amigo. Harry estaba paralizado en la puerta de la tienda. La escena que tenía delante no dejaba demasiado lugar a la imaginación. La ropa de Hermione estaba abierta y dejaba ver su embarazo, mientras ella sujetaba ropita de bebé en una mano y era abrazada por Ron, quién se encontraba mucho más cerca de ella de lo que se consideraría adecuado entre amigos.