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Historia 30466 — capítulo 1
El tren empezó a moverse tímidamente. Jack pensó que no podía alejarse del mundo sin más. Esta idea envolvió sus sentidos y su cuerpo, e incluso una lágrima le empezó a caer por la mejilla. Rápidamente, asomó la cabeza por la ventanilla, e intentó visualizar a su madre de entre la gente. Al fin pudo ver una mano agitandose entre las demás. Jack reconoció a su madre, Marie, de entre todas las personas presentes. En ese momento, Jack sintió lo mucho que su corazón se encogía ante la ida a un nuevo mundo para él. Un mundo que le pasaba desapercibido, hasta aquel preciso momento. Jack solo se dispuso a saludar, mientras que las figuras de la estación de King Croos cada vez se alejaban y se iban haciendo más pequeñas. Hasta que ya perdió el punto de referencia de la mano de su madre saludando. Después, ya nada podía ver.
Entró la cabeza al compartimento y se posicionó. Veía a la gente pasar por el pasillo y señalando el compartimento vacio, pero al cabo de un rato, nadie se atrevió a entrar en el vagón. Jack se sintió solo. No conocía a nadie. Aquel mundo era uno diferente para él. Como si empezara de cero en un pundo que nunca quiso dejar, pero si quiso empezar. La puerta se abrió timidamente mientras dejaba ver la silueta de un chico alto con pelo alborotado y rubio, y unas pecas un tanto acentuadas. El chico tardó un poco en arrancar para hablar.
-
Hola...- Titubeó el chico. Jack captó la idea enseguida.
-
Está bién, no tienes sitio donde sentarte y el único vacío es el mío. Puedes pasar.
El chico sonrió. No tenía pinta de ser de primer año como Jack. Cargó su equipaje en el alto del compartimento, y se sentó enfrente de Jack. El chico alto arqueó una ceja y preguntó.
-
Y tu.... ¿Quién eres?.
-
Me llamo, Jack Phoenix. Es mi primer año, como podrás deducir por mi acusada compañía en el vagón. No conozco a nadie.
-
Bién, pues tendré el honor de ser el primero en presentarme ante ti en este vagón. Soy Peter. Peter Terrier. Mis padres son de Cambridge, y es mi tercer año.
-
Guay - Dijo Jack -. ¡Tu tercer año! Debes de saber más de lo que aparentas a simple vista.
El chico rió para sus adentros, y con tono un tanto de confianza, dijo:
- Eres un chico bastante espavilado para ser solo un niño de once años.
Jack rió. Tenía razón. A Jack le encantaba tener sus puntos. Podía llegar a ser un muchacho cerrado, y un muchacho muy abierto. Utilizaba el sarcasmo y la ironía con frívola frecuencia. Un motivo por el que no tenía muchos amigos.
- Si, es lo que tiene si en tu cabeza ronda la idea de ser tu mismo y no la persona a la que aparentamos. Yo soy yo. Me gusta ser yo, y no me gustar se él. Así de simple.
Peter suspiró.
- ¿Quieres que te confiese una cosa? En estos dos años que estube en Hogwarts, nunca me he encontrado una persona como tú.
Los labios de Jack formaron un arco mientras miraba al precioso paisaje.
- Vete aconstumbrando, pues me has caído muy bién.
El vagón paró con estrepitoso jaleo. La gente se amontonaba con equipaje incluido en el estrecho pasillo del tren mientras caminaban hacia la salida. Jack y Peter (Un dúo un especialmente extraño a primera vista), esperaron a que el vagón estubiese vacío del todo para poder salir. De mientras se cambiaron y pusieron sus uniformes. Al menos, eso intentó Peter.
-
No me voy a poner eso - Soltó de golpe Jack, mientras Peter ya se quitaba su ropa convencional. -. Es horrorosamente... ¡tradiccional!
-
¿No me digas que vas a pasearte por el castillo con ropa muggle?
-
Pues, en un principio, ¡es lo que tenía pensado! Malditos pijos...
Peter suspiró de nuevo, ahora ya con su uniforme. Jack aún no había mostrado iniciativa alguna en probarse su uniforme, que reposaba en el baúl, igual que lo había dejado su madre.
Le vino a la cabeza la imagen de su padre. Era un librero aparentemente normal. Su sorpresa fue cuando le llegó la carta de Hogwarts a su buzón. La sorpresa fue en realidad de Jack, porque Marie ya lo sospechaba desde hace tiempo. Vivían como muggles. Hacían todo como muggles... Sin embargo, no lo eran. ¡Eran magos! Mestizos, ya que Richard, el padre de Jack, se casó con Marie, pero no tenía en su sangre linaje mágico. Richard fue allado muerto en un pantano cerca de la casa donde vivía Jack.
Perdiéndose en sus recuerdos, Jack paralizó su mirada a la nada. Peter le miró con preocupación.
- ¿Tanto te importa no ponerte el uniforme? Irás muy desacorde con los demás...
Jack volvió a la realidad, y así también tomó las riendas de su caracterizada personalidad.
- Vamos... ¡Yo con uniforme y sin uniforme me diferencio de los demás!
Peter suspiró por tercera vez en aquel día. No quería que los prefectos metieran en un lío a Jack por no llevar uniforme. Pero su conciencia era de hierro. Hasta que una alocada idea se le paso por la cabeza para intentar librar a su nuevo amigo de un castigo seguro... bueno. Más que salvarse, de todas formas le castigarían.
- De acuerdo. - Peter asintió y empezó a quitarse su uniforme -. Si tu no vas con uniforme, yo tampoco. Así ya seremos dos, y... quién sabe, quizás se pone de moda andar por el colegio en ropa muggle.
Jack parpadeó complejo. Aquella muestra de amistad le quedo conmovido. Pero le gustó bastante.
- Aprendiz a "figura... ¡me gusta! - Jack se levantó y cerró su baúl. Salieron los dos, vestidos extrafalariamente con deportivas, camiseta y vaqueros, al la pequeña villa donde habían parado.
Se trataba de Hogsmeade. Un pueblo al lado de Hogwarts. Al salir, ya quedaba poca gente en el andén. Los alumnos se fueron por grupos por diferentes caminos. Se diferenciaba un grupo porque en el centro de él se encontraba un figura alta y oronda, con gran pelo y barba. Jack miró a Peter buscando explicaciones.
-
Esto nos pasa por llegar tarde. Ahora no sabemos como tenemos que ir a hogwarts: Si en carruaje, andando, o en barca...
-
Seguramente aquel hombre tan alto de allí nos podrá decir donde ir.
-
¿Hagrid? Es un poco raro. - Explicó Peter -. ¡Si le decimos que andamos perdidos, seria capaz de coger su moto voladora y llevarno a Hogwarts volando!
Jack abrió los ojos excesivamente en señal de sorpresa.
- ¡Estupendo! Se lo comentaré.
Así, se dirigieron al grupo de alumnos que se encontraban alrededor de Hagrid. Se trataban de chicos de once años , primerizos. Aquel era el lugar donde Jack tenía que encontrarse. Así, Peter miró a Jack. Pero no pensó en separarse de él. Si sus compañeros lo veían vestido de muggle solo todavía, su reputación social podría verse afectada por situaciones de largos cotilleos contra él. Jack lo miró con desaprovación.
- Cambiaté donde puedas, y sal corriendo hacia los carruajes. Este hombre nos llevará en barca. Lo sé porque las estoy viendo desde aquí.
Después del pueblo se extendía un entrante de lago con un pequeño puerto y más de diez barcas. El grupo se dirigió hacia las barcas. Peter se lo pensó dos veces antes de abandonar a Jack.
- En cuanto llegues, cambiaté en los baños que encontraras en frente de una estatua que representa un jabalí. O dile que tienes que ir al baño, pero cambiaté.
Jack izo un gesto afirmativo, y cuando ya Peter vio que en sus ojos se encontraba un brillo de sinceridad, corrió hacía uno de los caminos que se adentraban en el campo.
Peter entró en un bar al lado de la estación, sacó su uniforme, y se lo colocó lo más rápido que pudo. No tenía ganas de irse andando hacia Hogwarts de noche. Era una opción estúpidamente... terrorífica.
Después de cargar con su uniforme, divisó a un prefecto que estaba cargando los equipajes en un carruaje. Suspiró. Peter se acercó y dejó su equipaje en el carruaje. Salió corriendo hacia el camino que llevaba a Hogwarts, buscando el punto de partida de los carruajes. Se separó del pueblo unos cuantos metros y pudo ver los luceros de los coches. Respiró aliviado sabiendo que no habían empezado el camino aún. Siguió andando hacia los demás, pero hubo un hecho que le congeló la sangre. Un ruido llegó a sus oídos de forma automática. Un ruido no muy habitual. Un desgarre de dolor. Peter dio un brinco y miró hacia la dirección del grito. La dirección del grito era la dirección que seguía un camino que salía del de Hogwarts. En el camino había un cartel demacrado y hecho trizas, pero que si se intentaba, podía leerse las indicaciones. Peter se acercó al cartel y lo limpió un poco con la manga de la túnica, dejando ver con letras desgastadas por el nombre de:
Dark Town.
Nunca había oído el nombre de Dark Town. Era un nombre como de cuento terrorífico. Nunca pensó que existiría un lugar con cierto nombre. Las luces de los carruajes empezaron a moverse en dirección a Hogwarts. Peter no podía ir a ver que pasaba. Miró ambas direcciones. No tenía reparo en vistar Dark Town y socorrer a el causante de tal lamento, pero no podía dejar de ir a los carruajes. Al fin, tomó un camino.
Peter tuvo que correr para alcanzar a los carruajes, ser abucheado por su tardanza, y viajar a un Hogwarts seguro.