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Historia 30010 — capítulo 28

Dama de Honor

...Los días pasaron con una agilidad increible, y eso me hacía la vida más sencilla. Alice dejo de odiarme y tomarme cariño, ya que se dio cuenta de que para vestirme era un muñequita, y que podia ser tierna y linda cuando alguien me daba un soborno. Chocolates. Mi talon de Aquiles.

Los vestidos de las Damas de Honor que seriamos. Alice, Rosalie, Angela Weber, y yo. Iba a ser Azul cielo, pero en una decision, decidimos que serian rosa.

Pronto llego el día en que ensayariamos la entrada. Pero yo estab hecha un lio al no saber que regalarle a Bella... Tan solo faltabn dos dias para la boda y eso me hacia la vida muy dificil.

En la mañana antes del ensayo, me quede sola en casa de los Cullen. Casa que de pronto y sin darme cuenta era como mi hogar. Estaba encerrada en la sala, por que necesitaba inspiracion. Necesitaba algo bueno que hacer... Cuando de pronto, se me prendio un foco, cuando vi aquel piano negro. No sabia tocar ningun instrumento, bueno solo sabia tocar el violin, pero no tenia uno. Me sente en el taburete y puse los dedos sobre las teclas.

Comence a dedear cada tecla, hasta que me perdi.

Las notas slaieron con una facilidad imprsioenante. Era algo triste, ya que asi me sentia por dentro aunque no lo demostrara muy amenudo.

Sin darme cuenta pasaron las horas, y alguien llego a mi lado, me observaba, pero yo tenia los ojos cerrados. Pulso algunas teclas junto a mi, y sono una melodia que hechizaba.

Yo iba lento y el rapido. Poco a poco tenia una idea formada. Abri los ojos y todo se me hiso más claro. Edward estaba a mi lado y habia dejaod de tocar y miraba mis manos.

-No sabia que tocabas el piano, tan bien-.Sonrei.

-Ni yo, es algo que acaba de ocurrir-.Sonreimos al mismo tiempo y nos quedamos mirando las teclas en silencio. Él ya venia con su traje negro, y yo con el vestido rosa que me habia escojido Alice. Mi cabello... bueno mis mechones estaban adornados con algunas flores silvestres rosas. La parte trasera tenia un chongo postizo, con algunos rizos que de nuevo, Alice habia hecho. Me senti algo ridicula con esta ropa. Pero Alice me habia prometido una racion de chocolates gigantes. Y si los queria debia seguir con el juego de ser una muñeca.

-Tienes pecas en la espalda-.Me sobreslate al oir su voz y me cai del taburete.-¿estas bien? Te noto algo nerviosa.

-Yo...este, no,no es nada-.Sonrei avergonzada y me sente de nuevo en donde estaba. No sabia que me pasaba, estaba nerviosa de tener a Edward a mi lado. Mire mi hombro y vi mis pecas.

-Alice me envio por ti, dijo que si no llegabamos rapido no tendrias chocola...-Lo sujete de la solapa con manos nerviosas y lo abraze. No sabia de nuevo que me ocurria, pero me senti a punto de un colapso nervioso. El me abrazo confundido. Y yo agradeci por dentro aquel gesto.

Si hubiera podido habria puesto mis labios en los suyos. Pero hacer algo asi, con dos dias antes de su boda seria ser el peor ser humano existente.

Quiero cometer el error más grande del mundo

Estaba temblando bajo sus brazos, y no podia para de hacerlo. Tenia los ojos bien abiertos, y senti como me daba palmadas en la espalda. Me aleje de él e intente sonreir. Pero me salio una mueca algo deforme. El solo se empezo a reir y me tomo del brazo.

Salimos juntos y subia a su auto. Seguia temblando, pero ya no tanto.

Llegamos a la iglesia y pude ver a varias personas que habia visto antes. Edward me solto cuando llegmaos y se fue con los hombres de la familia Cullen.

Respiraba algo altersda y me sudaban las manos. ¡Vamos esta no estu boda, no hay por que ponerse tan alterada!

Pero no era la boda la que me alteraba. Era haber tenido a Edward tan cerca. Pero que tonta era, ya me habia reafrimado que Edward, lo que sentia por el era solo cariño. Lo veia como a un hermano...

Un ruido me alerto. Un aroma muy conocido inundo mi nariz. Mire por la puerta y vi la cosa mas hororsa de este mundo. Perdi el poco color que tenia... Alguien, que yo conocia muy bien estaba parado en la puerta y me miraba con los ojos rojos más tenebrosos que pude haber imaginado. Mi vista se nublo y cai de rodillas, sin perder de vista aquellos ojos, que poco a poco se multiplicaron...