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Historia 25639 — capítulo 1

Santa Marta

COMO todos los años, doña Elvira festeja su cumpleaños en familia, la única invitada que nunca asiste es su hija Ingrid, que trabaja en una oficina en Nueva York.

Este año, doña Elvira se encuentra mal del corazón y necesita que su familia se reúna, para poder festejar otro y tal vez el último cumpleaños.

Don Ernesto, su marido, no tiene consuelo, se siente solo y herido por un cuchillo imaginario, que se clava cada vez más en su pecho. Decide, finalmente, llamar a su hija, para que celebre los 93 años de su madre.

La llama al celular y ella demora en contestar, pero lo hace con voz de dormida. Empiezan a charlar, hasta que sale el tema del cumpleaños. Ingrid se siente molesta, piensa: “¿qué no se dan cuenta de que pasé diez años de mi vida dándoles la mitad de mi sueldo para que puedan comer? ¿no entienden que no puedo perder ni un día de trabajo?”

Su padre, se desilusiona con l actitud egoísta de su hija y piensa “los tiempos cambian, ya no le importa la felicidad de su madre.” Y así cortan la comunicación y cada cual vuelve a sus vidas.

La mañana del cumpleaños amanece serena y toda la villa de Santa Marta acude a la fiesta, que transcurre alegre y entretenida. Pero cuando ya todos los invitados se van, el frágil corazón de doña Elvira no aguanta más la angustia de no ver a su hija y sufre un ataque cardíaco.

Muere.

Ingrid se queda sin mamá y don Ernesto sin el amor de su fiel y querida compañera de vida.

Ingrid recibe la noticia una semana después. Es invitada al entierro, pero no va, no está preparada para afrontarlo. Se siente terriblemente culpable. ¿Acaso ella no podría haber pedido una licencia para visitar a su madre? Lo peor es que tiene el sombrío pensamiento de que si ella hubiese ido, su madre no habría muerto.

Toda Santa Marta acude al entierro, y frente a la luz cándida de las velas, le dan un último adiós a doña Elvira.

Ingrid olvida el asunto al correr de los años, pero nunca a su madre. Cada año viaja a Santa Marta a visitar a su padre, que ya tiene 90 años y está sordo del oído derecho, y a dejar flores a su madre.

Porque logró entender que debió valorar más a su familia, aunque lo entendió demasiado tarde.