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Historia 28483 — capítulo 40
Una habitación decorada finamente, con muebles caros y con los colores verde y plata por todo el lugar, era donde trabajaba un hombre de cabellos platinados, con sus orbes grises moviéndose rápidamente mientras leía un libro que se notaba viejo y mohoso.
Tres pequeños toques en la puerta, le advirtieron que alguien estaba esperando para verlo. Alguien que solo podía ser Harry, Ron o su esposa.
- Pase.
Su duda se resolvió cuando una melena castaña entró por el umbral. La cara de Hermione Malfoy denotaba cansancio, pero también una profunda suficiencia. En una mano llevaba sujetada su varita y en la otra, otro libro.
- Lo encontré.- Le dijo, con una sonrisa.
Draco Malfoy se incorporó de su silla, mientras que su esposa se acercó a él y le extendía el libro que llevaba en su mano.
-
Black?- Preguntó con voz queda, observando la portada del libro.
-
Black. La familia de tu madre.- Contestó Hermione, sentándose en la silla frente al escritorio.- Lo encontré ayer y lo comencé a hojear.
-
Y que encontraste?- Preguntó el ojigris, sin mirarla y pasando suavemente las viejas hojas del libro de portada roja.
-
Ve a la página 320.- Contestó ella, cerrando los ojos y frotándolos, para ahuyentar al cansancio.- Es de las últimas.
Su esposo recorrió las páginas, hasta que por fin llegó a la página indicada. Su mirada se posó en el titulo.
-
“Magia Demoniaca”.- Susurró. Volteó a ver a su esposa.
-
Draco… tu lo sabías?- Preguntó la castaña, mirándolo a los ojos.
El rubio negó lentamente con la cabeza. Volvió a recorrer el escrito, captando cada detalle.
-
Esta escrito a mano.- Dijo de pronto.
-
Si.- Afirmó Hermione.
-
Esta escrito a mano…- Susurró él y después agregó.- Y ésta es la letra de mi madre.
-
Tu… tu madre?- Tartamudeó Hermione, levantándose de la silla y acercandose a su esposo, para observar la letra.
-
Conozco perfectamente la caligrafía de mi madre.- Contestó Draco. Señalando la palabra “Demoniaca”, dijo.- Hace la letra casi igual que yo, pero un poco más alargada e inclinada. Más femenina.
-
Mira esto, Draco…- Dijo, señalando una parte en la que la tinta estaba corrida.- Se mojó con algo.
Draco observó. Estaba seguro de que esa pequeña mancha había sido causada por una lágrima. Hermione pensaba lo mismo.
-
Has encontrado algo sobre Zabini o Bulstrode?- Preguntó la castaña, para cambiar de tema.
-
No. Desde que cumplieron su sentencia reducida a cinco años en Azkaban, no se ha vuelto a saber nada de ellos.- Contestó Draco.- Hasta el día del tren.
-
Necesitamos saber para que buscaban a Marine y a Kevin.- Dijo ella.
La castaña se sentó de nuevo en la silla, echando su cabeza hacia atrás.
- Necesito unas vacaciones de todo esto.- Comentó como si nada. Unas manos fuertes la sorprendieron, posándose en sus hombros y causándole un respingo.
Draco comenzó a masajear los hombros de su esposa, mientras que ella cerraba sus ojos, relajándose. Un pequeño mordisco en su cuello la despertó de su letargo, después de unos minutos. Draco besaba suavemente cada parte de su cuello, con uno que otro mordisco.
Soltó una pequeña risita y se giró, para besarlo en los labios. El beso continuó por unos minutos, hasta que ambos sintieron sofocante la falta de aire. Se separaron un momento, hasta que pudieron verse a los ojos. Miel y plata. Mercurio y caramelo, calidos y confortantes, apoyándose mutuamente, compenetrados como uno solo.
-
Once años.- Susurró Hermione, apoyándose en el pecho de Draco, cerrando los ojos.- Once años desde que soy tuya.
-
No.- Contestó Draco, apoyando su cabeza en los rizos castaños.- Eres mía desde aquél beso en el armario. Eres mía por que fuiste la única que conquistó mi corazón.
Hermione sonrió. Desde el final de la guerra, Draco no le decía esas cosas tan a menudo, y esos momentos eran sumamente importantes.
-
Contra viento y marea.- Susurró, abriendo los ojos y mirando a su esposo.
-
Contra viento y marea.- Contestó él. Esa era la frase que identificaba a su amor.
La figura de un hombre corpulento se retorcía en el suelo. A su lado, yacía otra figura, en el suelo. Les apuntaba una varita larga, sostenida por una mano cadavérica.
-
Por… por favor…- Gimió la primera figura.- Solo una oportunidad. Juro que lo conseguiremos.
-
Nunca muestres debilidad ante Lord Voldemort.- Contestó una voz fría y escalofriante.
La figura se retorció con más fuerza. La varita temblaba por la fuerza del hechizo producido. Los gritos comenzaron a llenar la estancia, iluminada solamente por un para de lúgubres lámparas de aceite que estaban por consumirse. Un par de ojos rojos se pudieron observar al final de la estancia.
Y luego, todo se fue a negro.
Harry Potter se levantó sobresaltado en su cama, despertando a su esposa, mientras se sostenía la cicatriz, que le ardía como no lo había hecho en casi doce años.
-
Que pasa?- Preguntó la pelirroja, asustada por el semblante pálido y tembloroso de su marido.
-
Trae a Hedwig…- Susurró el moreno, a la vez que buscaba una pluma, un tintero y un pergamino.
Ginny se apresuró a despertar a la vieja lechuza, que voló con pesadez hasta su amo. A pesar de su edad, Hedwig nunca había fallado en una entrega, y tenía una conexión especial con Harry que la hacía infalible.
Harry mandó una nota a la directora de Hogwarts. Después de soltar a la lechuza, conjuró a su plateado ciervo, que desapareció hacia la casa de cada uno de los integrantes de la Orden del Fénix.
Sus mechones rubios caían desordenadamente por su cara, dándole un toque angelical que no tenía nada que ver con la magia que llevaba en las venas.
Hermione pasó un dedo por la mejilla de su esposo, haciendo que éste sonriera entre sueños. Observar a Draco siempre le daba una sensación de paz indescriptible. Sonrió al ver sus rosados labios, y no pudo contener la tentación de besarlos suavemente antes de voltearse y cerrar los ojos.
Lo que no hubiera podido pronosticar, era que un par de brazos fornidos por el entrenamiento físico y el Quidditch ocasional la recargaran contra el pecho desnudo del ojigris, mientras sentía la respiración del hombre en su nuca, tranquila y acompasada, como si de verdad estuviera durmiendo.
Un pequeño beso detrás de su oreja fue lo que necesitó para dejarse arrullar por el suave golpeteo de la lluvia y acurrucarse más contra Draco, para dejar que la tranquilidad invadiera sus sentidos como hacía casi dos meses no le pasaba.
Claro, que la sensación no duró demasiado, pues un brillante ciervo plateado irrumpió en la habitación de los Malfoy, deslumbrando a la pareja, haciendo que se levantaran de un brinco.
- Es el patronus de Harry.- Confirmó Hermione, mientras Draco se levantaba de la cama y cogía una camiseta, ya que normalmente dormía solo con el pantalón del pijama.
El ciervo comenzó a hablar, con una voz intranquila, pero con el tono de voz cálido de Potter.
- Reunión urgente de la Orden del Fénix, Cuartel General. Noticia Importante.- Y dicho esto, se desvaneció en el aire.
Hermione y Draco se miraron desconcertados. Que podría hacer que Harry mandara semejante telegrama para convocar a la Orden? Ambos pusieron sus sentidos en alerta y se apresuraron a cambiarse de ropa, para desaparecer hacia el No. 12 de Grinmauld Place.
- Sabes que pasa?- Preguntaba Angelina a Parvati.
La morena negó con la cabeza, observando como los Potter, los Malfoy, el matrimonio Weasley, la profesora McGonagall y el retrato de Dumbledore cuchicheaban en una esquina alejada.
- Bien.- Habló Harry en voz alta. En ese instante, los demás guardaron silencio ante el Elegido.- Hay algo que debemos comunicarles y que es de vital importancia.
Todos los presentes se miraron entre sí.
- Lord Voldemort…- Harry hizo una pequeña pausa, donde las dudas carcomieron las mentes de los miembros.- No ha sido destruido.
Nada hubiera podido preparar a nadie de los ahí presentes para semejante noticia.