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Un sentimiento no deseado — capítulo 1
- Hermione – escuché una dulce voz a lo lejos de mi sueño. Iba saltando tranquilamente en un hermoso prado… - Hermione -¡Por Dios! ¿es que no puedo soñar tranquila? Seguía corriendo entre unas espesas plantas que se pegaban a mis pantalones. Al final del prado veía un hermoso chico sentado, mirándome o más bien apreciándome – Hermione - ¡sólo un minuto! Me acercaba a él, quería verlo. De seguro era Ron, con su avergonzada sonrisa que me regalaba cada vez que me besaba. Me acerqué más - ¡Hermione! – se veía tan bello…quedé a unos escasos metros, y me di cuenta que no era exactamente Ron. Era Malfoy - ¡HERMIONE!
Salté de la cama al escuchar el último grito. Abrí los ojos asustada, y me di cuenta que mi “hermoso sueño” llegaba a su fin.
Ginny me miraba desde el final de mi cama. Su cara mostraba un sentimiento divertido y enojado. Se notaba que desde un buen rato que me llamaba.
-
Ginny… - miré a través de la remendada cortina, y vi el hermoso sol que se asomaba. De inmediato inventé una excusa - ¿qué linda mañana, no?
-
Excelente – respondió con una risa – especialmente para ti, que no has parado de decir el nombre de Malfoy.
Abrí los ojos asustada. O no…otra vez no. Al parecer de nuevo había comenzado a hablar en sueños, lo que siempre me traía consecuencias. Y no muy agradables.
-
… ¿Y qué…dije? – pregunté asustada, con el típico pánico que me dejaba en vergüenza siempre cuando podía.
-
Mejor dicho que no dijiste – Ginny se sentó a los pies de mi cama, regalándome una sonrisa cómplice - ¡Vamos, Hermione! Dime que planeas con Malfoy. Estoy segura que te gusta.
-
Ginny, no digas estupideces. Yo estoy con tu hermano. Ron.
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¡Pero no estás muerta!
-
¡Ginny! ¡es tu hermano! – exclamé indignada.
-
¡Y aunque sea mi hermano, eso no le quita lo bobo! Hermione, dime de una vez por todas que te gusta Malfoy. Desde que llegaste aquí, bastantes veces has dicho cosas mientras sueñas, y todas involucradas con Malfoy.
Me mordí el labio. Eso era verdad.
Desde que había llegado a la Madriguera había comenzado a soñar cosas raras con que nunca había soñado en mi vida. O más bien con quien nunca había soñado en mi vida.
Malfoy había comenzado a aparecer en todos los sueños que tenía. ¡Incluso hasta en las pesadillas! Aunque él siempre ha sido mi pesadilla, pero ese es otro tema.
Cada vez esos sueños se hacían más constantes. Y siempre los tenía con la presencia de Ginny, pues claro si era mi compañera de habitación. Pero aún así me incomodaba lo suficiente como para que cada vez que me preguntara por estos, mi cara se sonrojara como si fuera una estúpida niña que ve al chico que le gusta. ¡Puaj! En que estoy pensando.
Me fijé nuevamente en la cara de Ginny, y noté que ésta no paraba de mirarme. Claro, hasta que le contara que rayos me pasaba con Malfoy. ¡Como si yo supiera!
-
Ginny, te diré lo mismo de siempre. Así que no me mires así.
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Hermione – me miró con cara de inocente - ¿me consideras tu amiga?
-
¡Claro que sí, Ginny! ¡mi mejor amiga!
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¡Entonces dime la verdad! Si es porque Ron es mi hermano – hizo un gesto de despreocupación – no le diré nada.
-
Ginny por duodécima vez. ¡No me gusta Malfoy!
-
¡¿Y por qué sueñas con él?!
En ese momento se asomó la cara de mi perezoso novio por la puerta.
Ron.
Entró torpemente a la habitación, botando un par de cosas al entrar. Harry lo seguía de atrás.
Ambos tenían unas caras de sueño que lo más probable es que ni siquiera se hubieran lavado los dientes.
Se me revolvió el estómago. Vi a Ron que se acercaba a mí, y lo más probable es que me iba a besar. Pero gracias a Merlín que Ginny dio su comentario celoso en el momento apropiado.
-
¡Hey! ¡es mi habitación! Ron. Fuera – el pelirrojo soltó una maldición.
-
Ginny. Sólo vengo a ver como están.
-
Estamos bien, ya nos viste. Fuera – repitió – y para ti también va ese fuera – le reclamó a Harry. El pelinegro bajó la cabeza, avergonzado.
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¡Hermione dile algo! – me alegó Ron – tú también duermes aquí.
-
Pero es su casa, Ron.
-
Y también la mía. Y yo entro donde quiero – de inmediato se acercó hacia mi. Rogué a Merlín que Ginny lo echara.
-
¡Pero no a mi pieza! ¡FUERA! – la pelirroja se levantó indignada de mi cama, y se acercó a su hermano. Tirándolo del cabello. Luego de unos segundos, se acercó a Harry y lo tiró de la polera. Yo la miraba fascinada.
-
¡Ginny, suéltame! Verás que en unos pocos meses más te podré hechizar cuanto quiera, y ahí te las verás – alegó el Weasley. Harry tiró de su polera, y salió sin ayuda de la habitación. Ron seguía en el umbral de la puerta, sin moverse.
-
¡Pues ahí me las veré, Ron! – lo más probable es que Ron hubiera perdido su nariz con el brutal portazo que dio Ginny. Di un saltito en la cama, y rápidamente me puse mis viejas pantuflas para levantarme – Hermione, tenemos un tema pendiente. Siéntate ahí – la ignoré.
-
No, Ginny. No tenemos ningún tema pendiente. Lo siento mucho, pero tengo muchas cosas que hacer como para estar perdiendo el tiempo en una estúpida charla que seguro no valdrá la pena.
-
¿Y qué cosas tienes que hacer? Aparte de decir Malfoy cada vez que cierras los ojos, claro – le lancé un cojín, indignada.
-
Basta, Ginny – me puse mi bata y apreté con mucha fuerza la tira que la ajustaba a mi cuerpo. Solté un débil quejido.
-
Terminarás engañándote sola. Pero recuerda, Ginny siempre estará para escucharte – luego rió de sí misma – pero trata de que te tenga que escuchar luego, o si no terminaré aburriéndome de esperar – me uní a sus risas.
-
Está bien. Pero ahora es mejor que nos levantemos. Ron debe estar indignado, y nos demoraremos más en llegar al Callejón Diagon.
-
Tranquila. Los libros no se escaparan – fruncí el ceño – o tal vez no quieres que se escape Malfoy – me miró pícaramente – ya entendí. Bajemos será mejor.
Asentí algo enojada.
Siempre las conversaciones de la mañana, iban hacia el mismo tema. Malfoy.
No tenía ni la más mínima idea de que era lo que me pasaba, pero de seguro era algo malo si estaba Malfoy de por medio.
Su rubio cabello que siempre me llevaba a admirarlo por lo largo de mi sueño, o si no sus profundos ojos grises, queriendo demostrar algo que no es directamente de lo que expresa con su boca.
Al parecer todos mi sueños estaban fallados, porque siempre mostraban a un Malfoy mucho más amable que de costumbre. O mejor dicho, amable. Porque si me preguntaban una palabra que describiese a Malfoy, la última que diría sería amable. Pero en mis sueños era la que más se destacaba.
Me ayudaba, o me guiaba a través de un bosque, particularmente parecido al Bosque Prohibido. Pero en fin. Eran sueños, nada más que sueños.
La mañana transcurrió dentro de lo que se podía llamar normal. Ginny peleó con Ron por un par de minutos (en realidad media hora), y luego la señora Weasley los separó. Todos desayunamos en silencio, y luego cada uno fue a vestirse y a bañarse a su respectiva pieza.
En las vacaciones todo era prácticamente monótono si no fuera por las repentinas salidas que se le ocurrían a Ginny.
Peleas, desayuno, vestirse, Quidditch, poner la mesa, almorzar, leer, leer y leer, o salida. Fin del día, a dormir.
Suena bastante aburrido, pero de todas formas siempre estuve divertida. A no ser cuando me quedaba sola con Ginny, y comenzaba nuevamente con su cuestionario sobre Malfoy. Luego se acercaba Ron a salvarme, y me sacaba de ahí.
Aunque siempre estuve agradecida de que Ginny no le contara nada al pelirrojo. Siempre se mantuvo en silencio, manteniendo nuestra “confidencia”.
Al terminar el almuerzo, todos nos fuimos al Callejón Diagon. Compramos todos los materiales que tendríamos que utilizar, y por supuesto que los libros también, aunque yo me compré un par más para mi lectura cotidiana.
Todo el resto del día transcurrió dentro de lo que se podría denominar normal. Un par de peleas entre Ron y Ginny, y nada más.
Últimamente el pánico de las batallas o muertes con Voldemort habían desaparecido, y sin razón aparente. Parecía como si se lo hubiese – prácticamente – tragado la tierra.
Harry ya no sentía dolores en su cicatriz, y el pánico ya ni abundaba entre la gente. Ahora todo estaba tranquilo y en paz.
Como al día siguiente partíamos a Hogwarts, la señora Weasley decidió dejar todo listo la noche anterior, para así evitar problemas o malos ratos buscando las típicas cosas perdidas a última hora. Pero todos sabíamos que aunque ordenáramos cinco veces la casa, dejáramos todo en la primera plata, e incluso durmiéramos vestidos con lo que usaríamos al día siguiente, no serviría de nada.
Y así fue.
A la mañana siguiente todos corrían por la casa. La señora Weasley despertando a todos, los gemelos molestando al que se les cruzara, Ginny buscando otra tenida de ropa porque se había arrepentido de la que supuestamente iba a usar, el señor Weasley que no salía nunca del baño, y yo tratando de despertar a Ron. Todo mal.
Cuando recién logramos hacer todas las cosas que teníamos que realizar, no podíamos salir. Aún no llegaban los aurores que nos resguardarían hasta King Cross, y sin ellos nadie se iba.
Quedaba tan sólo media hora para las once de la mañana, y apareció Tonks bastante desaliñada por la puerta trasera. Al parecer habían problemas en el Ministerio, “pero nada de que preocuparse”.
Típica frase de que había algo mal.
Faltaban sólo cinco minutos para que el tren saliera, cuando llegamos al andén. Rápidamente subimos nuestro equipaje, y luego nos despedimos con unos débiles abrazos y besos. Sin importarnos cuanto tiempo pasaríamos sin verlos.
Subimos al tren, y de inmediato Ginny se separó de nosotros. Tenía que saber todo sobre los últimos rumores, y el camino a Hogwarts era el momento perfecto para enterarse. Ron y yo la despedimos con una débil sonrisa, mientras Harry la miraba estupefacto.
Gracias a Merlín que Ron es despistado, porque si hubiera visto a su amigo mirando de esa forma a Ginny, lo más probable hubiera sido que lo hubiera golpeado o no le hubiera dirigido la palabra durante un tiempo.
Le pegué un codazo a Harry, y de inmediato comenzamos a caminar en busca de un vagón.
Lamentablemente el haber llegado tarde, nos perjudicó a la hora de encontrar un buen asiento. Lo único que había vacío era el último vagón del tren, y más encima estaba al lado de un baño. Gran viaje.
Ron, luego de un rato, me recordó que teníamos que irnos al vagón de prefectos, para enterarnos de las novedades de este año. Harry nos despidió con gesto melancólico, mientras yo trataba de regalarle mi mejor sonrisa.
Si el tren había sido – hasta ese momento – un suplicio para mí, el vagón de prefectos me salvó completamente.
Allí habían cómodos sillones esperándonos, e incluso comida que Ron no tardó en probar. Excelente relajo para otro comienzo de año como prefecta.
Pero la sorpresa que me llevé al irme a sentar al último sillón, no era del todo agradable. En realidad no era agradable para nada.
Parkinson estaba encima de Malfoy, besándolo lujuriosamente, mientras éste – aprovechando la ocasión – le agarraba el trasero de forma desesperada.
Mi estómago se revolvió de inmediato. No supe si era de asco, o de… envidia.
Como Ron venía casi detrás de mí, pero con un paso más pausado, no se demoró demasiado en descubrir a la calurosa pareja en aquella asquerosa escena para mí.
-
Váyanse a otro lugar, calientes.
-
¡Ron! – el pelirrojo se encogió de hombros, mientras Pansy se levantaba furiosa por haberle interrumpido su minuto de felicidad. Draco se levantó y comenzó a abrochar su negra camisa con mucha delicadeza. Le dirigí una mirada de reojo, y sonreí al ver la cara de su “novia”.
-
Vete de aquí, Weasley. ¿O es que acaso se te perdió tu hermanita la pobre? – solté una carcajada irónica al escuchar el estúpido comentario de la Slytherin. Miré a Ron y le sonreí.
-
No te preocupes, no puede pensar más o si no terminaríamos en un incendio – el pelirrojo levantó la cabeza de inmediato, y me tomó de la cintura, orgulloso.
-
En un incendio forestal, querrás decir – corroboró el rubio – tú en vez de cabello tienes un bosque – Pansy rió estúpidamente, mientras Malfoy me observaba serio. Ron se abalanzó contra él, pero lo alcancé a detener antes que cometiera alguna locura.
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Déjalo. Tenía que arreglar la idiotez de su novia, o si no quedaría más estúpido de lo que ya es considerado.
-
Si fuera estúpido no estaría en los primeros lugares de las mejores calificaciones, sangresucia. ¿O es que acaso lo niegas? – levantó una ceja – tú deberías saberlo mejor que todos. ¿O ya te reemplazaron por alguien más sabelotodo?
-
Cállate Malfoy – contraataqué – si fueras inteligente no estarías acostándote con la estúpida de Parkinson en un asiento público. Puede que te arreglen las notas en Hogwarts, pero aquí se ve la inteligencia. Vámonos, Ron. Ya sabemos lo que tenemos que saber.
El pelirrojo me empujó antes de que Malfoy pudiera seguir insultándonos. En gran parte él tenía razón. Últimamente las notas del Slytherin habían subido considerablemente, a tal punto de a veces casi obtener mis calificaciones.
Se había rumoreado que Snape había echo un arreglo con sus notas, o que le daba mejor nota cuando merecía menos, pero era imposible hacer eso con Mc Gonagall. Y él – ahora- tenía las mejores calificaciones en todas las asignaturas.
Mientras caminábamos hacia el vagón en que estaba Harry, me fui pensando en la clara imagen que tenía en mi mente. Malfoy en un asiento, succionándose, con Parkinson.
No tenía explicación del extraño revoltijo que sentí cuando los vi. Pero esa extraña sensación era muy conocida cuando yo sentía celos de alguien que se acercaba a Ron. ¿Pero yo celosa de Parkinson? Era prácticamente imposible.
Sería como la envidia de un millonario a un pobre. ¿De qué iba a tener envidia? ¿De comer ratas? Fruncí el ceño. ¿La rata sería Malfoy? Por supuesto que sí, quién más podría ser.
Pero yo odiaba a esa rata desde primer año, y si siempre odié a la rata, no tendría porque gustarme si nunca la he probado.
Oh, Oh. Mala conclusión.
Probar no era la palabra perfecta para lo que yo pensaba… ¿o sí? ¿y si sentía esos “celos” por culpa de mis estúpidos sueños que tuve en las vacaciones? Hice un gesto de asco al recordarlos.
-
Hermione – pestañeé tupidamente para mirar a mi pelirrojo.
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¿Ron?
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¿Podrías entrar al vagón? Ya es la cuarta vez que te lo pido, y parece que ni siquiera me escucharas.
-
Lo siento, estaba pensando en… un libro que me recomendaron - rió.
-
Harry debe estar aburrido, entra – me abrió la puerta del vagón, y me empujó levemente con su mano fijada en mi cintura.
-
Hola, Harry – saludé – Hola Neville, Hola Luna. ¿Cómo están?
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Bien – respondieron a coro, aunque Harry con cara de aburrido. Ron cerró fuertemente la puerta, y se sentó al lado de su amigo.
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¿Tan rápido volvieron? – preguntó el pelinegro – generalmente se demoran más.
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Es que nos encontramos con Malfoy en una situación no muy cómoda – respondí con vergüenza.
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Estaba a punto de tirarse a Pansy. ¡Y en un sillón!
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¡Ron! – me sonrojé de pies a cabeza – ¡no hables así! – Neville y Harry abrieron los ojos sorprendidos, mientras Luna me lanzaba una mirada cómplice.
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Es verdad, Harry. Hubiéramos llegado un minuto más tarde, y …
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No hubiera pasado nada – todos me miraron perplejos.
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Hermione, hubiera pasado mucho más que algo.
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No, Ron. Sólo se estaban besando.
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¿Besando? ¿y desde cuándo se toma del trasero a una chica para besarla? ¿o es que acaso no le viste las manos? – volteé los ojos.
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Si las vi, Ron.
-
¡Entonces!
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Entonces nada.
Ron volteó los ojos y cambió rápidamente de tema. Neville y Harry parecieron interesarse por lo que prestaron atención a lo que relataba.
Pero mientras tanto, Luna me miraba cómplice. Y yo me había percatado porqué.
Ella – al igual que yo – habíamos notado algo. Me preocupaba mucho por Malfoy. Por lo que había echo, y por el poco énfasis que le puse a la historia como lo había echo otras veces.
Por más que intentara quitarme los pensamientos absurdos de mi cabeza, no los podía sacar.
Sentía celos de Pansy. Ella era la pobre, y yo la millonaria. Malfoy el ratón, y yo el que lo quería probar.
Sonaba estúpido con este ejemplo, pero esto me permitió darme cuenta de algo importante.
Quería besar a Malfoy.