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Atada al Destino — capítulo 1

-¡Daos prisa o llegaremos tarde!

-Haizea ¿dónde has puesto las entradas?

-Deben estar en la mochila rosa.

-¿Y en que lugar la dejaste anoche?

-Creo que al entrar la solté en el sofá, pero como ahí ha dormido Maya no se dónde la habrá puesto ella. ¡Pregúntale, yo no soy adivina!

-Esto es alucinante…

-Chicas ¿estáis listas ya? Por favor ¡Amanda, Úrsula, Savitri y Selene deben de estar esperando desde hace siglos!

-¡Ya vamos! Lara ¿has encontrado la mochila?

-Sí

-¡Pues vayámonos de una vez!

Como podemos ver, un desastre. Selene, Savitri, Amanda, Haizea, Tania, Lara, Úrsula y Maia son amigas desde hace bastantes años, algunas prácticamente desde que nacieron. Han quedado para ir al cine a ver una película de miedo. Están pasando el final de las vacaciones de verano en la playa y, como son unas cuántas, han tenido que alquilar dos pisos en vez de uno como tenían pensado. Como era costumbre para ellas, alguien llegaba tarde. Cuatro de las chicas se habían quedado dormidas y sus otras cuatro amigas no podían hacer nada sin ellas, pues tenían las entradas para el cine de todas. Las pobres estaban esperándolas desde hacía ya un buen rato y comenzaban a impacientarse.

-Deberíamos habernos quedado con nuestras entradas. ¡Ya sabemos de sobra como son!

-Tranquila Úrsula, llegaran de un momento a otro. Con ellas sabes de sobra que hay que tener paciencia. Además solo llevan veinte minutos de retraso; eso es poco.

-Ya, pero por una vez…

-Son ya mayorcitas, así que creo que con la edad que tienen no van a cambiar mucho.

-¿Les habrá pasado algo? Haizea no iba muy bien anoche que digamos.

-Nos habrían llamado.

-Si, seguro.

-¡Mira! ¡Por fin vienen!

Vaya… media hora tarde era un record. Las muchachas se echaron la bronca unas a otras y finalmente entraron en el cine. Tenían tanta suerte que la película aún no había comenzado. Se sentaron en sus butacas y vieron la película tranquilamente. Era una de las más recientes que habían sacado. De vez en cuando Maia y Úrsula se asustaban de algo pero, por lo demás, las dos horas transcurrieron sin incidentes.

-¡Vaya porquería!

-Cierto. Ya no hacen películas buenas. Voy a tener que meterme yo a directora de cine.

-¡No sueñes despierta querida!

-¿Qué hacemos ahora? Yo no tengo ganas de volver al piso.

-De eso nada. Es el último día de Selene como menor de edad y hay que aprovechar el tiempo. ¿Qué gamberrada te apetece?

-Pues… déjame pensar… quizás podríamos asesinar a alguien, algún antigeno por ejemplo, o mejor quemarle la casa al profesor de mates… se me ocurren muchas cosas… cada cual más disparatada y loca.

-Mmm, lo de quemarle la casa al de mates está bien. ¿Alguien sabe dónde vive?

-No.

-Lástima.

-Vayamos a tomar algo, estoy que me muero de hambre.

-¿Y cuando no?

Las ocho chicas se fueron a un bar de la zona a cenar. La verdad es que se lo pasaban en grande y además estaban disfrutando porque Selene iba a cumplir los 18. Era la más pequeña del grupo, aunque tan solo por unas semanas. Se divertían mucho recordándole que ya no podría hacer trastadas ni nada por el estilo y que le faltaban tan solo tres días para entrar en el grupo de las mayores, como sus amigas siempre le recordaban.

Se sentaron en un bar cerca de los pisos, en la única mesa que encontraron libre. Pidieron la comida y, algunas de ellas se pidieron media cocina. El resto comió lo suficiente para tener energías para esa noche.

Cuando lo trajeron todo empezaron a jugar con la comida. Selene y Savitri se dedicaban meter servilletas en las bebidas de sus amigas mientras Tania y Amanda cambiaban la comida de los platos. Al final, un camarero tuvo que llamarles la atención para que dejaran de hacer el payaso y de molestar al resto de clientes. Después de eso, comieron lo más rápido posible y se marcharon a los pisos a cambiarse de ropa. Algunas de ellas se ducharon y cambiaron en menos de quince minutos. En cambio las otras tardaron mil vidas. Salieron a eso de la una de la mañana. Se fueron directamente a la discoteca y se pidieron la primera copa de la noche. Después se pusieron a bailar. Allí se llevaron toda la noche, como las anteriores a esa. Conocieron a un grupo de chicos ingleses y se pusieron chapurrear inglés con ellos. Eran muy simpáticos y además estaban muy bien. Intimaron con los chicos, que las invitaron a otra ronda de copas en la barra. Al llegar a esta, alguien captó la atención de Selene. Era alto, moreno de piel, con el pelo castaño, delgado aunque se le notaba que estaba fuerte y tenían unos ojos verdes que llamaron la atención de la muchacha. Su mirada era intensa y misteriosa. Había algo en el chico que le hacía sentir que ya se conocían… pero eso no podía ser. Se acordaría de una persona como él.

-¡Eh Selene! ¿Qué haces? ¡Te estás perdiendo el numerito de Maya!

-Sav ¿As visto a ese chico de ahí? Creo que lo he visto en otro lugar.

-Pues seguro. Trabaja aquí. Y si quieres que te diga algo más, no ha parado de mirarte desde que entramos por primera vez por la puerta.

-Su cara me suena… ¿Hemos hablado con él?

-No… ¡Ay! ¡Que se nos va a enamorar la peque!

-¡No digas tonterías! Tan solo tengo curiosidad.

-Pues entonces ve a hablar con él. Si quieres yo te acompaño.

-Déjalo. Además, parece que ya se va.

-Como quieras, pero si no vas a ir a hablar con él, vente aquí con nosotras.

-Está bien. Ya voy.

Puede que Selene se fuese donde estaban sus demás amigas, que bailara con uno de los ingleses y que se lo pasara pipa, pero su mente no paró de pensar ni un solo segundo en el misterioso chico que la observaba. Como le había dicho a Savitri, se marchó cuando ellas hablaban de él, pero tenía su cara grabada en la cabeza y no podía dejar de preguntarse quién sería aquel muchacho…

A las siete de la mañana, todas volvían para los pisos. Iban armando un jaleo terrible por la calle, pero no les importaba. Aquella había sido su última noche de juerga, pues esa tarde volverían a Riotinto, su pueblo y, varias semanas más tarde, se separarían para irse cada una a un lugar diferente a estudiar.

Cada cual se acostó en el primer lugar que pilló lo suficientemente despejado como para tumbarse. Selene se fue directa a su cama, pues a diferencia del resto, no había bebido tanto y podía llegar a la habitación sin problemas. Cuando se tumbó en la cama su mente voló hasta detenerse en los ojos de aquel chico. ¿Quién sería? No importaba… estaba demasiado cansada como para pensar en ello. Se relajó cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño…

Oscuridad… mucha oscuridad… y, de repente, una luz al final de un túnel (¿era un túnel?) mirase donde mirase, no podía ver nada más que aquella luz ¿Estaba muerta? Comenzó a andar muy lentamente, midiendo cada paso, tanteando el terreno a cada centímetro. Poco a poco se fue acercando cada vez más a la luz que a su vez, se fue haciendo cada vez más intensa y brillante. Al llegar al final del túnel (porque dedujo que si que se trataba de un túnel), una ráfaga de aire le alborotó el pelo, y la luz de el sol la cegó por un momento. Al abrir de nuevo los ojos, se encontró en un verde prado, lleno de árboles y atravesado por un riachuelo. En el centro del prado, sentado sobre una gran roca, había una figura solitaria y encapuchada. La extraña figura, al percatarse de que la observaban, se giró hacia la muchacha, se puso en pie y, muy lentamente, comenzó a caminar hacia ella. Al llegar a su altura se detuvo, levantó la cabeza y dijo:

-Hola muchacha. Parece que se acerca el momento.

-¿El momento de qué?

-Muy pronto lo sabrás. No tardaremos en ir a buscarte.

-Pero…- No pudo decir nada más. El hombre había desaparecido sin dejar rastro. En ese momento un rayo rompió el silencio allí reinante, el cielo se cubrió de nubes grises y el color desapareció. A lo lejos, un grito lleno de dolor desgarró el aire y todo desapareció…

Selene se despertó sobresaltada. Había sido un sueño, solo un sueño, el mismo que se repetía una y otra vez desde hacía ¿Cuánto? ¿Seis, siete meses? No estaba segura, pero esa sucesión de diferentes imágenes, que cada vez se repetían con más frecuencia, la ponían nerviosa. Miró el reloj. Tan solo eran las nueve de la mañana. Aún le quedaban varias horas para descansar. Se dio media vuelta en la cama, se acomodó y volvió a cerrar los ojos y, de nuevo, tuvo aquel extraño sueño, un sueño en el que un grito acababa con su vida y con la luz de sus ojos…

Espero que les haya gustado.Comenten algo plis.Bye!