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30 maneras de verlo. — capítulo 22

Dinero Por Cheis

Zacharias Smith nunca tuvo problemas de dinero. Nacido de una larga tradición mágica, de una familia potente y reconocida, Zacharias había portado más que pan bajo su brazo toda su vida. Por ende, nunca escatimaba en sus gastos, y más de una vez, hacia gala de sus dotes mostrando cuanta economía tenía a su mano. Nunca costó más de un movimiento de su mano para tener todo lo que deseara, desde la última escoba, hasta la nueva novedad en bromas mágicas. Zacharias Smith era, en definitiva, un niño adinerado.

Cuando Hannah escuchó rumores de que el joven Hufflepuff había hecho una visita a Hogsmeade con intenciones de hacer sus compras de navidad, su corazón latió en exaltación. Zacharias tenía la costumbre de obsequiar diversos y fascinantes presentes a sus amigos, sin embargo, los rumores lo esclarecían plenamente, su objeto de compra no había sido nada más ni nada menos que una joya. Hannah intentaba no ilusionarse, pero la voz de Susan no le permitía no hacerlo. Zacharias habría de gastar una buena suma en aquella adquisición, y Hannah no encontraba otra persona más que ella para recibirla. Las indirectas eran obvias, y hasta Ernie, que no veía ni lo que su nariz tocada, estaba completamente convencido de la obsesión de Smith.

Navidad llegó sin apuros, con una Hannah nerviosa, al punto del histerismo. Nerviosa y necesitada de ser acompañada a todos lados, puesto que soñaba que a cada vuelta de esquina aparecería el chico con su regalo, entrando a una etapa de ataques de nervios preocupante. Por suerte para ella, y todos sus acompañantes, la mañana de Navidad, todo estaba dispuesto como siempre. La mesa de la esquina, repletas de regalos brillaba extenuante. Todos los Hufflepuffs del sexto año tomaron sus paquetes, pero ninguno fue incapaz de abrirlo. Miradas expectantes se fijaron sobre la joven rubia, sus ojos brillaban mientras observaba el pequeño paquete. Papel rasgado, sonidos de exclamación y decepción siguieron al tenso momento.

Dentro del paquete no había más que algunas chulerías, que aunque interesantes y de alto valor, distaban mucho de lo que todos esperaban. Hannah suspiró, y bajo la mirada expectantes de sus compañeros, exclamó que los rumores siempre eran eso, rumores. Subió a su habitación en silencio, con la mirada preocupada de sus amigos siguiéndola, pero ningúno atreviéndose a interrumpir el momento de desconsuelo de la niña.

Mientras tanto, en una habitación de la madriguera, una joven castaña observaba el paquete que había recibido aquella mañana. En sus manos se deslizaba una suave y brillante cadena de oro, tenía un pendiente con forma de gato, y el brillo del sol. Estaba maravillada con aquella joya, sorprendida de su peso, de su belleza, de su valor. En un primer instante había considerado Ronald hubiese estado tras aquella magnificencia de presente, sin embargo, había tenido que descartar dicha idea, no solo porque ya tuviera sendos regalos de él y Harry, sino porque el costo del objeto sobrepasaba las posibilidades de Ron de obtenerlo.

Guardando el colgante entre sus más preciadas pertenencias se cuestionó quien podría realizar semejante gasto en ella, y adjuntar solamente una nota de ‘Feliz Navidad’ Fuera quien fuera, el dinero no era su problema.