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Historia 25314 — capítulo 1

CAPÍTULO 1

-El Ministerio de Magia, pide que se presente el acusado para que de su declaración sobre el delito del cual es culpado -dijo una voz ronca y muy formal.

Se abrió la puerta, una enorme puerta de madera por la cual han cruzado decenas de criminales: desde algunos distraídos que no respetaban el limite de velocidad de sus escobas, hasta los más terribles asesinos que había conocido el mundo mágico: los mortífagos.

Dos custodios acompañaron al acusado a su silla, el aspecto que ofrecía aquel hombre era terrible, así o peor eran los estragos que dejaba la prisión de Azkaban para aquellos que lograban salir. El hombre no era muy atractivo y esos nueve días en cautiverio no le favorecieron en nada.

Su cabello negro, estaba enmarañado, su piel más pálida de lo normal, su semblante era triste, de desilusión, quizá deprimido.

Su ropa era negra, su habitual túnica con la que daba clases estaba sucia y desgarrada, aun no le podían dar un uniforme (porque sólo estaba detenido) hasta que se declarará culpable y que probablemente sería esa noche.

A los presentes les sorprendió ver el estado físico y mental del hombre, ya que sabían que él hasta antes de lo sucedido era fuerte, cínico, sarcástico, era el único profesor que no mostraba señales de sentimientos en su ser. Sus ojos habían cambiado su expresión, antes eran vacíos, como el negro abismo, ahora se percibía una pequeña luminosidad, un débil brillo, una lejana esperanza, como si supiera que un milagro fuera a pasar.

La noticia se convirtió en escándalo, los protagonistas eran el culpable y la víctima a los ojos de los demás, pero sólo ellos: Severus Snape y Charlotte d’Lioncourt sabían la verdad, pero ella estaba muerta.

Habló el ministro –Severus Snape, es acusado de los siguientes crímenes: asesinato del Director del Colegio de Magia y Hechicería, Albus Dumbledore y de la señorita Charlotte d’Lioncourt, profesora adjunta de Pociones, en dicha escuela. ¿Cómo se declara?

Snape reflexionó, alzo el rostro, se acomodó un mechón de cabello que le cubría el ojo derecho, dio un vistazo general a la audiencia y con voz débil dijo:

-Inocente, su señoría.

Los presentes no daban crédito a lo que escuchaban, algunos suspiraron un ¡oh! de sorpresa, otros murmuraban, los más descarados pronunciaban maldiciones, sin medir el tono de voz en contra del ex profesor.

El ministro estaba furioso, intentó mantener la calma, pero lo traicionó la furia y gritó: -¡¿Cómo se atreve a decir semejante mentira?, cuando todo el mundo sabe que es culpable!

El recinto quedó en silencio.

El acusado se defendió: -lo mismo creyeron de Sirius Black y resultó que se habían equivocado en el veredicto y...-

-Esto es diferente -interrumpió el ministro-. Si usted está aquí es porque debe tener un juicio, no porque se dude de su culpabilidad.

Snape juntó sus manos, se levantó del asiento y gritó -como solía hacer cuando daba sus clases y algún alumno arruinaba la poción -¡Entonces soy culpable de amar a una mujer que me obligó a cometer esos actos!, ¡por Charlotte d’Lioncourt soy pecador y no me arrepiento!

Hermione Granger se levantó de su asiento y entre sollozos habló a Snape o más bien le gritó –¡Cállese!, ¿Cómo puede decir eso de Charlotte?, ¡usted la mató, ella era buena! -la joven rompió en llanto, su amigo Ron Weasley la abrazó, porque no le gustaba verla llorar y porque sabía que la pérdida de la profesora Charlotte era terrible, porque había forjado una gran amistad con Hermione.

La escena conmovió al público, que se tragaba con la mirada a Snape (que parecía halagado con ese gesto, ya que comenzaba a recuperar su tono sarcástico que le caracterizaba).

-Señorita Granger, sus interrupciones nunca han sido convenientes, pero si la tranquiliza, puedo asegurarle que Charlotte está viva.

Una gran expectación inundó el lugar, una voz entre la multitud exclamó: -¿Dónde está?

-Eso, no lo sé, pero esta viva, como ya dije- respondió Snape

-¡Es un mentiroso!- gritó Harry Potter- ¡Usted la odiaba, yo escuché cuando la amenazó de muerte!

Snape miró al muchacho que tenía una cara de felicidad por ver al profesor que más lo había hecho sufrir a un paso de las rejas.

-Potter, Potter, tu siempre entrometiéndote en todo, sin comprender, pero no te daré el gusto de verme tras las rejas- el mago se había introducido en la mente de Harry, como gran experto en Legeremancia.

El ministro preguntó: ¿y cómo es que está tan seguro de que no irá a Azkaban?

Severus volvió a sentarse, no estaba acostumbrado a ser el centro de atención, a tener que soportar las miradas, pero no le quedaba opción, así que explicó, tratando de ser lo más claro: -porque cuando les cuente lo ocurrido, se darán cuenta de mi inocencia-.

Todos en el juzgado guardaron silencio, la escribana colocó una nueva hoja de papel a su pluma mágica, Rita Sketter sonrío, ya que sabía que obtendría una exclusiva y el ministro sólo pudo decir: -puede comenzar-.

CAPÍTULO 2

Snape respiró hondo, muy profundo, serían varias horas largas o quizá más si lo interrumpían. Inició:

-Pues bien, todo comenzó unos días antes del nuevo ciclo escolar, Dumbledore…

-Que en paz descanse -susurró una voz chillona, como molestaba a Severus sentirse interrumpido, pero continuó

-El director fue a buscarme a las mazmorras para presentarme a una nueva profesora, yo imaginaba que se trataba de quien se encargaría de impartir Defensa Contra las Artes Oscuras, pero resultó que mi teoría era equivocada.

-Profesor Snape- dijo Dumbledore, como si creyera que hacía lo correcto- le presento a la señorita: Charlotte d’Lioncourt.

Snape y Charlotte se dieron la mano, fue un saludo normal, como quien acaba de conocerse, no fue nada más que eso. A él le pareció que era muy joven para el puesto de Defensa (el que él tanto anhelaba), pero no sintió celos, envidia o ganas de asesinar a la mujer que le había arrebatado de nuevo el puesto.

No pudo evitar la sensación de creer que la chica era bastante atractiva, una tentación para cualquier hombre de edad madura como la suya o una ilusión inalcanzable para cualquier alumno adolescente.

Dumbledore se retiró, dejándolos en la sala de profesores. Ella rompió el silencio

-Albus me ha hablado mucho de usted.

Snape arqueó la ceja y en forma sarcástica contestó -¡ah, si!, espero que no le haya dejado una mala impresión.

-Nada de eso, bueno espero que no me haya engañado para aceptar el empleo.

-Bueno,- el profesor forzó una mueca que pretendía ser una sonrisa- no me extrañaría que lo hiciera, el puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras, siempre ha sido riesgoso…

La chica lo interrumpió-¿Defensa?, no, no –emitió una dulce risita que lo fascinó, hasta que escuchó las siguientes palabras.

-Lo siento, creo que no estaba enterado, yo soy la nueva adjunta de Pociones.

-¿Pociones?- la situación le pareció caótica, nunca había existido un profesor adjunto y si lo hubiera, no sería en Pociones. Snape iba a decirle a Charlotte que él no necesitaba ayudante, que mejor consiguiera otro trabajo, pero cuando despegó los labios, se abrió la puerta eran McGonagall y Sprout que iban con entusiasmo a conocer a la chica.

Severus dijo: -Con permiso- y salió muy enojado rumbo al despacho de Dumbledore.

Entró a la oficina sin tocar

-¡¿Por qué no estaba informado?!

Dumbledore lo miró con cara amable, sonriendo, como si ya tuviera idea de la reacción del profesor -¡Ah, Severus!, veo que ya lo sabes, ¿Qué te parece?

-¡¿Qué, qué me parece?! Me parece que ignora que yo no necesito ayudante.

-Vamos, Severus –dijo el anciano tratando de apaciguar y al mismo tiempo persuadir al profesor- ella necesita el empleo, quiere aprender y mejorar sus pociones y que mejor que tú para enseñarle.

-Lo pensaré, pero si ella no es la profesora de Defensa, ¿Quién ocupará ese puesto?

-¿No lo adivinas, Severus?- expresó el anciano en tono burlón

-Odio las adivinanzas, si no soy yo, no tengo idea

-Yo daré esa clase, creo que aún puedo serle útil al colegio.

Snape no asimilaba lo que acababa de oír ¡¡Dumbledore dando clase!! El viejo se había vuelto loco o algo así, no podía ser cierto, pero lo era.

-¿No cree que es muy peligroso a su edad? Lo digo con respeto, claro.

-No- explicó el director con firmeza, mientras acariciaba su larga y blanca barba –ya tomé una decisión, confía en mí, como yo en ti.

-Creo que no tengo otra opción

-Gracias, Severus.

CAPÍTULO 3

Snape muy a regañadientes tuvo que asumir esa decisión, sin ser consultado previamente. Esperaba que la chica al menos no fuera tan incompetente, porque era bella y bastante; media 1.66 cm., cabello largo y negro sedoso, muy contrastante respecto al de Severus, piel blanca, buen cuerpo, sus rasgos eran un tanto latinos, una mujer de 24 años. Le causó gran impacto cuando la vio por segunda vez, sus ojos castaños, no los había notado ¡¿Cómo era eso posible?! Que él no notara esos hermosos ojos. De manera simpática ella se acercó y le dijo con mucha confianza, como si se conocieran de años.

-Oye Sev, ¿ya hablaste con Dumbledore?

¿Sev, Sev? Nunca le habían faltado el respeto con tanta insolencia, en ese momento se dio cuenta de que Charlotte, por más bella que fuera no le agradaba.

-Disculpa, ¿Cómo acabas de llamarme?

-Sev, ¿te molesta?

Snape la miró, realmente la detestaba y como no tenía intención de quedar bien, le contestó con lo que más le pudiera doler.

-Para usted, soy el Profesor Snape o señor, espero que quede entendido

Charlotte se quedo sin habla, seria, creyó que había cometido un grave error y lo peor: antes de iniciar el curso.

Así pasaron varios días, sin que se cruzaran, hasta que llegó el día en que se reunirían para acordar los temas del curso y la manera de trabajar.

Ella caminaba por el jardín con un libro viejo, cuando el conserje Argus Filch se acercó corriendo para darle un mensaje.

-El profesor Snape necesita que vaya a las seis de la tarde para concretar el plan de estudios, en su despacho- se fue rápidamente de mal humor, pero la chica alcanzo a gritarle:

-¡Gracias!

El tiempo pasó lentamente, tanto que Charlotte se aburrió y decidió llegar antes a la oficina de Snape, aunque al principio no se atrevió a tocar, ignoraba cuál sería el recibimiento, después de que esa relación profesor-profesor no había iniciado bien. Al final optó por tocar, aunque con la esperanza de no obtener respuesta, pero no fue así.

-Adelante-dijo una fina y cortante voz

-Buenas tardes…Profesor Snape- el hombre apenas la miró, pues se encontraba concentrado en la lectura de un ejemplar que acababa de recibir, continuó:

-Llega temprano, ¿acaso no tiene nada que hacer?-el tono que utilizó para pronunciar esas palabras mostraba que aún estaba molesto por la impertinencia de la chica.

-Bueno de hecho, no, no tengo vida social desde hace un tiempo, ese es en parte uno de los motivos por los cuales acepte el empleo…señor.

-Vaya, vaya, vaya -dijo Snape separándose de su libro y poniendo total atención a Charlotte- Entonces señorita d’Lioncourt lo que trata de decir es que ¿los que estamos aquí es porque no tenemos vida social?

-Hummm, bueno, en realidad, yo no quería decir eso, sino que es una profesión, una forma de vida que no permite mucha sociabilización, pero al menos yo tengo otras ambiciones.

-Bastante interesante- la cortó de manera amarga y tajantemente- pero pasemos a lo que nos importa- En este curso yo tendré que ausentarme en algunas ocasiones, por lo tanto usted señorita d’Lioncourt tendrá que suplirme, pero…-interrumpió Charlotte, como si algo la molestara -Por favor, sólo Charlotte, no me gusta mucho la formalidad, señor- Pero al parecer a Snape le encantaba.

-Como iba diciendo, antes de su interrupción, señorita- Charlotte no volvió a insistir sobre cómo prefería que la llamaran, consciente de que Snape le diría como le apeteciera- es la primera vez que se va a trabajar con un profesor adjunto, lo que quizá pueda resultar incómodo, pero en la medida de lo posible intentaré prescindir de sus servicios. Los alumnos que están inscritos en la asignatura son los mismos desde primer año y después de enseñarles durante cinco años, es mínima la cantidad que realmente está aprendiendo el arte de la preparación de pociones sin equivocarse, le proporcionaré una lista con el historial de cada uno, los que están señalados con tinta roja tendrán que recibir clases de regularización todos los viernes de 6 a 8 PM., es obligatorio, usted impartirá esa clase porque para mí sería insoportable verlos dos horas más. Aquí tiene el programa, los trabajos a realizar, cómo evaluar, los exámenes, ¿queda claro o voy demasiado rápido?-

Charlotte cruzó los brazos, luego extendió la mano a Severus que le otorgó los pergaminos -no, ninguna, me queda claro que yo haré de asistente-

Snape arqueó una ceja y dijo: -¡Perfecto!, el jueves en las mazmorras para la primera clase- salió y dejo a la chica en su despacho, pero inmediatamente abandonó el lugar.

Charlotte revisó el material que Snape le dio, recostada en su cama, viendo el expediente de cada alumno y ponía mayor atención en aquellos que cursarían regularización, entre ellos: Neville Lombottom, Crabbe, Goyle, Ronald Weasley y Harry Potter. Dejó la lista en la mesita de noche y se durmió.

No asistió a la ceremonia de bienvenida, porque no le apetecía, pero Dumbledore, hizo mención de ella en su tradicional discurso:

-Bueno como ustedes saben, volvimos a quedarnos sin profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero no se preocupen, porque no perderán sus clases, ya que yo impartiré esa asignatura.

Todos fijaron sus miradas en el director, que no les hizo caso y continuó: -Por otra parte en este ciclo contaremos con la grata presencia de la señorita Charlotte d’Lioncourt, que al parecer no está presente, ella estará colaborando con el profesor Snape en las clases de Pociones e impartirá clases de regularización, ya la conocerán. ¡BIENVENIDOS! Y que disfruten el curso.