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La apuesta — capítulo 2

Capítulo 2

Snape no podía creerlo y menos aún de Hermione Granger. ¿No se habría equivocado?

No.

Estaba seguro de que había sido ella. De hecho la chica llevaba varios días comportándose de forma extraña. La veía por todas partes, intercambiaba miradas cómplices con la pelirroja, y se ponía nerviosa en su presencia. Estaba seguro de ello. Si algo sabía hacer bien Severus Snape era observar a la gente.

Había pensado que, conociendo a Granger, sólo estuviera preocupada por sus notas en Pociones. ¡¡¿¿Pero esto??!! No señor. Esto no se lo esperaba.

Así que después de haberse visto asaltado por ella en varias ocasiones al día había decidido refugiarse en su despacho. Pensaba que ella quería discutir sobre el ensayo que había mandado la semana pasada sobre las diferentes maneras de manejar un bezoar sin despojarle de sus cualidades.

No soportaba a esa insufrible sabelotodo. Cierto era que apreciaba el hecho de que hubiera alguien con cabeza en sus clases. La cosa hubiera sido diferente si ella hubiera sido Slytherin, pero era una sangresucia, Gryffindor y amiga de Potter. ¿Algo más que añadir en su contra? Así que harto ya de verla por todas partes, se encerró en su despacho.

Sin embargo, a eso de las 4, unos nudillos habían golpeado su puerta y al otro lado escuchó con claridad una voz femenina. La suya.

-¿Profesor? Tengo que hablar con usted.

Snape estuvo a punto de rugir de desesperación a ver si ella dejaba de acosarle, pero se decidió por el plan B.

Hizo que no estaba.

Sin embargo el plan B tenía un GRAN fallo, y es que se veía la luz por debajo de su puerta, y la chica no era tonta. Bueno, sí era tonta, pero no lo suficiente como para no darse cuenta de que él estaba dentro.

-¿Profesor? Por favor, necesito su ayuda.-Insistía.

Snape pensó que al estar todo en silencio, se iría sin más, pero nuevamente falló y su sorpresa e indignación explotaron cuando con incredulidad observó cómo giraba el manillar.

No se lo pensó dos veces. Si ella le veía tendría que soportar escuchar una sarta de tonterías acerca de calificaciones y de ñoñerías, así que se hizo el dormido. Dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándola sobre el respaldo y cerró los ojos justo a tiempo.

Hermione entró en el despacho con cuidado. No se esperaba encontrar al profesor tan dispuesto para lo que ella venía a hacer. Al fin cumpliría la apuesta. Llevaba todo el día acosando al profesor con la esperanza de que se confiase y pudiera deslizarle algún filtro o algo así para dormirle. Pero ahí estaba todo resuelto.

Snape oyó con desagrado los pasos acercándose. Luego se detuvieron. Sentía la presencia de la alumna muy cerca. La olía, la oía respirar. En un momento dado, cuando Snape ya se empezaba a cansar y decidió que iba a echarla de ahí sin miramientos, Hermione murmuró en voz baja y acto seguido sintió algo sobre sus labios.

Algo blando y cálido. Una leve presión. Si no hubiera sido porque ya estaba sentado, se habría caído de espaldas. De hecho, a punto estuvo de abrir los ojos de par en par, pero se contuvo.

Luego nada. Unos pasos se alejaron corriendo, la puerta de cerró de golpe y Snape se encontraba de nuevo solo. Solo y perplejo. Todavía demasiado confuso como para sentirse enfadado.

¿Estaría la chica...? No, mejor no pensarlo. Snape sacudió la cabeza para alejar el pensamiento, gesto que no hacía desde que tenía 13 ó 14 años. Bueno, enamorada de él o no, a él le daba igual. La seguiría tratando como se merecía. De hecho, la trataría peor.

¿¿¿Cómo se había atrevido??? Pensándolo bien y recordando los hechos, Snape se sentía como un completo imbécil y ya era tarde para quitarle doscientos o trescientos puntos a Gryffindor. ¡Tenía que haberle hecho saber que estaba despierto! ¿Qué demonios? Tenía que haberla echado nada más entrar. ¡Nada más llamar a la puerta!

Snape se levantó de la silla y fue a la sala de profesores a tomarse un café. Estaba más malhumorado que de costumbre.

-¿Qué te pasa? ¿No has podido castigar a Potter hoy?- Le preguntó McGonagall una vez ahí con cierto retintín.

Snape ni se dignó a responderla, así que la profesora siguió aguijoneando. Estaban los dos solos ahí.

-¿O es que sabes que Slytherin perderá el próximo partido sin remedio?

-Si no fuera porque le tengo mucho respeto a las antigüedades, ya estarías llorando en las barbas de Dumbledore.

McGonagall levantó una ceja y bebió tranquilamente un sorbo de café. Las peleas entre ellos eran habituales.

-Qué poco propio de ti dejar pasar la oportunidad de ponerme en mi sitio.- rió con desdén e ironía.

-¿Y eso qué significa?- dijo él exasperado. ¡Gryffindors! Las odiaba a todas.

-Significa que me has decepcionado, esperaba una respuesta más contundente. ¿Qué te pasa?

-No es de tu incumbencia.

McGonagall bebió otro sorbo mientras observaba por encima de la taza a Snape. Parecía muy nervioso por algo.

Dejó que pasara un rato más hasta atacar de nuevo.

-Si no te conociera bien, diría que estás nervioso por algo.- Snape le fulminó con la mirada, pero McGonagall ya había visto ya un repertorio extenso de “muecas Snape” y no le impresionaban lo más mínimo. Sonrió.- ¿No me lo vas a decir?

Snape se levantó de inmediato. Dejó la taza de café sin acabar bruscamente sobre la mesa.

-Avísame cuando salgas de la habitación. Y espero que te metas en tus asuntos y que me dejes en paz.- Y salió dando un portazo.

McGonagall se encogió de hombros. Ya se le pasaría. Aunque con Snape, nunca se sabía.

Desgraciadamente para Snape (¿o debería decir para Hermione?) las clases de por la tarde daban su comienzo, y el profesor fue a las mazmorras para dejar entrar a los alumnos que le tocaba en esa hora: 7º. Hermione estaba allí.

Snape resopló al verla y la miró con ira sin que ella se diese cuenta de nada, ya que charlaba animadamente con Patil.

-¿Van a quedarse aquí media hora? ¡Adentro!-gruñó Snape aún fuera de la clase.

Por fin, entraron todos. Ella estaba sentada en primera fila, como solía en las clases que no compartía con Harry y Ron. Snape hizo un esfuerzo enorme para no mirarla a la cara, pero la sentía allí, al lado, cerca. Recordó su olor y lo cerca que había estado de ella hacía apenas una hora.

NO. Tenía una clase que dar.

-Cierren los libros. Hoy haremos un examen.

Una docena de alumnos empezó a quejarse en voz alta.

-¿Qué? ¡No es justo!-Se oyó decir a Justin.

Hasta Malfoy ponía mala cara.

-Silencio.-Snape sacó la varita y apuntó a la pizarra.- sigan las instrucciones. Los ingredientes están en el almacén. Tienen dos horas.

Una mano se alzó entre la multitud de cabezas. Snape sintió deseos de irse de allí rápidamente. Pero no sabía cómo se podía ignorar que alguien te pusiera una mano justo delante de tu cara.

Así que bajó la vista hacia la primera fila.

-Qué quiere, Granger.- ladró.

-Si me permite una observación, señor...

Snape dio media vuelta y la dejó con la palabra en la boca.

-¿Alguna otra pregunta?

Hermione cerró la boca con indignación. Maldito bastardo. Le odiaba. No podía creerse que hubiera besado esa boca.

En fin, sabía que no podía poner ninguna objeción, y que, de poder hablar, Snape la rechazaría y aprovecharía para ponerla en ridículo. Así que decidió que lo mejor era hacer el examen por sorpresa lo mejor que pudiera. Y, siendo Hermione, eso era mucho.

Snape se sentó en su escritorio vigilando el trabajo de los alumnos. Debería cuidar de que ninguno copiaba o hablaba con su compañero. Aunque bien es cierto, que evitaba escrupulosamente dirigir la mirada hacia Granger.

El tiempo pasaba lentamente, así que se dedicó a su pasatiempo favorito: intimidar alumnos. En el fondo era una pena que Potter o Longbottom no estuvieran ahí para respirarles en la nuca, pero bueno, Justin casi era tan buena cobaya para eso como cualquier otro.

Empezó a rondar por la clase examinando los trabajos y pensando mentalmente en la nota que iba a ponerles a cada uno. Eran los de pociones avanzadas, sí, pero todos igual de patéticos.

Llegó por fin ante un caldero prometedor. Se alegraba de que alguien prestara atención en su clase de vez en cuando. Levantó la vista para ver de quién era y se encontró frente a frente con unos ojos marrones.

Se estudiaron mutuamente. Ambos intentaron pensar en Pociones, exámenes y en calificaciones, sin embargo, sólo un pensamiento ocupaba ambas mentes. El beso.

Snape frunció el ceño.

“Di algo” pensó.

Se obligó a apartar la mirada de la joven y la dirigió al caldero. Por más que fijaba la vista en el contenido, seguía teniendo la imagen mental de los ojos de su alumna. Nunca se había fijado en que eran tan grandes, de un marrón claro, casi miel. Por su lado, Hermione estaba un poco nerviosa, se sentía expuesta. Volvió a maldecir a Ginny y a la estúpida apuesta.

Snape no encontró nada que objetar a la poción, y como tampoco iba a decir “Muy bien, siga así” (algo que no había hecho nunca) se limitó a apartarse de ahí despacio, para que no se notara que estaba huyendo.

Y al final pasaron las dos horas. Todo el mundo entregó un frasco con sus respectivas pociones. Snape intentó evitarlo a toda costa, pero la verdad es que no logró apartar la mirada ni un momento mientras Hermione recogía sus cosas y salía con el resto de sus compañeros.


Andaaaaaa! Decidme qué os pareceeeee!! ¿La continúo?

Snape White

Miembro de la Orden Severusiana

In Sev I trust (El 7º me dará la razón)