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Historia 196272 — capítulo 9

POR JAMES SIRIUS POTTER

Desde que nací, mi vida se llenaba de elogios y victorias. Cualquier persona que cruzara mi camino, conocía todo de mí o todo de mi padre. Creían que ponerse en cumplidos formaría un lazo de amistad, solo querían aprovecharse de las comodidades y contactos que la familia Potter para sus benificios.  Nuestra vida estaba cargada de popularidad. Mi padre, Harry Potter, daba mucho por todos, siempre fue perceptivo y valiente, donde veía sospechas, era el lugar adecuado para sus investigaciones. Evito un nuevo levantamiento de algunos resagados mortifagos que no tuvieron oportunidad de robos y atracos con el mago oscuro. Hace cuatro años, conocí a una chica de Gryfflindor. Su nombre era Leah Duval, era bastante reservada con su vida. Nadie ponía atención a sus intereses, tuvo amigos, pero eran personas que se aburrían a su lado. Tuve la idea de volver mis bromas hacia ella, además de asustar a mi hermano menor con lagartijas acuáticas. Leah era diferente. No protestaba, pero sus palabras no me detenían a seguir burlándome. Tampoco, toleraba que otros chicos hablaran con ella. Y, me dediqué a espantarlos con amenazas. Es que, Leah no merecía a esos perdedores. Allan era un cabrón, fingía saber mucho y estaba jugando con Leah, mientras mantenía una relación que todos sabíamos que era verdadera.  Aquel día, que Allan produjo ese accidente. Comprendí que no era capaz de volver un loco por ganarme una expulsión. Mis bromas no afectaba a esa gravedad a las personas, eran divertidas y Leah estaba mal, destrozada, lastimada. Yo, fui uno de los causantes.  -¡Ey, tú!-llamé a Allan que salía murmurando injurias contra la directora. -¡Déjame solo! -Claro que no. -Ya tuve suficiente-se quejó, deteniéndose para encararme. -Podrías haber matado a alguien, de verdad-le señalé, él rodeo los ojos- Leah pudo haber muerto. -¿Por qué no vas con ella y le dices toda la verdad? Tanto quieres que sean amigos, pero eres un cobarde. -No soy cobarde-negué cruzándome de brazos. Alla sonrió de lado, se acercó hacia mí amenazante. Tomó de mi camisa, clavando su mirada de fastidio. Sujeté su mano impidiendo que me golpeará, la expresión de odio del chico era preocupante. Este tipo estaba loco, cometió un accidente para ser expulsado ¿Acaso no tenía padres que pudieran sacarlo? Capaz que no. Allan me soltó, empujándome contra una pared y fui rápido cuando su puño se estrelló con el muro. Gruñó de dolor, se giró hacia mí. -¡Quédate con la mojigata! ¡Yo me largo! -Mira, quién dice ser cobarde, ¿eh? -Al menos, me hice cargo de mi plan. Funcionó muy bien, bueno, la parte del ácido me soprendió. -¡Eres un cerdo maniatico! -Adiós, Potter.