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Amnesia — capítulo 3
Capítulo 3
Día de entrenamiento
Hermione se encontraba recostada en el catre que le habían asignado para dormir. Se hallaba en una especie de sótano construido casi completamente de madera. Ella dormía en esa pocilga junto a unas quinientas muchachas. Estaban tan hacinadas que no podía moverse una, sin afectar la posición en la que se encontraba la otra. El lugar era oscuro, húmedo y frío. No había entablado conversación con ninguna, puesto que parecía existir una rivalidad tan grande entre ellas que no se iba a permitir entrar en ese juego de egos constantes. Desconocía aún la causa de su presencia en ese lugar. Por qué querrían tener ellos un montón de muchachas desmemoriadas. Era tanta su necesidad de obtener una explicación ante los hechos que estaban sucediendo que habría hecho cualquier cosa porque alguien le respondiera sus preguntas. Dónde estaba esa muchacha de cabello negro. La había buscado con la mirada desde que la obligaron a entrar en ese lugar, pero, al parecer, había sido un espejismo creado en un momento de confusión.
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¿Quién eres? – Preguntó a Hermione una chica rubia de ojos tan obscuros, que quiso la castaña desviar su mirada con un temor profundo.
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Mi nombre es Vania, y tu nombre ¿Cuál es? – Preguntó la castaña incómoda.
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Soy Delta.
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¿Delta?
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Sí, ese es el nombre que aquí me han asignado por supuesto. Mi nombre de antaño, no lo recuerdo, y según creo, las esperanzas para conocerlo ya se han esfumado – dijo la rubia con un tono que denotaba tanta tristeza, que Hermione cambió inmediatamente de parecer sobre esa chica.
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¿Sabes de qué se trata este lugar? – Preguntó la castaña con evidente impaciencia.
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Pues sí Vania… Este es el campo de concentración y entrenamiento de los Malfloy.
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¡Campo de qué! – Exclamó Hermione con tanta preocupación, que la chica con la que estaba hablando se alejó un par de pasos de la presencia de la castaña.
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Pues ya te lo he dicho ¿no? ¿Para qué repetirlo?
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Lo siento Delta, no pude contenerme. Es que de alguna manera, ese nombre. Se asemeja bastante a…
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A esa masacre de la que los muggles hablan en sus libros de historia – se adelantó a decir la rubia antes de que Hermione terminara su frase.
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Pues sí – dijo la castaña con la mirada perdida.
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Supuse que eso fue lo que te hizo reaccionar de esa manera. No te preocupes. Creo que no es tan terrible como lo estás imaginando – dijo la muchacha de los ojos obscuros con un tono de evidente resignación.
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Y se podría saber ¿Cuál es la diferencia?
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Pues… acá puedes ¿Escalar?
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¿Escalar?
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Es decir, puedes superarte…
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Por favor explícame, que no estoy entendiendo nada.
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Sucede que…
Pero antes que la chica pudiera acabar unas muchachas vestidas con un traje apegado al cuerpo de color negro ingresaron al recinto. Algunas de ellas se dirigieron en dirección a las chicas que permanecían dormidas para remecer sus cuerpos, y de esa manera, despertarlas. Se trataba de una situación bastante incómoda el encontrarse más hacinadas que lo de costumbre por la culpa de la presencia de esas muchachas, que al parecer, nada tenían que ver con las que se encontraban en el húmedo recinto de madera. De pronto, una pelirroja de facciones marcadas y mirada perdida se paró sobre uno de los durísimos catres en los que las pobres muchachas habían intentado dormir toda la noche.
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¡Atención! – dijo la pelirroja con un tono tan antipático que hizo pensar a Hermione que merecía esa chica, el peor de los castigos – ¡La semana próxima se realizará la prueba para escoger cuál de ustedes, repugnantes bestias, podrá acceder al puesto de guardiana que Lenina a dejado Vacante! ¡Es por esa razón que hoy no realizarán el tradicional entrenamiento con dagas y vainas acostumbrado para los días lunes, sino que a contar de hoy, y hasta el día anterior a la prueba, se las adiestrará en el uso de la espada!
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OHHH!!! – dijeron al unísono las chicas de existencia miserable, mientras aplaudían de estruendosa manera en el recinto.
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¡Cállense! ¡No he terminado! - dijo la chica de manera histérica, mientras Hermione se preguntaba por qué el resto la escuchaba de manera tan respetuosa.
Un silencio generalizado reinó en la habitación inmediatamente.
- Así está mejor – señaló la muchacha de cabellos naranjos, tomando luego una bocanada de aire para continuar el anuncio que tanta conmoción había causado – ¡Cada día, a contar de mañana y, hasta el viernes, serán eliminadas cien de las que aquí aspiran a convertirse en guardiana! Eso, pequeñas ratas, significa que a contar del viernes ¡Sólo cien de ustedes permanecerá en la competencia!
Al pronunciar esas palabras un cuchicheo generalizado invadió nuevamente la habitación.
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¡Es que no pueden permanecer en silencio! – Exclamó la antipática pelirroja, mientras el silencio se apoderaba, una vez más, del oscuro establecimiento – El día sábado – continuó diciendo la muchacha - el amo Draco escogerá a cinco de las cien restantes, siendo, todas las demás, eliminadas.
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¡Pero eso es muy injusto! – exclamó una morena que se encontraba sentada en uno de los catres en la esquina derecha del húmedo recinto.
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¡No toleraré que me interrumpan de esa manera! Si vuelves a obstaculizar mi discurso- dijo la pelirroja con la mirada fija en la morena que había intercedido – lo arrepentirás gravemente ¿Entendido?
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Sí.
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¿Si que?
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Si, mi queridísima guardiana.
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Así está mejor – señaló la pelirroja haciendo señas para demostrar que su discurso aún no había acabado - Sucede que – continuó diciendo la chica - el domingo serán las cinco elegidas, sometidas a diversas pruebas bastante… ¿Cómo es la palabra? ¿Mortales? – preguntó la muchacha con manifiesta satisfacción en la expresión de su cara, provocando la impaciencia de las desmemoriadas reunidas en el recinto - El día lunes – continuó la muchacha - dos de ustedes permanecerán en la competencia, y la vencedora ¡ocupará el puesto de la desafortunada Lenina!
-
Estimadísima guardiana – dijo, alzando su brazo, una chica bastante pequeña, que Hermione no había visto nunca.
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¡¿Qué sucede?! – respondió la enfurecida muchacha.
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¿Se puede una abstener de participar?
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ja ja ja ja ja ja ja ¡Asquerosa cobarde! – Rió la antipática de cabello anaranjado – Pues sí, puedes abstenerte, aunque, eres tú la estúpida que desaprovechas la oportunidad de acceder a una mejor calidad de vida, junto con el cuidado directo del amo Draco.
Así que de eso se trataba todo esto, pensó Hermione al pronunciar, la pelirroja, estas últimas palabras. El cuidado directo del amo Draco…
No había podido dejar de pensar, siquiera un instante, en ese rubio, gracias al cual, había recobrado su movilidad. Le estaba tan agradecida, y, era tan apuesto. Pero no, ella estaba segura de que él no la escogería entre las 5 afortunadas. Simplemente lo sabía, no podía ser posible, había muchachas tan bellas en ese lugar.
Un portazo interrumpió las cavilaciones en las que Hermione se hallaba sumida en ese momento. Las chicas de negro, se habían ido, y los murmullos de sus compañeras, se habían transformado en gritos de satisfacción, para comentar la gran oportunidad que se les había presentado. Quién de ellas sería la afortunada. Quién lograría salir de esa pocilga, para acceder, de esa manera, a la soñada vida que habían estado esperando.
-
¿Entiendes ahora Vania? – preguntó la Rubia de los ojos obscuros a la castaña que se encontraba sentada a la orilla de uno de los catres de madera.
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¿Entiendo qué?
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Que es posible escalar.
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Oh. Era eso – dijo con un tono cabizbajo Hermione Granger – Pero olvidaste un detalle esencial.
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¿Qué detalle? – preguntó la confundida muchacha.
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Que es prácticamente imposible –dijo la castaña con la mirada perdida.
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No lo es – dijo con un tono decidido la chica de la cabellera rubia - La oportunidad existe, y yo, te ayudaré a lograrlo.
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¡De qué estás hablando! – Exclamó la sorprendida castaña – Tú, al igual que yo, debes hacer todo lo posible para acceder a ese puesto.
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No. Yo no puedo.
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¿De qué hablas? – Preguntó Hermione un tanto molesta ante la actitud resignada de la rubia – Todas podemos, al menos, intentarlo.
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No. Una guardiana, Vania, tiene que ser una verdadera guerrera. Debe ser una muchacha valiente, capaz de dar incluso su vida para proteger a la de su amo. Debe ser una experta en la espada, las vainas, el hacha, las dagas y debe además, tener buena puntería, para manejar, de esa manera, el arco y la flecha. Una guardiana debe ser una mujer inteligente, conocedora de todos los hechizos, conjuros y encantamientos. Debe manejar la técnica para la realización de pociones a la perfección… Una guardiana debe ser además, una excelente amante.
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Se oye un tanto difícil – dijo Hermione bastante perpleja – pero, no perderemos nada intentándolo – dijo la castaña con decisión, mientras apoyaba sus manos en su cintura y fruncía el ceño.
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Yo ni siquiera puedo tomar la espada.
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¡Todas podemos…!
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¡Yo no quiero hacerlo! – Se adelantó a decir la rubia de ojos obscuros antes que Hermione acabara de decir la suya.
-Pero ¿Por qué? – preguntó Hermione con un tono más amable.
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Hay una cosa que sí recuerdo de mi pasado, Vania – dijo la rubia mientras clavaba su mirada al piso para ocultar el hecho de que sus ojos se habían humedecido por completo.
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No es necesario que me lo digas si no quieres – dijo Hermione mientras tomaba el mentón de la muchacha para que esta última la mirara directamente a los ojos.
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No lo es, pero yo quiero hacerlo – señaló la rubia adoptando una postura más firme - Eres la primera que accede a conversar conmigo en este lugar tan repulsivo.
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Entonces…
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La muerte de mi hermana.
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¡Ohhh! – alcanzó a decir Hermione con un grito ahogado.
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Yo presencié su dolorosa muerte… hice todo lo posible, pero…
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¡Por favor no te culpes de aquello! – dijo la castaña mientras tomaba las manos de la chica con dulzura.
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La herida provocada por la espada, era tan profunda…
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¡Por favor! ¡No te culpes!
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Nunca podré olvidar ese momento – dijo la rubia con la mirada perdida – al levantarme, al acostarme, al realizar las labores que aquí nos encomiendan, a la hora del entrenamiento, así como también, a la hora de la comida – continuaba relatando Delta.
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Ahora entiendo tus temores…
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Al igual que yo, tenía el cabello rubio. Era tan dulce. Era una gran soñadora. Al menos ese recuerdo no podrán arrebatármelo – dijo la chica de los ojos oscuros con seguridad.
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¿Cuál era su nombre?
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Luna.
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Es un nombre maravilloso.
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Lo sé.
La conversación de las dos muchachas se vio interrumpida por unos campanazos estruendosos. Hermione sentía que el mundo se estuviera batiendo a duelo en ese momento. Se cubrieron los oídos con sus manos, sabiendo que su maniobra no funcionaría a la hora de impedir que ese sonido estrepitoso las incomodara de manera gigantesca. Luego de un momento; El silencio…
-
¡Por Merlín! ¿Qué ha sido eso? – preguntó Hermione mientras se levantaba del suelo en que había quedado tendida después del bullicioso resonar de esa campana.
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Ese es el incómodo sonido al que tendrás que acostumbrarte si no consigues ocupar el puesto de guardiana – contestó la rubia.
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¿A qué te refieres? – preguntó Hermione mientras fruncía el ceño, al mismo tiempo que se mordía el labio superior.
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Pues, esa campana estúpida, es la que nos pone al tanto, en cada momento del día, de cada una de las actividades.
-
¡¿Qué?! – Dijo la castaña con sorpresa – ¿La tocan más de una vez al día?
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Pues sí- dijo la chica de los ojos obscuros – El primer campanazo es para avisar que es hora de entrenar, el segundo para ir a tomar la única merienda que nos dan al día, el tercero, para finalizar la hora de almuerzo y dar una bienvenida a la de trabajos forzosos, y el cuarto para ir a dormir.
-
Estos imbéciles…
-
Ya te acostumbrarás. Es hora de entrenar, apresúrate o llegaremos con retraso.
-
Está bien – dijo la castaña un tanto aturdida.
Las dos muchachas salieron de aquel aposento incómodo luego de abrir el portón de madera húmeda roída por el moho. Tras empujar ese montón de tablas añejas se encontraron con una escalera de ladrillos. Las paredes estaban tan juntas, que por la angosta escalinata no podía subir más de una persona a la vez. Hermione debió afirmarse de las paredes que rodeaban el conjunto de escalones, porque estaban estos construidos de manera tan empinada, que resultaba bastante fácil perder el equilibrio.
- Por fin un poco de aire Fresco – Dijo la joven de cabello rubio una vez que salió por el orificio que daba a la cancha de entrenamiento, extendiendo, al mismo tiempo, su brazo para tomar la mano de Hermione y ayudarla a conseguir el mismo objetivo.
Hermione pisó tierra firme, se puso de pie y observó. Era maravilloso. Verde esmeralda. Era la hierba del color más hermoso que había presenciado. No entendía cómo eran ellos capaces de manchar un regalo tan preciado de la naturaleza con la ejecución de esos entrenamientos con objetivos infernales. El lugar se hallaba ahora plagado de muchachas. Eran todas tan distintas ¿Cuál habría sido su pasado? Eso ya no importaba. Lo único relevante era que su destino era el mismo. Pero Hermione Granger daría todo de sí para cambiarlo.
Fue ahí cuando la divisó. La muchacha blanca de cabello negro y ojos azules se encontraba de pie con una espada de plata en sus manos. De pronto, la chica comenzó a flamear una bandera de color verde de, alrededor de 2 metros de largo y medio metro de ancho. Hermione miró a su alrededor y habían unas diez chicas efectuando la misma maniobra.
- ¡Apresúrate! – Gritó Delta a Hermione Granger – ¡Vamos con Arianne antes de que sea demasiado tarde!
Las dos chicas corrieron en dirección a la blanca muchacha. La mayor parte de las jóvenes marchaba en la misma directriz. Hermione corría con todas sus fuerzas. Ella sabía que, de alguna manera, sólo con esa muchacha tendría oportunidad de ganar la competencia. Las dos jóvenes llegaron hacia donde estaba la chica de cabellos negros. Delta tocó la bandera con ímpetu y tomó de la mano de Hermione para que efectuara la misma maniobra.
-
¿Por qué me has hecho tocar la bandera? – Dijo Hermione mientras tomaba inmensas bocanadas de aire para recuperarse.
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Porque es la manera de contabilizar a la gente – respondió Delta mientras se dejaba caer en el suelo.
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No comprendo – dijo la castaña abrumada.
-
Pues sucede que cada guardiana, puede entrenar, como máximo, a cincuenta de nosotras. De ahí que utilicen las banderas. Las cincuenta primeras chicas que toquen la bandera de una guardiana podrán efectuar el entrenamiento diario con la misma.
-
¿y si eres la número cincuenta y uno?
-
Pues te sucede eso – dijo Delta mientras apuntaba con su brazo como una muchacha salía expulsada al otro lado del campo de entrenamiento.
La chica de cabello liso se paró sobre una plataforma de metal que, al parecer, constituía la señal para que las aprendices se reunieran en torno a su persona, para escuchar, de esa manera, su discurso matutino. Delta se levantó del suelo en el que se hallaba tendida, mientras Hermione la esperaba para acudir al sector donde la guardiana esperaba pacientemente.
-¡Atención! – Gritó de pronto la guardiana de cabello negro, mientras el resto de las muchachas que la rodeaban, aminoraban los sonidos a un mero cuchicheo hasta llegar, luego de unos segundos, a un silencio absoluto. Las que aún no se reunían en torno a su superiora apresuraron su marcha para acercarse a ella.
-
Entiendo que ya saben que el día de hoy la práctica se centrará en el uso de la espada – decía con voz enérgica la blanca muchacha, mientras el resto de las chicas asentía con excitación – Pues bien - continuó diciendo la guardiana con la dulce voz que la caracterizaba – el entrenamiento será arduo, pero efectivo. Asignaré parejas de combate que me encargaré de que varíen cada una hora exacta, para que, de esa manera, manejen el uso de la espada frente a las diversas técnicas que cada una de ustedes podría llegar a desarrollar. Recuerden además, que las eliminaciones comienzan mañana. Cada guardiana eliminará a diez de sus aprendices cada día, para poder, de esa manera, excluir el total de cien chicas por día, establecido en las reglas de este concurso. Espero, y haré todo lo posible, para que la ganadora se encuentre en mi grupo de entrenamiento – acabó diciendo la muchacha mientras se bajaba de la plataforma sobre la que había emitido su discurso.
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¿Estimadísima guardiana? – Preguntó la misma muchacha pequeña que había intercedido el discurso de la pelirroja hacía un rato.
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Llámame Arianne si es posible querida épsilon.
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Bueno ¿Arianne? – decía tímidamente la pequeña sonrojándose ante la confianza que la guardiana le había manifestado – sucede que, no me gustan las espadas…
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No te preocupes pequeña, haz pareja con Delta y les pasaré las dagas – contestó la muchacha mientras guiñaba un ojo a la rubia de ojos obscuros.
Hermione miró inmediatamente a Delta, quien, al notarlo, le respondió el gesto subiendo los hombros y abriendo sus ojos, para dejar en claro que no tenía la menor idea de cómo la guardiana sabía acerca de su especie de fobia hacia las espadas. Arianne se acercó a las muchachas asignando a una chica trigueña de ojos grises, bastante hermosa, como la primera pareja a la que Hermione debía enfrentar. La castaña se encontraba nerviosa ante, lo que sin saberlo, era el momento perfecto para demostrar su gran habilidad.
- ¡Comiencen! – Gritó estrepitosamente la alba muchacha, luego de haber emparejado a las cincuenta chicas que entrenarían bajo su mandato, estirando su brazo hacia adelante, al mismo tiempo que lo hacían las otras nueve guardianas dispersadas por el terreno, para señalizar el inicio de la contienda.
Era impresionante. Quinientas mujeres batiéndose a duelo se vislumbraban en el prado sobre el cual ejecutaban diariamente sus prácticas. Era evidente la habilidad y soltura demostrada por unas, así como la indiscutible torpeza para manejar la espada, manifestada por otras. Había unas que no podían tomar del mango del arma asignada, sin ser abatidas antes por sus respectivas compañeras de pelea. Muchas caían al suelo de manera tan potente, que resultaría comprensible que abandonaran la causa por la que entrenaban en ese mismo instante. Pero ninguna lo hizo. Una y otra vez fueron derribadas, así como, una y otra vez volvieron a levantarse y retomar, de esa manera, el ritmo de combate interrumpido por la caída.
- ¡Cambio de pareja! – Exclamó Arianne tras una hora exacta del inicio de la práctica asignada para ese día.
La guardiana de cabellos negros tardó pocos minutos en reasignar las parejas de combate, sin antes haber hecho unas incomprensibles anotaciones en un cuadernillo de hojas amarillas y cubierta de madera, sobre los resultados que cada una de las muchachas había manifestado en su primera pelea.
- ¡Empiecen! – dijo la guardiana con voz dulce, extendiendo su brazo hacia delante, luego de efectuar la última de sus anotaciones en su misterioso cuadernillo.
Las muchachas reiniciaron sus combates.
La luz que iluminaba el prado sobre el que las aprendices ponían en práctica sus técnicas de ofensiva, se había hecho más densa conforme avanzaba el día. Las horas fueron transcurriendo de manera tan rápida, que Hermione no parecía tener conciencia de que ya era siete las muchachas que había vencido por medio de la habilidad en el manejo de la espada que, ni ella misma, estaba al tanto de que poseía. Su manejo con el arma asignada era tan impresionante, que alrededor de veinticinco de las cincuenta muchachas que formaban grupo de entrenamiento con ella, habían desechado su oportunidad de acceder al codiciado puesto prometido, luego de aceptar que, ni aún el más arduo de los entrenamientos, podría ayudarles a la hora de vencer a la misteriosa allegada llamada Vania.
-
¿¡Dónde haz aprendido a manejar la espada de esa manera!? – Preguntaba la octava contrincante de la castaña mientras esquivaba la embestida que esta última había arremetido con una destreza impresionante.
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¡No tengo idea! – respondía la muchacha de ojos marrones y cabello prominente al mismo tiempo que efectuaba una maniobra tan asombrosa que parecía una ironía de mal gusto el que no recordara la causa de su elogiable maestría.
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¡Cómo que no sabes! – reaccionó diciendo la joven al mismo tiempo que caía al suelo tras el ataque certero efectuado por la castaña.
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Pues mi memoria… - comenzó diciendo la diestra chica, mientras ofrecía a su contrincante su mano para que esta última la tomara y pudiese levantarse del suelo.
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Entiendo – se adelantó a responder la muchacha justo en el momento que tomaba de la mano ofrecida por la castaña – yo tampoco tengo recuerdos en mi cabeza – terminó diciendo la menuda muchacha mirando a Hermione Granger directamente a los ojos.
Las dos jóvenes se posicionaron de la manera correcta para reiniciar su entrenamiento, pero el estridente sonido de la campana establecida para anunciar el término de la práctica se instauró sorpresivamente en el ambiente de manera tan potente que fueron pocas las que permanecieron de pie ante, lo que constituía, una sacudida de las más incómodas que la castaña le había tocado experimentar. Hermione mantuvo el equilibrio tan naturalmente que la guardiana de los ojos azules abrió, luego de haber retornado el silencio, su cuadernillo de anotaciones para dejar constancia de otra de las, por ahora, inexplicables habilidades demostradas por la muchacha de ojos marrones y cabello prominente. El entrenamiento había terminado y la desmemoriada Granger había destacado positivamente en el mismo.