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Harry Potter 8 y los buscadores — capítulo 2

2

El hijo

El lento y pausado respirar, junto con ese olor ha podrido, eran lo que reinaban en esa celda.

Nurmengard yacía bajo la densa y fría oscuridad, bajo ese manto misterioso y neblinoso. Una celda se hacía notar por un misterioso hombre cabizbajo, absorto en sus pensamientos, sentado en la única banca de madera podrida que había en esa celda, que fuera cómodo, si ha eso se le podía llamar así.

Dementores, no podía ser más, quitando la alegría, la felicidad, los momentos felices, tornando todo en simple y extraña tristeza, por supuesto, disfrutando a cada sonrisa que lograban, descaradamente, quitar. Ese hombre recordaba, como en una noche, no muy distinta a ésta, conoció a una mujer, de parecida edad a él. Como si fuera ayer, recordó como aquella mujer entraba a su celda, como lo hacía en todas, entraba a su celda casi semanalmente, con un simple movimiento de su varita, ponía “habitable” su celda, tendía sábanas, llenaba el cuenco de agua, limpiaba el piso, y dejaba unas hojas y lápices, que, tal vez por cortesía le dejaba ha algunos.

Aquel ilustre personaje, que nunca hablaba, era el único contacto con el exterior, que ese hombre, Gellert Grindelwald, tenía.

Poco a poco, casi en una delirante lentitud, pasaban los años, pero sabiendo él, en el muy interior de sí mismo, que se lo merecía, pero Gellert trataba por todos sus medios posibles, o conocidos, establecer contacto con aquella, la mujer de la prisión de Nurmengard, pero siempre que su deseo se cumplía, algo en su interior lo detenía, no sabía que, pero no podía. Pero un año de tantos la mujer se mostró interesada en él, queriendo saber a detalle sus aventuras, las cuales lo llevaron allí, en ese deprimente lugar, que años atrás, él había creado, pero eso llegó a su fin, cuando un día de aquellos, Grindelwald se enamoró profundamente de ella, pero ella, al contrario, no mostraba el más mínimo interés en casi nada, pensaba Gellert, que tal vez se debía ha que trabajaba en una prisión, porque, después de todo, es el objetivo de estar en prisión; otro asunto fue el de porque ella termino trabajando ahí, él nunca lo supo.

Al cabo de un año, Grindelwald se decidió, le propondría matrimonio a aquella extraña mujer, y cuando lo hizo, aparte del gran sí, una sorpresa inclusive más grande lo esperaba. Más de un año de relación habían tenido consecuencia, hasta ese día, era algo que ni le llegó pasar por la mente: la mujer con la que se casaría, estaba embarazada con su hijo.

Al mes siguiente llegaron a casarse, solo para que dentro de pocos meses, llegaría el tan esperado bebe.

Pero nada salió según lo calculado, tratándose de magia, absolutamente nada es seguro. Esa justa temporada, la revolución tomó lugar en las afueras de Irlanda, el mago oscuro que le quitó el lugar de más temido, había sido derrocado; la población entera parecía desconcertada alrededor del mundo, el poder inglés había sido reestablecido. El mes antes del nacimiento, esa mujer huyó de Irlanda, con la ilusión de poder tener una vida mejor en Inglaterra, pero no sin su amado esposo, pero el gobierno no lo permitió, y a fin de cuentas, fue obligada a huir de allí. Solo para que esos años pasados, pasaran con el mayor descaro posible, y así Gellert nunca volvió a saber nada de su hijo ni esposa.

Todos los años venideros, pasaron con gran soledad, no lamentando nada más que haberse separado de su hijo, ni siquiera tuvo el chance de conocerlo. Hasta que cierto día ocurrió lo que él ya sabía que pasaría: El señor tenebroso abrió la celda con un brusco movimiento de su varita, y así obligó a Grindelwald a dar el paradero la varita que sería un arma invencible, pero el no la tenía, y de la misma rabiosa manera, con toda su ira mató a Gellert Grindelwald. Pero lo último que llegó a pensar fue que nunca llegó a ver a su hijo.

Publicado por Rita Sketeer.

No pudo haber sido más grande el asombro de Harry Potter al leer eso, en medio del gentío del Callejón Diagon, recién había resbalado de la calle cuando notó que ese libro, cuyo último capítulo estaba leyendo, era una recopilación de la vida de Grindelwald, y fue el causante de su tropiezo, esperaba con Albus y Lilly, mientras James hacía sus compras con su madre.

Entre tanto Ted salió de la multitud y fue a reunirse con los Potter.

  • Simplemente no lo puedo creer, pero nunca dudé- asombrado Ted se dirigía a Harry- En mi último año el célebre Harry Potter, será mi profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

  • Papi, mira- dijo Lilly mientras señalaba hacia una tienda multicolor.

  • Ahora tu madre los llevará a ambos, Lilly.

  • Yo tampoco lo creía-se volvió Harry hacia Ted- pero así va a ser.

  • Pues mejor, algo me dice que será mi mejor año.

  • Lo siento- se disculpó un niño de la edad de James a Harry por haberlo empujado en una carrera.

  • Te he dicho que no corras. Y se pausó el hombre que dijo esto al ver a quién su hijo Scorpius había empujado.

Un hombre elegante, mostraba autoridad, hasta llegar a ser intimidante, con una gran y hermosa capa azul oscuro a juego con un sombrero pequeño, Draco Malfoy vaciló la mirada por un instante, hizo una pequeña reverencia que le dedicó a Harry, y después una mirada entre desafiante y despreciante le dedicó. Después agarró a su hijo de los hombros y se perdió entre la multitud. Harry paralizado por aquel instante vio que Teddy ya no estaba y se le había olvidado mencionar que el lo quería llevar el uno de setiembre a King´s Cross.

King´s Cross…

  • Ya tienen todo- recién se dirigió Harry a Ginny.

  • Creo que sí, pero colonos falta la ropa, pero James insiste en que los lleves tú.

  • Esta bien, y así podrás llevar a los niños a Sortilegios Weasly. Emocionados, Lilly y Severus, hicieron un gesto de aprobación, y Ginny se los llevó, dejando así a Harry y James solos.

  • Vamos, hijo, que se nos hace tarde, y después te daré una sorpresa- En serio papá, pero cuéntame una cosa, explícame de nuevo lo de la selección de casas.- Pero camino a la tienda.- Claro padre, estoy muy nervioso, aunque sin duda iré a Gryffindor, pero es cierto padre, venciste tu solo a un basilisco con la espada de Godric.- Sí hijo, pero mira ya hemos llegado.

Señaló a una pequeña tienda, como las demás, en las ventanas frontales sobresalían trajes muy elegantes de los cuatro colores de las casas Howarts. Pero hoy no comprarían los colores de los suéteres, ni las gorras, ni los accesorios, ya que Harry no sabía todavía en que casa exactamente James iría. Solo el uniforme negro oscuro de Howarts por ahora.

  • Entra hijo-. Le replicó Harry.

La tienda era tal y como Harry la recordaba, tal como si hubiera sido ayer. Con excepción de un gran rótulo adentro de la Tienda con el nombre de Uniformes Colegiales en descuento, pero más que un rótulo eran como banderines puestos alrededor del interior de la tienda. Una mujer joven salió con un alfiler de una cortina puesta para tapar a los compradores mientras se miden la vestimenta.

  • Que los trae por aquí-. Pero tanto fue su asombro al ver que era Harry que se tragó el alfiler, ya se estaba poniendo morada, cuando Harry gritó pero sin desesperación, - Relaxio-.

  • Bienvenido Potter no te había visto pasar por aquí, que te trae por aquí-. Lo dijo como si James fuera invisible.

  • Vengo a comprar un uniforme de Howarts, primer año, para mi hijo James-. Lo dijo sin tomar por descontado el trato hacia James, pero sin mostrar desprecio alguno.

  • Claro, por supuesto, entra hijo- refiriéndose a James- Entra sin miedo-. Le señalaba una cortina morada, como las demás. Y Harry le hizo una señal de aprobación a James, así mismo motivándolo a entrar, como si lo necesitara. Ya dentro, la mujer le pidió a James que se probara el traje que ella iba trayendo, una vez James hubo probado el traje, ella le tomó varias medidas, y murmurando cosas para sí misma, como “sí, no, un poco más, podría ser, mejor no, a la derecha” y otras no tan importantes que captó Harry sin prestarle mayor atención. A fin de cuentas James salió de la cortina mostrando un elegante y moderno traje negro con cuello, y el emblema de Howarts pegado en el traje en la esquina superior derecha, y en la parte de atrás se leía: “Howarts” y en letras más pequeñas “Colegio de Magia y Hechicería”. Harry volvió ha hacer un gesto aprobativo, y le pagó a la señora que les atendió, rápidamente eso sí. Y cuando James se hubo cambiado de nuevo a su vestuario casual, unos jeans con camisa negra, que decía en la esquina inferior izquierda: “Amo la magia”. En las afueras de la tienda se encontraron con Lilly que llamaba a su padre, y al mismo tiempo abría una pequeña caja que dejó escapar tres rayos rojos, fuegos artificiales. Que hizo desviar la mirada de varias personas.

  • Lo siento, no sabía que pasaba si lo abría-. Se trató de disculpar Lilly, pero su padre le devolvió una simpatica sonrisa.- Lo acabo de comprar en Sortilegios Weasly, pero Albus no quiso comprar nada, pero si vio todo, y creo que le gustó.

  • Pues claro, y no puedo creer que seas amigo del dueño-. Le aclaró Severus.

  • Acabamos de salir, y ¿ya lo compraron?-. Habló esta vez Ginny.

  • Sí, ya podemos irnos.

El día estaba caluroso, el sol estaba en su máximo, pero un carro, recién se había parqueado en frente a la estación, King`s Cross, una gran estación de piedra con una cantidad considerable de muggles. Sin saber nada de nada, sin saber que los magos existen, que el mundo no es tal y como ellos lo creen, pero igual el día que ellos se enteren, simplemente la memoria se les borrará y nada recordarán.

Del carro rojo, los cinco Potter salieron, pero contrarrestaban un poco con el lugar, pero no falta aquel muggle con un ipod en mano, o algún celular. Que hasta el momento Harry no deja de considerarlo ridículo.

Cruzaban la gran estancia, con paso no muy rápido, pues aún falta tiempo para que el tren que llevaría a James a Howarts partiera. Uno a uno pasaron los Potter tras la pared que unía el King`s Cross muggle con el mágico, lograron pasar sin problema alguno, James con una gran y sorprendente lechuza marrón, casi llegando a rojo fuego –muy llamativa-. Y Harry con un atuendo mágico sorprendentemente azul, y Ginny con un anaranjado bañado en estrellas misteriosas. Lilly y Albus simplemente miraban todo asombrados, no por la presencia de magia sino por la majestuosidad del lugar. Grandes bloques de piedra sostenían su lúgubre techo azulado, mientras magos y brujas continuamente salían y entraban de la estación, se despedían, o solamente hablaban, pero sí había movimiento en esa estación. El tiempo corría velozmente, y Harry le indicaba el camino hacia el tren, pero entre tanto, Harry reconoció a Hermione de entre toda la multitud.

  • Oh Hermione, ¿como estas?- le replicó Harry sin perder de vista a James. Pero James huyó de sus manos y corrió al encuentro con Rose y Hugo, a pesar de que fueran menores que él.

  • Pues bien Harry, ¿y tu en que andas?- le respondió Hermione a Harry, pero esta tenia total concentración solo para Harry.

  • No podría rime mejor, pero, ¿donde esta Ron?-. pero su pregunta fue respuesta por que en ese justo instante, de entre la enredada multitud apareció nuestro mencionado amigo mago.

Pero ya era tarde, Ron no tuvo tiempo de decir nada cuando justo Harry miró su reloj y notó que ya era hora de que James subieran, con un simple gesto se lo digo a Hermione, y corrió hacia donde James, pero este al notar lo que venía, estaba casi temblando de lo nervioso, pero Harry lo reconfortó con un humilde abrazo que quienquiera que estuviera cerca supo que James lo apreció, por que después no dudo más, y fue hacia donde su madre y le dedicó un gran beso en la mejilla y Lilly de un impulso abraso a su hermano, justo después de que James lograra escapar, le dio la mano a Albus, este se lo devolvió con un gran amor de hermano, y apenas para quitar el nerviosismo, le devolvió una sonrisa cómplice. Harry le indicó el camino a Harry, pero se notó que Ginny había cambiado, una gota de lágrima resbalo por su mejilla, fue como un impulso…

Madres…

Pero después, Ginny lo soltó, y dejó que su hijo, se subiera al tren, pero no sin antes alcanzarle la lechuza marrón, James subió, y después busco una cabina vacía, mientras Harry abrazaba a su esposa e hijos, y Ron se veía a lo lejos, tomado de la mano de Hermione, yéndose del lugar, seguido de sus hijos… y después Harry agarró a Ginny y a Lilly, mientras Ginny le daba la mano a Albus, Harry no paraba ni un momento de pensar en lo que acababa de pasar…

Harry se subió a su carro, espero a que el resto de la familia lo hiciera, y después arranco el carro… Mientras James ya se había sentado en una cabina, estaba vacía, puso su maleta sobre el asiento, y se acomodó, pegando la cabeza a la ventana… Ya el tren había arrancado, la estación de King´s Cross era solo una mancha, pero un torpe niño cambió la mirada a James, este se había sorprendido de un sonido… Era este niño mencionado, que tratando de subir su maleta, se había caído.

-Puedo sentarme, aquí-. Le dijo el niño, James no supo que pensar de él, solo que le dijo que sí, pero no se movió, en cambio el niño hizo un escándalo para tratar de acomodarse. Segundos después. James seguía recostado contra la pared, pero iba un poco incómodo, pues no solo un niño había llegado, los dos asientos estaban llenos, tres niños, y dos niñas más, y la mayoría, habían llegado de la misma manera. James se sorprendió de la cantidad de compañeros que tendría, aunque el sabía que tal vez ni la mitad estarían en Gryffindor, y fue ahí cuando le entro un poco de temor.

La selección de casas…

Pero trató de reprimirlo, pensó en sus padres, pensó en todas las cosas que ellos han ello por él.

Pero su pensamiento fue interrumpido, un niño habló…

  • Yo espero que me pongan en Slytherin, toda mi familia ha estado allí, y yo seguro también-. Con una altanera y engreída voz, el niño que se sentó al frente de James, también a la par de la ventana, le dio una primera bastante mala impresión, James no hizo más que quedársele viendo.

  • Pues yo no sé, no estoy seguro-. Otro niño, pero este daba lástima, al menos James sí estaba seguro. Y después todo pasó muy rápido, el niño engreído se levanto.

  • Pues ven a Slytherin, los mejores están ahí-. Ya James no aguanto más, pero ya una niña se había levantado.

  • Gryffindor es la casa de los valientes-. Una niña se levantó, y con este argumento contradijo al niño.

  • Si aquí no hay nadie digno, pues me iré-. Y así lo hizo, el niño arrogante salió de la cabina, y así lo hicieron cerca de dos personas más.

  • Espero que aquí solo hayan quedado los valientes, no soportaré otro así-. La niña miró a todos, determinante, perspicaz, y por sobre todo, valiente.

Se sentó, y el silencio volvió a reinar en la cabina, todo quedaba reducido a una simple nube… James estaba por quedarse dormido, cuando la puerta corrediza fue abierta, y un carrito entró, precedido de una mujer regordeta, pero con cara simpática, y amable.

  • Desean algo del carrito, ranas saltarinas, chicles bomba, y todo lo que quieran-.

  • Yo, un cromo mágico, y…- Posó la mirada sobre los personajes de la cabina, como contando los que quedaban.

  • Tres cromos mágicos por favor, señora-.

  • Muy amable señorcito, serían quince knuts-. Y sacó del carrito tres sobres amarillos, pensó James que tal vez hay venían los cromos, pero James seguía arregostado a la ventana.

  • Aquí tiene, gracias-. Y con eso la señora se fue, y el niño repartió los cromos torpemente a cada uno de los tripulantes de la cabina.

  • Gracias-.Se dejo decir James al recibir su cromo. Este lo abrió, con disimulada emoción. Fue grande su sorpresa al ver que el personaje era nada más y menos que su nueva directora: Minerva Mcgonagall.

Mientras tanto, Harry ya había llegado a la casa, aprovechó que Ginny y los niños se habían acostado, para recoger un polvo misterioso verde, regarlo sobre la chimenea, y transportarse por él…