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Historia 29243 — capítulo 1

Nefasto.

Mini Prólogo: Antes.

El poder puede conllevar a catástrofes, más aún si ese poder es dado a quien no lo merece.

La humanidad vivía pacíficamente, hasta el año 2012, cuando una alianza de naciones provocó un cambio en el mando del planeta Tierra. Los que se oponían iban directo al llamado abismo, que consistía en una prisión donde recibían el peor trato. ¡Caos! Nadie sabía qué hacer, por lo que accedieron, sumisos, a la toma de poder de un solo hombre, que se hacía llamar a sí mismo: Abbadon, el Destructor.

Para el año 2018 un grupo de rebeldes salió a la luz, con ideales de acabar con ese demonio que había causado la destrucción de su mundo. Vivir no era lo mismo, las reglas impuestas por el máximo líder de la Tierra estaban acabando con ellos y convirtiendo su vida en un infierno.

Abbadon estaba conciente de lo que hacía y del daño que causaba, pero su poder sobrepasaba el de esos. Las batallas libradas contra los jóvenes rebeldes eran arduas y difíciles, pero no lograban, siquiera, tomar el control de una mísera ciudad.

Sentían que estaban acabados, cuando...

Prólogo: Época actual. Año 2020.

-Harx, ¿me escuchas? Cambio. –oyó el hombre en su intercomunicador.

-Fuerte y claro, Aux. Cambio.

-¿Cuál es tu posición? Cambio.

-Me encuentro a las afueras de la ciudad; voy a entrar. Cambio y fuera –dicho esto cortó la comunicación.

Salió detrás de la tienda donde se encontraba escondido, se trataba de un hombre no muy alto, pero de contextura fornida, con el cabello castaño a la altura de los hombros, suelto. No se podía decir una descripción precisa de su rostro, puesto que llevaba unos lentes especiales y un tapa boca. Su ropa consistía en un uniforme militar negro con gris y unas botas militares. Sobre su espalda yacía un arma, además de otras más que llevaba en diversas zonas de su vestimenta.

Caminó con lentitud, para no ser descubierto.

No era la primera vez que le daban la misión de entrar en la fortaleza para buscar provisiones, de cierta forma ya conocía a la perfección el lugar; era uno de los mejores de su grupo y no temía presumir de ello. Sentía que era un honor que, como guerrero, merecía.

El agujero era como llamaban ese sitio, ahí condenaban a todos aquéllos que en el abismo eran rechazados y, por tanto, tenían provisiones suficientes tanto para armas como alimenticias. ¿Y cómo era que mandaban a uno solo a cumplir una misión tan arriesgada y complicada? Eso era sencillo, la tecnología de fragmentación celular permitía trasladar desde grandes distancias hasta el cargamento más pesado; además, él no necesitaba ayuda para vencer a los, normalmente, veinte soldados de Abbadon.

Un grito.

Se tapó los oídos, odiaba ir cuando azotaban o carbonizaban a alguno de los esclavos. Sentía que su héroe interno no lo dejaría descansar hasta rescatar a esa persona.

Otro grito.

Era una voz femenina, ¡le faltaba tan poco para llegar a las bodegas! Maldijo mentalmente y trató de hacer caso omiso a los gritos.

Pero un tercer grito hizo que su plan se viniese abajo.

Cambió de dirección y subió hacia el techo de un edificio cercano.

Ya arriba activó la visión a larga distancia de sus lentes. En la plaza central había una mujer de cabello negro alborotado recibiendo azotes de parte de uno de los soldados. Accionó también su radar de sonidos para escuchar lo que decían.

-Eso te enseñará a obedecer –le decían a la chica-, eres una esclava y como esclava has de actuar.

-Mátame, pero no pienso ser juguete de nadie –respondió altivamente.

¿Desde cuándo enviaban mujeres a ese lugar? Si las reglas de Abbadon establecían que las mujeres no tenían ningún derecho y debían permanecer sumisas a los hombres. Cosa que él desaprobaba por completo.

Se encontraba agachado, con un disparo de su arma podía llamar la atención de los sujetos y, si no fallaba su puntería, de paso mataría a aquél que se hacía llamar hombre... golpear a una mujer era un acto que merecía la muerte.

Preparó su arma y midió la distancia. El sujeto dio un nuevo latigazo a la mujer, pero esta vez ella no gritó. Dejaría que el destino decidiera si ese disparo sería justiciero o no.

Disparó.

Las pistolas de láser por lo general alcanzaban largas distancias; no obstante, se encontraba a casi doscientos metros de su objetivo.

Saltó del tejado, bajando por un tubo que drenaba el agua. Ahora todo se lo dejaba a la suerte.

Harx, líder del escuadrón norte de la rebelión.

Corrió, permaneciendo entre las sombras, para acercarse a la plaza central y llevarse a la pelinegra... para su sorpresa ella había desaparecido.

-¡Me arriesgué para nada! –se quejó.

-No es cierto –lo interrumpió una voz agotada cerca de él.

Volteó, entre unas cajas se encontraba tirada la mujer. Poseía un mal aspecto por los moretones y golpes que tenía en la cara, de seguro antes de azotarla la habían maltratado de alguna forma.

Se acercó a ella y la cargó.

-¿Qué haces? –protestó.

-Te salvo –dicho esto la puso sobre uno de sus hombros, como si de un costal de papas se tratara.

-Mi héroe –ironizó ella.

Con la chica sobre él no podía moverse con libertad. Sin embargo, ya lo hecho, hecho estaba.

-Hacia allá no es la salida.

-Deja de quejarte.

Eso le pasaba por salvar “damiselas en peligro”.

S-s-S-s-S-s-S-s-S

-¿Preocupada? –preguntó una voz tras ella.

Se trataba de un hombre de cabello negro, largo. Y unos ojos negros profundos, que causaban temor con una simple mirada. Desde su frente hasta su mejilla, pasando por su ojo derecho, había un corte de batalla, una de tantas, como bien diría él mismo. De tez blanca casi pálida.

Ella no pudo evitar ocultar la sorpresa que le había dado la llegada de su líder.

-Ah, hola Anxar –saludó-, sí... estoy algo preocupada por Harx, ¿no crees que ha tardado demasiado?

El pelinegro se acercó a la computadora de su experta en cibernética y miró el tiempo cronometrado.

-Sólo se ha retrasado seis minutos –se burló el hombre.

La rubia hizo un puchero, sintiéndose incomprendida por su superior. Sus ojos verdes un tanto tristes hicieron que Anxar quisiera calmar su preocupación.

-Ya vendrá... sabes que le encanta hacerse el interesante.

Acto seguido le alborotó el cabello a la mujer.

-Anxar, Aux –los llamó alguien ingresando a la habitación.

Se trataba de una mujer pelirroja, muy bonita, vestida con una ropa de cuero negro. Parecía haber corrido desde una larga distancia.

-Harx llegó... y no vino solo –explicó entre jadeos.

-¿De qué hablas, Zhil? –Anxar frunció el ceño.

-Será mejor que vayan a la enfermería.

Aux sintió que su corazón daba un vuelco y corrió hacia donde había señalado su amiga. Los otros dos que quedaron en la oficina de la General suspiraron, era bien sabido que tenía una especie de cortocircuito con el castaño.

Fueron tras ella; no obstante, recorrieron el camino con más calma.

-¿Y, de quién se trata? –inquirió el líder de los rebeldes.

-Una mujer –bufó Zhil-, ya tenemos bastantes problemas con las de aquí como para que venga una más.

-¿Es bonita?

-¡Hombres! –se quejó la pelirroja cambiando de camino-. Tengo trabajo que hacer, me mantienes informada –casi ordenó.

La expresión en el rostro del hombre era de sorpresa... ¿acaso ya no respetaban su calidad de Jefe?

S-s-S-s-S-s-S-s-S

-¿Está bien Harx? –preguntó con temor Aux ingresando en la enfermería como alma que lleva el Diablo.

-Sí, estoy bien –respondió el castaño desde una esquina, sin mirarla.

Ya no llevaba nada sobre su atractivo rostro. Sus ojos castaños miraban a la mujer que era atendida por la médico del lugar.

-¿Crees que mejore, Nymra? –cuestionó.

-No me presiones, Harx, no me presiones.

La rubia desvió su mirada hacia la cama, donde la lastimada pelinegra yacía.

La doctora, una mujer joven, pero con un carácter de los mil demonios que estaba harta de atender a los caprichos de Harx, el, según ella, especialista en golpes y moretones. Suspiró apartando su cabello negro de la frente y miró a la General.

-¿Puedes llevarte a tu novio? Odio esa mirada desesperada que tiene.

Aux se sonrojó.

-¡Él no es mi novio!

S-s-S-s-S-s-S-s-S

Se despertó sobresaltada, ¿dónde se encontraba? Miró a su alrededor, parecía ser un hospital.

Intentó bajarse de la cama y...

-¡No, no, no, no, no! –la reprendió una voz femenina desconocida.

Tenía tanto tiempo sin escuchar la voz de otra mujer. Volteó, estaba vestida con un traje médico en negro con azul. Arqueó una ceja sorprendida por esa vestimenta.

-¿Desde cuándo los médicos se visten así?

-Sólo yo me visto así –aclaró Nymra-. ¿No piensas presentarte? ¿O es que te faltan modales?

-Llámame Gama.

S-s-S-s-S-s-S-s-S

¡Y ese es el primer capítulo de mi fic!

Opiniones, tomatazos, amenazas de homicidio... se acepta cualquier cosa xD

Kisses!

Bye!

Att: Angela Alissa Black.

P.D: Nos vemos en el infierno xP