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Historia 27991 — capítulo 42
CAPITULO XLII
Súplicas
Ya había amanecido.
El sol, igual de cálido y esplendoroso que siempre, ya había salido por completo. A pesar de que el día pintaba ser caluroso por el cielo azul, los pájaros cantando y los niños corriendo junto al lago mojándose los pies. Hermione sabía que todo el día iba a tener frío.
En la noche, había llegado a Hogwarts y se había refugiado en la sala de los menesteres.
Toda la noche había llorado, no había dormido nada y ahora se encontraba sentada en la alfombra recargada de la cama.
Estaba decepcionada, indignada, humillada, dolida y enojada.
Recordaba con mucho dolor como había suplicado que la perdonaran, se había arrodillado y se había sentido culpable. Y ellos, le habían pagado con la misma moneda, se habían vengado con lo que más quería, con lo único que tenía. Y después, habían fingido que nada pasó, la habían “perdonado” según ellos por su traición y le ocultaron la verdad.
Y lo pero era que Zayra y Tonks lo sabían, y no le habían dicho nada. Dejaron que Noemí Hirson la humillara, que se burlaran de ella a sus espaladas. Ahora se daba cuenta de que sus padres la habían dejado más sola de lo que creía. Por eso sentía frío, era la soledad tan grande que tenía.
La puerta se abrió, dejando pasar a Neville y a Luna, que sin decir nada se acercaron y la abrazaron para consolarla.
En los siguientes días, cualquier carta que llegara para Hermione por algún habitante de la mansión Dumbledore, era quemada por ella misma en ese momento. A Harry, Ron y Ginny los evitaba todo el tiempo, entre menos se los encontrara mejor. En clases hacía equipo con quien fuera menos con ellos. Y para no verlos durante las comidas, se iba a las cocinas con los elfos para que Winky la atendiera. Y si le avisaban que le había llegado una visita, se negaba rotundamente a entrevistarse con quien fuese.
Todas sus medidas para no saber nada de ellos, daban buenos resultados.
Lo único que no pudo hacer, fue quemar una carta que Hagrid le había enviado. En ella, le decía que necesitaba de su ayuda por un problema que tenía con Grawp. ¿Sería cierto lo que le escribió el guarda bosques? ¿O solo era una trampa para reunirse con alguno de la Orden?
Finalmente decidió ir, tal vez era cierto que Hagrid necesitaba de su ayuda. Después de todo, ella era la única a la que Grawp obedecía… Grawp… le recordaba a Mcgraw, el traidor asesino de sus padres.
Borrándose todas esas ideas de la cabeza, se dirigió hacia la cabaña de Hagrid. Tal vez salir un poco le haría bien.
Afuera del castillo se respiraba el aire fresco y el olor a flores, pasto y árboles.
La castaña tocó con los nudillos la puerta de madera.
Inmediatamente Fang ladró por dentro y rascó la puerta.
Se abrió y Hagrid apareció tras de ella.
-Hola Hermione- Saludó alegremente- Te estaba esperando. Pasa te serviré té-
-Hola Hagrid- Saludó Hermione sonriendo y entró.
Un rato después, tomaba té sentada en una silla de la mesa.
-Gracias por venir- Dijo Hagrid.
-¿Le pasa algo malo a Grawp?- Preguntó la chica.
-No, es solo que…- Respondió Hagrid- A veces, no sé como hacer que me obedezca y me desespero. Y esperaba que me dijeras como hacerlo entender-
-Solo no lo sobreprotejas tanto y se un poco mando dura con él- Sugirió Hermione dándole un sorbo a su té.
-Si, pero… no puedo hacerlo- Se lamentó Hagrid- Es mi hermano, pero yo sé que tu si puedes. ¿Crees que algún día de estos podrías acompañarme a visitarlo?-
-Pues… si, yo creo que sí- Respondió Hermione.
-Gracias, muchas gracias. Y tú ¿Cómo estás?- Preguntó Hagrid.
-Bien y ¿Tú?- Respondió Hermione.
-También bien- Respondió Hagrid- También, quería que vinieras para recordarte que en lo que pueda ayudarte, ya sabes… seguimos siendo amigos ¿no?-
-Claro que sí- Se apresuró a decir Hermione al ver al guardabosques apunto de llorar.
-Es que… yo también me porte muy mal contigo y…- Lloró Hagrid.
-No, eso está olvidado. Tú y yo seguimos siendo amigos, igual que antes- Lo consoló Hermione.
-Gracias – Respondió Hagrid.
Hermione iba a decir otra cosa, pero tocaron la puerta.
-¿Esperas a alguien?- Preguntó alarmada Hermione.
-No, a nadie- Respondió Hagrid secándose las lágrimas, después abrió la puerta.
Remus, Tonks y Sirius aparecieron detrás de la puerta.
Hermione se levantó de la silla como resorte.
Los tres entraron a la cabaña con mucha confianza.
-Creí que no esperabas a nadie Hagrid- Reclamó Hermione.
-No, él no sabia que vendríamos- Intervino Sirius.
Hagrid cerró la puerta tras de ellos.
-No la cierres Hagrid, yo ya me voy- Dijo Hermione colgándose la mochila en el hombro.
-Tenemos que hablar contigo- Dijo firmemente Tonks, que junto con Remus se pararon junto a la puerta.
-Dije que ya me voy- Repitió Hermione.
-Huir de los problemas no hará que se solucionen- Repuso Remus- Nos has estado evadiendo y eso no hará que las cosas cambien-
-Perdona, pero no soy yo la que tiene un problema y en realidad no quiero que las cosas cambien. Así soy feliz- Replicó Hermione.
-No, pero tienes que escucharnos- Dijo Sirius.
-No, no tengo. Ya dijimos todo lo que había que decir- Respondió Hermione.
-Hermione, lo que pasó no fue por venganza. Se dijo sin querer durante una comida, pero con ninguna intención- Explicó Tonks.
-Si y casualmente estaba McGraw presente ¿no? No me vana a convencer de nada. Pierden su tiempo- Dijo Hermione.
-Dinos que tenemos que hacer para que nos perdones- Suplicó Sirius –Lo que quieras-
-Que ironía, ahora quien pide perdón- Se burló Hermione- Creo que una vez ustedes me dijeron que yo era la traidora, que nunca había sido realmente amiga de ustedes, que solo fingía. Cuando fueron ustedes los que fingieron, se vengaron de mí de la manera más cruel y vil. Me quitaron lo que más quería. Hicieron que me arrodillara ¡me despreciaron! Y ahora creen que un simple perdón podrá pagar todo el daño que me hicieron. Pero, les daré una oportunidad. Los perdono, siempre y cuando revivan a mis padres-
-Sabes que es imposible- Objetó Remus
-Lástima- Dijo Hermione- Gracias por el té Hagrid, nos vemos luego-
Acto Seguido salió como rayo de la cabaña. Caminó rápidamente hacia el castillo, seguida por los aurores.
-Aún no hemos terminado- Gritó Remus.
-Para mí si, así que ya no insistan y déjenme en paz- Dijo Hermione sin detenerse no voltear. Pero Sirius corrió a alcanzarla y la sujeto del brazo haciéndola voltear.
-No me dejes- Suplicó- No otra vez. Por favor perdóname, no soportaría perderte de nuevo-
Hermione lo miró a los ojos. Tanto ellos dos, como Remus y Tonks se habían detenido y el matrimonio Lupin observaban la escena sin hablar. Sirius se veía triste, cansado, como si llevara días sin dormir y apunto de llorar. Pero ella estaba muy enojada.
-¿A si? ¡Y porque no vas a que te consuele Noemí como la última vez! Igual que cuando te paseabas frente a mi con ella o como cuando me ignoraban ¿Porqué no lo entienden de una vez? ¡Para mí ustedes están muertos!- Les gritó Hermione, se soltó con fuerza de la mano de Sirius y caminó rápidamente al castillo.