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Historia 27387 — capítulo 35

El salón estaba vacío, todo estaba en silencio y la tenue luz apenas si iluminaba lo suficiente para ver por donde se caminaba. No tenía porque estar ahí pero ahí estaba, incumpliendo una promesa que no recordaba haber hecho pero que igual sabía que tenía que cumplir, aunque la estaba rompiendo con el simple hecho de estar en ese salón.

Camino, camino despacio como esperando que alguien lo detuviera, pero eso francamente no le importaba, quería ser detenido, quería que lo sacaran de ese lugar, inclusive que lo arrestaran; pero nada de eso sucedió, nadie lo detuvo y eso lo obligo a caminar más deprisa.

¡Qué demonios, pero si era un mago! Levanto su varita e ilumino todo el lugar: en medio del salón estaba un féretro con la tapa abierta, si bien era cierto que él no era ningún cobarde eso sin lugar a dudas le hizo plantearse esa idea.

No camino más, ¿Por qué hacerlo? No había nadie más ahí, solamente él y el cadáver, porque tenía que haber un cadáver o de lo contrario de que serviría ese féretro.

¿Por qué no había nadie más? Tal vez la mujer no merecía ser llorada o tal vez ya no quedaba nadie en ese mundo para llorarla y en ese silencio, la soledad fue la más pura verdad.

Su rostro estaba tranquilo, tan bella como él la recordaba; sabía que era una mentira pero sus mejillas sonrojadas la hacían parecer viva, sus labios de un rojo carmesí le reprochaban silenciosos que nunca se hubieran unido, su piel tan blanca y tersa le parecía un sueño, sus parpados le reían, le decían que nunca más volvería a ver los ojos castaños que tanto adoraba, sus largos cabellos castaños caían delicadamente sobre sus hombros exigiéndole ser acariciados una vez más, su vestido blanco la hacía verse angelical y entre sus manos una rosa roja y un tulipán amarillo le recordaban que él siempre sería para ella.

A la dulce edad de 15 años la vida se había empeñado en quitársela y era en esa bella edad que Leanne había muerto. Su belleza continuaba intacta como si la muerte no se atreviera a mancillarla, le parecía una broma demasiado cruel, mantenerla como si aún permaneciera viva, como si su corazón no se hubiera detenido y que ella solo estuviera en un sueño profundo del cual despertaría en cualquier momento.

Kingsley despertó sobresaltado, él nunca había tenido pesadillas pero desde que ella le había contado la verdad, las tenía a diario.

Siempre la misma pesadilla, siempre la imagen de Leanne muerta, siempre la idea de que no iba a regresar.

¿Cómo es que era tan egoísta? ¿Por qué lo había hecho pasar por semejante calvario? ¿Por qué no se pudo haber quedado callada?

Estaba enojado, furioso, una rabia que nunca antes había sentido se apoderaba de él y lo cegaba; Leanne era mala y disfrutaba haciéndolo sufrir de esa forma.

Porque ni siquiera le había dado la oportunidad de salvarla, no le había dejado tener las esperanzas de saber que podía hacer algo para evitar que ella muriera; había sido muy clara: iba a morir y él solamente podía ser un espectador, un espectador que estaba desarmado y su única esperanza era que ella no muriera, que estuviera más loca que una cabra y que lo que había visto fuera un invento de su loca cabeza.

¡Ya quisiera él ver a Sirius o a James enterándose de que Leanne se iba a morir! Seguro que a ellos si les permitiría salvarla ¿Cómo Leanne iba a permitir que ese par de idiotas sufriera por sus culpa? ¡Pero claro, aquí tenía al más idiota de Kingsley que siempre haría lo que ella quisiera! Aunque eso significara verla morir.

Y es que claro que tenía que morir; ella era una amenaza y de las que deben ser eliminadas. Ese loco maniaco no iba a permitir que ella se volviera una amenaza más grande de lo que ya era. ¿Por qué Leanne no podía ser una bruja más? ¿Por qué tenía que ser lo que era? Alguien que debía ser eliminada

--- ¡Pensando en mí!--- la cantarina voz de Leanne le sacó un susto de muerte

--- ¿Qué haces aquí?--- le preguntó Kingsley mientras Leanne se metía en la cama para abrazarlo--- Alguien podría despertarse y verte aquí

Kingsley compartía la habitación con Frank, Mike y Eric y no convenía que los vieran juntos

---Es muy desagradable soñar todas las noches con mi propia muerte--- le contesto sonriente Leanne--- Tienes que dejar de hacerlo

---No sé de qué me estás hablando--- le contesto Kingsley con evasivas

---Cada vez que me miras o piensas en mí…--- le dijo Leanne poniéndose seria--- Es como si ya me hubieras perdido, como si ya estuviera muerta

--- ¿Y quién tiene la culpa de eso?--- le pregunto molesto

---Aún estoy aquí--- le aseguró Leanne

--- ¿Por cuánto tiempo? ¿Menos de diez años?--- Kingsley se separó del abrazo de Leanne, era una verdadera tortura tenerla tan cerca y saber que la iba a perder.

Leanne se sentó en la cama, podía ver que Kingsley estaba verdaderamente furioso con ella, eso la entristeció

---Lo lamento--- le dijo en un susurro

---No, tú no lo lamentas. Estas convencida de que hiciste lo correcto y la verdad es que lo hiciste--- Kingsley la miro unos segundos--- No estoy molesto porque me lo dijeras, estoy molesto porque no me diste ninguna esperanza de poder salvarte

---Para que hacerse ilusiones

---El mundo gira por las ilusiones--- le aseguró Kingsley--- Por las esperanzas

---King, no me entrenaron para sobrevivir, sino para vivir lo suficiente--- le dijo Leanne sonriendo--- Si mi muerte sirve para un propósito mayor, ¿Por qué no afrontarlo y entregarse con gusto? Prefiero morir a verlos morir

---Y nosotros preferimos morir a verte morir--- le aseguro Kingsley

---Deja mi muerte en paz y disfrútame mientras puedas--- le pidió Leanne--- Abrázame que no puedo dormir

Kingsley se dejo llevar. Abrazo a Leanne. Mientras él viviera, ella no iba a morir. La oscuridad los cubrió, Leanne se quedó dormida inmediatamente, quien sabe cuanto tiempo tenía sin dormir

---Así me tome toda la vida, así tenga que nadar un río de sangre o derramarlo, tú no morirás--- le dijo Kingsley en un susurro.

¿Desde cuándo Leanne se había vuelto tan frágil, tan increíblemente destruible?

Su piel siempre había sido clara pero ahora, a la luz de la luna, se veía increíblemente pálida, inservible para protegerla. Era cierto que su temperatura era normal, tan calida como siempre pero él no podía sacarse de la cabeza la imagen de Leanne y su piel tan fría, muerta.

Era cierto que nunca la había visto muerta, tan solo una tumba con su nombre, algo que se podía cambiar, algo que aunque ella no quisiera o se negara a aceptar.

Sabía que Leanne no quería morir, pero ella misma lo había dicho: sus entrenamientos estaban diseñados para llevarla al limite y esperar que lo soportara ¿Por qué aquello tenía que cambiar ahora si había dado tan buenos resultados?

No sabía con quien molestarse, con Leanne ó con su abuelo, su padre y Dumbledore ¿Por qué todos ellos estaban tan dispuestos a ofrecerla como carne de cañón? Y ella ¿Por qué se había resignado a tan terrible fin? ¿Por qué no prefería luchar, vivir?

Mil ideas recorrieron su mente, mil planes destinados al fracaso, mil esperanzas renovadas y mil esperanzas derrumbadas lo persiguieron hasta que no pudo más. Se apretó con fuerza al abrazo de Leanne y se durmió deseando con todas sus fuerzas que ella no muriera, que nunca se alejara de su lado, que siempre permaneciera tan calida y llena de viva como en ese mismo momento.

Pronto amaneció pero ellos dos no se dieron cuenta ¿Por qué hacerlo? Estaban en su propio mundo de fantasía, uno donde nadie podía molestarlos y donde solamente ellos dos podían ser ellos sin preocuparse por lo que pensaran los demás.

Y tal vez en eso debieron pensar. Es cierto que estaban en su propio mundo privado, en sus sueños, pero para el resto del mundo y sobre todo con las cortinas sin correr, ellos simplemente estaban dormidos juntos, compartiendo una cama.

Y eso fue lo que pensó Frank Longbottom.

Leanne despertó dando un sobresalto. Frank lo sabía, lo supo aún mucho antes que lo demás, lo supo aquella noche, hace más de 20 años y nunca dijo nada.

--- ¿Está todo bien?--- le pregunto Charlie al sentir como Leanne se levantaba de golpe

---Si--- le contesto Leanne--- Fue un mal sueño--- pero Charlie ya no alcanzo a escuchar nada porque se quedo inmediatamente dormido

Leanne estaba sentada en su despacho en la Academia de Aurores; las clases ya habían terminado y sólo estaba esperando. Un toquido en la puerta la saco de sus pensamientos

---Adelante

Frank Longbottom entro en la habitación, tan sonriente como siempre

--- ¿Qué pasa?--- le preguntó al ver la seriedad en el rostro de Leanne

--- ¿Por qué nunca dijiste nada?--- le preguntó

--- ¿Y decir qué?--- le dijo comprendiendo inmediatamente lo que le preguntaba Leanne; había esperado esa conversación durante largo tiempo--- "Sirius, Candence, no se preocupen, de seguro no es nada, pero está mañana vi a Leanne y a Kingsley dormidos en la cama del segundo, tal vez sólo se quedaron dormidos abrazados y cobijados y nada paso"--- le recitó Frank--- No era suicida y tampoco quería que mi muerte lo pareciera. Además, confiaba en ustedes

---Gracias--- le agradeció Leanne sonriente--- Aunque tuviéramos todo en contra y ni tú mismo pensaras que habíamos hecho nada

---Pero no había nada de qué preocuparse--- le aseguró Frank