¿Cómo llegamos aquí? — capítulo 11
¿Cómo llegamos aquí?
Planes, maldiciones y copias: Tercera parte del plan.
Ya era casi de noche y Rodolphus continuaba en su despacho. Su ayudante hacía horas que se había ido. No habían encontrado nada. No faltaba ningún documento. Pero entonces, ¿Por qué esa mujer había echo algo así? Estaba claro que quería robar algo, algún plano, información importante. ¿Por qué se había ido con las manos vacías? Era inexplicable. Rodolphus tenía la mirada perdida en la pared descubierta del fondo de su despacho. Apoyaba los codos en los brazos del elegante asiento de cuero mientras juntaba las yemas de los dedos delante de su rostro. Alguien se había atrevido a robarle, engañarle y humillarle y ni siquiera sabía por qué. Pero encontraría a esa mujer. O si!. Ya tenía por donde empezar, aquel retrato. Un perfecto y fiel retrato de uno de sus quebraderos de cabeza. Un bello quebradero de cabeza, ojala todos fuesen así.
Sus brillantes ojos recorrieron toda la estancia cuando detectó la presencia de la criatura. Cuando habló lo hizo con voz susurrante y segura.
-Muestrate de una vez Lance, no tengo toda la noche.
Se escuchó una suave y atrayente risa masculina.
-Vamos Rod, no te enfades.-Dijo tranquilamente un hombre apareciendo de la nada- Ya estoy ante ti, amo.-Dijo haciendo una burlesca reverencia ante él.
El hombre volvió a reír. Aunque no era un hombre. Su piel era tan pálida como la nieve y sus ojos refulgían con un extraño brillo entre las sombras que le ocultaban. Dio unos pasos adelante y quedó iluminado por la lámpara del techo. Sus ropas eran caras y elegantes, todas ellas oscuras. Y su cabello rubio ceniza caía suavemente sobre sus hombros. Era difícil definir el color de sus ojos. Muy difícil. Pues no eran azules, pero tampoco grises. No, su color era más parecido al violeta. Sus facciones eran finas y aristocráticas. Poseía unos largos y blancos dedos ideales para estrangular los frágiles cuellos de los mortales. Y un par de largos y blancos colmillos que acariciaban su labio inferior. Si, un vampiro en todo su esplendor. Cualquiera hubiera temblado ante aquello. Cualquiera excepto un Lestrange. Y es que esta familia estaba metida hasta el cuello en el lado oscuro. Además Lance nunca hubiera hecho daño a su querido primo Rod. Por que ese era su nombre, Lance Lestrange. El mago sangre limpia convertido recientemente en vampiro. Lance se había mezclado con todo lo peor de la sociedad mágica hasta que consiguió que su sueño se hiciese realidad: ser convertido en un chupasangre.
-Te he hecho venir por algo serio Lance, no para una visita de cortesía.-Dijo Rodolphus seriamente.
-Oh, primo. Siempre te lo tomas todo demasiado en serio.-Dijo Lance soltando una risa socarrona.
-Y tu demasiado a broma.
Lance se sentó en la silla frente a su primo y subió los pies al escritorio. Rodolphus no pudo evitar rodar los ojos. Lance siempre sería el mismo, aunque tuviese el don oscuro. Siempre sería un snob, un excéntrico y un despreocupado. Ese era Lance, caprichoso, egocéntrico y guapo, todo un Lestrange. Le tendío el retrato de la preciosidad rubia.
Lance lo cogió y silvó en muestra de aprobación.
-Este es tu nuevo objetivo primito, seguro que no me necesitas para que esta preciosidad caiga rendida a tus pies.-Dijo devolviéndole el retrato.
-No Lance. Esta mujer ha estado hoy en las oficinas, husmeando entre los archivos. Necesito que preguntes por ahí y averigües quien es. Dijo que ella y su socia se dedicaban a robar obras de arte muggles, pero no me creo nada.
Lance volvió a mirar el retrato y se lo guardo en el interior de su chaqueta. Si alguien podía encontrar a esa mujer era Lance. Conocía a todos los vampiros de Inglaterra. Y no le costaría mucho averiguar la identidad de la hermosa mujer. Rodolphus se levantó repentinamente y sacó unos trapos de una bolsa.
-Estas son las ropas que llevaba.
Lance no pudo ocultar su rostro asombrado. Comenzó a reír a carcajadas.
-Así que te la tiraste en tu despacho y aprovechó la oportunidad. Jajajaja….Nunca hubiera imaginado un error semejante del gran Rodolphus Lestrange.
Rodolphus se acercó furioso a su primo y le dio tal colleja que lo despeinó. A Lance se le cortó la risa de golpe.
-Fue ella la que desapareció dejando su ropa aquí-Gritó Rodolphus.-Pero ¿que hago yo dándote explicaciones? Coge esa ropa y rastrea la cuidad entera si es necesario, pero encuéntrala.
-Vale, vale. Ya voy-Dijo Lance levantándose y cogiendo la bolsa. Salió por la ventana murmurando- Joder, Rod, que malas pulgas tienes. Te falta sexo, tío, te falta sexo.
Buff. Lance siempre lograba sacarle de quicio con sus comentarios fuera de lugar y su estridente risa. Le daba jaqueca.
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Hora
0:30
Lugar
Jardín trasero de Malfoy Manor
Cometido
Tercera parte del plan
Nuestras intrépidas ladronas novatas se encontraban ante la imponente pared exterior de la mansión Malfoy. La gran finca de los Malfoy se extendía ante ellas. Y tras ellas, la ciénaga de los Malfoy, sistema de seguridad anti muggles. Les había costado lágrimas, sudor y sangre llagar hasta allí. Katie había llorado y pataleado para atravesar la ciénaga en escoba. Claro, que tuvieron que comprobar por el lado difícil que las escobas mágicas no funcionaban sobre la ciénaga. ¿Cómo lo descubrieron? Fue CJ quién tuvo la gran revelación y cayó en medio de la mugrienta ciénaga. Katie tuvo que lanzarle uno de sus más potentes hechizos de limpieza para que se le fuese el lodo y el bote más grande que tenía de Channel para que se le fuese el olor. Aunque en realidad había gastado casi la mitad del frasco vaporizando el aire de la ciénaga. Aunque se supone que con la pinza mágica que llevaba en la nariz era imposible que oliese nada. Las escobas las habían dejado en la otra orilla de la ciénaga para poder volver a casa y la cruzaron con barquitas. Una vez frente a la pared de la parte trasera de la mansión se dispusieron a llevar a cavo el plan. Las cuatro iban vestidas con el mismo traje que Katie había usado para robar al señor Lestrange. Pero además también portaban unos antifaces para que no las reconocieran. Lily se adelantó a las demás y dijo:
-Bien, recordáis lo que hay que hacer, verdad?-el resto asintió en silencio-Muy bien, entonces manos a la obra.
Lily pegó una mano a la pared y comprobó que efectivamente esta se quedaba bien pegada a no ser que ella desease que se despegase. Y luego hizo lo mismo con los pies. Todas las demás siguieron su ejemplo. Subian lentamente. Las paredes de la mansión de los Malfoy eran muy altas, por eso debían subir bastante. A mitad de camino ya todas habían adelantado a Lily y esta no pudo evitar mirar hacia abajo. Y con eso su miedo a las alturas regreso. Se quedó paralizada mirando al suelo. Sophie fue la única en percatarse de esto, por eso bajó un par de pasos hasta ponerse a su altura y le dijo:
-Venga Lily, deja de temblar y tira para arriba. Allí te vamos a necesitar así que sigue adelante y no seas cobarde.-Le dijo duramente.
Lily despegó su vista del suelo y asintió lentamente. Miró hacia arriba y continuo subiendo. Sophie se quedó tras ella por si volvía a necesitar ayuda. Estaba siendo uno de los peores días de la vida de Lily. Había tenido que montar en la escoba detrás de CJ, que era la que mejor montaba. Y después había tenido que trepar una pared con sus manos y pies como única herramienta. Por no contar con que estaba a punto de entrar en la casa de unos magos ricos a robarles, y sabía que si las descubrían lo mejor que les podía pasar era que avisasen al ministerio. Era un día horrible, ¿cómo se había dejado convencer?
Cuando terminó de subir el resto ya se encontraba esperándolas a ella y a Sophie. Katie había abierto mágicamente la ventana del pasillo que conducía a la biblioteca. El pasillo era largo, oscuro y frío. Se pusieron las gafas especiales, que habían modificado para que también se pudiese ver en la oscuridad con ellas. Al frente se encontraba la gran escalera de mármol negro que conducía a la entrada de la casa. El pasillo de alfombra verde botella se extendía a izquierda y derecha. Y al final de la parte derecha del pasillo estaba la biblioteca.
Caminaron hacia allí mirando los retratos de todos los Malfoy´s que se extendían por el pasillo. Katie se iba fijando en todos y cada uno de ellos. Allí estaban los que ella conocía. Aracne Malfoy, esposa de Arcturus Malfoy, conocida de soltera como Aracne Goldfish, hermana de su madre. Sophie también miraba los retratos con curiosidad, y al llegar al de Aracne se paró junto a Katie y le dijo:
-Kat, esta mujer se parece mucho a ti.
-Si, creo que somos familia.-Dijo Katie sin darle importancia al asunto.
¿Cómo no se iban a parecer? Ella se parecía mucho a su madre, por norma debía tener algún parecido con la gemela de esta. Aracne era una mujer muy bella, con el cabello rubio como el oro muy brillante. Los ojos eran de un azul intenso y la expresión tranquila y sosegada. Junto a ella estaba el retrato de su marido. El apuesto señor Malfoy, con su cabello rubio platino y sus fríos ojos plomizos. Y por último el joven señor Malfoy. Sophie lo miró atentamente. Umh, era muy guapo. Había heredado el cabello platino de su padre y los ojos azules de su madre. Seguramente se encontrarían con el en Hogwarts, ya que parecía tener la misma edad que ellas. Tendría que esperar hasta entonces para ver si el resto del señorito Malfoy también merecía la pena. Todos ellos portaban una expresión arrogante y aristocrática. Esos eran los Malfoy.
Llegaron al final del pasillo. Flanqueando las grandes puertas de la biblioteca había dos armaduras. Sin acercarse aún a las puerta lanzaron un hechizo paralizador a cada una. Así se evitarían sorpresas desagradable. Sabían que la seguridad estaba conectada. Sabían que nada más abrir las puertas docenas de hechizos saltarían contra ellas. Por eso lo prepararon todo. Sophie insonorizó el pasillo. Lentamente Katie y CJ se colocaron cada una a un lado de las puertas y agarraron el picaporte. Las puertas eran de una oscura antigua madera, por eso chirriaron al abrirse. Los hechizos se abalanzaron sobre ellas sin acertar en su objetivo. Excepto con Katie, que no pudo esquivar el último de todos y cayó al suelo de espaldas.
-Ay! Me va a salir un cardenal en el coxis. Osea, con todo el dinero que tienen podrían comprar aceite para las bisagras de las puertas.
Al fin. Ante ellas tenían la gran biblioteca principal de los Malfoy. Era una gran habitación circular. Y las altas pareces se encontraban abarrotadas de libros. Lily jamás había visto algo tan lleno de libros y tan ordenado. No había uno solo fuera de sitio. Había largas escaleras mágicas que se desplazaban de una punta a otra para poder observar los volúmenes más altos, aunque en ese momento se encontraban paradas.
Las cuatro se internaron en la gran biblioteca y al hacerlo contuvieron la respiración ante el espectáculo que se encontraba ante sus cabezas. El techo de la biblioteca era una gran cúpula. Unas luces hacían que esta quedase iluminada y se pudiese contemplar en todo su esplendor. Por que lo que había ahí era una obra de arte. Un exuberante jardín lleno de hadas y hermosas ninfas. Cada hoja de cada árbol estaba como esculpida, primorosamente pintada. Allí se encontraban los más hermosos seres que la imaginación puede lograr crear, incluyendo ángeles puros como la luz del sol y turbadores ángeles de alas negras. Aquella era la cúpula que habían instalado por orden del señor Malfoy como regalo para su amada esposa. La increíble cúpula de la que muchos hablaban y que nadie, excepto los Malfoy habían visto. Y allí comprendieron el por que. Era una obra tan exuberante y tan salvaje que turbaba y confundía a quienes la veían ya que las luces hacían que pareciese que esas criaturas se movían a sus anchas, y que en cualquier momento podían saltar y salir de la cúpula y rodearte con su música y su fiesta, con su alegría y con su felicidad.
Después de observar durante un rato la pintura volvieron a la misión. No habían ido a hacer una visita social, así que tendrían que dejar eso para el poco probable caso de que la señora Malfoy las invitase a tomar el té.
Sabían bien lo que debían hacer, por algo habían estudiado detenidamente los planos. Se colocaron en el medio y lanzaron un hechizo sobre una estrella de siete puntas que había en el suelo. Esta se convirtió en un círculo y desapareció dejando un agujero por donde comenzó a subir un atril sobre el cual descansaba un gran libro con tapas moradas de piel de dragón. Se miraron entre sí con una expresión maliciosa en el rostro. Y allí pasaron un par de horas mientras copiaban cada hoja del libro. El hechizo de copiar era francamente útil. Si en el colegio supiesen para que utilizaban los hechizos que les enseñaban les daría un ataque.
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Lance había preguntado a sus conocidos por la guapa rubia. Y todos le dijeron lo mismo, que si hubiesen visto algo tan apetitoso se la habrían comido. Por esta razón decidió seguir el rastro de la ropa de la rubia ejecutiva y así encontrarla. Lo cierto es que muchos sitios olían a ella. Normal, usaba perfume de Channel, pero solo ella tenía el mismo y característico olor de su ropa. Y el rastro le llevó hasta la mansión de los Malfoy. Así que era a ellos a los que quería robar! Pero había más. Podía oler a otras tres más con ella. Si, en ese mismo momento las cuatro estaban saliendo por una de las ventanas traseras. Dio media vuelta y fue a contarse lo a su primo, ya que quedaba poco para que amaneciera. No averiguó nada de la rubia peligrosa, pero al menos ya sabía que era lo que había estado husmeando. No tenía tiempo suficiente como para seguirla y además ir a contárselo a su primo antes de que amaneciese.
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Hora
5:30
Llevaban unas cuatro horas copiando el libro y por fin habían acabado. Salieron tranquilamente de la biblioteca dejando todo como estaba y comenzaron a salir por donde habían entrado. Sophie fue la última en salir y tubo que hacerlo corriendo ya que alguien se acercaba por el pasillo. Una vez fuera se agarró al alfeizar de la ventana y se asomó un poco para ver quien se acercaba. Y entonces apareció un muchacho rubio de su misma edad. Lucius Malfoy. Al final no tubo que esperar hasta Septiembre para verlo. El guapo muchacho llevaba su melena platinada perfectamente cortada y pese a ser unas horas indecentes parecía estar totalmente descansado. Pasó de largo y Sophie no pudo evitar asomar la cabeza para echar un último vistazo. Miau!
Al llegar al suelo se dirigieron a sus barquitas y cruzaron la ciénaga para volar con sus escobas sobre el cielo nocturno. Llegaron a casa de Katie cuando estaba amaneciendo.
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Era muy pronto. Tal vez las 6 de la mañana. Alguien estaba tocando a la puerta. Rodolphus se levantó apartando a la hermosa mujer que compartía el lecho con él aquella noche. Se puso su elegante batín negro y fue ha abrir la puerta de su habitación. Allí estaba Lance. Se dirigieron a la biblioteca.
-¿Qué has averiguado?
-No mucho. Nadie sabe quien es. Nadie la ha visto nunca. Pero seguí su rastro hasta la casa de los Malfoy. Allí estaba con otras tres más. Cuando llegué ya se iban, no creo que podamos encontrarlas hoy.
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Lucius caminaba por los pasillos de su casa. De repente se paró al notar algo fuera de lo normal. Olía a….no, era imposible. Su madre no usaba ese perfume. Pero pondría la mano en el fuego a que olía a Channel nº5.
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Hola!!!!!!!!!!!!!1
Siento la tardanza!!!!!!!!!!!!11
Espero q haya merecido la pena y os haya gustado el capi.
BSS!!
Hasta q ns leamos!!!
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