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Historia 27947 — capítulo 6
Capitulo 6- El Comienzo de una Nueva Era
Cuatro años pasaron. Cuatro aburridos años de matrimonio. Los Black y los padres de su esposo empezaban a impacientarse con el tema de la descendencia.
-No entiendo por que están tan desesperados por tener nietos… -dijo Bella a Rodolphus, después de llegar de un almuerzo en la casa de sus padres, donde ese había sido el principal tema de conversación.
-Bueno, es bastante razonable.
-No estoy hecha para tener niños. Los niños me sacan de quicio. –afirmó, estrujando maniáticamente el trapo con el que se estaba secando las manos, después de haber lavado unas cosas.
-Nunca lo hemos intentado a fondo, cariño… -dijo Rodolphus con una brillante e insinuante sonrisa.
SPAT! Había recibido el repasador en la cara.
-Seca tú los platos. –ordenó ella.
Bella fue a desestresarse a la sala de tortura que había hecho instalar un par de años atrás. Tenía maniquíes, con las zonas de más dolor marcadas. Tenía un arsenal de látigos (comunes y de nueve cuerdas), cuerdas, cadenas, cintas, una maquina que imitaba al potro y una mesa rectangular de cemento.
Como no podía usar las maldiciones imperdonables, porque odiaba los animales como para tenerlos rondando en el jardín, y debía estar loca para probarlo con Rodolphus ahora que el Ministerio había puesto una red de vigilancia para este tipo de asuntos, el mejor lugar para entretenerse era esa enorme sala. Se dirigió al potro, con una sonrisa. Cuantas locuras había cometido ahí…
De repente, oyó que la puerta se abría. Rodolphus había entrado, con una botella de hidromiel en una mano y una de whisky de fuego en la otra. Bella debía admitir que aunque su marido podía llegar a ser muy irritante, estaba empezando a aprender cuando los momentos justos eran momentos justos.
-OoO-
-Cissy, sigo sin confiar en él.
-No te pedí tu opinión, Bella. No me queda otra salida.
-Si, pero…-
-Nada. La promesa ya está hecha. Al menos me queda la esperanza de que si no lo logra… al menos el morirá.
Bellatrix miró a su hermana con escepticismo. Ella le sostuvo la mirada por unos segundos. Con estupefacción, vio como Cissa se largaba a llorar silenciosamente. Si bien estaba acostumbrada a ver sufrir a otras personas, pocas veces había sentido el deseo de consolar a alguien. Quizás, porque nadie nunca la había consolado a ella.
-Vamos, Cissy… Se que el grasiento lo logrará. –afirmó, aunque solo para que ella se calmara.
-Eso espero… -pudo decir ella entre gemidos y sollozos.
-De todas maneras, si no lo logra, seria un honor que Draco muriese a manos del Señor Oscuro.
Narcissa se la quedó mirando como si la hubiesen abofeteado.
-¿Qué? Ya lo dije una vez, si yo tuviese hijos los pondría con gusto a merced de El Que No Debe Ser Nombrado.
-Pero no tienes hijos, Bellatrix, así que cierra tu maldita boca. –dijo fríamente.
Bella se paró, y también Cissy. Se apuntaron con las varitas unos instantes, observándose… Sin embargo, Bella se sentó en el sillón enseguida.
-Solo estas celosa de Snape, porque el Innombrable lo prefiere antes que a ti. –dijo Narcissa, sabiendo cual era el punto débil de su hermana.
-Calumnias.
Siguieron mirándose.
-Maah, no tiene caso. –dijo Bella, a punto de bostezar. Pero la mano no llegó a la boca, porque instantes después, su brazo empezó a arder intensamente.
-Tengo que irme, Cissy. –repuso luego.
Pero ella no respondió.
-OoO-
Rodolphus estaba tomándose unos whiskies de fuego en la sala de estar, para recuperarse del dolor de espalda que Bella le había provocado. Mientras tanto, ella leía el Profeta, que había llegado esa mañana, pero que no había tenido tiempo de leer. No había nada interesante. Gruñó y tiró el periódico al suelo, enojada.
-¿No decía nada sobre el?... Ay… -preguntó Rodolphus, al mismo tiempo que se apretaba la herida de uno de sus hombros.
-No, nada.
-Accio Profeta! –convocó el.
-No encontraras nada… -advirtió Bella.
-Dice que ha habido múltiples asesinatos, Bella.
-Si, pero no fueron hechos por él.
-Ah, si… ¿Reconoces estas caras? –preguntó. Le mostró una página; en ella habían caras conocidas, con el nombre de ‘Sospechosos’.
-¿ALECTO CARROW? –exclamó, incrédula, al ver el primero de los rostros.
-¿Ese no era tu mejor amiga en Hogwarts? –preguntó, y sorbió un poco de whisky.
-Si, lo era…
-En el articulo dice que los asesinatos se hicieron en nombre de…
-¿Quién? –interrumpió ella.
Rodolphus se quedó mirando a su esposa, divertido con su desesperación.
-Que curioso… -dijo a propósito, muy entretenido.
-¡Vamos!
-El Señor Tenebroso, el Señor Oscuro…
- ¡ES EL!¡Estoy segura!
-No entiendo como saben todo esto los perio… Ah, aquí dice.
-¿Qué hacen?
-Bah, dejaron mensajes con graffiti mágico.
-Pero… ¿No dice nada más?
-Bueno, se sospecha de ellos porque no han sido vistos en más de un año. Alguien logró verle las caras. Un vagabundo que estaba vendiendo baratijas en Knockturn. (NdA: a ver, ¿Quién podrá ser?)
-Eso significa que pronto nos llamará. ¡El me lo aseguró!
-¿Qué?
Bella jamás le había contado a un alma lo que había pasado la noche de su boda. Le contó todo rápidamente a su marido, quien pasó de sorpresa a ansiedad en pocos segundos.
-¿Y por qué se ha tardado tanto? –preguntó al final.
-No tengo idea. Ha estado lejos, por 7 años, hasta donde yo sé. Recién ahora está empezando a actuar…
-Me encantaría deshacerme de unos cuantos asquerosos muggles. –dijo Rodolphus con la mirada perdida.
-No me extrañaría.
-OoO-
Narcissa Malfoy estaba llorando desconsoladamente en uno de los sillones de su casa. Acostado en el sofá grande estaba Lucius Malfoy, con vendas en los brazos y parte de su cara. Bella simplemente era una espectadora.
-Cissa, no llores. –dijo, casi imperativamente. Hacía media hora que no paraba.
-¿No ves lo que le hizo? –preguntó Cissy a su hermana, entre sollozos.
-Lo se. Es obvio que hizo algo mal.
-Gracias por recordármelo, Bella. –murmuró entre dientes su cuñado.
-P-p-pero eso no es t-todo… -sollozó Narcissa- A Draco casi lo descubren ayer.
-¿Qué? –preguntó Bella, alarmada.
-Borgin casi lo delata a las autoridades.
-No lo entiendo… Juraría que estaba de nuestro lado… -murmuró Lucius.
-Borgin está del lado del que le de mas dinero. Los aurores están ofreciendo recompensas a todo aquel que pueda solicitar información de algún evento extraño. El sabía que Lucius era mortífago… O que aun lo sigue siendo. –explicó Narcissa, secándose las lagrimas de los ojos.
-Hubo que desmemorizarlo. El problema fue que llegamos tarde. Aunque el auror no llego a oír el nombre, planean poner vigilancia en Hogwarts. No pudimos evitarlo. Y por eso… -Lucius se señaló algunas heridas.
-Eso no lo sabía…
-No había nadie allí. Se apareció aquí personalmente para - ¡Ay!
Lucius había sentido una punzada en la cabeza.
-No entiendo; ¿Por qué Draco usaría un collar? Hay cosas mas fáciles de usar… -dijo Bella, con una sonrisa macabra.
-No estaba mal planeado; nunca sabrían quien lo habría enviado. Creo que pensó en el collar porque Borgin le había hablado de el, una vez que fuimos a deshacernos de unas cosas por las redadas… (NdA: En serio, busquen esa parte al principio de la Cámara Secreta; Rowling es una genia! Hasta pone una pequeña indirecta…)
-Tenemos que ayudarlo… -susurró Narcissa.
-No. Draco tiene que ganárselo, sino, ¿cómo hará para que el Señor Oscuro lo tenga en estima?
-OoO-
-Está lloviendo. –dijo Rodolphus.
-Deja de mirar por la ventana. No hay nada divertido ahí afuera. –dijo Bella, mientras se tomaba una taza de hidromiel en la cocina.
-Estaba pensando…-Bella hizo un esfuerzo por no reír- Podríamos comprar un elfo domestico, ¿no?
-¿Gastar dinero en esas cosas? –preguntó ella. Siempre había odiado los elfos domésticos, y además, le gustaba tener a Rodolphus de sirviente.
-¿Por qué no?
-Lo pensaré…
‘Si, claro… Para lo único que usaría un elfo es para ordenarle que se suicide’ se dijo, mientras subían las escaleras a dormir.
La tormenta que había afuera en la noche se estaba pasando a su sueño. Soñaba que caía en el ojo de un huracán, mientras las ramas que volaban alrededor le lastimaban los brazos. Cerraba los ojos, y al abrirlos, dos ojos con pupilas de serpiente la miraban y la llamaban… “Bella…”
Bella se despertó sobresaltada, empapada en sudor, con el corazón palpitándole a mil por hora. Rodolphus estaba parado, fuera de la cama, con el rostro atento. Le hizo señas de que no hiciera ningún ruido y prendió la varita. Bellatrix se acercó a el, y le susurró al oído, asustada:
-¿Qué está pasando?
-Alguien entró a la casa.
‘¡Ladrones!’ pensó. Bueno, pues se las verían con la mejor duelista de su curso. No por nada había sacado ‘Extraordinarios’ en DCAO y Encantamientos…
Ambos bajaron las escaleras silenciosamente. Se detuvieron al mismo tiempo, al ver que enfrente de la chimenea –prendida- había una figura, que escudriñaba la habitación. Un momento después se abrió la puerta y entraron más personas, todos encapuchados. Ellos permanecieron en silencio para ver lo que la figura original hacia.
-Se que están en las escaleras. –dijo el que parecía el líder, en voz alta.- Bajen. –ordenó.
-¿Quién es usted? –preguntó Rodolphus.
El encapuchado simplemente descubrió su rostro.
-Por los pantalones de Merlín… -murmuró Bella. Eran las pupilas que había visto en su sueño. Y si no estaba equivocada, aquel ser pálido y de ojos rojos no era otro que su señor.
-¿No me reconoces, Bella? –pregunto, casi en un silbido.
-¡Si que lo reconozco, mi señor! –exclamó, bajando las escaleras alegremente. Rodolphus las bajó lentamente, algo aturdido. Al llegar ante él hicieron unas reverencias.
-Supongo que a ellos ya los conoces…
Varios de los encapuchados rebelaron sus rostros. Muchos habían terminado el colegio hacía poco, y otros habían sido compañeros de Bella o de Tom en su momento, pero ella no los conocía. Estaban Alecto y Amycus Carrow, Rosier, el hermano de Rodolphus, Rabastan (del cual no habían tenido noticias desde hacia unos meses), el novio de su hermana, Lucius Malfoy, junto con los matones Crabbe y Goyle (estos tres habían terminado hacia un tiempo el colegio) y otro puñado más. Ya tendría tiempo de conocerlos a todos…
-De ahora en más, seremos los encargados de construir una nueva era para aquellos de sangre pura. Ustedes que me acompañan, serán conocidos de ahora en más. Supongo que ustedes dos aceptarán. –añadió el Señor Oscuro, mirándolos con sus implacables ojos.
-Definitivamente. –respondieron.
-Entonces son bautizados como los nuevos mortífagos. Extiendan sus brazos.
El sacó su varita, y Bella sintió como si una aguja ardiente y bien afilada le perforara todo el brazo. Reprimió un gemido de dolor, y vio que Rodolphus también había estado a punto de quejarse. Le ardía terriblemente.
Todos los demás guardaban silencio. Bella y su marido se miraron lo que ahora parecía ser una calavera con una serpiente saliendo de su boca, entre las venas de la muñeca y hasta el final del brazo. Acababan ser tatuados con la Marca Tenebrosa. Era el inicio.