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Historia 26122 — capítulo 5

Mientras tanto, en otro lugar, también bastante apartado de la fiesta, Samantha paseaba por los lindes del bosque prohibido, pero entonces, alguien surgió de entre sus sombras y le puso la mano en la espalda....

Pero antes que nada, Sam se giró repentinamente con su varita preparada e iluminada ... cosa que le hizo ver a una persona de su misma altura que llevaba una capa negra, y por tanto tenia el rostro aculto.

  • Muéstrate – dijo ella con tono autoritario, pero de repente soltó un grito ahogado al ver quien era.

Draco Malfoy se mostró a aquella mujer que le habia impresionado tanto, no solo por su belleza, sino por lo que llegaba a representar. Pero entonces se encontró cogido por el cuello y empotrado contra un árbol, es decir, completamente inmovilizado.

  • Buenas noches Señorita Dumbeldore – dijo amablemente (cosa rara en Malfoy) – no se si me conocerás.... si veo que sí – añadió al ver la cara de odio que le ponía esta, ya que le conocía por todo lo que sus amigos les había dicho – quiero hablar contigo...

  • Primero – dijo ella severamente – nunca, nunca uses mi apellido; segundo, no me fio de nada sucio Mortífago, por lo tanto, no pienso hablar contigo; y tercero, esto es una fiesta privada además de estar en los terrenos de Hogwarts, que para ti están prohibidos, por tanto si eres tan amable a acompañarte a los auro...

  • No porfavor! – dijo el asustado – sólo quiero hablar, se que me comprenderás tal y cómo Añbus Dumbeldore hubiera hecho, por eso he acudido a ti, te prometo que no te haré nada...

  • De acuerdo Malfoy – dudó un momento – siéntate, pero te lo advierto – añadió al ver la cara de triunfo del Rubio - un solo movimiento....

  • Si, si. Pues verás, yo.... vengo a rendirme. No por favor, créeme, en un principió creí que esto estaba bien, que aquí encontrabas a un señor que se preocupaba por ti, amigos que matarían si fueses ofendido, que de esta forma destruiría la persona que más odio, a Potter, y que además, sólo los sangre limpia quedaríamos.

  • Pues te equivocaste – dijo seriamente Sam.

  • Ya, y lo sé... por eso vengo a que me acojáis... os puedo servir de ayuda, para atrapar... a los demás Mortífagos.

  • ¿Qué? – dijo ella sorprendida, pero sin bajar la guardia – Vamos hombre! Esto si que no me lo trago, y entonces porqué no lo dejaste cuándo Dumbeldore te lo ofreció?

  • Por miedo – dijo avergonzado – por miedo al Señor Tenebroso, a lo que me haría si no cumplía, a lo que le pasaría a lo que quedaba de mi familia...Pues ahora que mi padre y mi madre están en Azkabán, ya no debo sufrir por ellos, que estan teniendo – tragó saliva – su merecido.

  • Mi tío se enorgullecía de una cosa - dijo con ojos tristes- creer que había logrado pasar al lado bueno a un Mortífago, ese, fue el mismo que lo mató. Yo no quiero caer en la misma trampa Draco – confesó.

  • Yo... yo siento lo de el profesor Dumbeldore, era un hombre con agallas, y bueno, muy bueno, tanto como para saber perdonar a cualquiera que se sintiese culpable. No intento que me perdones Samantha, sino quiero que sepas que en el otro lado tienes a alguien que no dudará en ayudaros cuando lo necesiteis. Ahora, debo irme – dijo al notar una punzada en el tatuaje que le hicieron unos meses antes de la muerte de Voldemort – mi amo me reclama. Espero que mi amo cambie pronto – dijo refiriéndose a la Orden.

  • Sabes? – explicó Sam – aquí no hay amos, solo un grupo, que puede estar más definido por Harry, pero que siempre escucha a los demás, y cede el protagonismo a quien mejor sabe. Y... no creo que con el odio que le tienes al que mató tu amo te gustase juntarte con nosotros.

  • Acertaste – dijo Draco dolido – sigo odiando a Potter, lo envidio (N/e: creo que me paso con este Draco... es demasiado bueno), pero más odio en donde me he metido... y se que vosotros me protejerías, ahora...

Lanzó una última mirada a la chica, y se adentró en el bosque poniéndose la capucha.

  • MALFOY! – dijo una voz de mujer detrás de una máscara – llegas tarde, no has escuchado la llamada?

  • Claro tía Bellatrix – se excusó cuando llegó al valle en el que se había aparecido – pero esque tenía asuntos pendientes ...

  • Y a mí que? Sabes que cuando te llamamos tienes que acudir en el acto – dijo señalando el tatuaje de su antebrazo – por eso sobrinito... CRUCIO!

  • Arrrrrrrr! – gimió Draco retorciéndose de dolor en el suelo

  • Ahora nos prepararemos para el siguiente golpe, acabaremos lo que el Señor Tenebroso nos encomendó. ¿Verdad Draco?

  • Claro tía querida – dijo falsamente mientras un hilillo de sangre le salía de la nariz.

Mientras tanto en la fiesta Sam se despedía de todos los presentes, ya que esta se había acabado. Fred se le acercó cuidadosamente por la espalda y posó su mano es su espalda. Al ser el mismo gesto que Malfoy hizo minutos antes, Sam se sobresaltó tremendamente.

  • Eh, eh... – dijo cariñosamente – que te pasa? Desde que volviste a aparecer se te ve distinta.

  • Esta noche tu, tu hermano y yo dormiremos juntos – y le guiñó el ojo.

  • a la misma hora? – y se alejó mientras Sam asentía.

Ya se habían despedido de todos, solo faltaba que Harry, Ginny, Hermione y Ron apareciesen, ya que nadie los había visto, y puesto que Gimmauld Place tenia como guardián, es decir, sólo Harry sabia como ir, los Gemelos, Sam, Tonks y Remus (ya que los Weasley se habían ido a la Madriguera) tuvieron que esperar a Harry.

De pronto vieron como aparecía él caminando cogido de Ginny por la cintura, cosa de la que nadie se sorprendió aún así, cuando llegaron al grupo ambos se sonrojaron. Ya solo quedaron Ron y Hermione.

  • ¿los habéis visto? – preguntó Tonks divertida, ya que suponía lo que pasaba.

  • no pero...Ah mira! – contestó Ginny haciendo que todos se girasen para ver como un muy colorado Ron caminaba junto a una Hermione con la cabeza gacha. – eh, chicos! Daros prisa! Que os estamos esperando – gritó la pelirroja.

Cuando llegaron los dos vieron como los pantalones de ron estaba desgarrados por una parte y el vestido de Hermione también a parte de unas hojas que le quedaban en el revuelto cabello.

  • ¿nos vamos? – George rompió el hielo, ya que todos se habían callado

  • Si, dirijámonos a la cabaña de Hagrid – sugirió Lupin – allí tenemos el traslador que nos llevará a Londres, por supuesto no directamente al cuartel, ya sabéis que está protegido.

Cuando llegaron vieron una lata vieja de Coca-cola sobre la mesa, todos la gojieron, y en un momento se encontraron en Londres.