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Historia 31129 — capítulo 1

-"¡Colagusano, ya era hora, eres el último en llegar! ¡Pasa!"

Un joven bajito y regordete, de cabellos rubio oscuro y ojos color miel, pasó tambaleándose siguiendo a otro joven, quien era muy diferente a él: éste era alto, delgado, de un largo cabello negro azabache y unos ojos grises, muy atractivo.

Peter Pettigrew y Sirius Black se abrieron paso en la casa, hasta llegar a un pequeño grupo de gente que reía con ganas.

-"¡Colagusano!"

Un joven alto, delgado, de un cabello muy despeinado color negro azabache (igual que Sirius), pero con gafas y ojos color avellana, avanzó hacia su torpe y bajito amigo, dándole unas palmaditas en la espalda. Colagusano saludó, aunque con menos entusiasmo, a su gran amigo James Potter.

-"No hemos querido empezar sin ti, amigo", le dijo Remus Lupin, un joven de cabello castaño claro y ojos marrón claro, casi dorados, desde la mesa.

-"Estás equivocado, Lunático", le dijo Sirius, "James ya estaba decidido a devorar ese filete de carne…"

Todos rieron con ganas, menos Colagusano. Éste estaba últimamente actuando muy extraño con ellos.

Entonces salió de la cocina una mujer con su hijo de seis meses en los brazos.

La chica era alta y delgada, con pecas, de un largo cabello pelirrojo oscuro y unos impresionantes ojos verde esmeralda. Era muy hermosa, y el niño que cargaba había heredado sus ojos, aunque por lo demás era idéntico a su padre, James. Lily Potter saludó a todos los merodeadores.

-"¡Hola, Harry!", saludó Sirius alegremente al niño, quien lo miraba fijamente con la boca entreabierta, "¿Sabes, James? Los pequeños crecen tan rápido, no puedo creerlo, es igual a ti… excepto en los ojos. Ya veremos más tarde a quién se parece más en el carácter, aunque espero que herede el espíritu merodeador…"

-"¿Cuántos galeones les apuesto a que será un excelente jugador de quidditch?", preguntó Remus.

-"Te vas a arrepentir por esto, Lunático, pero aceptaré tu apuesta", le dijo Sirius, "yo apuesto a que será buscador, como James".

-"¡Oye, eso no es justo!", protestó Remus, "¡Yo iba a decir eso!"

-"Muy tarde; no especificaste un puesto. Entonces, ¿por qué apuestas?"

Remus se sonrojó, pero tenía el entrecejo fruncido.

-"También apuesto a que será buscador", dijo finalmente.

-"Eso no se puede, tienes que apostar otra cosa…", insistió Sirius, pero James lo interrumpió.

-"Déjalo que apueste lo mismo, es más yo soy el tercero que apuesta eso. Apuesto a que mi Harry será el mejor buscador de, por supuesto, la casa de Gryffindor".

-"¿Y tú, Colagusano?", preguntó Sirius, "¿te unes a la apuesta?"

-"De acuerdo", dijo Colagusano, sin ganas, "apuesto veinte galeones a que Harry será guardián".

James y Sirius se desternillaron de risa, mientras Remus negaba con la cabeza, impaciente.

-"¡Si serás idiota, Colagusano!", dijo Sirius, aún sin parar de reír, "¿qué no está claro que el pequeño Harry seguirá los pasos de su padre?"

-"Bueno, no sé, entonces", dijo Colagusano, sonrojado.

-"Ya basta, chicos, dejen a Harry con sus ridículas apuestas", les dijo Lily, enojada, "él será lo que tenga que ser, y listo".

-"De todos modos, apuesto a que el chico será un buscador…", dijo Sirius en voz baja.

-"Y yo apuesto a que es mejor que te calles si no quieres quedarte sin cenar", dijo Lily, y Sirius no habló por el resto de la noche, hasta que todos se sentaron en la mesa a cenar todo lo que Lily les había preparado.

Todos, hasta el pequeño Harry, comían insaciablemente, pues la comida estaba deliciosa.

-"Si haces estas comidas antes de Navidad", comentó James a Lily cuando todos terminaron, "no quiero ni imaginarme que harás en Nochebuena…"

-"Eso es una sorpresa, ya verán", dijo Lily, aunque estaba sonrojada por el cumplido de su esposo, "y gracias".

-"No hay de qué", dijo James, sonriendo, y guiñándole un ojo, "tú sabes que yo siempre digo la verdad, hermosura".

Sirius y Remus rieron, y Colagusano puso los ojos en blanco.

-"Ahí van de nuevo…"

-"Vamos, no te pongas de celoso", le dijo Sirius, dándole un codazo, "ya pronto encontrarás a una chica, Colagusano…"

Colagusano se limitó a mirar al suelo del comedor mientras unas pequeñas manchas rojas cubrían sus mejillas.

-"Lily, ¿qué crees que le pueda gustar a Harry para Navidad?", le preguntó Remus.

-"Puedes comprarle cualquier cosa, Lunático, pero tiene que ser principalmente de quidditch para fascinarle", comentó James antes de que Lily siquiera lograra abrir la boca, "Lo he visto quedarse embobado viendo fotos de jugadores de quidditch en El Profeta. Lily y yo tenemos que tentarlo con una rana de chocolate para que nos haga caso".

-"Buen consejo, Cornamenta", le dijo Sirius, mientras Remus aparecía un catálogo del Callejón Diagon en sus manos y lo examinaba, "pero como Lunático ya se me adelantó, le regalaré algo así de quidditch a Harry en su cumpleaños".

-"Si te importa, Sirius,", le dijo Lily, tapándose los oídos, "no nos digas qué le darás. Será una buena sorpresa…"

-"De acuerdo, Lily…", dijo Sirius, pero enseguida se acercó a James y le susurró:

-"¿Sabes cuánto cuestan las escobas miniatura del Callejón Diagon?"

Cuando todos hubieran terminado de comer, Lily los entretuvo un buen rato enseñándoles la nueva ropa que le había tejado a Harry durante las noches. Harry se rehusaba a que su madre se las pusiera, pues se mecía de un lado para otro, protestando con sus gestos. Pero, a pesar de todo, Lily se las arregló para ponérselas todas, una por una.

A todos les encantó, y al final acordaron en ir juntos al Callejón Diagon el día siguiente para hacer las compras navideñas.

-"Pero hay que ir separados, porque alguien aquí quiere sorpresas navideñas…", les recordó Sirius mirando de reojo a la pelirroja.

Lily se sonrojó un poco, pero lo ignoró mientras le daba el biberón a Harry, quien ya lloraba de hambre.

Al final, los merodeadores afinaron sus gargantas ensayando los villancicos navideños para tenerlas bien aprendidas para el veinticuatro, y cantarlas a todo el pulmón, sin importarles lo que les dijeran (o aventaran) los vecinos.

-"¿Va a venir Bathilda?", preguntó Remus.

-"Por supuesto", le dijo James, fingiendo una indignación exagerada, "las fiestas navideñas no serían lo mismo sin ella".

Después de eso siguieron cantando, hasta que al pequeño Harry le empezó a doler la cabeza de tanto ruido, que Lily lo tuvo que subir a su habitación para que dejara de llorar y patalear.

-"Me pregunto cómo serán las navidades que vienen…", sonrió Lily mientras acomodaba a su hijo en su cuna, dejándolo en un profundo sueño.