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Historia 28889 — capítulo 1
Un Ángel Prestado
Enojado, enfurecido, rumiando por lo bajo el nuevo fracaso. Así caminaba por las atestadas calles de Londres. Necesitaba un trabajo urgente. Al principio tenía muchas pretensiones, pero con el tiempo su sangre noble y su parte altiva lo habían abandonado resignándose a cualquier cosa legal que le dejara por recompensa lo suficiente para llegar a fin de mes.
Sus pasos lo llevaron a un bello parque. Un oasis en el medio del desierto. Su larga extensión en diferentes tonos de verde, su follaje variado y sus hermosas flores, cuna de pájaros multicolores, eran un insulto a la tan ocupada Londres. Y para él eran una burla.
Alto, de cabello negro hasta los hombros, ojos grises (característicos de su familia). De aspecto fuerte y capaz de arrancar suspiros de las féminas que alguna vez tuvieron el placer de cruzarse en su camino. Su porte altivo y seguro al caminar nunca revelaría lo que había en su interior.
Frustración, miedo, rabia. Tres de los peores sentimientos ocupaban su corazón. Vivir en la casa de su mejor amigo, donde era bienvenido, no era su ideal de independencia y no porque la familia no le agradara, sino porque se sentía un extraño. A pesar de que todos, incluidos los elfos, habían procurado que no se sintiera así.
Él quería libertad, siempre la había deseado. Quería regir su propio destino, quería vivir, quería ser feliz. Y por orgullo, la mayor estupidez que había heredado de su familia, quería hacerlo solo.
Pero ¿Cómo? ¿Cómo lograr todo eso sin un cobre en el bolsillo? Sus pretensiones laborales habían bajado hasta lo mínimo. Ya no buscaba puestos jerárquicos como al inicio; ahora se conformaba con que le alcanzara para pagar la renta, la comida y que fuera legal. Ningún lujo, ningún capricho, lo suficiente para vivir.
¡Linda familia la suya! Luego de su huída de la casa por una “Incompatibilidad ideológica”, su madre había corrido la voz de que quien lo contratara se ponía en su contra. Años atrás se hubiera reído hasta que se le escaparan las costillas del pecho por esa actitud tan prepotente. Hoy sabía de primera mano que ser hijo de una familia acaudalada e influyente podía ser tan bueno como malo. A él le estaba tocando el lado malo y el dinero de la herencia de su tío se estaba acabando.
Cruzando la calle, en un bar casi diminuto, con pocas luces y un letrero apenas limpio y visible que anunciaba su presencia, alcanzó a leer un cartel que decía: “Se busca empleado para la limpieza.”
No era para lo que había vuelto a Londres pero… peor era irse otra vez con las manos vacías. Alisándose la camisa blanca con finas líneas grises como sus ojos, revisando su reflejo en el vidrio del bar, se alistó para entrar. Puso su mejor sonrisa y decidido, se acercó a la barra.
-Buenos días, mi nombre es Sirius Black. Vengo por el aviso que esta en…-
-¿Has trabajado alguna vez en esto?-
-Sí señor.- mintió como un bellaco.
-¿Tienes experiencia en limpieza?- preguntó desconfiado.
-Por supuesto señor.-
-¿Has usado alguna vez un “Estartajo”?-
En menos de lo que dura un latido se vio acorralado. Sabiendo de su poca experiencia muggle y lo poco que conocía de ellos se preguntó que sería un “Estartajo”, pero lejos de acobardarse y haciendo nota mental de patearse el trasero por entrar a un bar muggle además de preguntarle luego a Lily “¿Qué rayos es un Estartajo?”, contestó:
-Sí señor, soy un experto en la materia.-
-Hazte un favor chico y vete. Estás haciendo el ridículo.-
-Pero señor yo…-
-Vete.-
-Soy un experto en el manejo del Estartajo señor…-
-¡VETE!-
Rabioso, más que al principio, cruzó la calle. Se dejó caer en un banco mientras se preguntaba en silencio qué había salido mal. Gracias a su enojo no notó al trío de jóvenes que se acercaban a donde se encontraba.
Para alejar un poco su rabia golpeó con el puño cerrado al banco de piedra y gritó cuando se lastimó la mano. Un niño que veía con sus dos hermanos mayores, le preguntó:
-¿Te hiciste daño?-
-¿Qué?- preguntó con cara de “¿De donde ha salido este niño?”.
-¿Si te hiciste daño?-
-¿Por qué preguntas?-
-Te golpeaste la mano con el banco. Creí que te habías hecho daño.-
-No, no me hice daño.- le contestó de mala gana con la intención de que sus hermanos lo alejaran del malgeniado adolescente en el que se había convertido ese día. Lejos de alejarse, el niño siguió.
-¿Te castigo tu madre? Porque cuando mi madre me castiga yo me pongo furioso.-
-Sí, se podría decir que mi madre me castigó. Ahora ¿Por qué no vas a jugar por ahí y me dejas en paz?-
-Vamos Harry. Te enseñaré a…-
-Cuando mi mamá me castiga primero me enojo mucho, pero después me doy cuenta de que hice algo mal y que merezco el castigo.-
-Créeme enano, no lo merezco.- contestó con el ceño fruncido.
-¿Estás seguro?- preguntó el pícaro niño mientras su hermano intentaba sacarlo de allí y su hermana parecía ajena a todo el tema.
-¿Viniste al parque a fastidiar a la gente?- preguntó enojado. Pero el niño ignoró el comentario y se sentó a su lado.
-No, vine porque mi hermano me va a enseñar a montar mi bicicleta. ¿Verdad que es bonita?-
-Sí, muy linda.- contestó él con fastidio mientras se notaba en su mirada que no había visto un artefacto de esos en su vida.
-Sabes, no deberías estar enojado por tu castigo. Deberías aprender de él.-
-¿No se te hace tarde para aprender a montar tu bicicleta?- preguntó más molesto que al principio. Pero el niño simplemente lo ignoraba.
-¿Sabes lo que hago yo cuando me enojo como tú? Hablo con mi ángel.-
-Bien por ti enano.-
-¿Tú no hablas con el tuyo?-
-No, yo no tengo ningún ángel.-
-Oh… que pena. Si tú quieres pudo prestarte al mío.-
-No creo que…-
-Hagamos un trato.- dijo el niño entusiasmado. –Yo te presto mi ángel y tú me lo cuidas mientras Jesse me enseña a montar mi bicicleta ¿Quieres?-
-Como quieras enano, con tal de que ya no pierdas tiempo de aprendizaje.-
El niño se puso de pie, tomó la mano de su hermana y la llevó hasta el banco. Cuando la joven se sentó, el pequeño se volvió a él y le dijo:
-Te la dejo. Cuídamela por favor. Es muy valiosa para mí.-
El muchachito se alejó con su hermano mayor rumbo a una explanada de tierra donde tenían espacio más que suficiente para su tarea del día. Él, sintiéndose culpable por el trato que le había regalado gratis al pequeño, dijo:
-Es increíble.-
-Sí.-
El silencio se volvía molesto. Si bien minutos antes hubiese dado su reino por poder silenciar con su varita al niño, ahora se sentía mal por pagar su mal genio con un pequeño que, además, había dejado en sus manos algo tan valioso como “su ángel”.
-Perdona si…-
-Descuida, Harry suele ser muy… insistente.-
Sirius pudo ver su sonrisa de perfil. No había despegado su mirada del lugar donde sus hermanos se encontraban.
-No ha de ser fácil vivir con él ¿Verdad?-
-Te acostumbras.-
-¿Me porté como una bestia con él no es así?-
-No te preocupes, no lo notó.-
-Pero tu hermano mayor sí.-
-No te aflijas por él. Ladra pero no muerde.-
La bella muchacha, rubia, pequeña, casi frágil a la vista de cualquiera, había logrado llamar su atención y aún no sabía porqué. Disimuladamente, de reojo, la miraba. Ella no había perdido detalle de lo que los otros dos hacía unos metros mas allá. De pronto, se sintió un tonto al descubrir que llevaba varios minutos observándola fijamente. Temiendo ser descubierto e incapaz de molestar a su familia por segunda vez en el día por ser grosero fijó su vista al frente, igual que ella.
El pequeño Harry aprendía a pasos agigantados. En la casi media hora que llevaban ya lograba hacer un par de metros manteniendo el equilibrio solo. Y a pesar de que él lo deseaba, la joven nunca había girado su mirada hacia él.
-¡WOW!- exclamó el moreno ante una maniobra algo dura para un aprendiz de su edad. -¡Que bien! Eso ha de ser difícil cuando recién aprendes.- ella no contestó. Solo sonreía. -¿Viste eso?-
-No y lo anterior tampoco.- le contestó sonriendo.
El joven se detuvo en ese comentario. Moviendo su cuerpo para quedar lo más enfrentado a ella posible, la miró. Buscó que los ojos de un gris extremadamente pálido siguieran sus propios ojos pero no lo logró. Sintiéndose mucho más tonto que antes, pasó su mano frente a ella como intentando captar su atención.
-Eres…- susurró.
-Ciega. No puedo ver.-
-¿Nada?-
-Absolutamente nada.-
Sirius observaba ahora sin ver a los hermanos. ¿Cómo una chica tan bonita podía no ver? Se sintió furioso por las injusticias de la vida. Una mujer tan hermosa no podía perderse los placeres de ver el color de la naturaleza.
-No te preocupes, para mí es normal no ver como para ti lo es ver.-
-Es solo que…-
-¿Te sorprendió? Creí que lo habías notado antes.-
-No te hubiese preguntado semejante cosa antes si me hubiera dado cuenta de que no puedes…-
-Estoy acostumbrada.-
Y otra vez lo invadió el silencio. Se sentía incómodo junto a ella por su comportamiento de hombre de las cavernas. Quería disculparse, explicarle las razones de su mal humor, pero nada justificaba su actitud arisca con el niño.
-¿Puedo preguntar qué es lo que te tiene así, tan nervioso?-
-Cosas… locuras mías.- se sorprendió de que después de todo ella se mostrara agradable con él.
-Sea lo que sea que te tiene así de nervioso pronto se solucionará.-
-¿Cómo lo sabes?-
-Lo sé.-
-Necesito conseguir un trabajo urgente.- se removió un poco en el banco mientras se acomodaba de costado para verla. –Hace tiempo me mudé a la casa de mi mejor amigo y, a pesar de que se que soy bienvenido allí, quiero irme.-
-¿Por qué?-
-Porque tengo miles de proyectos. Hay muchas cosas que quiero hacer de mi vida y no puedo permitir que los padres de mi amigo me mantengan. Quiero hacer las cosas sólo, por mí mismo.-
-No sabes como te entiendo.-
Sabiendo que otra vez había equivocado sus palabras se golpeó la frente. Se sentía un tonto.
-Solo ten fe. Lo conseguirás.-
-¿Cómo supiste que…?-
-¿Qué estabas enojado? Casi te comes con salsa a Harry.- contestó entre risas. A él, su risa le pareció adorable. –No veo con los ojos, pero puedo ver con el alma.- por primera vez desde que sus hermanos la habían dejado allí, notó que era lo que le llamaba tanto su atención. Ella trasmitía algo, no sabía que, pero era capaz de calmarlo solo con una sonrisa.
-Antes de que ustedes llegaran fui al bar de enfrente y ni siquiera mintiendo pude conseguir el empleo.- explicó.
-¿Mintiendo? No deberías mentir.-
-¿Qué iba a hacer? El dueño me preguntó si tenia experiencia en limpieza y si había usado alguna vez un Estartajo y le dije que sí y…-
Al momento ella estalló en una carcajada. En lugar de enojarse la miró sonriendo. Esa joven era increíble.
-Así nunca conseguirás un empleo. Si te presentas a solicitarlo y mientes tan descaradamente.-
-Mentí, pero no fue para tanto.-
-¿Cómo que no fue para tanto? Le mentiste diciéndole que sabías usar un objeto que no existe.-
-¿No existe?- preguntó.
-No, no existe.-
-Ahora entiendo porqué me echó.-
Con una carcajada de ella, él sonrió nuevamente. Lentamente la fue introduciendo en sus pesares. Le contó vagamente su relación con sus padres y el porqué de no conseguir trabajo. En ningún momento mencionó la magia. Ella era muggle. Pero a pesar de la diferencia de razas se sentía cómodo con ella y su consejo de no perder la fe.
Tan concentrado estaba en su conversación y en observar sus rasgos que no vio al muchacho de nos más de veinte años que se acercaba a ellos.
-Perdón.- ambos dirigieron su atención al joven. -¿Tú estuviste en el bar hace un rato solicitando el empleo de empleado de limpieza?-
-Sí.- dijo esperanzado.
-El dueño quiere verte.-
-¿A mí? ¿Qué es lo que quiere? ¿Seguir burlándose de mí?- La joven a su izquierda apretó su brazo levemente, lo suficiente como para que volviera a relajarse y dejara la pose de guerra.
-El hombre que te atendió es el padre del dueño. No está de acuerdo en tomar a alguien más para trabajar en el bar. El dueño quiere disculparse y saber si aún te interesas en el empleo.- Sirius miró a la rubia joven que más de una vez le había dicho que confiara, que no todo estaba perdido. – Perdona si te suena mal lo que voy a decirte pero mientras tú te decides a lavar platos y limpiar pisos yo tengo que atender las mesas y hacer lo que te corresponderá si aceptas, así que si no te enojas o vienes conmigo o me dices que no te interesa pero me dejas volver a mis tareas. No quiero irme a medianoche por perder el tiempo aquí parado.-
-Ve.- le susurró la joven al oído.
-Vo… Voy con… Voy contigo.-
Ya casi estaba cruzando la calle cuando Sirius se dio cuenta que no tenía idea del nombre de la hermana de Harry.
-Dame un minuto.- su acompañante lo miró fastidiado. – Solo un minuto, lo prometo.-
Corrió a donde estaba sentada. Aún permanecía allí. No podía irse sin averiguarlo.
-Antes de… irme…, necesito… saber algo.- dijo algo agitado por la carrera, mientras tomaba nota mental de salir más caminando y menos con su motocicleta.
-¿Qué cosa?-
-Tu nombre y… dónde te vuelvo a ver.-
Los hermanos de la joven volvían y Harry se abalanzó a los brazos de su hermana feliz por haber logrado mantener el equilibrio. Sirius, aún sabiendo que ella no podía verlo, sentía sus bellos ojos grises puestos en él. Mientras Harry tiraba de la manga de su hermana intentando arrastrarla a su casa, entusiasmado por contarle a su madre que por fin lo había logrado, ella respondió:
-Ángel. Todas las tardes a las tres en este mismo banco.-
Y se dejó llevar. Mientras el más pequeño le contaba algo exageradas sus proezas en bicicleta y el mayor lo miraba a él algo enojado, el moreno no podía despegar la vista de esa preciosa rubia. No supo porque ella se giró y sonrió en su dirección.
“Yo te presto mi ángel y tú me lo cuidas” le había dicho el pequeño. Esa frase resonaba en su mente. Realmente le había dejado un ángel… y él no podía esperar para volverla a ver.