Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 30450 · de

Historia 30450 — capítulo 1

.

-Harry Potter…- susurró.

Harry trató de retroceder, pero sus piernas no le respondían.

  • ¿Ves en lo que me he convertido?- dijo la cara -. No más que sombra y quimera...Tengo forma sólo cuando puedo compartir el cuerpo de otro... pero siempre han estado aquellos deseosos de dejarme entrar en sus corazones y en sus mentes... La sangre de unicornio me ha dado fuerza en estas últimas semanas... tú viste al leal Quirrell bebiéndola para mí en el bosque... y una vez que tenga el Elixir de la Vida, seré capaz de crear un cuerpo para mí... Ahora... ¿por qué no me entregas la Piedra que tienes en el bolsillo?

Entonces él sabía. El sentirlo, hizo que de pronto las piernas de Harry se aflojaran.

-No seas tonto- se burló el rostro-. Mejor que salves tu propia vida y te unas a mí... o tendrás el mismo final que tus padres... Murieron pidiéndome misericordia...

...

“Murieron pidiéndome misericordia, murieron pidiéndome... murieron....”. Durante eternos segundos esa frase se repitió en la cabeza y el corazón de Harry. ¿Qué había ganado él con la muerte de su madre y su padre ¿suerte?,¿felicidad?, no, definitivamente nada de eso. Vivió 10 miserables años con los Dursley y todo gracias a la “valentía” de sus padres. Si tan sólo hubiese muerto también él esa noche.

-Te gustaría haber muerto esa noche, ¿verdad Harry?. Pero ahora todo es mucho más simple: tú me das la Piedra y tu pellejo queda libre...

-¿Y que gano yo con eso?- tartamudeó Harry, con una mezcla de altanería y

temor en su corazón. Sabía que eso no era lo correcto, lo correcto sería morir luchando sin pasarse al lado oscuro, él no era así, ¿o tal vez sí lo era? ¿No había pensado el Sombrero Seleccionador enviarlo a Slytherin?, quizás su destino no era evitar el regreso de Voldemort, sino unirse a él. Sentía una feroz felicidad y adrenalina con tan sólo pensar que no sólo estaba rompiendo las reglas, estaba aliándose con el enemigo. Mientras pensaba, para su sorpresa, Voldemort rió.

-Razonas muy bien Potter, es esa la mentalidad que me gusta en mis seguidores, aunque claro, tú no sería cualquier seguidor, serías El niño que vivió, el más temido...

-Supongamos que acepto tu propuesta – dijo lentamente Harry. Indiscutidamente era más placentero ser un chico malo del lado oscuro, que uno bueno -Yo te doy la Piedra que tanto necesitas y tú vuelves a ser El Mago más Grande de Todos los Tiempos, en ese caso ¿cómo me recompensarías?...

El rostro de Voldemort se tornó en una mueca de sorpresa, jamás había esperado algo así del chico. Tal vez sí sería una muy buena jugada el tenerlo en sus filas, podría ser su mano derecha, si se veía tan decidido a cambiarse de bando.

-Muy bien Potter- susurró- yo te daré lo que tú más quieres: una familia- La cara de Harry se relajó, por un momento volvió a ser el chico que cruzó la puerta decidido a salvar al mundo mágico, porque Voldemort había tocado su punto débil, y Él lo notó, notó el cambio en la expresión de Harry y aprovechó esa circunstancia-. Sí Harry, tú, yo, mis fieles aliados, seremos una familia, no una convencional claro está, pero un familia al fin y al cabo...

La cara de Harry no reflejaba emoción alguna. Sólo era la cara de un asustado niño de 11 años que añoraba un gran deseo. Concientemente Harry sabía que estaba siendo vilmente manipulado, pero no podía evitarlo, la idea era más que seductora, como un oasis en el desierto. Sabía que dado el paso ya no habría vuelta atrás, había experimentado el gusto por el mal, y le parecía más interesante que el bien. Los malos siempre ganan Harry, le dijo su cerebro, sí, siempre ganan, se dijo él. Lentamente metió su mano en el bolsillo y extrajo una piedra brillante y de color rojo sangre, la observó con infantil curiosidad, mientras Voldemort se crispaba de impaciencia. Extendió la Piedra y avanzó con parsimonia, y, antes de entregarla, le pareció ver un ojo verde brillante – como el suyo – del que brotaba una lágrima perlada, pero ya era tarde: la Piedra Filosofal había sido entregada.

.