Tituladas 16.2% · 32,381 de 199,415 descubiertas
Rescatado 63.6% · 59,982 de 94,296 páginas identificadas · 59,972/60,586 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 19620 · de

Historia 19620 — capítulo 1

I. Sally

Otra vez…volvía a reencontrarse con ésa sombra sin rostro, y que por su postura se podía deducir que era de una mujer. Una mujer que hubiera significado nada para él sino fuera porque una voz familiar provenía de ella. Esa voz conocida, que resonaba en sus oídos como la más dulce de las sinfonías. Atrayéndolo al pasado, al mundo que había dejado atrás hacía siete años. El lugar al que ahora pertenecía y debía regresar a él.

-Papi, despierta-La niña zarandeó a su padre de lado a lado, intentando despertarlo.- ¡Papi, mi desayuno!-Riñó la castaña, perdiendo la paciencia y asestándole un libro de colorear que había dejado sobre la mesilla de noche, el día anterior.

Medio dormido, esquivó como por reflejo, el libro que por consecuencia, cayó estrepitosamente al suelo.

-Ya voy Sally, no hay motivos para caerme a golpetazos-Se retorció en la cama sonriendo de que todo fuera un sueño.-¿Qué quieres hoy?-Dijo en un tono adormilado, abostezando al instante. Ese día no sería fácil, presintió.

-Que te levantes y me prepares…¡waffles!-La pequeña gritó brincando en la cama, levantando de una vez a su padre que, por miedo a que no le cayera encima y lo utilizara como propulsor para tocar el techo, se dirigió al baño para refrescarse la cara.

Sus 24 años le sentaban de maravilla, pensó, al observar su reflejo en el espejo. Sus cabellos rojizos se deslizaban por su rostro impecable, dándole una apariencia desaliñada. Sus ojos azules, no habían perdido su chispa aunque desde el nacimiento de Sally, se encontraban inmersos en una indefinible oscuridad. Alargó su brazo izquierdo en búsqueda del cepillo de dientes, contrayendo levemente los grandes músculos, producto de su ejercitación. Sonrió suavemente, al escuchar a su hija gritar de emoción porque sería el primer día en que lo vería jugar.

Después de muchísimas prácticas e inumerables esfuerzos el equipo dirigido por su hermano, por fin podría cualificar al Mundial. Su familia, incluyéndolo, se sacrificó por varios años en llevar ése sueño a la realidad. Los “Chudley Cannons” estaban compuestos por tres de sus hermanos y el contrato de propiedad pasó a manos de su padre cuando éste, le pidió al Ministerio una recompensa al capturar a Luscius Malfoy; uno de los mortífagos más buscados de aquel entonces. Fred era el capitán, George el guardián, Ginny la cazadora y él, el buscador.

-Papá…-Se escuchó la voz agitada de Sally,quién había dejado de brincar.- ¡Qué lento eres! Creo que el viejo Troggle puede salir de su casa,caminar por toda la ciudad y volver, y tú todavía no te terminas de lavar los dientes.

-Jovencita, el que nuestro vecino sea un señor discapacitado no lo convierte en alguien para compararme,asi que bájese de mi cama y métase a bañar-Ordenó, mirándola de reojo, desaprobatoriamente. Aún le costaba entender de dónde sacaba tanta información si apenas se reunía con sus tíos.

Sally fue corriendo a su habitación para prepararse. Abrió el pequeño ropero de madera que su padre le había hecho el año pasado, y sacó el mejor vestido que tenía. Turquesa, con muchos lazos alrededor en la falda, buscó sus zapatos negros y sin más, se metió a bañar. Quería estar preciosa para gritarle a su padre, para que se sintiera orgullosa de ella cuando la viera animarlo en las gradas.

Ron, ya listo con su uniforme, bajó a la cocina. Se puso a prepararle el desayuno a su hija, probando alguna que otra ocasión, alimentando de paso su apetito. Sally, era su única compañía en aquella nueva casa. Se habían mudado de la Madriguera por cuestiones de seguridad y sólo se reunían con su familia en días festivos ó en reuniones del equipo. Lord Voldemort andaba suelto y muchas veces en “El Profeta” se hablaba que había reclutado a más personas, ex integrantes de la Orden del Fénix.

Pero como nada había sido comprobado, se basaba todo en sospechas y Dumbledore, que había sido reclutado para resolver asuntos diplomáticos en otras regiones de Europa, no podía certificar los rumores. Desde entonces, el mundo mágico vivía en tensión y Ron tomó la decisión de alejar a su pequeña de todos los malos augurios, refugiándose en ése vecindario muggle.

El susodicho se encontraba a unas cuantas cuadras de la Estación King Cross, situado en el corazón de Londres. Era un lugar tranquilo, donde cosas normales y aburridas acontecían a diario. Sally solía ganarle a todos sus amigos corriendo bicicleta, armando rompecabezas y jugando a las escondidas. Aprovechándose de sus dotes mágicos, encontraba fascinante el tomar de bobos a los niños de su edad. Respetando por supuesto, la promesa que le hizo a su padre de no mencionarle nunca a nadie, su bien guardado secreto.

Sally, tenía el cabello castaño y la mayoría del tiempo engreñado. Su carita estaba inundada de pecas, las cuales la ayudaban a entretenerse en el baño mientras buscaba diferentes figuras con sus posiciones estratégicas. Sus ojos eran de un azul intenso y su constitución era delgada pero fuerte. Solía hablar enredado cada vez que no sabía cómo salir ilesa de un problema, su pequeña boquita temblaba temiendo lo que pudiera pasar. A su corta edad era una niña muy inteligente, no le desagradaban los libros pero tampoco los consideraba artículos de su predilección.

-¡Ya estoy!-Gritó la niña, sacando del ensimismamiento a su padre y lanzándose a sus brazos.

-Ya me dí de cuenta-Dijo, agarrándola con mano firme y cuidando de que su mano a su vez, no se quemara con el sartén.

-¿Y mis waffles?-Sonrió, relamiéndose los labios en señal de hambre.

-Estarán en seguida, vé y siéntate en la mesa-La bajó hasta el suelo,aún en contra de sus deseos.

Ding dong…

Era el timbre de la puerta. Ambos dirigieron sus miradas a la entrada, Ron presintiendo lo que haría su hija le advirtió.

-No lo hagas…-La niña lo miró inocentemente y sin más pensarlo salió corriendo a ver quién era.

-!Yo voy, yo voy!-Abrió la puerta y se trepó en los brazos del invitado-¡Tío Harry!

-Jo, jo, jo, hola pequeña-La abrazó de vuelta, dándole paso a su esposa a entrar a la casa, en conjunto con sus dos retoños.

-¿Cuántas veces te he dicho que no le abras la puerta a nadie?-Se escuchó la voz agitada del pelirrojo desde la sala.

-Hermano, ni que nosotros fueramos unos extraños. Venga Sally, saluda a tu tía-Ginny, que resultaba estar tres meses embarazada, besó a su sobrina con dulzura.-¡Thomas! ¡James! ¡Bajensen de los muebles!-Pasó enseguida su atención a sus hijos, que se dedicaron a destrozar todo lo que a su paso se encontraba.

-Que bueno verte Ron-Harry lo abrazó, había pedido el día libre en el Ministerio para asistir al partido decisivo.

-Harry, gracias por venir, alguien se tenía que quedar con Sally en las gradas.

-Si, no te preocupes, tu hermana me encargó a los dos gemelos también.-Rió burlándose, jamás había sido tan feliz en su vida. Ginny se veía más hermosa que nunca, y el uniforme le sentaba de lo más bien. Su preocupación por algún problema que pudiera surgir en el campo, que la dañara en el embarazo, se disipó cuando ella le aseguró que había tomado las medidas necesarias para que tal cosa no ocurriera.

Ese año estaba decidido a obtener la niña que ambos deseaban, la niña que constantemente veían en Sally.

-Bueno, ya es hora de irnos.-Exclamó Ginny, tratando de que sus nervios no la traicionaran.

-No, todavía no. Papi, ¿mi desayuno?-Sally le haló por la chaqueta que se había puesto para combatir el frío de afuera.

-Te lo empacaré para llevar, entra en al carro con tus primos.-Le besó la frente y se dirigió nuavemente hacia la cocina para envolver la comida.

-Siempre lo he dicho hermano, eres un padre ejemplar-Le dijo Ginny, bajando su cabeza y sonriendo orgullosa ante todo lo que él tuvo que pasar.

-¿Sabes? Mi mamá nos dijo que nos compraría el nuevo juego de quidditch, ¿cómo se llamaba?-Preguntó entre dientes a James, mientras se acomodaban en la parte trasera del carro y se abrochaban los cinturones.

-“La snitch de los mejores”-Completó su hermano, que era un año menor que él. Ambos habían heredado el pelo azabache de su padre, y las pecas y ojos de su madre. Sally era un año mayor que Thomas y por tanto lo consideraba como su hermano más pequeño y a James…el enano.

-Pues ¿saben? Mi papá no me ha dicho nada de lo que me piensa regalar pero de seguro que es una escoba X30 porque así podré acompañarlo a los partidos.-Harry abrió la puerta, sentándose en el volante y abriéndole la del pasajero a su esposa.

-Si claro, si tu ni siquiera sabes volar-Comentó James, causando la ira de la castaña.

-Al menos no tengo que estar obedeciendo cada orden de tu madre.-Respondió, ya irritada.

-Eso lo dices porque tú no tienes madre.-Thomas le tapó la boca a su hermano, sus papás le habían prohibido hablar al respecto. Sally se quedó en silencio, su cara tornándose de roja a morada.

-Repite lo que dijistes-Saltó encima del ‘enano’ y lo comenzó a ahorcar, olvidándose que andaba con un traje y que se estaba esmoruzándose el peinado.

-¡Sally!¿Pero qué haces?-Ron la agarró por la cintura, la pequeña no dejaba de patalear furiosa por el comentario de su primo.-Ven aquí, cálmate.-La sentó en sus piernas, y se abrochó el cinturón.

-James y Thomas estaban hablando mal de mi madre. Decían que no existía, ¿verdad que no es cierto papá? Ella existe, ¿verdad?-Ron la giró abrazándola, y mirando a sus sobrinos desaprobatoriamente, ya iría a hablar con ellos.

-Claro que existe mi amor, existe-Ron se perdió en ése último pensamiento. La verdad no le importaba ni en lo más mínimo el paradero de su madre, sólo podía recordar aquella promesa que se hizo, de alejar a Sally lo más posible de su alcance.

Ya en el partido, los Chudley Cannons, luego de su presentación triunfal con fuegos artificiales y una danza de escobas, dieron inicio al juego.Jugaban en contra de los Alemanes, equipo seleccionado para constatar la entrada de los equipos al Mundial, midiendo su capacidad en el campo.

Los gemelos jugaron de maravilla, agitando claro está al equipo contrario con diferentes trucos y bromas pero consiguieron lo que querían…su distracción. Ginny le dió varios golpes a unos jugadores que querían pasarse de listos con ella.Pero Ron aún seguía sin conseguir la snitch y el partido se iba retrasando más de lo normal.

-¿Dónde estará?-Se murmuraba a sí mismo, mientras buscaba como un águila las alitas doradas brillar.

-Vamos papi, ¡tu puedes!-Escuchó la voz de Sally desde una grada cercana y sonrió, enfocándose más febrilmente en su búsqueda.

-Papá, ¿crees que tío Ron la consiga antes de que caiga la noche?-Exclamaron los morenos, riéndose ante los inútiles intentos de su tío.

-Ya verán que la conseguirá, la conseguirá para mí-Sally les sacó la lengua, y sus primos rieron a todo dar, aprovechando el tiempo jugando a las escondidas en las gradas. Tan pronto como Harry se dió de cuenta, se encontraba solo en el banco con Sally en la baranda gritándole a su padre.

-Err, ¿Sally?-Se le acercó a la niña-¿No te importaría quedarte sola por unos momentos?-Ella asintió. Estaba más pendiente al partido que a las palabras de su tío- Entonces voy a buscar a tus primos…¿dónde se habrán metido?-Murmuró esto último a sí mismo.

La snitch se encontraba a unos pocos metros del suelo y Ron no deparó en ir en su búsqueda. Bajó su escoba sin reparar en su oponente y estiró el brazo lo más que pudo para alcanzarla. Unos centímetros más y el partido sería de él. Solo tenía que aguantar unos segundos mientras su escoba alcanzaba el límite de velocidad. Muchos observaron expectantes, al ver que el impacto sería eminente si Ron no se apresuraba.

Ron estiró su cuerpo al máximo, cerrando los ojos. A continuación un estruendoso grito y la sensación de revoleteo en su palma inundaron sus sentidos. Había agarrado la snitch, había ganado el partido que tanto habían esperado. Abrió los ojos justo a tiempo para lanzarse de su escoba y correr a dónde lo esperaban su familia y sus compañeros de equipo. La sonrisa que tenía apenas se igualaba al sentimiento de triunfo que le recorría el interior, estaba alcanzando su sueño…el que nunca creyó poder conseguir.

-¡Muy bien hecho hijo!-Arthur lo abrazó con fuerza, estaba tan orgulloso de Ron. Había tomado seriedad, desde que Sally había entrado en su vida él se había hecho más responsable, menos inmaduro.

-Déjame ver a mi muchacho querido-Molly lo empujó, tomando la cara de su hijo entre sus manos y besándole las mejillas y la frente.-Estoy orgullosa de tí Ron, jugastes brillantemente. Pero que no te vuelva a ver haciendo una cosa así, podías haberte rajado la cabeza.-Le advirtió, haciendo que él no dejara de sonreír.

-Vaya Ron, eso sí que es vuelo de acción.-Lo recibió Harry, abrazando a su esposa. Los dos pequeños corrieron a aferrarse a las piernas de su tío.

-Tío, ¿nos enseñarás a jugar verdad? ¡Queremos jugar igual que tú!-Dijeron los dos a la vez, agarrando cada uno una pierna de él.

-Con calma chicos, aún le debo las clases a Sally. Que por cierto…¿dónde está?-Buscó entre todos sus hermanos que se felicitaban y gritaban alegres la victoria que habían obtuvido. Miró a Harry, que besaba a su hermana y lo separó halándolo por el hombro.-¿Dónde dejastes a Sally?

-¿Sally?-Harry lo miró aturdido. Fue pocos los segundos que sirvieron para que abriera los ojos como platos, dándose cuenta que la había dejado sola en las gradas…dónde las personas estaban desocupando sus lugares para devolverse a sus hogares.

-Te dije perfectamente que la vigilaras-Lo empujó molesto. Corriendo hacia las escaleras que guiaban a las gradas.

Le fue casi imposible pasar más rápido de lo que quería por entre los pasillos abarotados de gente. Algunos que lo detenían para felicitarlo, otros que lo insultaban por haber ganado, siendo fanáticos del equipo contrario. Ron comenzó a perder el control y a desesperarse. Empezó a empujar contra la pared a las personas que se encontraban en su camino. Gritando el nombre de su hija, de la cual no había ningún rastro.

Cuando por fin llegó a las gradas revisó con los ojos, nervioso, buscando aquella cabellera castaña de su hija.

-¡Sally!-Gritó, corriendo entre las banquetas, pensando que iría a escribirle una carta a los de la Confederación de Quidditch, para que redujera el tamaño de los campos y así fuera menos larga la caminata por las gradas.-¡Sally! Pequeña ¿dónde estás?

Ya no lo aguantaba, no había rastros de ella. Pasó su mano por sus cabellos, revolviéndose el peinado perdiendo la paciencia. Escuchó una risa, movió su cabeza hacia todos lados tratando de conseguir de dónde provenía. Otra risa, ésta vez pudo sonreír identificándola como la de su hija.

-¿Sally?-Preguntó con tono alegre, volteándose a los pasillos.-¿Sally?-Esta vez la risa era más fuerte.-¡Sally!-La vió, y salió corriendo aliviado a donde ella.

-¿Papi?-La niña lo miró extrañada. Tragando un pedazo del algodón que tenía en su mano.

-Sally, ¡Dios!-La cojió entre sus brazos y la cargó. La niña lo golpeó con el algodón juguetona.-No me vuelvas a hacer esto, me asustastes.

-No fue nada papi, estuve con ella.-Fue entonces cuando siguiendo la dirección que le señalaba su hija observó a la muchacha que tenía enfrente.

Era una joven de pelo castaño ondulado. Tenía gafas oscuras y le devolvía una sonrisa tímida.

-Lo siento, pensé que ella le había avisado.-Ron la estudió, frunciendo el ceño.- Su hija es toda una dulzura, y como la ví sola quise comprarle un algodón en lo que la venían a buscar.

-Sí, le agradezco su gentileza pero ésta jovencita tenía a alguien que la cuidara, que pronto se las verá conmigo.-Le dijo cortante.

-Entiendo, bueno como ahora está sana y salva creo que me puedo ir.-Le sonrió de vuelta, haciendo que Ron se incomodara.

-Papi, no permitas que se vaya. ¿No puede acompañarnos a la fiesta?-Le dijo, agarrando el cuello de su camisa.

-Sally, ¿qué fiesta ni qué fiesta?Usted se vá a acostar que se le pasó la hora.-Le respondió mirando a la muchacha.

Debía tener unos 23 ó 24 años pudo deducir. Estaba con una camisa roja de manguillos y una falda gitana negra, que le acentuaba muy bien las curvas. Era blanca como la nieve…recordándole a alguien, alguien que no podía distinguir.Su cara estaba impecable, era nívea y sin mucho maquillaje. Pero esas gafas le impedían ver detrás de aquella fachada. Aunque entre ése examen visual no pasó desapercibido la ausencia de anillos en su dedo anular.

-Me llamo Ronald Weasley-Le tendió la mano, la cual ella inmediatamente estrechó.

-Mucho gusto y ¡felicidades por el partido!-Soltó su mano y despidió con la mano a Sally-Adiós pequeña.-Sally le dió un golpecito en la cabeza a su padre, que la seguía mirando y lo miró desaprobatoriamente.

-Ehm…¡espere!-Gritó una vez ella se había alejado un poco. No entendía porqué ésa curiosidad de conocerla aún más.

-¿Si?-Volteó su rostro, para escuchar lo que él tenía que decirle.

-El equipo se vá a reunir en el Club Rochester, para celebrar la victoria. ¿No le gustaría ir?-Tartamudeó en éso último. Era la primera vez en mucho tiempo que invitaba a una mujer para algo.

-Me encantaría-Sonrió con los labios.-Pero hoy no puedo, tengo planes.

-Ohh, no hay problema.-Bajó la cabeza-Gusto en conocerla er…-La muchacha ya se había ido dejándolo con la palabra en la boca, y sin un nombre para recordarla.

Suspiró cansino. Levantó la vista hacia su hija que lo miraba con pena, negando con la cabeza.

-¿Como que te hacen falta unas clasesitas de conquistar mujeres,eh? Ya estoy entendiendo lo que quiso decir Tío George sobre tus encantos, lo único para lo que eres bueno es para ¡espantarlas!

-Hasta mi propia hija me regaña,¡esto es el colmo! –Le besó la frente-¿Para qué ir conquistando a mujeres si tengo en casa a la más bella de todas?-Ambos rieron, y Sally lo abrazó tirando el algodón al suelo.

-Te quiero mucho papi.

-Yo también te quiero pequeña.

Cuando llegaron a la casa ya Sally estaba dormida en el pecho de Ron. Thomas y James se habían dormido en el carro, mientras Ron sermoneaba a Harry sobre su conducta. Debía haber estado más pendiente de sus hijos para que no dejara sola a su hija.Ginny no paraba de reír ante las invenciones de su hermano, recibiendo miradas de enfado de su esposo por no defenderlo.

“Sino fuera por aquella señorita podrían haberla secuestrado, ¡y tú como si nada!”

Subiendo las escaleras hacia los dormitorios, continuó pensando en aquella muchacha. Le había resultado tan diferente a todas las que había visto pero a la vez tan familiar a alguien de su pasado. Se le erizó la piel al recordar cómo le había costado invitarla a la fiesta, y más al saber su reacción.

Depositó a Sally en la cama. Y la despojó de su vestido, colocándole suavemente el camisón mientras escuchaba los quejidos de la pequeña al sentir que le perturbaban el sueño. La arropó y apagó la luz de la mesilla de noche.

-Papi, no te vayas-Susurró con voz dormilona.-No te vayas sin contarme el cuento de la princesa.

-Sally es tarde, y ya estás dormida-Murmuró en voz de queda.

-Lo sé, solo quiero soñar con ella.-Suspiró,colocándose más cerca de él, que se encontraba sentado en la orilla de la cama estrecha.

Rendido, abostezó y después de varios segundos la complació:

-Había una vez un príncipe que era el mejor amigo de la princesa más bonita de la comarca. Hablaban de casi todo, música, deportes e incluso libros, aunque la mayoría de las veces terminaban discutiendo. Pero un día el príncipe descubrió que todas ésas peleas sólo habían hecho que sintiera algo más que una amistad por la princesa.Y un día se le declaró sin contar con que ella correspondía sus sentimientos. Vivieron enamorados y fueron felices, muy felices; y como muestra de ésa felicidad nació una niña preciosa. La princesa la cuidó con mucho amor al igual que el príncipe hasta que un día tuvo que partir a una misión para no regresar jamás.

-¿Y el príncipe, papi? ¿Qué pasó con el príncipe?

-Aceptó su decisión y amó a su hija con todo el corazón…viviendo feliz para siempre con ella.-A Ron le costó mucho decir ésas palabras, bastante. Recordar lo que había pasado, cómo habían ocurrido realmente los hechos le seguía doliendo. Sally yacía dormida y él agradeció una vez más por haberla tenido en su vida. Porque sin ella no habría podido sacar fuerzas para seguir adelante y dejar atrás las heridas del pasado.

La besó y cerró la puerta del cuarto. A los dos segundos sintió desmoronarse apoyado de la dichosa puerta. Estaba extenuado, aún con el uniforme del partido, aún con los problemas que le venían encima cerró los ojos y se dedicó a respirar. A expulsar de su mente ésas memorias que amenazaban con destruir la calma que había construído por tantos años. “No otra vez, no de nuevo”.

---- Nota de la Autora:¿Qué puedo decir? Hace muchísimo tiempo que no publicaba una nueva historia de la cual me hubiera enamorado tanto. Después de Eternal Flame, me fascinó ésta nueva trama de la que espero, les guste tanto o igual que a mí. Sería grandioso si pudieran dejar algún review con sus críticas ú opiniones, se aceptan cualquiera,xD. Bueno, ¡hasta la próxima actualización!