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Historia 28483 — capítulo 19
Draco despertó y por un momento pensó en ir corriendo a abrazar a la castaña. Pero después de un segundo, la realidad lo golpeó. No podía. Él sabía que ella iba a ser su novia eternamente, la amaba y nunca lo dejaría de hacer, pero ella se merecía ser feliz; y solo eso lo consolaba cuando pensaba en lo que debía hacer.
Había dormido solo dos horas, pero no se sentía tan cansado. Se levantó de su cama adoselada y fue hasta su escritorio. Sacó un pedazo de pergamino y su pluma de águila. Mojó la pluma en tinta verde y empezó a escribir la carta. Cuando acabó, su conciencia y su corazón se lo reprochó, pero los contuvo, convenciéndose de que era lo mejor.
Guardó la carta debajo de su almohada, y bajó a la sala común. Tenía que hablar con la profesora McGonagall. Ella estaba al tanto de su situación, y él quería ayudarla. Caminó hasta el despacho de la directora, cerrando la puerta tras de si.
Hermione se levantó. Recordó que la noche anterior Ginny la había encontrado dormitando en los sillones, con la capa de Draco encima, y la había llevado a su cuarto.
Se dio un baño para despejar sus ideas. Sabía que era inútil llorar, que las lágrimas no iban a hacer que se quedara, pero no lo podía evitar.
Se vistió en silencio y bajó a la sala común. Caminó para salir por el hueco del retrato, hasta que una pelirroja le agarró el brazo.
-
Hola, buenos días.- Saludó alegremente Ginny.
-
Hola.- Respondió Hermione, con una sonrisa triste.
-
Que paso anoche?- Le preguntó Ginny, sin rodeos.
-
Anoche? No paso nada, por que?- Contestó la castaña, nerviosa.
-
Por favor, Herm. Esta bien que no soy tan inteligente como tu, pero tampoco soy Ron. Ayer no estabas en tu cama, y hoy estas triste, como hace mucho no estabas.
-
Es…- No tenía caso, no le iba a mentir a su mejor amiga.- Draco.- Susurró.
-
Oh… que te hizo?
La castaña suspiró y le señaló los sillones. Se sentaron y Hermione le empezó a contar todo. Cuando terminó, Ginny tenía la cara seria, y estaba con la mirada fija en los ojos de Hermione.
-
Entonces… se va a ir?
-
Si… y no se a donde, no se cuando va a regresar…- Empezó la castaña.- Ni siquiera se si va a regresar.
-
El te ama, Herm. Lo que quiere es protegerte. No lo odies por eso.
-
No lo odio, Ginny, pero… duele, por que ya no voy a estar junto a él, no voy a poder abrazarlo, ni decirle que lo amo…
-
Lo se, amiga, lo se.- Dijo comprensivamente la pelirroja, abrazando a Hermione, que se había puesto a llorar.- Pero piensa que si todo sale bien, vas a poder estar con él de nuevo, y nadie los va a separar.
-
Pero nadie asegura que todo vaya a salir bien.
-
No, pero si no sale bien… así como se lo dijiste ayer, piensa que el te amó hasta el último momento, y tu a él, por que yo se que él te ama más que a su vida.
La castaña sollozó con más fuerza, pero después de un momento se controló.
-
Bueno, vamos a comer.- Dijo Ginny, levantándose cuando la vio normal.
-
Como que comer, si yo no he desayunado?- Preguntó Hermione, extrañada.
-
Herm… son las dos y media de la tarde.
-
Pero…
-
Hermione, si ayer llegaste a las cinco de la mañana, es lógico que te hubieras quedado dormida más de lo debido, pero no te preocupes, hoy es el último día. En la noche es el banquete.
-
Si, gracias…- Respondió Hermione, recordando que Draco la vería en el banquete.
Llegó la noche. Todos iban con sus capas negras de la escuela, sentándose en sus mesas. Hermione miró a la mesa de las serpientes, pero su desesperación creció cuando vio que no había ninguna cabellera platinada.
La profesora felicitó a los alumnos, y para sorpresa de muchos, Hufflepuff ganó la copa de las casas. Todos aplaudieron.
La ceremonia terminó con el banquete, en el que Ron rompió su propio record, comiendo cinco trozos de pastel, después de seis piezas de pollo y dos pedazos de tarta de limón. Hermione trató de alegrarse. No podía hacer nada. Pero el dolor simplemente no se iba.
Se despidió de sus amigos, que comprendieron al instante el por que de esa súbita partida. Ella les había contado todo durante la comida. Ron se había puesto furioso, pero Harry había comprendido. Él hubiera hecho lo mismo con Ginny… de hecho, lo tendría que hacer.
Caminó dirigiéndose a la sala común y dobló una esquina en el séptimo piso, hasta que escucho una voz que la llamaba. La voz en la que iba pensando, la voz que más quería oír.
Estaba dentro de la sala de los Menesteres. Entró, y empezó a hablar…
- Draco, por que…- Pero el chico la abrazó, acallando sus dudas.
Hermione empezó a desabrocharle la camisa al rubio. Si esa era la última vez que lo iba a ver, iba a ser suya, en cuerpo y alma.
El joven Slytherin se sorprendió del arrebato de la castaña y la separó. La castaña ya se había quitado la túnica, y había empezado a desabotonarse la blusa, cuando el chico la separó.
-
No, Herm… no.
-
Por que?- Preguntó la chica, sorprendida.
-
No, por que no quiero que te arrepientas de haber hecho esto cuando yo no este y…
-
Shhh…- Lo calló Hermione.- Sabes bien que no me arrepentiré.
Draco la miró. Era tan inocente, tan frágil… tan ella. Pero en su mirada algo había cambiado. Irradiaba pureza, pero también seguridad y fuerza. Estaba segura de lo que iba a hacer, no había duda.
-
Quiero ser tuya, Draco… en cuerpo y alma.- Le susurró la castaña, abrazándolo.- Para que cuando estés lejos no te olvides de mi.
-
Esta bien…- Susurró el chico, en su oído.
La sala cambió de repente. Todo era blanco. Había una cama de sabanas de lino, almohadas de plumas y suaves cortinajes. Draco la llevó hasta ahí…
Tres horas después…
-
Hermione… necesitas descansar. Vamos a tu cuarto.- La despertó el rubio.
-
Mmmm.- Dijo la castaña, estirándose como un gato.- Bien, vamos. A estas horas no habrá nadie.
-
Son las dos de la madrugada, no creo.- Confirmó el Slytherin.
Se vistieron en silencio y salieron agarrados de la mano. Llegaron hasta la puerta del retrato. Hermione dijo la contraseña y entró. Afortunadamente no había nadie.
-
Vamos, pasa.- Le dijo al rubio.
-
Pero…- Replicó éste-
-
Vamos, no hay nadie, además… que puede pasar?
-
Bueno, yo te sigo hasta la misma muerte.
“Igual que el mosquito
Más tonto de la manada
Yo sigo tu luz
Aunque me lleve a morir.
Te sigo como le siguen
Los puntos finales
A todas las frases suicidas
Que buscan su fin…”
El chico sabía muy bien lo que podía pasar si se encontraba con la comadreja, pero no dijo nada y entró. Se sorprendió de las diferencias de las salas comunes. La sala de Slytherin era fría, húmeda y subterránea, decorada de verde y plata, sillones negros de piel y una chimenea que no daba mucho calor… era perfecta para las serpientes. En cambio la sala de los leones era cálida, adornada de color escarlata y dorado, con un feliz fuego que crepitaba en la chimenea, y los sillones de piel y de gamuza roja. También tenía varias mesas y sillas.
Hermione se divirtió al ver que Draco examinaba la sala. Nunca había estado en la sala de Slytherin (solo Harry y Ron, en segundo año), pero creía que, por la actitud del chico, era muy diferente a la suya.
“…Igual que el poeta que
Decide trabajar en un banco
Sería posible que yo
En el peor de los casos
Le hiciera una llave de judo
A mi pobre corazón
Haciendo que firme llorando
Esta declaración…”
Se sentaron en un sillón y se quedaron en silencio viendo el fuego. Hermione se recargó en el rubio y empezó a dormitar. El chico sabía que esa probablemente la única oportunidad de hacer su cometido, pero no se quería separar de aquel ángel, que había llegado para disipar sus días de oscuridad. Pero su cerebro le ganó al corazón, y la hechizó para que durmiera hasta la mañana siguiente. Subió las escaleras y vio el letrero que decía “Chicos 7°”. Ahí debía estar Potter.
Sacó la carta y la empujó por debajo de la puerta. Ahí estaría bien. Él lo ayudaría, él sí comprendería lo que tenía que hacer, por que él estaba casi en la misma situación. Bajó de nuevo las escaleras y llegó hasta donde estaba Hermione, con su respiración tranquila, acompasada, soñando tranquilamente.
“…Me callo
Por que es más cómodo engañarse
Me callo por que ha ganado
La razón al corazón
Pero pase lo que pase
Y que otro me acompañe
En silencio te querré tan solo a ti…”
- Te amo.- Susurró Draco, sentándose en el piso, frente a ella.- Te amo, pero no puedes correr peligro por mi culpa. Yo se que serás feliz. Tienes a tus amigos, y ellos te ayudarán.
Le dio un beso en los labios, con suavidad y dulzura, y retiró un cabello rebelde que caía por su blanca cara. Estaba tan hermosa. Pero él no se podía echar para atrás. Ya le había entregado la carta a Potter, tenía que terminar lo que había empezado.
“… Igual que el mendigo cree que el cine
Es un escaparate
Igual que una flor resignada
Decorando un despacho elegante
Prometo llamarle amor mío
Al primero que no me haga daño
Y reír será un lujo que olvide
Cuando te haya olvidado…”
Pero era tan difícil…”Maldita sea, por que la amo tanto?!?! No me facilita esto!”, pensó. Pero se armó de valor, se levantó y alzó su varita.
- Obliviate.- Susurró.
Un rayo de luz salió de su varita y le dio a la serena Hermione. Draco miró sus recuerdos, uno a uno. Solo eligió borrar algunos. No podía borrar todo un año de su mente. Ni tres semanas completas. Solo se borraría él. Las cosas que había dicho, las cosas que habían hecho. No quedaría nada. Solo un pequeño rastro, en donde Draco podría encontrar el camino de regreso a su mente… y a su corazón.
“…Igual que se espera
Cuando esperas en una plaza un mayo
Procuro abstener el secreto, a ver
Ya no sea que por si acaso
Un golpe de suerte algún día
Quiera que te vuelva a ver
Estoy diciendo estas palabras
A un trozo de papel…”
Una lágrima corrió por su mejilla, al terminar el trabajo. Se la limpió con rapidez.
- Te amo. Espero que lo entiendas, si algún día te enteras.- Susurró el chico, y dándose la vuelta, salió por el hueco del retrato, mientras lágrimas silenciosas que no había podido contener, rodaban por sus mejillas, como perlas brillantes en su pálido perfil.
“…Me callo
Por que es más cómodo engañarse
Me callo por que ha ganado
La razón al corazón
Pero pase lo que pase
Y que otro me acompañe
En silencio te querré tan solo…
Me callo
Por que es más cómodo engañarse
Me callo por que ha ganado
La razón al corazón
Pero pase lo que pase
Y que otro me acompañe
En silencio te querré
En silencio yo te amaré
En silencio pensaré tan solo en ti…”
[La Oreja de VanGo (Perdón si lo escribí mal)/Me callo]
(N/A.- Ya se que Draco se contradijo en el cáp. pasado, cuando dice que quiere que Hermione lo recuerde como esas tres semanas, pero borrarle la memoria había sido una desición de esa mañana. Y recuerden que él sabe que Hermione nunca habría podido ser feliz pensando en él)
Ginny salió de su escondite, en lo alto de las escaleras de las chicas. Lágrimas corrían por sus mejillas, empapando sus cabellos de fuego. Lo había visto todo. Estaba seguro que eso había sido lo más difícil para el rubio… para proteger a su amor.
La pelirroja caminó lentamente hasta el lugar donde la castaña dormía. La sacudió, pero no despertaba. Sacudió su varita y dijo “Finite Incantatem”, despertando a su mejor amiga.
La chica tenía los ojos borrosos, como si estuviera desorientada, pero parpadeó un par de veces, reconociendo a la linda pelirroja que tenía en frente.
-
Hola, Ginny, por que lloras?- Preguntó ella, preocupada.
-
No, no es nada, Herm… me pegué con la mesa.- Contestó ella, limpiándose las lágrimas.
-
Ah, bueno.
-
Oye, sobre Draco…
-
Draco? Draco Malfoy? Que tiene que ver ese…- Iba a decir “ese idiota”, pero algo en su interior se lo impidió.-…tipo aquí? Y desde cuando lo llamas Draco?
-
No, lo siento, es que se me olvidó.- Respondió Ginny, suspirando tristemente. “Muy buen trabajo, Dragón, se olvidó por completo de ti…”- Vamos a dormir.
-
Buena idea… me duele la cabeza, y no se por que.
-
No te preocupes, ya te repondrás.
Subieron y se despidieron. Ginny no pudo dormir, pensando en que Draco estaba en casi la misma situación que Harry, y en lo que el ojiverde estaría dispuesto a hacer para protegerla.
Hermione pasó a su cuarto y sin desvestirse, se durmió, soñando con la sala de los Menesteres, y una cama blanca. También soñó que había alguien a su lado, pero no veía quien era. Fue un sueño tranquilo, y en la mañana solo le quedó la duda sobre quien hubiera podido ser ese extraño (o no tan extraño) que no había podido ver. “Es un sueño, Hermione, no le des tantas vueltas”, se dijo, bajando a desayunar. Eran casi las diez del día. “Por que dormí tanto? Aun así me siento agotada, pero no recuerdo por que…” Bueno, lo atribuyó a la emoción de haber terminado la escuela, bajando a almorzar con sus amigos, que la esperaban en las escaleras, son caras tristes y semblantes abatidos.