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Historia 29752 — capítulo 1
El suave susurro de la cascada era el único sonido, interrumpiendo el silencio que hubiera reinado en la serena noche.
El viento corrió las nubes y la luz plateada de la luna iluminó la figura a la orilla de la laguna. El cuerpo esbelto de la mujer estaba envuelto en un delicado vestido de seda blanca que caía suelto y vaporoso.
Una lágrima resbaló sobre su pálida mejilla pero sin soltar ningún sollozo. Pespiró y el suave aroma de las flores llenó sus pulmones. La espera continuaba, pero él estaba por llegar, tenía que estarlo.
Y llegó.
La mujer corrió hasta él y se refugió en sus brazos como había hecho tantas veces. Luego se miraron a los ojos y ni siquiera el murmullo de la cascada interrumpió el cruce de miradas. Todo desapareció a su alrededor y por un momento sólo existieron ellos dos.
Sólo ellos dos.
Y luego, cortaron la conexión y él se fue, cómo tantas veces antes.
Ella volvió a derramar una lágrima, pero no de tristeza, de esperanza.
Sentía, no, sabía que a pesar del tiempo y las distancias, él iba a volver.
Y volvió, pero esa es otra historia.
Luz de luna, serena la noche
Espera, dulce espera
cada lágrima derramada es un derroche
Espera, dulce espera
Me llama la luz, pero no oigo, no escucho
Solamente tu voz me quita de este ensueño
Me despierta de las mentirs en las que me habia dormido
No calles porque el silencio me hace temblar
Solitaria estrella, cielo enmudecido
Espera, dulce espera
La luna cae y se marcha conmigo
Espera, no hay espera