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Historia 25098 — capítulo 14

Cap. LA BODA

Harry y Marian dieron el último adiós al duque, mientras la gente lloraba de pena, todos estaban muy tristes, y con el alma hecha pedazos regresaron a la mansión, mientras la demás gente volvía a sus casas, Marian se sentó en la sala y Harry con ella, la recargó sobre su pecho y dejo que llorara hasta que se durmió, luego con mucho cuidado la cargo y con Adelaide la llevo a su cuarto y la dejo al cuidado de la joven.

Al llegar a la sala, se dirigió a la biblioteca donde busco información acerca de lo que le había dicho el duque, busco durante tres horas entre miles de libros hasta que encontró uno. Era grande y tenia la tapa cerrada, pero era muy hermoso las tapas parecían alas de mariposa y en cuanto lo toco se abrió, sorprendido empezó a leer, ahí estaba todo lo que buscaba, Drianda era un hada que estaba prometida pero ella se negó a cumplir su compromiso, su padre el rey de las hadas quiso vengar la afrenta y en el castigo tuvo la penitencia, el libro hablaba sobre una leyenda muy antigua en el mundo de las hadas, se decía que cuando se rompiera el linaje puro de las hadas y se mezclara la sangre humana con ellas, daría una hija que a su vez daría vida al más grande ser humano (si era humano muggle) ó un gran y prodigioso mago si se casaba con un mago, mostrando cualidades únicas, pues ambas razas estaban en su sangre y la magia era poderosa, más que en cualquier otro mago , ahora con una Hada mitad humana Harry comprendía que Adolph debía saber algo y trato de forzar el matrimonio, él quería tener el poder y el hijo que pudiera dominar al mundo, Harry se juró a si mismo salvarla de las garras del miserable aquel.

Salió de la biblioteca intranquilo, pues ahora que sabía lo que el duque le había querido terminar de decir, su amada Marian corría más peligro que nunca. Pero curiosamente pasaron varias semanas sin que sucediera nada fuera de lo normal, él estaba nervioso esperando que algo sucediera y no dejando a Marian sola, cuando la dejaba Adelaide estaba con ella, así que nunca estaba sola, sin proponérselo, Marian aunque triste por la muerte de su padre también se sentía contenta por Harry, si, estaba locamente enamorada de él, la joven sirvienta Adelaide estaba muy contenta por ambos jóvenes y les ayudaba a estar solos, hasta que una noche después de dos meses del funeral de duque, llamo a Marian al balcón era una noche hermosa de luna llena que resplandecía como moneda de plata bañando con su blanquecina luz toda la comarca dándole un aspecto encantado.

-Marian yo, tengo algo que decirte-dijo muy nervioso Harry.

-Te escucho Harry- dijo Marian esperando con el alma en un hilo que fuera lo que ella pensaba y deseaba con todo su corazón.

-Marian yo yo te amo, te amo con toda mi alma-dijo al fin dejando salir lo que su corazón le gritaba desde el primer momento en que la vio, tomo delicadamente su mano y se la beso. Volteo a verla a los ojos para ver que decía ella.

-Oh, Harry yo también te amo, no sabes cuanto, este amor ha crecido día a día y no puedo callar más.

Harry se levanto emocionado con sus palabras se acerco a ella y tomándola suavemente por la cintura la acerco hasta él y la besó. Cuanto había deseado besar su boca, deleitarse con su sabor y ahora la tenia en sus brazos y lo mejor de todo es que ella también lo amaba.

Después de ese dulce beso, ella se recargo en su pecho mientras Harry le decía:

-Estoy algo preocupado por Adolph es capaz de cualquier cosa y tengo mucho miedo de que te pase algo porque me moriría de tristeza sin ti, por eso mismo yo quería decirte si…

Si quieres ser mi esposa, te amo más que a nada en el mundo y no quiero separarme de ti. Te amo muchísimo.

-Yo también te amo muchísimo Harry y no quiero separarme de ti jamás, siento que somos uno solo y quiero estar a tu lado para siempre.

Harry se sintió dichoso, ella también lo amaba y había aceptado ser su esposa.

-Te amo, te amo, te amo, mi vida me haces tan feliz- y la volvió a besar ahora con pasión mientras ella se abandonaba a la apasionada caricia.

En eso salió Adelaide, ellos se separaron rojos de pena, mientras la joven sonreía mirándolos y dijo:

-Mi ama, estoy feliz por ambos, serán muy felices como su padre siempre quiso, y ahora es el momento, hay algo que tienen que saber. – Y ante sus ojos se convirtió en un hada, mientras ambos no daban crédito a lo que veian.

-Si mi ama Drianda me ordeno antes de morir que yo estuviera a su lado para cuidarla y llegado el momento casarlos mediante las leyes de las hadas, que es mucho más poderoso que el de los magos y no se diga el de los humanos.

-Eres un Hada y nunca me dijiste??-dijo sorprendida Marian entonces mi madre y …yo..

-Si mi ama usted también es un Hada y ahora se que de verdad ama a Harry Potter véase al espejo, cuando un hada ama a alguien y ese alguien es su amor verdadero en su presencia brilla su piel, aunque usted es mitad, aun así se alcanza a distinguir el brillo- Marian incrédula se acerco al ventanal desde donde había un espejo y lo comprobó, estaba su piel brillante como una luciérnaga, solo que ella se veía bellísima, Harry miraba aturdido a Adelaide quien le sonreía y llevaba en sus manos una delicada caja de plata que parecía que contenía un pedazo de sol por como brillaba.

-Mi ama si usted lo pide en este momento puedo casarlos, lo desea mi princesa?

-Sí – emocionada abrazó a Harry quien aún no lo podía creer y estaba feliz.

La joven hada abrió la pequeña caja de plata donde había un listón de oro que brillaba como el sol, pero Harry interrumpió para asombro de Marian.

-Un momento, denme un minuto por favor- y se dirigió al espejo dejando perplejas a las chicas, sacó su varita y con un movimiento cambio de ropa a una más elegante con lo que se veía muy guapo, Marian por su parte también saco su varita y cuando la iba a mover, la otra joven le dijo.

-Permítame princesa- y con un movimiento de su mano soltó un polvo brillante finísimo que la cubrió totalmente y cuando abrí los ojos llevaba puesto un hermosísimo vestido fabricado por las hadas.

-Era de su madre y ahora es suyo, ahora continuamos?

-Por supuesto dijo Harry quien la veía extasiado.

“Por la naturaleza que todo lo crea y todo lo regenera, por los cuatro elementos primordiales, con este listón mágico uno sus manos (aquí ambos se toman de la mano levantándolas) como uno sus almas, la magia de las hadas esta presente, la magia de los magos esta presente, sean ahora y para siempre uno solo y ahora les doy el regalo de tu madre princesa.”

Saco de la cajita de plata un pequeño jarroncito de oro con un líquido verde brillante del cual deposito 4 gotas en la cabeza de cada uno.

“Se les otorga la gracia de las hadas y con ella la magia que entraña, sea pues como debe ser, que se manifestara cuando sea necesario, el amor por siempre entre ustedes reinará”

-Felicidades ahora son esposos

A Harry no se lo dijeron dos veces y la beso con amor infinito, una vez que se separo convoco con su varita dos preciosas argollas de oro con sus nombres entrelazados y un diamante en medio de zafiros para ella.