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Historia 24331 — capítulo 19
Lo de la cicatriz: muchas veces (y más a las mujeres) tendemos a exagerar algún punto en nosotras que nos parece desagradable... y por supuesto también el simbolismo de las marcas: al menos para Ginny que sabía usar bien la espada, fue casi una vergüenza bajar la guardia por una simple rosa... por eso ella la veía "enorme y fea..." a la famosa cicatriz, solo por lo que representaba.
Hefzy: déjame decirte que la receta para mi hombre perfecto si existe, solo que no se parece mucho a Harry. No por eso MI “Auror” deja de ser perfecto para mi, a como el Auror de Gryffindor es perfecto para Lady Ginny. Espero haya contestado tu pregunta.
PARA TODOS: el capi contiene lemmon, y una buena sorpresa al final. Espero lo disfruten.
OTRA COSITA: recuerden que este fic tiene una versión... digamos... un poquito más fuerte en la página fanfiction.
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Confesiones
Ginny dio un gran suspiro. El tipo de suspiros que anteceden a una confesión.
-Es imposible que esté enamorada de ese hechicero, señor,-y ahí miró directo a sus ojos- por que estoy enamorada de ti.
-¿De mí? -Harry la miraba intensamente.
-Sí, tú sí me hueles bien. Lo supe el primer día, cuando me bajaste del muro del convento y me sentaste delante de ti. Creo que me enamoré de ti en ese preciso instante. Antes le dijiste a Colin que tu juramento ha sido siempre tu única posesión, y por eso nunca lo quebrantarías… pero eso es mentira.
Él arqueó una ceja, sin mermar la intensidad de su mirada.
-no es tu única posesión…- ahí suspiró nuevamente, ya había confesado sus verdaderos sentimientos a su querido Auror… pero todavía faltaba un poco más- mi corazón siempre ha sido tuyo y siempre lo será.
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Sir Harry observó la suave sonrisa que esbozaban los labios de Lady Ginny y sintió cómo se le helaba la sangre; cruzó la habitación en un par de zancadas rápidas. Rodeó el escritorio, llegó a la cama y sin acostarla, la aprisionó en sus brazos-.
-Mi señor, ¿qué estás haciendo? -la sonrisa de Ginny se desvaneció en un santiamén. Forcejeaba para escapar.
Harry le cogió los brazos y tiró de ella para levantarla. La elevó hasta tener sus ojos frente a los suyos.
-¡Por el pulgar de santa Hermione! – dijo ella en un susurro; apoyó las manos en sus hombros y lo miró con expresión asombrada -¿Qué te pasa?-
-Dilo otra vez.-su voz sonaba tan suave que se sintió acariciada por ella.
Era impresionante tenerlo ahí tan desconcertado. La pelirroja mordió su labio inferior.
-¡Por el fuego del infierno, señora, no estoy de humor para esto!-dijo en tono rogativo-
La sonrisa pícara de Ginny volvió a brillar en sus labios. -Te amo.
-¿Porque huelo bien?-preguntó sir Harry-
-Sé que posiblemente te suene raro, señor, pero yo juzgo muchas cosas por cómo me huelen.
-¿Incluidos los hombres?
Ginny se ruborizó.
-Sabía que pensarías que mi explicación suena frívola.
-Eso es más que frívolo. Es una pura mentira. Cuando te aparté de aquella pared del convento y te senté delante de mí acababa de llegar después de un viaje de cuatro días a caballo. No me había lavado en todo ese tiempo, sólo la cara y las manos. Apestaba a caballo, a sudor y al polvo del camino.
-Sí, pero había algo más. Algo que yo reconocí.
-No creo que oliera a enamorado.
Ginny escrutó su cara.
-¿Cómo huele un enamorado, señor?
-No lo sé. Supongo que a rosas, lavanda y lirios. Seguro que no a caballo, sudor y polvo.
-Quizá tengas razón en cuanto al olor de otros enamorados, mi señor. No lo sé. -Ginny se cogió dulcemente el rostro entre las palmas de las manos-. Sólo conozco tu fragancia. La reconocí el primer día, aunque no sabía que era el aroma de un enamorado. Sólo supe que era la correcta.
-¿Y cómo es mi fragancia?- preguntó su esposo con interés.
-Es el olor de la madera de acebo,-dijo extendiendo su mano derecha y acariciando sus cejas- la fragancia del mar al amanecer –su mano bajó hacia las mejillas que mostraban barba de dos días, apenas dibujada-. Es un perfume intenso y excitante que deslumbra mis sentidos y me hace hervir la sangre –terminó con sus dedos en los labios de Harry-
-¡Ginny! -la dejó deslizar sobre su cuerpo hasta que sus pies se apoyaron en el suelo-. ¡Ginny! –y finalmente la besó.
Posiblemente era la pasión lo que la hacía creer que le amaba, pensó Harry. Ella todavía desconocía la fuerza de la pasión ya que hasta el momento, a la hora de hacerle el amor la trataba con delicadeza, después de todo, era virgen; su pequeño cuerpo aún no se acostumbraba a él. O quizá fuera su tendencia natural a acoger a los desamparados.
O quizá... Sí, quizá le amaba de veras.
Ella le rodeó el cuello con los brazos y abrió sus labios debajo de los de él. Harry sintió el tacto de sus dedos en el cabello y se estremeció por la urgencia que sintió.
Fue casi una tortura. Su marido la besaba lentamente como explorando un lugar al que no le pertenecía… pero claro que le pertenecía. Ella le pertenecía en cuerpo, alma y corazón. Era terriblemente lento a la hora que le soltó las tiras del corsé que llevaba, mientras le acariciaba los brazos, la espalda y bajaba para acariciarla mejor.
No podía evitar los gemidos que llegaban a sus labios. Quería que su esposo fuera más salvaje, todo un Auror,
-te amo- le volvió a susurrar al oído. Mientras él solo respondía quitándole la ropa, la redecilla del pelo, sus ropas, la falda… hasta dejarla en el camisón. Él le besaba los hombros y conforme la despojaba del camisón, besaba cada centímetro de piel de ella.
-Harry- su voz sonaba exigente, lo deseaba tanto que no le importaba rogarle. –te amo… ¿es que acaso no significa nada para tí?- Lady Ginevra frunció el entrecejo esperando la repuesta de su esposo.
-significa todo para mi- respondió sencillamente el Auror, quien no perdió tiempo y la despojó de sus ropas. La levantó nuevamente y se acostó sobre ella en la cama.
Ginny empezó a pensar con dificultad cuando Harry hundió su boca para jugar con uno de sus pechos. Estaban a plena luz del día, en cualquier momento alguna de las sirvientas podrían entrar a limpiar… o por el cuarto del costurero… podrían verlos… pero no podía; no quería detenerse.
A Sir Harry le asustaba creer que Ginny lo amase, pero estaba dispuesto a aceptar todo lo que pudiera obtener: Empezó a brotar en él un ansia desesperada, como le ocurría siempre que la tenía entre sus brazos y, junto con esa ansia, la necesidad igualmente desesperada de protegerla. Tenía que mantenerla a salvo de Tom Riddle. Ginny era lo más importante de su vida, su más fuerte fuente de consuelo.
La abrazó con más fuerza. Lo que sentía no era sólo físico, era mucho más potente. Harry sabía que tenía que aferrarse a Ginny con más fuerza y determinación de la que nunca había usado con su espada.
-Ahhhhhhhh, Harry-
Las manos inquietas de Ginny lo despojaron de su camisa y se deslizaban suavemente por su pecho hasta cruzarse con su cinturón de cuero. No sabe si fue la desesperación o simplemente ayuda divina; pero el pesado cinturón cedió con un simple toque suyo y fue a dar al otro extremo de la habitación.
Con un hábil movimiento Harry le sujetó ambas manos con una suya y detuvo sus caricias. Por instantes que parecieron eternos esos hermosos ojos verdes admiraron su cuerpo desnudo. Él se acostó de lado y con su mano derecha le acarició los brazos, las mejillas, lentamente los labios y la barbilla; el cuello, sus senos, el valle entre ellos que mostraba una leve capa de sudor.
Cuando la soltó de la prisión de su mano, ella fue incapaz de bajar sus brazos: él le acariciaba la cicatriz y se la besaba; luego su ombligo. Sus labios eran tan suaves y cálidos que jugaban en perfecto contraste con su barba de apenas 2 días.
Cuando la pelirroja creía que no podía resistirlo más, su marido le abrió sus piernas sutilmente para besarle las caderas, los muslos, las rodillas… las piernas y de una manera muy dulce sus pies.
Sir Harry levantó su mirada solo para observar la imagen más seductora que había tenido de su esposa: totalmente lista para él. Pero faltaba algo más antes de poder continuar, deliberadamente evitó besar la entrepierna de su querida esposa, lo dejaba para el final uno de sus más dulces placeres. Porque besarla, acariciarla y hundir su lengua en ella era lo más parecido al cielo que le había ocurrido jamás.
Harry
Su nombre se le escapaba de sus labios cual suave plegaria: dáme placer, e incluso ámame, por favor ámame Harry. Su respiración incrementó con locura respondiendo a los estímulos del Auror hasta que alcanzó una explosión interna y temblores incontrolables.
Harry se apartó de ella solo un momento para poder quitarse los pantalones y el calzado: estaba más que decidido a hacerle muchas más veces al amor a su mujer… a plena luz del día, tal y como se lo merecía.
Cuando Lady Ginevra abrió sus ojos castaños se encontró con los ojos verdes de Sir Harry que lo miraban expectantes e inescrutables como siempre. Llenos de secretos… y de alguna manera hermosos.
Todavía respiraba con dificultad y el hecho de tener a su esposo sobre ella no la ayudaba.
Con terrible ternura le acarició la cara, despojándola de unos mechones rebeldes. Ella cerró sus ojos y él le besó los párpados. Estaba deliciosamente cómoda: el cuerpo de su esposo justo en su centro, las piernas levantadas ligeramente para recibirlo, y sus brazos en la espalda de Harry.
-te amo- repitió ella sin miedo o vergüenza como antes lo había dicho.
Él se acercó aún más a ella y le dijo tan claro y audible que le provocó un escalofrío.
-Yo también te amo-
Y de repente sus ojos se volvieron tan claros que pudo verle hasta el alma. -¡Harry!-
Fue todo lo que pudo decir. Harry la silenció con un beso y la penetró. Lady Ginny habría suspirado de alivio, pero estaba demasiado ocupada gimiendo de placer. Su esposo la amaba. Su Auror la amaba…
Y se lo estaba demostrando. Se sentía en llamas con una necesidad a la que solamente él podía responder, y definitivamente estaba respondiendo. Pero no era suficiente. Deseaba sentirlo aún más… Sus pensamientos se evaporaron cuando él se movió de pronto, irguiéndose hasta ponerse de rodillas sin perder la unión entre ellos, y tirando de ella hasta colocarla en posición sentada sobre su regazo.
-Tienes el control sobre mi, Ginny- y ella lo comprendió tanto metafórica como literalmente; en esa nueva y excitante posición ella era la que controlaba el placer de ambos.
Las piernas de ella rodearon las caderas de él de forma natural y deliciosamente apasionante. Sus cuerpos se deslizaban uno contra el otro, y Ginny se estremeció de placer. Ahora se unían y se tocaban por todas partes. Ella recostó el rostro contra su cuello, al principio depositando besos y después mordisqueando el lóbulo de la oreja cuando su excitación aumentó.
Era insoportable. Cada pequeña caricia que Ginny depositaba en él lo hacía sentir deliciosamente vivo: ambos habían caído en el mal de poetas y locos.
Y justo un instante antes de conseguir llegar a la cima, sus ojos se encontraron como muchas veces antes solo que esta vez fue diferente a todas las anteriores.
-¿Cuándo te diste cuenta?- no habían tenido la necesidad de taparse con las sábana ni de separarse.
-¿de la atracción o del amor?-
-¡de ambas!-
El Auror sonrió.
-cuando te vi subida en el muro del convento-
-¡pero no sabías que era yo!- su sonrisa le traicionó la mueca de enojo que le había proporcionado a su esposo.
-Lo supe- dijo él con vehemencia –y agradecí a Dios que fueras tú mi señora-
Sus mejillas se sonrojaron nuevamente y ya sin ningún temor se acercó a besarlo.
-mmm, ahora los besos saben mejor- Sir Harry la atrajo más a su cuerpo, le desordenó el cabello y la besó con desespero. Sus cuerpos estaban fervorosos en seguir con la tarea de amarse.
-saben más ricos… más ternos y más… entusiastas-
Y entendiendo el entusiasmo de su señor y el propio, lady Ginny se abandonó a los brazos y caricias de su amado Auror de Gryffindor.
Las horas apenas anunciaban las 5 de la tarde. Sin embargo tanto Lady Ginny como Lord Harry estaban tan exhaustos que se estaban quedando profundamente dormidos.
-alguna vez amaste a una mujer- dijo ella mientras jugaba con la barba de 2 días de su esposo y miraba directo a su alma.
-no- respondió seguro –hubo un tiempo en que creí que Cho era mi vida… pero ella me dejó-
La pelirroja frunció el entrecejo. ¿Cómo era posible que alguna mujer tratara de dejarlo?
-se aprovecho de mi posición como hijo de Sirius para que la sacara de Ravenclaw y luego de tres días huyó a tierras de Hufflepuff para reunirse con su verdadero amor… un campesino de nombre Cedric-
-fue cuando me di cuenta que el amor existía, aunque no para mi… me refugié en mi carrera provechosa de Auror… y te conocí-
Ella le dedicó una sonrisa tan cálida que le acarició el último vacío que poseía su corazón.
-y me alegro que haya pasado así… y que Tom se hubiera ido lejos… porque sin esas circunstancias no estaríamos casados…-aprovechó para besarle el hombro –y locamente enamorados- añadió con picardía.
-te amo, Ginny-
-te amo, Harry-
-duerme un rato… yo vuelvo en un momento-
-no- dijo en un tono que le pareció muy tierno, era mitad soñoliento, mitad orden y cargado de amor. –quédate conmigo… siempre-
Besándole la coronilla de su cabeza y acariciándole en cabello respondió silenciosamente –lo que ordenes, milay… lo que ordenes- para luego cerrar los ojos y ambos dormir profundamente.
-SIR HARRY-
La puerta no dejaba de sonar
-SIR HARRY- al parecer Sir Ronald no dejaba la costumbre de interrumpir el tiempo con su esposa. Con un beso tranquilizó a Lady Ginny y le pidió que cerrara las cortinas del lecho nupcial.
-¿Qué acontece?- con los pantalones puestos y El canto del fénix en su cinto de cuero, Harry abrió la puerta.
-Los hombres de Londres han vuelto… mi señor- Ron tenía una sonrisa que cruzaba su cara –sanos y salvos-
-¡Que los alimenten y bañen!- ordenó Sir Harry con alivio y casi con alegría –en seguida recibo a Cádogan y a los Prewett-
-.-.-.-.-.-.-.
-Maldita niebla -masculló Seamus-. Es tan espesa que no podremos ver las antorchas de advertencia si los guardias que vigilan los acantilados las encienden.
-Es cierto. -Harry agarró el pasamano de la torre de vigilancia y observó la noche envuelta en niebla-. Por otra parte, es tan densa que ningún hombre en su sano juicio intentaría remar con un bote esta noche desde Borgin hasta Burrow.
-Ningún hombre en su sano juicio no -confirmó Seamus-, pero quizás un mago sí lo intente.
Harry se le quedó mirando.
-No me digas que has empezado a creer las historias de mi escudero. No estamos esperando a un mago, Seamus, sino a un hombre muy listo que no se detendrá ante nada para conseguir lo que quiere.
-Como usted diga, mi señor.
-¿Crees que no podemos ocuparnos de Voldemort?
-No es eso. -las ascuas resplandecientes del brasero encendido iluminaron el rostro preocupado de Seamus-. Como dice mi señora, el mago no está a su altura, mi señor.
-Gracias, Seamus.
Los ojos de Seamus se abrieron de par en par.
-¿Cree que es tan poderoso como para utilizar su magia negra?
-No -negó Harry con una leve sonrisa-. Sin duda la información que obtuvo de Burrow fue por los canales habituales. Simplemente observando. Voldemort estuvo en Borgin durante la feria, y en una visita hace dos años sonde pudo familiarizarse con el convento y con el castillo.
-Claro. -era evidente que Seamus se había tranquilizado-. Perdone, señor. Quizás he estado prestando demasiada atención a las historias de Colin. Según él, el mago puede aparecer y desaparecer a su antojo.
Se oyeron pasos en la escalera de madera de la torre y Harry volvió la cabeza. Ginny salió por la abertura con un par de tazas humeantes en una bandeja, junto con unos pasteles de carne. Llevaba la capucha de la capa puesta para resguardarse del frío. La luz del brasero jugueteaba en sus pecas.
-He pensado que les gustaría beber algo caliente.
-Gracias -los dedos de Harry rozaron los de Ginny al cogerle una de las tazas de la mano. Sus ojos se encontraron y él sintió la calidez del dulce fuego que vio en ellos.
-Gracias, milady -dijo Seamus agarrando la otra taza-. Usted sí sabe cómo aliviar los rigores de una guardia.
-Gracias Seamus, les tengo una buena noticia-
Los ojos del Auror se abrieron curiosos.
-los tres hombres que volvieron, aseguran estar listos para la guardia de hoy en la noche, ya Hagrid los alimentó y sus heridas ya habían sanado antes de llegar a Burrow-
Sir Harry le sonrió.
-ahora contamos con arqueros… si es una buena noticia, gracias mi señora-
Ginny asintió con las mejillas rojas, se acercó a la barandilla y miró en la oscura niebla.
-Amanecerá dentro de un par de horas pero, incluso cuando salga el sol, será imposible ver nada a través de esta niebla. ¿Cómo veréis las señales de las antorchas?
-No las veremos. -Harry bebió un sorbo de sopa-. Si ocurre algo, enviarán a un mensajero para avisamos.
-Sí, tiene sentido -dijo Ginny-. El Auror se paró detrás de su esposa y la abrazó con fuerza mientras le besaba la oreja y luego la mejilla.
-todo estará bien, mi señora- dijo en un susurro.
Seamus se atragantó al ver la escena y Harry le lanzó una mirada de desaprobación. El joven guardia se compuso de inmediato con una expresión seria.
Ginny no pareció advertir la escena. Se abrazó aún más hacia su esposo.
-¿No os parece que esta niebla tiene un olor especialmente desagradable?
-No -respondió Harry-. Huele como huelen todas las nieblas, a humedad y a noche.
Ginny inspiró para comprobado.
-Yo creo que hay otro olor entremezclado.
-¿Qué olor, milady? -preguntó Seamus.
-No lo reconozco -respondió Ginny con el seño fruncido-.
Se oyeron unos cascos en la distancia y la luz de una antorcha brilló entre los remolinos de niebla.
-¡Abrid la puerta! -gritó una voz conocida desde abajo-. Traigo noticias.
Seamus se inclinó sobre la barandilla y escudriñó al hombre montado a caballo que había aparecido entre la niebla.
-Es Cádogan, señor.
-¡Abrid! -ordenó Harry. Miró al jinete que cruzaba la puerta y entraba en el patio iluminado con antorchas-. ¿Cuáles son las noticias, Cádogan?.
-Mi señor, un bote con cinco hombres armados ha atracado en el puerto amparándose en la niebla. Hemos capturado a todos.
-De modo que el hechicero encontró el camino a través de la niebla -susurró Seamus-. A lo mejor sí sabe de magia negra.
Harry no le hizo el menor caso.
-Eran expertos arqueros, señor. Desde tan lejos habían logrado mantener a nuestros hombres a distancia entonces Sir Ronald ordenó que esperáramos hasta que se les agotaron las flechas y les atrapamos.
-Sí, por lo que cuentas parece que sí. Ahora abajo. -Harry se volvió hacia Seamus-. Voy al puerto, tú quédate aquí en la torre.
-Sí, mi señor. -Seamus parecía un tanto decepcionado, pero no se opuso-. ¿Cree usted que uno de los hombres que sir Ronald y los otros tienen atrapados es el mago?
-Todavía no lo sé. Cuando uno trata con alquimistas, nada puede afirmarse con certeza.
Ginny se movió entre sus brazos.
-Mi señor, por favor, ten cuidado. Esto no me gusta.
Harry le dio la vuelta y le cogió la barbilla con la mano.
-Todo habrá terminado al alba. -le dio un beso rápido-. Vuelve a la casa y atranca la puerta. No salgas por ningún motivo hasta que yo regrese. ¿Me has entendido?- se acercó a sus oídos y susurró –ni siquiera James, por favor-
Ella le pasó los dedos por el mentón con dulzura.
-Sí, mi señor.
De repente, le Auror tenía tantas cosas que decide. Sin embargo, no era el momento ni el lugar. Harry clavó la mirada en sus ojos por unos segundos.
-Luego, hablaremos luego. -Le soltó la barbilla con delicadeza y se dirigió a las escaleras de la torre.
Saeta le esperaba en el patio. Dennis le sujetaba la cabeza.
-¿Puedo ir con usted, mi señor?
-No. -Harry saltó a lomos del caballo y agarró las riendas-. Tú te quedarás aquí con Ginny y tu madre y los criados. Debes proteger el interior de la casa mientras Seamus vigila fuera y los otros resguardan el castillo. ¿Entendido?
Dennis se puso firme.
-Sí, mi señor.
Harry hizo girar la cabeza del caballo y salió al galope hacia la niebla. Cádogan levantó la antorcha y espoleó a su caballo para seguirle.
Hagrid cerró la puerta con firmeza tras ellos.
Sir Ronald acababa de cumplir con su cometido cuando Harry y Cádogan llegaron al puerto. Los destellos de las antorchas proyectaban un brillo esperanzador sobre las estelas de mar. Los cinco capturados guardaban silencio y llevaban las manos atadas a la espalda.
Un grupo de aldeanos había salido de sus casas para ver el alboroto.
Sir Harry desmontó y le lanzó las riendas de su caballo a Cádogan.
-Bien hecho, Ron.
-Aquí están -dijo Ron-. No nos han causado muchos problemas.
El Auror observó a los arqueros.
-¿Cuál de vosotros es Voldemort?
Los cautivos lo miraron. Uno sacudió la cabeza.
Harry observó a los hombres con atención.
-Hay muchas formas de morir y no todas son rápidas. Dadme las respuestas que busco.
Uno de los arqueros, un hombre fornido de mediana edad, lo miró detenidamente.
-Sus hombres le llaman el Auror Sanguinario. ¿Tienen razón?
-Sí -afirmó Harry.
-Dicen que su juramento es tan firme como su espada.
-Así es.
-Si le decimos la verdad, ¿nos da su palabra de que nuestra muerte será rápida?
-Sí. -En realidad, reflexionó Harry, nunca había torturado a ningún hombre en toda su carrera como captor de asesinos y ladrones, y aún menos matado, pero no había motivo para que aquellos hombres lo supieran. Al parecer su fama de asecino sanguinario y torturador de hombres creció desproporcionadamente, y cuando su reputación lo precedía, ya era tarde para deshacerse de ella.
El arquero recapacitó brevemente.
-Verá, mi señor, no conocemos a ningún Voldemort. Y es cierto, lo juro.
-¿Quién os contrató?
El hombre se encogió de hombros.
Entonces otro de los hombres encapuchados rebeló su rostro. Los ojos del Auror se abrieron sorpresivamente cuando reconoció a uno de los capataces que le ayudaba a construir el nuevo muro del castillo.
-¿Quirrell?- preguntó el Auror conciente de su traición -¿Quién los ha mandado?-
Quirrell miró al Auror su voz trataba de buscar altanería al principio… pero al final se tornó en un susurro.
-Mi amo es un caballero que dijo llamarse sir Tom Riddle. Nos pagó bien para desembarcar en la isla esta noche. Dijo que sabía cómo guiamos a través de la niebla.
-¿Y por qué quería que vinierais aquí a Burrow?
-Dijo que aquí en el pueblo podríamos conseguir suculentas ganancias fácilmente, pero no mencionó que la isla estuviese bajo la protección de los hombres del Auror de Gryffindor.
-¿Cómo les guió a través de la niebla?
Los arqueros intercambiaron miradas cargadas de incomodidad. El que antes habló miró a Harry.
-Sir Tom vino con nosotros. Nos daba instrucciones después de consultar algún artefacto mágico que llevaba oculto en su capa.
-Magia -gruñó uno de los arqueros escupiendo en el suelo con repugnancia-. Te dije que no debíamos mezclarnos con ese tipo de gente. Nunca me gustó este trabajito, a pesar de que ese maldito caballero renegado nos prometió un botín del convento con el que podría hundirse un barco.
El tercer hombre lo miró con expresión de fastidio.
-Ya, pero tú estabas ansioso de convencer a Greyback y a Chouch y a todos nosotros para que participáramos. Dijiste que con esto nos arreglaríamos todos de por vida. Y en vez de eso, nos van a ahorcar gracias a ti.
Sir Harry apoyó la mano en la empuñadura de su espada e inmediatamente la discusión se terminó.
-¿Dónde está ese sir Tom?
-Como ha dicho McNaire, milord, no lo sabemos -contestó uno de los hombres.
El portavoz del quinteto se revolvió inquieto.
-Bajó de la barca unos metros antes de llegar a tierra y se subió a un bote pequeño que habíamos traído amarrado para transportar el botín. Dijo que se encontraría con nosotros más tarde en la puerta del convento. Después desapareció en la niebla.
Harry hizo una pausa.
-¿Y vosotros cinco continuasteis hasta el puerto?
-Sí. Tampoco teníamos mucha elección. No podíamos regresar a Borgin en medio de esta niebla sin sir Tom y su maldito artilugio mágico. -el arquero se encogió de hombros, resignado-. Sus hombres nos estaban esperando en el muelle y ése es el fin de la historia.
-Mi madre siempre me dijo que acabaría mis días en el extremo de una cuerda -comentó uno de los arqueros.
Sir Ron miró a Harry.
-Puede que estos estén mintiendo, señor.
-Sí -asintió Harry escrutando sus caras sin detectar en sus ojos nada más que estupidez y resignación- ¡Id a buscar a Colin!
-Sí mi señor. Se unió a nosotros hace un rato -Ronald se volvió hacia los hombres que estaban reunidos allí cerca-. ¡Colin, muchacho, ven aquí! Necesitamos tu ayuda.
No hubo respuesta.
-No está, señor -dijo uno de los hombres de armas mirando confuso a su alrededor-. Quizá lo hirió una de las flechas de los arqueros.
-Buscaré entre los aldeanos -dijo Cádogan acercándose al pequeño grupo de curiosos mirones.
Cuando regresó al cabo de un momento, estaba pensativo.
-¿Y? -preguntó Harry.
-Parece que Colin ha desaparecido, mi señor.
Ron estaba muy serio.
-Te lo advertí, te dije que el chico podía resultar peligroso, señor. A lo mejor te ha mentido desde el principio.
Ginny atizó las ascuas del brasero que calentaba la estancia donde estaba con Luna y Dennis.
-¿No te parece especialmente fría esta noche, Luna?
-Pronto llegará el verano -apuntó Luna mientras estudiaba el bordado a la luz de la lámpara.
Dennis estaba en pie junto a la ventana, con la mirada clavada en el patio iluminado por las antorchas.
-Me pregunto si ya se habrán deshecho del mago. ¿Creen que uno de los arqueros que han capturado en el puerto podría ser realmente Voldemort?
Ginny frunció el ceño.
-Sir Tom nunca dijo ser un arquero. El arco no es de la clase de habilidades que aprende un caballero.
Luna la miró.
-Es cierto. Los caballeros no se entrenan con ese tipo de armas. Los arcos son para los simples hombres de armas.
Dennis seguía mirando por la ventana.
-Lord Harry dice que esa idea es una estupidez. Dice que, si un hombre quiere sobrevivir, debe ser hábil con muchas armas, incluido con el arco. Colin y yo hemos estado practicando con el arco junto a Seamos, Cádogan y los otros.
-¿En serio? -preguntó Luna sorprendida-.
Ginny se apresuró a cambiar de tema.
-El hechicero debe de ser uno de los hombres que están atrapados en el cobertizo.
-Sí -asintió Dennis satisfecho-. Seguro que sir Ronald y el resto ya los habrán capturado cuando llegue lord Harry.
-Espero que todo termine pronto -musitó Ginny.
-Claro que sí. -Luna dio otra puntada-. Lord Harry y sir Ronald se ocuparán de todo.
-No sé, me parece todo demasiado sencillo. -Ginny cruzó los brazos. No podía quitarse de encima el frío que había sentido durante toda la noche.
Luna la miró con severidad.
-¿Por qué dices eso?
-Supongo que porque con toda la confusión que se ha causado, no puedo creer que puedan detener a Tom..., bueno, Voldemort, tan fácilmente.
Dennis cerró el puño sobre el alféizar de la ventana.
-Sir Ronald dice que es probable que el mago asesinara a sir Arthur.
Ginny tembló.
-Y todo por un libro de fórmulas alquímicas. Tom tiene que estar loco.
Ginny se acercó a la ventana. Dennis y ella contemplaron la noche esperando ver aparecer una antorcha por el camino.
-Me gustaría saber lo que está ocurriendo en el puerto -dijo Dennis.
Ginny se movió al cabo de un momento para observar la torre de vigilancia entre las sombras.
-¿No te parece que la antorcha de la torre no brilla lo suficiente, Dennis?
Dennis dirigió también la mirada hacia la torre.
-Sí. Quizá Seamus no tiene antorcha de repuesto. ¿Debería ir a ver si necesita otra?. Necesitaba desesperadamente salir de ahí… James lo necesitaba…
-No, iré abajo a buscar a Hagrid. Puede mandar a uno de los sirvientes a la torre con una antorcha nueva.
Ginny se giró hacia la puerta, agradecida por tener algo que hacer.
-¡Lady Ginny, venga, rápido! -la voz de Dennis estaba cargada de temor.
Ginny dio media vuelta y vio a Dennis con las dos manos plantadas en el alféizar. Estaba mirando hacia el patio.
-¿Qué ocurre? -preguntó.
-Venga a verlo. Hay hombres en el patio, pero la puerta sigue cerrada.
-¡Santo cielo! -Ginny cruzó la habitación corriendo-. ¿Qué estás diciendo? ¿Ha regresado lord Harry?
-No es lord Harry con sus hombres. Éstos son forasteros. -Dennis se volvió hacia Ginny con la cara desencajada-. No estaban aquí hace un momento. Usted y yo vimos perfectamente que el patio estaba vacío. Y nadie ha abierto la puerta. Es magia.
Luna dejó caer el bordado. Su expresión era de absoluto pavor.
-¡Es el mago!
Ginny llegó a la ventana y miró hacia abajo, hacia el patio. No podía creer lo que estaba viendo. Media docena de hombres armados y vestidos con capas negras con capucha se dirigían hacia las escaleras de la casa. Algunos llevaban las capas echadas hacia detrás de los hombros. La luz de las antorchas emitía destellos en sus armaduras.
El cabecilla del grupo sujetaba a alguien conocido delante de él con una daga en el cuello.
-Es Colin -murmuró Dennis-. Ha capturado a Colin. -¡Santa Hermione Bendita…! -exclamó Luna con voz entrecortada. El hombre que tenía a Colin señaló a uno de los otros. Una figura cubierta con una capa subió las escaleras y aporreó la puerta de entrada con la empuñadura de su espada.
-¡Abrid o morid!
La voz del hombre que sostenía a Colin retumbó en el patio del castillo y Lady Ginny la reconoció de inmediato.
Voldemort había llegado a ellos.
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