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30 maneras de verlo. — capítulo 20

Escribir Por Cheis

Gota. Negro. Punto. La pluma en el aire. Gota. Otra. Tinta. Una y otra más. Rasga. Corta. Mancha. Escribe. Letra. Silaba. Punto. Gota. Gota a gota. Silencio. Raya a raya. Vuelta a vuelta. Gota. La punta de la pluma en el aire.

  • ¿Qué piensas?

Rasga. Corta. Escribe. Observa. Sus ojos brillan, y sonríe. Continua. No responde. Observa. Gota. Punto. Otra más. Gota. Gota. Escribe. Tinta negra. Papel y sal.

  • Te burlas de mí.

  • No lo haría.

  • ¿Qué piensas?

La muchacha se recuesta contra la silla. Apoya la pluma sobre el papel y le observa. Sus cabellos revueltos caen sobre su rostro. Controlarlos parece todo un peligro. Él los prefiere así. Ella muerde su labio instintivamente. En su rostro hay preocupación.

  • ¿Qué piensas?

Silencio. Un suspiro abandona los labios de la muchacha. Sus ojos se cierran, pero él evita interrumpirla. El papel olvidado y sus respiraciones atentas.

  • En cuándo todo esto termine.

Él sonríe. No puede evitarlo, aunque los ojos de ella no brillen. Opacos. Ajenos. Se endereza sobre la cama, y se viste con los jeans a los pies de la misma. En sus pasos se refleja el cansancio. Se pone a espaldas de ella, y la rodea con sus brazos. Besa su cuello.

  • Siempre hay un mañana.

  • No para todo.

  • Escribes tus memorias para justificarte.

Ella apoya su cabeza sobre su pecho. Puede sentir la respiración acompasada, el nerviosismo. El miedo. Besa nuevamente su cuello, su hombro desnudo. Se cuestiona como quitar la culpa de su piel. No sabe cómo. Él no la sufre. Ella sí. Lenta. Parsimoniosamente. Afirma el contacto con su piel y ella suspira.

  • ¿Te arrepientes?

Su voz suena más temerosa de lo que hubiese querido. Clara y potente, en control. Pero no. Suave, un susurro. Una estela. Agradece tenerla con él. Él no se arrepiente, pero tiene menos porque hacerlo.

  • No. – besa sus labios. – Pero me duele.

Se detiene. Separa sus brazos de ella y se acerca al escritorio. Toma los papeles entre sus manos y los mira.

  • Aún los quieres. Aún lo quieres. – Ella asiente. Sus ojos llenos de lágrimas.

  • Son… mi familia.

  • Lo sé.

Se arrodilla frente a ella. En sus ojos se refleja la lujuria y la esperanza. Besa sus labios. Tiernos y suaves. Profundo, se entrelaza. Baja por su cuello. Pequeño. Inocente. Tímido. Se separa y la observa. Con aquella camisa suya que tan grande le queda. La mirada baja, pecado en sus manos. Deja los pergaminos que ha tomado nuevamente sobre el escritorio.

  • Déjame escribir esta historia. Déjame ser tinta sobre tu piel.

Toma sus manos y la obliga a levantarse. Sus rostros a centímetros. La besa, pasionalmente. Desnuda sus manos por su cuerpo. Sonríe. Baja. Instruye y busca. Besa. Sabe que ella se deja. No deben estar allí. Ni en esa habitación ni en ninguna. Así ha sido desde un principio. Pero no puede evitar no detenerse. Esta es su historia, y ella su papel.

Un beso. Una gota. Un pacto. Punto a punto. Sueño a sueño. Gota a gota. Punto. Rasgar. Beso, gota, cortar.