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Historia 28816 — capítulo 1

Tres de los cuatro Merodeadores, dormían pacíficamente en su cama. Sus respiraciones eran acampanadas y tranquilas.

Uno de ellos, estaba durmiendo con un dedo en su boca, mientras apretaba firmemente un peluche a su pecho. Por lo que se alcanzaba a ver por sobre las sabanas, el extraño peluche deforme, era un perro negro al cual le faltaba una oreja y los dos ojos. Este chico tenía la mitad del cuerpo en la cama, y la otra colgaba inerte fuera de ella. Su cabeza estaba apoyado en la nada, puesto que esta caía de un costado de la cama. Sus pies estaban enredados por las sabanas, las cuales, entre sueños, trataba de sacarse, más todo era una perdida de tiempo, ya que terminaban mucho más enredado a su cuerpo de lo que ya estaban.

El segundo de los Merodeadores, estaba durmiendo como si fuera un verdadero vampiro. Sus brazos estaban cruzados en su pecho y estaba durmiendo en medio de la cama. Pareciera que nadie estuviera durmiendo en ese lugar, puesto que toda la cama estaba estirada, como si la persona que descansaba ahí, no se había movido ni un solo centímetro desde que se había acostado. Ese chico parecía que ni siquiera quería respirar para no desordenar las sabanas como el chico anterior, que en este momento, estaba durmiendo sin nada que lo cubriese.

El tercero de los chicos, y el último que estaba en la habitación, parecía que estaba peleando en sueños. En los momentos que menos se lo esperaban, se ponía de pie, con los ojos cerrados, golpeaba la almohada, y después de haber sacado su frustración con esa batalla contra la pobre y debilucha almohada de plumas, se volvía acostar y seguía durmiendo como si nada sucedía. También, si uno se acerca un poco, podía escuchar claramente que refunfuñaba en sueños. Por lo que se alcanzaba a escuchar, decía: “Frustrado… Lily… cama…Harry” lo que estaba soñando, claramente tenía que ver con el hecho de que Lily no lo había dejado dormir en su habitación, con ella, pues había dicho que necesitaba dormir y descansar y Harry tenía que dormir con ella. Por lo que queda de conclusión, un gruñón James se había tenido que acostar en la pieza con sus dos mejores amigos.

La calma todavía estaba presente em la habitación, hasta que despacio se abrió la puerta. Desde la altura de una persona normal, pareciera que nadie estaba entrando, pero si uno se tomaba el tiempo y miraba hacía abajo, se daban cuenta que un pequeño bandido había entrado a la habitación. El enano, también conocido como el ladrón en miniatura, gateó hasta una de las camas y comenzó a tironear de las sabanas que colgaban por la cama. Al darse cuenta que nadie le tomaba en cuenta, puesto que los adultos seguían durmiendo, el pequeño abrió su boca, mostrando unas encías con la cantidad de un diente, y su magnifica voz se escuchó por toda la habitación:

-¡GUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Los tres Merodeadores, que hace unos minutos estaban durmiendo tranquilamente, se despertaron sobresaltados. Uno de ellos, el que había tenido el peluche mutante, se había caído de la cama pegándose en la cabeza contra el piso. El segundo, que dormía como vampiro, al despertarse sobresaltado, había sacado todas las sabanas de su cama, dejándola solo con las almohadas puesto que sus frazadas o sabanas estaban esparcidos por el piso. El tercero, que claramente conocía ese grito, se levantó de la cama y se acercó al pequeño. Con los ojos todavía cerrados, lo acunó en su pecho y se dirigió a su cama nuevamente. El joven con el enano bandido, se acostaron y James siguió durmiendo placidamente, mientras Harry le mordía la oreja a su padre. Al parecer estaba muy feliz de que le tomaran en cuenta cuando el deseaba.

Sirius se levantó del piso, mientras refunfuñaba algo sobre tengo que matar a ese bandido o mi corazón terminara muerto, y se derrumbó en su cama sin preocuparse sobre si esta tenía o no sabanas. Y Remus, el pobre Remus, que se le había desarmado su pobre cama, decidió tomar las sabanas y tirarla de cualquiera forma sobre la cama, mientras él se acostaba bajo ella. Después de unos segundos de pelea, Remus se había rendido al sueño.

No habían pasado dos minutos desde que el pequeño mutante había entrado en la habitación de los jóvenes adultos, cuando la puerta se abrió nuevamente y entró una sobresaltada pelirroja.

-¡Despierten!.- Al darse cuenta que los adultos seguían durmiendo, gritó: ¡DESPIERTEN!

Por segunda vez consecutiva, los tres chicos se despertaron sobresaltados. Para suerte de ellos, ninguno se había alcanzado a caer de la cama. Con la visión nublada por todavía encontrase entre el sueños y el despertar, trataron de localizar a la persona que esta vez los habían despertados. La pelirroja, al darse cuenta que tenía la atención de los chicos, dijo con voz alarmada:

-¡Por favor! Ayúdenme a buscar a Harry. Se me ha perdido. No se donde fue. Yo me di vuelta para buscar el biberón que estaba en el refrigerador, y al darme vuelta nuevamente, para comenzar a dárselo, ¡Harry había desaparecido de la silla!

James, que todavía estaba flotando entre pensar cosas coherentes con incoherencias, le preguntó a Lily:

-¿De que estas hablando, pelirroja?

Lily, al ver la despreocupación de su marido por algo demasiado delicado para ella, gritó:

-¡CÓMO PUEDES ESTAR TAN TRANQUILO SABIENDO QUE TÚ HIJO ESTA PERDIDO!

James pestañeó un par de veces, luego estiró su mano y buscó sus gafas en la mesilla de noche. Se los puso y le dijo a la histérica y paranoica Lily:

-Pelirroja, Harry no esta perdido. No se como lo hizo, pero subió las escaleras, abrió la puerta de esta habitación y yo lo acosté a mi lado.

Y para probar que su argumento era verdadero, apuntó a su lado, donde supuestamente debería estar el diablillo. Lily, como no vio nada al lado de su marido, alzó una ceja y dijo:

-Yo no veo nada ahí.

El joven entrecerró los ojos y miró a su lado. La cama estaba vacía como lo había dicho Lily. Extrañado, por que a pesar de haber estado medio dormido, él sabía que lo había acostado a su lado, se preguntó: “¿Dónde se metió el pequeño demonio?” Su respuesta fue respondida, cuando sintió que le mordían el dedo del pie. Aullando de dolor y preguntándose como un solo diente podía producir tanto dolor, levantó las sabanas y encontró a su hijo tratando de morderle otro dedo.

El pequeño, al ser descubierto con las manos en la masa, se alejó de los pies de su padre y le sonrió angelicalmente mostrando su único diente. Él, a pesar de tener nueve meses, era extremadamente inteligente, puesto que sabía perfectamente si se hacía el inocente y ponía ojos de cordero degollado, técnica que se le había enseñado Sirius con cinco meses de edad, sus padres terminarían suspirando encantados y no le dirían nada más. Y esta vez no se equivoco. Puso sus ojos en forma de cordero degollado y su boca formo un pequeño puchero. De inmediato, James lo tomó en sus brazos, le beso la mejilla y le dijo:

-Lo siento, hijo. No quería asustarte, solo que me dolió el mordisco.-Harry le sonrió malignamente, puesto que su plan había salido bien. James sonrió pensando que el pequeño le había disculpado por el susto, miró a su mujer y dijo con voz triunfal.- Te lo dije. ¿Ves que yo tenía a Harry?

Lily, con un gritó, partió corriendo a encontrase con su marido y su hijo, mientras que Sirius refunfuñaba algo sobre mujer loca que no me deja tener mi sueños re ponedor de belleza. La pelirroja tomó a Harry en sus brazos y lo comenzó a besar por toda la carita. Al no tener la atención de su esposa por haber encontrado al diablillo, James dijo:

-¿Y yo qué? ¿Estoy pintado?

Cuando Lily se acercaba a James para besarlo, Harry, al ver que ya no tenía la atención de su madre, comenzó a llorar. De inmediato, la pelirroja tuvo toda su atención en su hijo dejando a un James con la boca estirada para recibir su beso. Su esposa le dio la espalda y el joven adulto pudo verle claramente la cara a su hijo. Este dejo de llorar inmediatamente. Ya había conseguido su propósito, tener la atención de su madre. Harry miró a James y el pequeño le sonrió malignamente, mientras se colgaba del cuello de su madre, diciendo claramente con su expresión “Yo gané”. El joven padre tuvo que pestañar para salir de su impresión. ¡Su hijo lo había retado y había salido ganando! Definitivamente, el pequeño diablillo era más malvado de lo que su inocente cara quería dejar ver.

Después de un par de minutos Lily dejó a Harry en el suelo, ya que este buscaba cualquier medio para que lo dejasen en el piso, miró a sus maridos y sus amigos y dijo, con voz autoritaria:

-¿Qué están esperando? ¡Vístanse! Hoy tenemos un largo viaje que emprender.

Sirius miró su reloj, que colgaba de una de las paredes de la habitación, y exclamó alarmado:

-¡¿Estas loca mujer?! ¡¿Viste que hora es?! SON LAS 5:30 a.m. ¿Por qué vestirse si ese pájaro de metal sale a las 8 a.m.?

Como si fuera lo más natural del mundo, Lily dijo:

-Por que tenemos que llegar con más de una hora de anticipación al aeropuerto. Y, Sirius, se llama avión, no pájaro de metal.-Se giró hacía su marido y continuó:- James, dejare aquí a Harry para hacer el desayuno.

Y, sin esperar respuesta de ninguno de los jóvenes, salió y cerró la puerta detrás de ella. De inmediato, Remus comenzó a buscar al Harry. Al no verlo por ninguna parte de la habitación, dijo:

-¿Dónde esta Harry?

Como respuesta, desde debajo de la cama de Sirius, se escuchó el masticar de algo y luego el ruido de tela rajarse. Extrañados y preocupados por no saber que estaba haciendo esta vez el pequeño demonio, los tres chicos se acercaron a la cama y se agacharon. Al ver lo que sucedía ahí, por poco Sirius se puso a llorar, cuando vio a su pobre peluche mutante sin ninguna de las dos orejas. James soltó un suspiro y tomó a su hijo. De la boca de Harry colgaba la oreja de Canutito, el peluche que acababa de destrozar el pequeño. El padre del niño, al ver que Sirius estaba apuntó de explotar al ver su perrito en miniatura destruido, dijo:

-No es culpa de Harry, Sirius. Le están saliendo los dientes y el medimago dijo que hasta que no terminaran de salir todos, iba a morder las cosas producto del dolor que tienes por el crecimiento de sus dientecitos.

Sirius respiró profundamente, para luego decir:

-¿Qué no es su culpa? ¡¿QUÉ ESE DIABLO NO ES EL CULPABLE?! ¡Por Merlín, James! ¡¡Ese monstruo le sacó las dos orejas y los dos ojos a mi Canutito!!

De inmediato Harry comenzó a llorar como si lo estuviesen torturando. James comenzó a acunarlo, mientras le dirigía una mortal mirada a su mejor amigo.

-¡Es un niño, Sirius!.-Lo recrimino Remus.-Él no sabe lo que hace.

Sirius apretó las mandíbulas y se alejo de los dos para así poder comenzar a vestirse. Cuando James pudo calmar a su hijo, lo dejó sobre la cama, mientras le entregaba un juguete de bebé especializado para morder. Harry lo tomó con sus dos manitos, comenzó a morderlo y dejarlo lleno de baba. El pequeño, al ver que su padre le daba la espalda para vestirse, se sacó el juguete de la boca y se lo lanzó a Sirius. El objeto le pegó en plena cabeza al joven. Cuando los tres adultos se dieron vuelta para mirar al diablillo, este tomó su mejor estrategia, actuaría como un bebé contento. Juntó sus manitos y comenzó a aplaudir, mientras reía contento. Al ver la pose tan inocente que tenía el pequeño, Sirius solo pudo sonreír. El joven sonriente, estiró sus brazos para tomar a Harry. Lo cargó en sus brazos, mientras decía:

-Termínense de vestir ustedes. Yo bajo a Harry.-Se dio media vuelta y comenzó a caminar hacía la puerta. Cuando esta apunto de alcanzarla, giró su cabeza por encima de su hombro, y continúo hablando, con una sonrisa malvada:-No se les olviden bajar los bolsos.

Al escuchar esas palabras, James tomó una almohada y se la lanzó, pero no sirvió de nada ya que Sirius ya había salido de la habitación. Ahora a ellos dos les tocaría la peor parte, bajar todos los bolsos, los cuales pesaban una tonelada cada uno. Sobre todo el de Harry, por que Lily le había echado cada uno de los juguetes del pequeño para que este no se aburriera en la playa.

Harry miraba a su padrino enojado. Nadie se metía con él. Nadie. Por lo que había escuchado, Sirius decía que él era fácil de tratar. ¿Así que su tío pensaba que cuidar de él era pan comido? Pues ya lo vería. Con una sonrisa malvada. Su plan empezó.

Sirius iba bajando tranquilamente las escaleras de la casa de los Potter. Su ahijado iba mirándolo enojado en sus brazos, ¿El motivo? Él no tenía la menor idea. Lo único que le importaba a él, era que tendría que cuidar a Harry mientras sus amigos hacían el trabajo pesado. Es decir, bajar las maletas. Con una sonrisa malvada, terminó de bajar las escaleras.

Estaba apunto de llegar a la cocina, cuando comenzó a sentir mal olor. Trató de olfatear, pero su nariz se arrugó ante el fétido olor. ¡Por Merlín! ¿Quién se había podrido? Él no había sido, ya que no había comido nada descompuesto. Es más, no había comido nada por que ahora lo tenía que hacer. Entonces, si no había sido él, ¿Quién era? De pronto, su vista se dirigió a su ahijado que lo miraba desafiante. Lo levantó un poco y olió su pañal. Se lo alejó de la cara al solo olfatear que su ahijado era el que se había descompuesto. Caminando con los brazos estirados, para mantener distancia con el pequeño, comenzó a caminar hacía la cocina para que su mamá lo cambiara de pañal.

Entró en el lugar, para encontrarse con una histérica Lily que trataba de ordenar el desastre que estaba en la cocina. Se acercó un poco a ella y dijo:

-Lily, creo que tú hijo necesita un cambiado de pañal.

Sin siquiera levantar la vista, dijo:

-¡¿No ves que estoy ocupada, Sirius?! ¡No puedo hacerlo ahora!

-Pero…

-LARGO. Dile a James que le cambie el pañal.

Un derrotado Sirius salio de la cocina, aún manteniendo la distancia con Harry. Como Lily estaba ocupada, quien era la mamá, ahora solo tenía al papá para que le limpiara ese sucio pañal a su ahijado. Un poco más decidido, comenzó a caminar hacía las escaleras, pero tuvo que parar en seco cuando vio a sus dos amigos tratando de bajar una pesada maleta. Definitivamente los dos padres estaban muy ocupados para cambiar un pañal, pero él no estaba dispuesto a aguantar el mal olor. Se encamino hacía el baño, ya que, ¿Qué tan difícil podía ser cambiar un sucio pañal?

Entró en el y se dirigió a una mesa que estaba en un rincón, predispuesta para este tipo de situaciones. Acostó a Harry en ella y se preguntó: ¿Ahora que hago? ¡Claro! Sacarle el pañal. Le bajó los pantaloncitos y se encontró cara a cara con su peor rival. El pañal. Al ver que este estaba sujeto con unas tiras adhesivas celestes, las tiró y el pañol se abrió. Un poco temeroso, ya que el olor había aumentado, bajó la parte delantera.

¡POR-LAS-BARBAS-DE-MERLÍN! Él nunca había pensado que un nene tan pequeño podía hacer tanto desastre. Y tampoco se le iba a pasar por la cabeza que iba a tocar esa…esa cosa con sus manos. Buscando por alrededor del baño, encontró unas cuantas bolsas. Tomó tres de ellas. Dos de ellas se las amarró en las manos, como protección, y la tercera la iba a ocupar para echar el pañal malo. Pero, a pesar de que tenía protección en sus manos, él no creía que su cerebro podía seguir aguantando tan mal olor. Buscó nuevamente por alrededor del bañó y se terminó anudando una toalla pequeña en su nariz y boca, para evitar que le llegara directamente el pésimo olor. Ahora, que estaba completamente equipado, miró a Harry. Este lo miraba molesto por tenerlo tanto rato así. ¿Por qué no se apuraban de una buena vez como lo hacían sus padres?

Sirius tomó aire, le sacó los zapatos y terminó de bajarle los pantalones. Le sacó el pañal apestoso y lo tiró dentro de la bolsa que había dejado a su lado. La anudó y la tiró al basurero. Se giró nuevamente y miró atentamente a su ahijado. Si él fuera un bebé, le gustaría que lo limpiasen. Pero, ¿Con que lo podría hacer? Giró su cabeza y comenzó a buscar algo para limpiar al pequeño monstruo.

Harry, aprovechando que su padrino estaba dado vuelta, planeo su siguiente misión llamada “Tiró al blanco”. Esperó a que Sirius se diera vuelta. Cuando lo hizo, pensó: “Preparados. Apunten. ¡Fuego!”

El joven se sobresaltó de sobre manera cuando sintió algo tibio que se deslizaba por su camisa. Bajó su vista y gritó.

-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

¡El pequeño demonio lo había meado! ¿Cómo se atrevía esa cosa pequeña haber meado al Gran Sirius Orión Black? Cuando estaba apuntó de saltar sobre Harry para ahórcalo por su osadía, la puerta del baño se abrió y entraron tres personas. Lily, James y Remus. La pelirroja, lo corrió a un lado y se acercó a su hijo. En un segundo, un pañal nuevo tenía puesto el diablillo. Por otro lado, los dos Merodeadores se reían a mandíbula suelta al ver a Sirius con su camisa blanca toda mancha de líneas amarrillas.

Sirius salió indignado para cambiar de camiseta, mientras las risas de sus amigos lo seguían. ¡Hasta el pequeño demonio estaba riéndose de él!

Luego de más de media hora después, por fin todos estaban saliendo de la casa para dirigirse al aeropuerto. Había sido todo un caos la salida. Harry se había comportado verdaderamente como un demonio. Había lanzado su comida lejos de su plato, mientras reía encantado. Como conclusión, todos se tuvieron que cambiar de ropa, incluyendo a Harry y a Sirius.

Pero ahora, por fin, se estaban dirigiendo al aeropuerto. Por fin empezarían sus vacaciones. Pararon un taxi, ya que tenían que viajar completamente de forma Mugglet para que nadie los pudiera seguir, y se dirigieron al aeropuerto. Una vez llegaron ahí, se bajaron y comenzaron a caminar hacía el recinto. Cuando estaban apunto de entrar, una diminuta lechuza, que era un poco más grande que un Snitch, se paró en el hombro de Lily y estiró su pata. La mujer leyó rápidamente el trozo de papel y cuando terminó, levantó su cara tan blanca como la leche y dijo:

-Lo siento. No podré viajar hoy con ustedes. Los Mortifagos han atacado a Susan. Tengo que ir a verla a San Mungo.- Cuando Remus iba a hablar para decir que ellos también iban, Lily siguió.- No se preocupen. Yo los alcanzaré cuando pueda en el hotel. No quiero arruinarles las vacaciones, chicos. Por favor, vallan sin mí.

Al ver que Lily se pondría muy triste si arruinaba las vacaciones de ellos, los chicos no tuvieron otra que aceptar ese hecho. Tendrían que viajar sin Lily, en un transporte Mugglet y con el pequeño diablillo que James tenía por hijo.

-Muchas gracias, chicos.-Dijo Lily.-Les prometo alcanzarlos lo antes posible en el hotel. Ustedes tienen los boletos y sus pasaportes. Cuando suban al avión, una mujer, llamada azafata, les dirá todas las instrucciones que tienes que saber para estar calmarlos en el avión. Aunque no creo que les de miedo viajar en avión, ya que vuelan en una escoba.

Y así pasaron unos 15 minutos escuchando las explicaciones de cómo sobrevivir en un mundo Mugglet. El problema, que eran tantas cosas, que no recordaban ni siquiera una. Lily paró un taxi y se subió a el. Este estaba apunto de partir, cuando Lily se asomo por la ventana y les repitió lo que segundos antes les había dicho:

-No creo que les de miedo viajar en avión. No se preocupen. Están muy seguros en ellos.-Dio un suspiró y continuó.- Se que no saben que es un avión, pero no les dará miedo, puesto que a ustedes nada les da miedo.

Los chicos sonrieron orgullosos e hincharon el pecho, hasta Harry hizo lo mismo, puesto que ellos no le podían tener miedo a una cosa de metal que volaba, ¿O no? Con una última sonrisa. El taxi comenzó a andar. Los cuatro chicos le hicieron adiós con la mano. Cuando Lily se estaba alejando más, ella sacó nuevamente la cabeza por la ventana y gritó:

-¡MIREN DETRÁS DE USTEDES! ESO ES UN AVIÓN.

Los jóvenes se dieron vuelta y clavaron sus ojos en lo que se decía llamar avión. Tragaron saliva y se preguntaron: “¿Tenerle miedo aun avión? ¡Por Merlín! Con solo verlo les dio terror”

Continuará…