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Historia 28465 — capítulo 1
Esta historia comienza un día extraño (azgraeren dai esquetoyloco, en lengua élfica), cuando las cosas más raras empezaron a suceder.
Grodo, hijo de Droga estaba en su alcoba discutiendo con Más Ganya, su rarito compañero y jardinero sobre la desaparición de su desleal amigo Gandalph, el rosa; quién se había ido de viaje (suponían ellos) a Dondenosequien, el lugar perdido, y no había vuelto.
-¿Dónde se habrá metido éste Rosa?-comentó Más, y le dirigió una mirada furtiva a su patrón.
-¿Qué voy a saber yo, Ganya?-le replicó Grodo.
-Señor Bolsa, ¿por qué no nos enviajamos a buscar al Rosa en medio de un mundo fantástico que don Tolkien se inventó?
-¿Enviajarnos?-preguntó Grodo Bolsa.- ¿Qué quieres decir con esa palabra?
-Errrr…perdón, señor Bolsa. Yo quería decir que nos lanzáramos a la aventura…
-Pero, yo ya no puedo, Gamya. Tú sabes que yo no he tenido una aventura desde que me enrolé con Lucy Pevensie. Y luego cortamos por que ella no satisfacía las necesidades de un “jóbit” como yo.
-Señor, perdóneme, soy un tonto- y se empezó a golpear la cabeza en los tubos de metal del camarote de Grodo- Debí de recordarlo…
-Ya, ya. Basta, Más, te portas como el viejo Dobby.
-Ah, sí, es cierto.-y dejó de golpearse.
-Y… ¿En qué íbamos?-preguntó estúpidamente Grodo.
-Umm. No sé se me olvidó.
Mientras los jóbits pusieron a luchar a sus mentes en busca de lo que habían dicho hacía varios segundos; vamos a volver la historia hasta Dondenosequien cuando Gandalph, el Rosa discutía su orientación con la Agam Jedis.
-¿Qué crees que soy, eh, Jedis?-dijole Gandalph viéndola provocativamente y ella captó ésta insinuación.
-Tú eres claramente un hom…
Pero antes de que Jedis pudiese contestar oportunamente, una figura oscura iba montada en una escoba rosa seguido de más figuras encapuchadas conocidas como “Dementodes”. Entonces Gandalph se armó de coraje e invocó a éstas figuras.
-¡Hey, Jinetes del cielo! Bajen de sus escobas voladoras y vengan a mí.
Al fin, la figura y los Dementodes bajaron y llegaron donde estaban Gandalph y Jedis.
-¿Por qué me has hecho un retraso, eh, pedazo de Sangre sucia?-dijo la figura que iba en escoba. Tenía cara de serpiente y ojos rojos como si se los hubieran quemado en un caldero cuando era niño.
-¡Cállate! No me vuelvas a llamar así ya que no lo soy, Vuelodemuerte. Tú andas por toda Inglaterra metiendo miedo a los magos inexpertos que se dejan intimidar por tus sandeces. Recuerda muy bien quien soy. Tu maestro.
-Tienes razón, maestro. Es que ese Alfarero me tiene con la cabeza hecha una culebra. Pero ¿qué cuentas, Rosa?
-Ya te dije, Vuelodemuerte que no me llames así- y le metió un pescozón a Vuelodemuerte quien casi se puso a llorar pero contuvo su llanto- Sabes muy bien que me gane ese apodo cuando me puse esa camisa rosa que decía: ME GUSTA EL ROSA PORQUE ME RECUERDA A MI… y desde allí no me han dejado de joder por ello.
-Si, señor. No lo volveré a hacer. Pero ya me voy tengo que hacer horrocruxes nuevos.
-Esta vez, ¿quién pagará con su vida?
-Señor Gandalph, es el joven Grodo, hijo de Droga. Y le voy a quitar el anillo.
-¿Qué te pasa Vuelo, te has vuelto hom…? Perdón, ¿has dicho Grodo de la Provincia?
-En efecto.
-Tú no pasarás- le dijo Gandalph a Vuelo, alzó su mas… perdón su báculo y le dio en la cabeza- Ese jóbit es mi amigo.
-Abadaquedavra- le apuntó al Rosa y salió de la varita como fuego de cocina tan lentamente que Gandalph se puso a calentarse el almuerzo, lo compartió con Jedis y botó los restos. Al fin, el rayo de Vuelodemuerte le dio de lleno en el pecho pero de Jedis dejándoselas como dos papitas fritas.
-Mie…- exclamó ella.
Pero antes de que pudiera hacer algo, ya Vuelodemuerte se había ido junto a sus secuaces.
Mientras tanto los jóbits seguían discutiendo que habían dicho y ninguno de los dos se imaginaba qué podría pasar con sus vidas y su destino.